Revista Latinoamericana de Poesía

Revista Latinoamericana de Poesía

post

Manuel Becerra




Compartimos una selección del poeta mexicano Manuel Becerra (Ciudad De México, 1983). Ha sido ganador de numerosos premios: entre ellos, el Premio Internacional Jaime Sabines, 2024, el Premio Poesía Alonso Vidal, 2019 y Premio de Poesía Ramón López Velarde, 2011.

 

 

 

 

POSADA EL CERDO ROBADO
(INFANCIA)

Al lado de la casa de mi madre hay un matadero de cerdos.

—Al morir, cada uno de ellos sostiene en su hocico una flor
torturada llamada también Flor del oído—.

Entre las piletas se movían los cerdos con su imposibilidad para
mirar al cielo. Lucían un cuello ataviado y una pendular cuchilla sobre la cabeza.

A veces resultaba complicado trepar a uno en la camioneta del próximo cliente:
el cerdo hecho de rosetones caía y se hacía polvo igual que un jarrón de la Dinastía Han.

—Del cuerpo del cerdo no provienen piezas para museos—.

El pataleo de un cerdo contra el suelo puede sentirse al otro lado del mundo.
Eso decían.

Si una niña colocaba un collar de flores en torno a sus orejas, lejos
de ahí otro era servido como almuerzo en hojas de plátano para un día de campo.

Otro más mordía en la playa el pie de un turista.

Si alguno de ellos nacía con alas de paloma, los carniceros se sentían mancillados.

Mientras mi madre esperaba a mi padre, mataban a un cerdo.
Cuando volvía del colegio, otro más era destinado al exterminio.

Y el tiempo corría de esta forma.

Como todos los animales, los cerdos sobrellevan consigo
la imposibilidad de reconocer sus facciones en los espejos, pero yo notaba que por cada uno que se desaguaba, había otro que se descubría por primera vez en un charco, ciénaga de sangre,

como si lo hiciera contra las aguas de Venecia.

 

 


OTRA CANCIÓN DE LA BALLENA


La ballena es una isla efímera.
Alberga sobre el lomo –como un buey de mar– un cayo de pájaros.

Dentro de ella un manglar se refocila y se empobrece
en cuestión de segundos cuando salta, da una contorsión y golpea de regreso la piel del mar.

Su corazón es una piedra calcárea que cada tanto vuelve a su punto de ebullición.

Tiene un espiráculo sobre su cabeza igual que un pozo en la colina:
Si el brocal se descoloca, cabe la posibilidad de la luz;

a partir de entonces la luna descubre en el interior a un hombre barbado
con un gorro de papel periódico asando un bagre en torno a una fogata.

El hombre levanta un leño encendido, contra la noche de la ballena, y alumbra sus paladares en cuyos muros está escrita la ordenanza de las estrellas.}

Su balada oscura de Silicio es tan antigua como la rotación de la tierra.

Existe otra forma de cantar, pero existe bajo el agua.
En otra vida la ballena fue una nube de tordos, un hombre que murió bajo la espada.


 

 


FÁBULA DE DONA Y SU CABALLO

“Dentro de él había un pozo indescifrable”, dijo.
Cada uno de nosotros es a su manera un caballo.
Era una historia de amor o no sé,
no estoy seguro. Lo contó una amiga
que a su vez era la historia de Donna
y su regalo de verano
que era un caballo ¿Recuerdas? Trataba
de ella que vivía en el norte
y decía que cada vez
que lo guardaba en el establo
algo de uno se quedaba en el otro
en medio de la noche turmalina
y él parecía sonreír radiante
al día siguiente con sus grandes dientes
de madera o de niño, qué sé yo,
y sentía a sus costados
los muslos solares de Donna
y así giraban los días como una
gran rueda sobre el campo pero un día
un hombre apareció con un anillo
y una gran piedra que él mismo halló entre las piedras
y Donna asintió con la cabeza y se casaron
y entonces algo cambió por completo
porque entre Donna y el caballo
hubo un lenguaje roto como el asma,
asma de amor diría algún día un Chileno,
y murió porque no había más vallas
que saltar ni más mujer por la cual
habitar las colinas, las colinas
fueron más breves y entonces
Donna dijo eso ¿recuerdas?
“Dentro de él había un pozo indescifrable…”
y también dijo “Se rompe el corazón
a los hombres mas no a los caballos”.

 

 

 



TOKIO

¿Recuerdas todavía aquel cortometraje
de Shōhei Imamura donde un hombre, un soldado
imperial vuelve de la guerra y adopta el modo
vital de las serpientes, y ya hecho una serpiente,
empieza a devorar roedores y a vivir
en los ríos y hacia el final se aleja
ondulando por aguas azules y tranquilas
de una cascada puesta en el estudio
y una mujer le grita poco antes del Fade out:
“<¿tanto te repugnó ser hombre?>?

 

 

 

 

DIARIOS DE BAJA MONTA

Tres caballos están corriendo por la avenida Insurgentes de la Ciudad de México. Se desconoce el motivo y su procedencia. Sus pezuñas contra el asfalto tienen el efecto de la zapatilla de la patinadora de hielo; algunas veces caen, pero se incorporan pronto a la carrera. El caballo es devuelto a la velocidad. La policía inicia la caza. El público expectante toma fotos y las comparten velozmente siguiendo la persecución por redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram. No respetan semáforos, doblan las calles. Pero ante todo, permanecen juntos. Un caballo a la luz del sol es dos. Los tres y sus sombras son un ejército. La humanidad, que interrumpe su jornada laboral, no está preparada para una subversión de caballos, pero no lo sabe. Al día siguiente, algo se comenta en un par de diarios de baja monta. El suceso mueve a un publicista a moldear su figura de tres cabezas en una medalla que colgará, en un futuro cercano, en torno al cuello de uno de los más afamados vinos del sur. Su historia quedará escrita en la etiqueta trasera.

 

 

 

CAFÉ NIGHTHAWKS
(SPLEEN)

Los ventanales de este lugar inician a la altura de mi rodilla y terminan centímetros antes de llegar al techo. Afuera todo es engañoso. Adentro una luz ahuesada cae sobre las cosas con la delicadeza del manto que cubre a una virgen. Nada envejece salvo yo. Detrás de los ventanales se aprecia una aldea portuaria. En ocasiones es la calle Harajuku que desemboca en una pagoda a los pies de la luna. La cuestión es que el paisaje insiste en cambiar apenas levanto la mirada. El mesero está de espaldas vertiendo leche en un cuenco y aquellos dos clientes recargados en la barra insisten en portar el rostro como una fotografía mal enfocada. Me vuelvo nuevamente hacia afuera y esta vez alguien se acerca y me llama tras el cristal empapado por la lluvia; su cabeza es el enorme ojo de una ballena que agita las aguas profundas de la noche y desaparece.

 

 

 


PONIS DE FERIA

Con la feria de la comarca vino un grupo de caballos que, apenas tocaron suelo, les ordenaron girar en sentido contrario a la tierra. A los niños poco les duró el encanto pues montar a una bestia triste no parece divertido.
Llegada la noche, los pequeños caballos se retiran en hilera india y lo que fue mercado y feria se transfigura en una trastienda de gitanos.
Mi padre irá a trabajar con el amanecer, 9 horas diarias, girando en torno de la noria, mirando los surcos bajo sus pies, con sus hermosos ojos de almendra.
Mi madre es ama de casa. Probablemente ella sea la razón de toda la literatura sobre caballos.
Dice que los caballos de carrusel son marionetas a las cuales les cortaron los hilos a plena luz del día. También dice que, al regresar a casa, después de comer mugre hierba de obrero, no descansan.
Mi madre dice que mientras todos duermen, los pequeños caballos de carrusel escogen de forma azarosa un árbol y continúan dando vueltas entorno a él.


 

 

MONÓLOGO DE LOS NIÑOS

Rodeamos al perro con la antigua fascinación de los primeros cazadores frente al gran bisonte. Subimos por sus tobillos con el objetivo de llegar hasta su lomo dorado. Entre tanto, el perro nos animaba a continuar trepando mientras nos pasaba la lengua por todo el cuerpo y el ruido de su saliva era tan poderoso que nos hacía pensar en el movimiento de un mar que se inquietaba a lo lejos.
Su nariz proyectaba a nuestros pies un enorme reloj de sombra. El tiempo es uno, quería decirnos. Entonces lo escalamos más de prisa movidos por el deseo, pero el deseo es cruel. El viejo Buda lo señaló como la causa original del sufrimiento. Entonces preferimos la belleza, pero la belleza también es sufrimiento. Quisimos tocar la maravilla con las manos desnudas. Grave error.
Ya nadie quería permanecer en el mundo si no era sobre el lomo dorado del perro.

 

 

 

 

HABITACIÓN DE NEW YORK 

I

Estoy arrodillado sobre el futón japonés
porque así me lo pediste
y tú estás de espaldas frente a mí
porque buscamos una geometría acertada
para unir el uno con el otro.
Esta postura, que nos asemeja a los mamíferos,
es otra forma de comunicarnos.
Estamos trabajando en la creación de un vínculo.


II

En esta posición puedo ver tu espina dorsal
con movimientos
que a intervalos se armonizan con los míos.
Sé cuando dices: más fuerte o más rápido
o mantenlo así, sin decirlo.
No necesitamos, incluso, del amor.
Estamos aquí para hallar un lenguaje inclusivo:
tu idioma y el mío formando un tercero.
La necesidad del cuerpo halla nuevas formas
de comunicarse. Entonces un idioma de señas,
el proceso de una palabra vertida a otro idioma,
es un mecanismo más cercano al nuestro,
me dices, al momento en que te vuelves
y me insinúas que jale de tu cabello.


III

Tu cuerpo acostumbra a transpirar rápidamente
y tus pupilas tienden a dilatarse apenas entro en ti.
Cuando estás debajo de mí y nos miramos de esta forma
pienso que le debes tus hermosos ojos azules
a tu padre y a tu madre juntos, formando un tercero.


IV (Fotografía)

Ahí estás inclinada hacia ti misma
con un escalpelo entre las manos
dando forma a una cuchara de madera
utensilio que antes fuera un leño
y antes mucho antes
una rama que se vencía por la nieve


V (Mujer saliendo del psicoanalista)

Su cabeza de ñandú. Su rostro sostenido
por una bufanda. La piel: el agua inmóvil.
Sus pies pequeños de triángulo de la tabla Ouija.
La polilla de su sexo. Su puntualidad de aguja
inequívoca en el tocadiscos. Sus clavículas
de cuarto para las tres en un reloj detenido.
La mano derecha que intenta ser una paloma.
La izquierda, en lo alto, extiende más el brazo,
planta en el aire, como un árbol, la llama del candil.
Su cuello de fagot. Sus ojos guiñando para verte.


VI (Apuntes para rememorar. Itinerario de una vida cualquiera)

En Brooklyn, bebiendo en un bar bajo la cabeza de un alce —esto
puede confirmarse en mi diario-álbum de recuerdos—.
En Ghen, caminando a oscuras con un coro de sapos comparable
en abundancia sólo a la multitud de las estrellas.
En Tepoztlán, provistos de flores de cempasúchil: despertaste
ya entrada la noche por un terror súbito a una aparición
sobrenatural.
En Providence, en una experiencia Lovecraft: entramos a su casa
y vimos el espejo donde él puntualmente asomaba su
desconcertada cara de caballo.
En Cape Cod comiendo ostras; paseos en bicicleta; fotos al estilo
Andrew Wyeth.
En la Torre Latino de la Ciudad de México, piso 26, saludando a
dos metros de distancia a un helicóptero.
En el lago Walden, retraídos, con los pies desnudos mordidos por
los peces.
En Boston, fumando mariguana sobre un sicomoro caído, el
verano, las bicicletas de Cambridge por tierra y los ferris por
el Charles River, la muerte ordinaria de las despedidas,
el Puente Longfellow y sus torres parecidas a un par de saleros
de pimienta.

 

Manuel Becerra (Ciudad de México, 1983) fue escritor residente en The International Writing Program por la Universidad de Iowa, 2019; en la Universidad Stockton en New Jersey (diciembre 2019) y en Omi Art Center en Nueva York, 2018. En 2025 ganó la Residencia 1863 La Coruña, en España.
Es autor de La escritura de los animales distintos, (Dogma 2024), Los trabajos de la Luz no usada (FOEM, 2021), Fábula y Odisea (Mantis Editores, México, 2020), Instrucciones para matar un caballo (Conaculta/FONCA, México, 2013) y Canciones para adolescentes fumando en un claro del bosque (UAZ, 2011), entre otros. Recientemente con su libro Estética de los objetos aislados obtuvo el Premio Internacional Jaime Sabines, 2024. Además, ha obtenido el Certamen Nacional de Literatura Laura Méndez de Cuenca 2020, Premio Poesía Alonso Vidal 2019, Premio Poesía Enriqueta Ochoa 2014, Premio de Poesía José Francisco Conde 2013 y Premio de Poesía Ramón López Velarde 2011.
Ha participado en encuentros de literatura en China, Cuba, Estados Unidos, Colombia, Canadá, España y Japón.



Nuestras Redes