María Mercedes Andara
Poeta, escritora nicaragüense. Es autora del poemario Flores incómodas y de la plaquette publicada por New York Poetry Review en la serie Festival de Poesía de Granada.
Finalista lll Premio Latinoamericano de Poesía Marta Eugenia Santa María Marín 2024 y recibió en 2025 el Premio de la Fundación Naji Naaman en la categoría Premio de Honor por obra completa por su libro Trazos del desconcierto publicado por Nueva York Poetry Press.
Actualmente preside la filial Nicaragua de la Real Academia Internacional de Arte y Literatura, su obra ha sido publicada en revistas, Fonoteca de España y distintas antologías.
Estudiante por cuatro años del Laboratorio de Poesía Hispanoamericana, Ciudad de Mexico, bajo la coordinación de la maestra Carmen Nozal.
SENDERO DE OTOÑO
Sostenida de frente
a la sombra de la indiferencia
ningún eco pronuncia su nombre.
La bujía intermitente del farol esquinero
corta el viento,
la lluvia y el aire conversan,
y se besan.
Parpadea el farol, como si un amor
nos fuese dando la espalda
y la estela luminosa de una idea
pasara de largo, desapercibida.
Allá en las fosas marinas
un par de sirenas ebrias, adolescentes,
sobreviven con el agua a la rodilla
ausentes de la danza de las olas
y la memoria de la arena.
El infinito escribe su nombre
en una hoja de lavanda.
¡Si tan sólo pudiera traducir el significado
de los milagros!
Nada vibra.
Las manos frías y nerviosas
aprietan con apego el último
suspiro del alma de la tierra
en su huida por el portón
del juicio final.
UNA NIÑA DIÁFANA DE ORO Y PLUMA
En su mirada indígena, mezcla del mestizaje,
lleva en su mano de niña una mina diáfana de oro y pluma.
Camufla su dolor de savia inquieta.
Humaniverso hecho verbo y hecho carne.
Ala tímida, incertidumbre, desasosiego.
Obrero del cosmos, espejo sediento, mapa de nubes,
cuerpo a la intemperie.
Ciudad sucia y descosida, densa, borrosa.
Vistes mi cuerpo de tenaz olvido.
Viajes de ida y vuelta, cansada de dejar arrullo,
de dejar cobijo;
de vivir sin los míos,
sin mi perro que se llama “Recen”.
Viste mi cuerpo sin tenaz recuerdo.
Enmudecida, sin fuerza, sin brío,
leña al fuego, los grillos cantan,
el universo grita.
Y va la noche con su cuerpo agreste.
Va descalza, va hambrienta, va desnuda.
Sombra de su sombra,
te llevaré en el lomo.
Beberé tus lágrimas con la congoja
en mi regazo.
Los ciclos no tienen final.
Sin sonrisa, sin tacones, sin perfume.
Esa es hoy: la tierra que me vio nacer.
Y NO ERAS A MI IMAGEN Y SEMEJANZA
Y no eras a mi imagen y semejanza.
No lo eras.
No eras las venas ceñidas de pasión
lo que me atraía al verte.
No era ocultar en un bolsillo
la fobia de no ser amada,
sin admitir la tormenta perfecta.
No era reverberar la efigie de lo distinto.
No lo era.
Tampoco un fragmento de una alborada silente
ni llenar los orificios de mi piel,
de tu palabra edulcorada
de tu historia no contada
de un impreciso final.
No era el diseño de tus manos,
ni lo ancho de tus visiones,
no se trataba de atrapar fragmentos
de verdades en telas de araña.
No lo era.
Ni la vez que recogimos tu saco
donde el sastre, para casarnos al día siguiente.
No lo era.
No era desdibujar
la franja de nuestras diferencias.
No era banalidad o ciencia ficción
lo que suponía haríamos juntos.
Quizás esperabas ponerte cómodo
en un Chase lounge
con tu copa en la mano a las seis de la tarde,
llenar de colillas de cigarros el cenicero,
para luego verte pasar la vida divagando
sin el menor esfuerzo.
Sin darnos cuenta
nos encontramos sin reconocernos,
sintiendo la bienaventuranza
de saltar al vacío
sin medir daños colaterales.
LA PALABRA HERIDA
Los secos labios pegados a la ventana
buscan a Dios en un corazón sin latido.
¿A dónde va la vida en marcha
con el traje de la locura?
Una mano debajo de tus pies
empuja el carrusel de la primera infancia.
Mientras cae de los inmensos rascacielos
la indiferencia de un mundo sin devoción.
Lento, muy lento,
se asoma el primer rayo de luz.
GOLPE SECO
Cuando muere un poeta, algo irremplazable
muere en el mundo.
Lo que no desaparece es su abono a la tierra
sedienta de palabras,
semilla profunda y transgresora.
Lleva en consigo la maravillosa bohemia,
los amigos, el bouquet de las bebidas espirituosas.
Cobijando sueños, que arropan el alma
en las noches heladas de la tierra.
Un poeta menos en el mundo nos hereda su pasado, su tiempo,
su poesía, su ímpetu sobrenatural.
Queda su belleza convertida en papel mariposa.
Desde mi ventana, desnuda, sin lápiz de ceja, sin pico rojo,
sin mis lentes de fondo de botella,
con la visión húmeda de una ciudad triste,
esa misma que ha acunado a todos los bardos de pluma de oro,
un soneto lapidario aguarda por la inerte fantasía.
El sumo espíritu del panida, anuncia el pesar de los adioses.
Una música litúrgica prepara su entrada al origen.
Despierta el canto del silencio, ese letargo brutal e inconsciente
ronda una lluvia transparente.
Su memoria se escapa como humo tierno
y todos hablan y repiten sus versos ya sin falsedades.
Persiguen al viento y el duelo vuelve a conectar las almas por un instante.
En su pecho clavan aquellas gloriosas lecturas como medallas de honor
para la posteridad.
La gentecilla yugulada y sus amigos de tinta, caminan a paso fúnebre
vestidos de luto, detrás del carruaje de corceles negros.
Su pueblo amado no ve para atrás, solo ama al poeta.
Unos mascan chicle para disimular la ausencia.
Otros abanican el presente.
Las palabras soplan al unísono,
desfilan con aire melancólico, vibran en agonía.
Una tarde que dura meses,
confundida con el amanecer.
Todos hablan del poeta, de su voz, de su amor y su escándalo.
Su obra no caduca, esparce su semilla de aquí al horizonte.
Queda en mil millones de mundos conocidos y desconocidos.
Ahora su simiente orbita
incesantemente
en el universo.