Revista Latinoemerica de Poesía

Revista Latinoemerica de Poesía

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Fredy Tato Mejía



 

Publicamos una selección del poeta, gestor cultura y librero Fredy Tato Mejía (El Salvador, 1997), poemas que pertenecen al libro Piélago: el rostro que busca la costa (El pez soluble ediciones, 2022).

 

 

 

 

ARTE POÉTICA: ÚLTIMO POEMA DEL MAR

Ha muerto una palabra sobre la superficie del mar Pacífico,
como un pez indeciso empieza a sucumbir a la usura del tiempo.
Llegar al fondo de la Fosa de las Marianas le costará 250 años;
cuando este verso sea depositado en la lengua aturdida del mundo
será el esqueleto de esta luz lo que perdure en la bruma.

 

 

 

 


SEGUNDO POEMA SOBRE EL MAR

Soñé que lloraba.
Embarrados en el asombro
los ojos tristes
de un gorrión
abandonaban la lluvia.
Arremetí mi llovizna contra él:
un potro lisiado en la inundación
como un puño en el tierno rostro
                                       de mi padre borracho.

                             De día
                             hay un camino
                             que lleva al mar
                             y el mar es una maraña,
                             como el cielo
                             es un abrigo de dioses.

En la mejilla del mar
la hoja caída es un hijo rebelde,
una barcaza en llamas
peregrina de rodillas
para entregar las cenizas de un beso;
mi llanto en la dársena del continente
espera sujeto a mi voz.

Sobre la mesa florida,
el telúrico borde del miedo.

Los viejos sueñan,
sueñan que lloran,
pero miran de frente
a la noche que llega
con las llagas vueltas abrazos.

Confío en esta brisa
que trae del polvo
la canción del triunfo.

Al final del día
descanso y lloro
pero solo es un sueño.

 

 

 

 

 

WILA PARA LOS DÍAS DE MI VIDA*

Zompopoarrabalero
Porrodebuenasnuevas
gulagargajodequinteto
Todoelrocktodalamagia
delamanoalpan
Disécameretratofloral
Todaslasfloresdeminombre
Ayunanentuplatovacíomadre
Fuentedetodoslosbebedores
Vinoparasuegras
venenodevirgenamapola
Jein
Tubrazocansadopadre
Esmiúltimóleo
Dédaloenlaventanapantallachusca
Patriatuyahambremía
Hermanobuscalasombrademialegría
Sobreella
lacalextiendesureino
Querubíndeplomomanteldehilonegro
Malandroquerezasantohogardelsilencio
Vertigodelqueoyetoseraldiablo.


* Las “wilas” son en el argot pandilleril el equivalente al correo oficial de cualquier institución. A través de estos pequeños trocitos de papel, los pandilleros en prisión giran instrucciones, dan consejos, consignan penas de muerte o administran a sus clicas a distancia.
- El Faro: La voz de las wilas, abril, 2020.

 

 

 

 

 

CEMENTERIO CLANDESTINO*

A esta tierra
le faltó leche
le faltó barrio
le faltó una cruz de oro.
Le sobró aire
pero le faltó vida.
Ahora todos respiramos una brisa ajena
mordemos una tortilla más
vivimos de la ausencia de sus rostros.
No era para mí la sombra
ni para vos la bestia,
pero nuestro fue el terror.

Por el noticiero
lo vi de niño:
sacaron un hombre
de la tierra,
le agitaron las moscas
y lo pusieron en las estadísticas.
Tiempo después escribí un poema sobre el mar
pero no era ningún mar;
sí un charco de hombres infelices,
el muelle del odio en que estoy parado.

Me sigue la policía,
pudieron ver su rostro
en mi rostro de maleante,
dicen que cargo la pena
de mis generaciones,
que me sigue la muerte.
Me sigue la policía
como me siguen los sueños
de mis amigos devorados.
Me falta barrio, mamá,
me sobra el plante de bicho,
no sé dónde recogí esta pena,
en qué gesto delaté mi hambre.
Me falta barrio, mamá,
me sobra aire,
déjame dejarte la brisa
que en cualquier revuelta
voy a desperdiciar.

 

*Entre 2014 y 2018, 116 personas murieron en 48 hechos considerados como ejecuciones extrajudiciales a cargo de miembros de la Policía Nacional Civil (PNC) de El Salvador, según reveló un informe especial publicado por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH).
- La prensa gráfica: Agosto, 2019

 

 

 

 

 


BRODERES

                           A Moz y cualquier persona que me haya visto llorar
Te he mentido, Brodercito
no vivo aquí.
Solo busco la ternura
que fue arrojada al mar
desde que estrené la clave del llanto.

Estoy húmedo de esperar la madrugada
para poder retornar a los pájaros de la derrota.

(Le hago preguntas estúpidas al ordenador.
¿He de morir?
¿Qué tristeza abandonará la mirada de mi madre
viéndome bajar a la tierra, como ella lo predijo?)

Vuelo y a veces tengo espinas en el pecho.
Yo sé que me has visto chorreado
en un rincón del desprecio.

Yo también he visto anochecer en tus manos
y querer preguntarle al niño de la nariz mocosa
cómo se regresa al hogar.

Mar adentro,
mar adentro,
mar adentro.

Con seis dólares la hacemos.

 

 

 

 


POEMA ESTÁTICO

Sobre cualquier ojo
la luz uva el agua en barro,
un brazo senda el caos
para que carne en el muslo del remordimiento,
pero el seno latente que hambre mi angustia
no áurea la mirada tuerta de los callejones.

Mientras abismo las comarcas del silencio
mi corazón potro un témpano sin manos.

Otra vez el licor del viento estalactita mi temblor de nubes,
la guerra del pecho margarita un llanto con aliento a mar;
blanca la bestia que esperma la sangre del mediodía.

 

 

 

 

 

MAÑANA VENDRÁ LA PALABRA VUELTA PAN

Acaso mi voz sólo esté en las tinieblas
y la verdad sea de los otros.
-Isabel de los Ángeles Ruano

Abro la puerta
y detrás del silencio
el poema, de cuclillas,
espera la tortura.
Vendrá la palabra
con la barriga ensangrentada
hasta donde las flores
terminan su camino en el cielo.
Vendrá la palabra en el invierno fangoso
como una presa o un charco,
un quiste en mis ojos ásperos.
Vendrá la palabra
y traerá un mendrugo
con hongos y hormigas,
ese día será pájaro fulminado en el aire,
accidente del viento,
puente rancio de mi pecho.

Vendrá la palabra
y tal vez ya me haya ido;
habrá un ronco murmuro de mí,
un hogar sin alquitrán en los pómulos.
Vendrá la palabra y la piedad;
una canción de aluminio
besará sus pies húmedos.
Vendrá la palabra, amigo,
mujer, madre, niño, muerto,
de ella no traeré leche,
sí una hoguera herida
donde sus rostros permutados
sean estero de luz.
Vendrá la palabra,
pero no el pan.

 

 

 

 

 

TRÍPTICO DE LA LUZ

I
Habré tocado la espuma del mar,
pero creí morder un trozo de sueño.
Bajo las mantas del sosiego,
una anémona fluorescente
amenaza con su hálito de miel,
frente a ella he descubierto la luz
y temo de los ojos que me crecen.
Hace millones de años
nombré este espectro patético,
su nombre emerge de la marea
y no del viento.
Esta bengala sobre mis ojos
no es la vida,
sino una protuberancia inútil
en la cáscara del abismo.

II
¿Qué hace ahí ese crustáceo fulgurante
estacionado en medio del terror?
Los fotorreceptores de mi niñez
vagamente sabrán reconocer
en el cómodo arroyo del miedo
ese atisbo de ternura,
una lata de cariño
arrojada sin piedad
al piélago de la inocencia.
Antes de su parto
no conocía las entrañas de la sombra
ni había enredado mis ojos
en la úlcera de la razón.

III
Clasifiqué las migajas del día
para refugiarme de la carencia,
logré que la luz vacilara de su estado;
Anoche, por la noche
un párpado de sangre
dio un sollozo,
como un presagio
en la víscera perlada del sol.
Entre el abismo, un lucero de carne.
Entre la llama, un hueco de plomo.
Entre el musgo, la sonrisa del miedo.
Entre la niebla, la voz muerta del amor.
Entre la marea, el golpe débil de la demencia.
Dentro de mis ojos,
bajo la tierra de la memoria,
sobre la guerra de las pestañas,
una bestia devora los frutos de la luz
y desgarra los bordes de las tinieblas.
He vuelto al líquido letargo
de la ausencia.

 

 

 

 

 

WHALE FALL (fragmento)

La luz se desmorona sobre los tuétanos del tiempo, arriba, más arriba queda la brisa, sigue silbando la memoria de gemas que caen y diluvian pájaros en las olas.
Una vez vio la colmena de luces sacudir la melena negra de la marea y engullir los hombres que supuraban de las costas en sus fragatas monumentales. Diminutos seres clavados con los ojos hacía una líquida luna que subía a la cúpula del viento. Hoy se deja resbalar en la materna sopa de peces cernícalos que se apartan de la enorme ballena que ha muerto en la comarca más lejana del océano.
Arriba, más arriba, la espuma bate su lengua de sal hasta alcanzar las nubes. Quizás mañana alguna tormenta desplome sus azúcares sobre la dermis salada del mundo, pero ya no estará para remolcar la memoria de las castañas tardes frente a la continental muralla. De lejos observó los árboles y soñó que crecía sobre la tierra como un jolgorio de burbujas verdes que las gaviotas ayudaban a sostener sobre ese tronco tan seco, tan poco océano con su corteza de tierra y no de cristal.
Ha vuelto a asomar sobre la superficie, su cuerpo inflado saluda a la vida que la abandona, flota sin gracia en la esfera azulada, algún carroñero pelícano pellizcará las costillas, deambulará sobre su lomo y el efluvio constipado volará en la brizna para llamar a otros dolientes. Luego volverá a descender.

 

 

 

 

Fredy Tato Mejía (El Salvador, 1997). Poeta, librero y gestor cultural. Miembro coordinador del Festival de poesía Amada Libertad (FIPAL), creador de los ciclos de poesía La función poética, en Sonsonate. Miembro de la revista Radio Pavana y de El pez soluble. Ha publicado √441 (Toluca, 2019), Esclaramonde (Sión Editorial, 2020); (El pez soluble, 2021) y Sobre el entusiasmo y otros poemas (Incendio plaquettes, 2021) Contacto: edgartatoh@gmail.com (+503 61347268).



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