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09 Feb 2021 / 17:07 pm

 

Compartimos una selección del libro Las lunas del mal de la poeta costarricense Lucía Alfaro, editado recientemente por la Editorial Summa en Perú.

“Quizá, las primeras tres referencias intertextuales de este poemario arrojan la luz más fuerte para desentrañar su apasionado lirismo. Todas remiten a Charles Baudelaire y, por lo tanto, a la poesía mal denominada maldita, al simbolismo precursor de lo modernista. Primero el título que es una paráfrasis de Las flores del mal, que aquí se trastocan en Las lunas del mal, luego el epígrafe que advierte el peso temático del poemario en los arquetipos femeninos representados por la luna, y de tercero el primer poema innominado “Albatros”.

Este pájaro grande vapuleado y escarnecido en la proa del barco por una horda infame de marineros en el poema homónimo de Baudelaire, representa también en el poema de Lucía Alfaro al poeta que sabe enseñorearse subiendo a las alturas de su vuelo insospechado e inalcanzable para muchos que transitan a rastras por el suelo, el subsuelo o los maderos del buque.

Es el poeta que se sabe canto, ensoñación que no perdió la infancia, vuelo supremo como lo advierte nuestro Julián Marchena: vuelo también presente en los versos de Alfaro.

Al tenor del tema enunciado en el título que hace referencia al lado oscuro de la luna, parece dilucidar aspectos arquetípicos relacionados con lo femenino.”

Ronald Bonilla
Fragmento del prólogo de libro

 

 

 

 

 

ALBATROS

Sabe que no es un simple ángel,
se descubrió animal
que no conoce dónde empieza el perdón.

Pero ya no le teme a los falsos satélites
que refleja el océano.
Sospecha que la luna esconde un pecado original
detrás de sus mentiras.

Intuye que la muerte descansa en sus ojos
deliberadamente;
por eso para olvidar el rastro
del ángel vengativo,
esconde la llaga debajo de sus plumas
cada vez que solloza tendido en la arena.

Es solo un animal
que no sabe dónde acaba el océano.

 

 

 

 

 

RITUAL DE LUNA LLENA

De niña alguna vez pensé
que la luna era un pájaro triste
naciendo en el costado de la noche
y que los astros más pequeños
eran estrellas
formadas con las cenizas
de mis antepasados.
Pero era otra falacia.

Después la vi dejar sus alas
detrás de los telones
y rodearse de mujeres sombrías,
de farsantes que querían mi sangre
en sus rituales.

Cantaban y danzaban descalzas,
drogadas de codicia se rasgaron las ropas
al son de los tambores,
sarcásticas reían
y elucubraban palabras incoherentes.
Ella miraba ansiosa,
radiante, satisfecha,
altiva en la concavidad de las tinieblas.
Yo la miré desde el fondo
de mis aguas,
ya sin venda en los ojos
pude darle la espalda.

 

 

 

 

 


DESFILADERO

Cada suicidio es un sublime poema de melancolía
Balzac

Hay muertes más astutas que la Muerte,
que no matan el cuerpo y sus heridas.
Se esconden muy adentro de los ojos
y aguijonean las veinticuatro horas
que me dura la noche.

Son muertes pequeñitas,
con olor a ceniza y a letargo,
amputan el recuerdo
del verano amarillo
y del sabor a sal de los milagros.

Son simples no-llamadas
o forzadas caricias,
en el desfiladero de los rieles.

Un ángel miserable bosteza en el diván,
mientras la Muerte nos mira con soberbia
y en el piso se apilan las agendas,
las lágrimas, las fotos,
y el timbre tardío del teléfono.

Tal vez nos predecimos
en la misma herida
que nos destiñe el cuerpo
y su último recuerdo.

Las lunas sin memoria
no servirán de altar en el camino.

 

 

 

 

 

TREGUA

Necesito reconstruir su rostro,
su círculo perfecto
cada treinta de octubre
y no morir de mar en el intento.

Necesito llegar a ese puerto
donde llegan los pájaros
que perdieron el rastro
y hacer de este corazón
un muelle silencioso
en desventaja idónea,
para que copulen ballenas
y naufragios,
y el fin de las sirenas
no sea la extinción de los sueños.

Necesito encontrarla flameando
en los faros de los barcos de infancia
sin cobardía o valor,
simplemente mirarla de cinco años
en las latas urgentes de los techos
y lavarle los ojos con la sal
de mis aguas ocultas,
cauterizar la sangre,
la mentira, la arena
con la grafía rebelde
que palpita debajo de esta huella.

 

 

 

 

 


EL ROSTRO OCULTO DE LA LUNA

Yo conocí ese rostro desde niña,
lo vi por la ventana
asomarse en la lasciva pupila del padrastro,
lo vi resplandecer sobre la piedra
donde él firmó el pacto
que hizo con el diablo
mientras me penetraba.

Yo conocí ese rostro,
me marcó con lunares la cara
y me llenó los ojos de ceniza.
Me hizo caminar por la hojarasca roja del suicidio
y reventó las cuerdas de los puentes
para tenerme presa.

Sí, yo conocí
su resplandor de luna mentirosa
desde siempre,
por eso la podría odiar
con el odio de Dios o el de Vallejo,
pero he decidido perdonarla.

 

 

 

 

 

Lucía Alfaro: Escritora costarricense. Autora de los libros: Inevitable travesía (2008), Nocturno de presagios (2010, EUNED), La soledad del ébano (2015 UCR), Antagonía (2016, Editorial Torremozas, España). Vocación de herida (2016, EUNED-POIESIS), Las lunas del mal y Antología personal Líneas insurrectas (2020, Editorial Summa, Perú).

Es Filología con estudios de maestría en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Costa Rica. Segundo lugar de poesía en el certamen Brunca de la Universidad Nacional de Costa Rica – Sede Pérez Zeledón (2013). Segundo lugar en el certamen Hispanoamericano de Hikus organizado por Némesis Perú (2019). Su obra ha sido publicada en diferentes antologías y ha sido traducida al portugués y al inglés e invitada a festivales y encuentros de poesía en países como: México, Nicaragua, Panamá, Cuba, Colombia, Uruguay y Perú.


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