18. Rosa Carrasco Cortés. El plumaje del cóndor
Como parte de las acciones del Circuito literario ¨El Plumaje del cóndor¨, que adelanta la Red Departamental de Escritores de Cundinamarca y en apoyo a la difusión de las voces literarias de este territorio colombiano, la revista literaria La Raíz Invertida publica una autora o autor cundinamarqués, cada semana. Este circuito literario que recorre el departamento de Cundinamarca (Tierra del cóndor) desde abril hasta octubre de 2026, culminará en el mes de noviembre en el municipio de Cota con la instalación del Segundo Encuentro Departamental de Escritores. Continuamos esta muestra con una selección de poemas de Rosa Carrasco Cortés, de Facatativá, Cundinamarca.
ROSA CARRASCO CORTÉS, poeta colombiana nacida en Bogotá, de padres cundiboyacenses, artesana de versos. Sus primeras lecturas y acercamientos a las letras incluyeron a José María Vargas Vila y a Christoph von Schmidt, con la obra Genoveva de Brabante, referentes esenciales para desarrollar su gusto por la escritura, el romanticismo, el erotismo, los versos conversacionales y las atmósferas campestres.
Inicia su escritura como autodidacta en el año 1966, en la Casa de Poesía Silva y en la Universidad Central, integrando el reconocido espacio de formación TEUC, dirigido por el maestro Isaías Peña Gutiérrez, y al año siguiente en la Universidad Externado de Colombia.
En 1989 creó el grupo literario Luna Llena, en Facatativá, Cundinamarca, congregando a varios exponentes de las letras de este municipio. Ha participado en diferentes ámbitos culturales departamentales, nacionales e internacionales, como el Encuentro Nacional de Poetas y Escritores en Nocaima, desde el año 2006; el Encuentro Internacional de Escritores de Facatativá (2017); el Encuentro Internacional de Escritores «Jetón Ferro», en Chiquinquirá, Boyacá; el Encuentro Internacional de Escritores «En la senda de la palabra», en Manabí, Ecuador; y el Encuentro Internacional de Literatura Ojo en la Tinta, organizado por la revista latinoamericana de poesía La Raíz Invertida (2017-2018).
Fue integrante del Taller de Escritura del Colectivo Esperanza y Arena durante doce años, con quienes publicó en conjunto los libros Cóncavo y converso y EnamorArte. Hizo parte de la Escuela de Literatura de Facatativá y del proyecto literario Lectulabranzas, por tres años, dirigido por el poeta Jorge Valbuena, en la Secretaría de Cultura y Juventud y la Red de Bibliotecas Públicas de Facatativá (2017-2019). Crónicas suyas se registran en los libros Bitácora de la memoria y Lectulabranzas, una cosecha literaria por Facatativá. Hace parte, además, de la Antología de poetas facatativeños, publicada en el año 2005.
Es autora de los poemarios Piel a piel, Saxo, poema y piano y Marejada de palabras. Ha participado en diferentes encuentros literarios, iniciando en Facatativá y pasando luego por Tena, Nocaima, Chaguaní, La Mesa, Manta, Chiquinquirá, Tinjacá, Bogotá, Fusagasugá, Tenjo y Manabí, Ecuador. Integrante de la Red Departamental de Escritores de Cundinamarca.
SILENCIO
Estúpida oscuridad
que habita en el invierno de la muerte.
¿Por qué ríe el dolor?
Lo hace
en los eclipses del corazón
como vuelo de trueno,
del dolor se guarda tanto como se puede.
Sobre el árbol del patio
invadido de tristeza
los grilletes del tiempo
son flor del viento,
nido de pájaros insomnes.
Carta
escrita por abejas
cuando descansa el sol
y lloran los girasoles
sobre huellas
que habitan el desconsuelo.
SONORIDAD
Noche decembrina
sonidos de voces
llaman a la puerta de los sentidos.
Sirenas, lamentos, pasos agitados,
no sobra el tiempo
la esperanza habita el momento,
la noche se desangra en una inquietud.
Corren libres o aprisionados los pensamientos.
Angustias, humanidades rotas,
buscan el equilibrio
en sollozante o silenciosa espera.
Ecos de lágrimas retenidas
danzan
en su propio tormento
y el final suspiro,
no apaga la ilusión
sigue en su andar esperando un mañana.
INDEFECCIÓN
Ahora,
vivo al acecho de su respiración,
del latido de su corazón, del pulso de su sangre
de un llamado en aflicción.
Duele la entraña,
duele el desconsuelo.
La esperanza como niebla
existe por sí misma,
avanza entre los seres
adormilados o quejumbrosos.
Sonidos de máquinas que
mantienen los signos.
Un pájaro y su canto
irrumpen en la madrugada
es el llamado de Dios al nuevo día.
TITILANTE BRILLO
Diario ejemplo de fortaleza,
humildad, paciencia, dolor.
Palabras en fuga,
silencios, grandes silencios,
habitaron y habitan tu sombra.
Noches largas, de grandes vacíos
sapiencia de dolor,
es el recuerdo que me habita.
Luciérnagas danzan en noches de calor,
su parpadeo te nombra;
en un breve latido
es su luz eterna.
MÁSCARA
Con el corazón disfrazado de valentía,
sus ojos tiznados de desamor y soledad.
Su humanidad
intenta olvidar el desdén
en la noche sin aurora
de pupilas huérfanas,
sin luceros ni lunas.
Delgado el hilo del amor
se tensa hasta causar heridas
que rompen la noche sin palabras,
palabras insomnes,
de instantes de vida
palabras sin nombre
de tanas vidas,
vidas naufragas
en la deriva de los días.
Días de un sol oscuro,
sol que abrasa,
quema la entraña,
borra el pulso
lo deja sin sombra.
ACÚSTICAS
En la ensoñación de la hoja
soy viento, pájaro,
fuego breve en el sonar de la lluvia.
Soy el alcatraz sobrevolando las crenchas de las olas
Mientras mis días se cubren de ausencias,
se nutren de canciones
aprendidas en la infancia.
Grieta en el tiempo perdido.
las inciertas horas
trepan árboles, escalan edificios,
consuelan escalones desgastados
viajan y se quedan en palabras
que rozan la mente
y se disuelven, se disuelven en la nada.
BORDADO LUNAR
Un fuego ancestral
se apoderade los danzantes
cabalgan
en la cadencia del fandango
en frenética armonía.
curruta, curruta, curruta.
Oleaje de caderas,
hombros y piernas
se despliega en la arena.
Candiles celestes
reflejan las manos que aporrean los cueros
en acompasados movimientos.
Las gentes admiran la hipnótica danza
de los cuerpos a la luz de las antorchas.
Huellas de los danzantes
bordadas en la arena cual caracolas
de indescifrables signos.
FUEGO MORTAL
Ahora el ábaco del deseo
da cuenta de la hoguera en los cuerpos.
Sombras agónicas
caen de filo
a orilla de los senos.
Bocas que cuentan fantasías
en busca de torrentes voluptuosos
dejan eco en los oídos,
manos en busca del ardor
de la piel que presiente el goce mortal.
En el lecho
sobreviven a la lumbre ardiente
que deja sus orillas
en candente blanco fuego.
ALEVILLAS
En mi piel nada es ajeno a sus falanges:
al paso de la sed
el agua de la piel se funde.
Bajo el goteo de la lluvia
y renace la chispa que nos habita,
cautiva en el misterio,
del acorde de los cuerpos en equilibrio,
se disipa la tristeza.