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10 May 2021 / 14:02 pm

Reseña de Lucas Margarit

 

Porque esas muertes
no llegaban solas.
venían con el resentimiento
y la devastación
que hacen del mundo
un lugar más inhóspito.

“Un hombro donde solloza la muerte”


El libro "Mauritania es un país con nieve" está estructurado en tres partes que dialogan entre sí, con murmullos, con imágenes, con palabras: “De lo oscuro”, “De la luna” y “De Mauritania”. Estos títulos -como en los antiguos tratados- develan y anuncian qué motivos o temáticas se desarrollarán en cada una de estas partes, como sugerencias y como pequeñas puertas por donde entrever las palabras.

El poema que da inicio a la primera parte, “Aniversario” ya está desplegando una analogía entre muerte y oscuridad que también remite al tema de la traición y de una muerte sin resurrección. La herencia es aquello que se entrega, y aquí es esa presencia de lo que ya no está y sobre la cual el yo asume su potestad. ¿Se repetirá cada año la misma traición? Este tono se irá repitiendo con poemas posteriores. La palabra aquí es la ausencia de la esperanza y la presencia de la memoria: “el principio de la nada” (p.17).
El fósil es la certeza de lo que fue y es la imagen detenida de lo muerto.

Pero no se trata
de escribir
lo que se sabe.
Aquí la tragedia
es no poder despedirse,
no poder desear buena ventura,
un «que te vaya bien, que amaine todo. (p.19)

y esa es la experiencia y el sentido de la imagen poética. Estar en la ausencia para poder recuperar una identidad que se sabe mutable. Podemos leer esta estrofa de “A veces soy como el rio” donde el transcurrir implica la continuación del secreto, la presencia de aquella zona oscura que parece aparecer y ser inaprehensible:

Sin recibo de perdón,
sin ambiciones,
sin lisonjas de sol,
sin claroscuros:
como agua sin curso,
como pena sin cauce,
confieso que transcurro
sin saber por qué vivo. (p. 26)

Será en “Verdades” donde encontremos un enfrentamiento directo con la muerte, no a través de la analogía, sino con una muerte de ojos vaciados. Una muerte que rechaza la imagen forjada por Cesare Pavese de una muerte con lo que es conocido: los ojos familiares, “tus ojos” para mostrar otra muerte que aún el poeta debe descifrar. El saber se va constituyendo con en el recorrido por el rostro de la muerte y es cuando el yo poético cambia su lugar y será quien visite a la descarnada.
Otros poemas de esta sección retoman este clima donde lo inhóspito es poético. Pero también lo poético puede evacuar la desolación al evocarla, el yo poético puede hacer la palabra para encontrar las imágenes del poema y llevarlo al extremo:

Hacer la palabra
para vencer la muerte,
esa manzana roja,
esa boca ofrecida,
ese silencio justo
sin luces ni canciones,
ese barco que pasa y que te lleva,
tan lejos del murmullo
                        de los vivos,
de los versos leídos,
de los versos que fuiste,
cuando llega la lluvia y todo nace. (p.32)

Más adelante nos cruzamos con un poema, “Poética” (p.36) donde leemos un proyecto y una posición frente a la escritura y al mundo que pueden funcionar en el volumen como una reflexión acerca de los otros poemas que lo acompañan. El poeta asegura que escribe, pero también “hacen surcos que duelen”. Se proyecta y manifiesta cómo escribe, no cómo hay que escribir, y desde esta perspectiva la “poética” que se presenta es una manera de detener la oscuridad que se avecina y que invertirá los sentidos del crecimiento y de la madurez.

Apenas escribir,
sin despertarme,
aquel lugar feliz
               de la inocencia. (p.38)

La segunda parte del volumen, “De la luna” comienza también con un poema que alude a la muerte de forma directa. Pero será la imagen y las alusiones a la luna lo que enhebrará cada poema con el todo de esta sección. Y la luna es un símbolo de cambio, de transformación, tal como funciona la palabra, como un giro incomprensible que llama y declama.

Te veo en esas coplas.

Quiero decir:
ahí ya te nombraba,
como si una ballena
                        blanca
naciera con el canto. (“Contrapunto”, p.43)

Porque querer decir es llamar las cosas de otro modo y es donde se inicia la búsqueda del poeta. En este libro, el uso de palabras como decir, nombrar o recordar… espacios que van conformando cada uno de los poemas con tonos, acercamientos y preguntas diferentes ante un mismo motivo: “la luna”. Distintas identidades que también dan cuenta de otra experiencia que deviene en transformación: cuando una cosa es siempre posibilidad de ser otra:

Apenas la ilusión
de una ballena
que parece navegar
                     en el viento
para evitar la muerte. (p.43)

mis palabras
eran la nieve (p. 46)

y poder llegar a ser otra cosa es también -como dice uno de los poemas que ya citamos- vencer la muerte y la devastación. Poder pensar el cambio de lugar como una manera de la ilusión hasta llegar a un extremo en que el “yo” es otro: “Una vez fui coleóptero” o que recupera la experiencia de un poeta como William Blake para observar nuevamente la luz de la luna y preguntarse por aquél “mar de palabras que nombran lo incompleto” (p.50) que lo conduce nuevamente a la oscuridad.

La última parte, “De Mauritania” podría pensarse como la culminación de esa serie de cambios y mutaciones que se anuncian en las dos primeras secciones. ¿Qué es lo blanco? ¿las manos o la nieve? La inversión de saberes como un recurso más de estas transformaciones:

En Mauritania
las sombras
se parecen
             a la luz:
hacen nacer
la oscuridad
en el inicio del día. (“Sombras”, p. 62)

Parecerse a lo opuesto, alcanzar la sombra para acercarse a la luz, observar la oscuridad y poder conocer el amanecer. Siempre en la transformación hay conocimiento, o por lo menos la conformación de una imagen que cambia a imagen y semejanza de lo que no está y debe ser escrito:

Las imágenes del agua
no son los cristales del hielo,
apenas la corriente
diluida en la sangre
o la sangre vaciada
                    en la corriente. (“Lluvia” p.67)

Movimiento del agua y movimiento del lenguaje. “Mauritania” ya es otra cosa, un objeto que también recupera su capacidad de ser poético en este conjunto. Es un lugar con nieve, pero también “es un atardecer herido” (p.77) y es como Venecia que es una máscara que invierte cada sentido y cada uso habitual de las palabras.

He llegado a tu orilla.

Estoy de nuevo en Ítaca,
                  en Mauritania. (p.86)

Cada lugar era otro territorio. Cada territorio recupera su naturaleza, sus pájaros y su nieve en el artificio de las palabras. Ahora Mauritania es siempre otra ciudad, donde “las muertes / no llegaban solas.” (p.41), una ciudad donde nieva en la palma de la mano.

 


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