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25 Jun 2021 / 05:42 am


MUCHACHA DE UCRANIA/2003 - María Teresa Andruetto (Arg)

¿Cómo van en tu tierra las cosas?,
pregunto. Siempre peor, me responde,
es todo una mafia. Mi prima allá abajo
levanta la mano. La chica se llama Alexandra
y va a trabajar a Gerona. Tiene a su padre
en Valencia y a su madre limpiando
un albergue en Milano.
Su hermano,
que cumple catorce, se ha quedado en Ucrania
cuidando la casa. Hablo tres lenguas, me dice,
ucraniano, moldavo y rumano, pero eso no sirve
en España. En el bus van gitanos, letones
y húngaros, y esta chica que tiene a su madre
en Milano. También va una mujer de Trujillo
que no tiene papeles, me lo dijo comprando
el pasaje. Hay un sitio mejor
y está lejos.

                        (Por la tarde
                        he llamado a mis hijas.
                        No estaban)

Yo quería quedarme
cuidando la casa, me dice la chica de Ucrania,
pero es mejor que se quede mi hermano.
Conversando, he olvidado que estoy todavía
en Torino, que el bus no ha arrancado,
que mi prima allá abajo levanta
la mano.

 

 

CIUDAD II - Alfredo Fressia (Uru)

Un equilibrista flaco te atraviesa los días
con sus huesos de lona floja y de domingos
como la hilera rota de los dientes y los pasos
de taza en añicos del borracho noctámbulo.
Iguales los sueños de la madrugada
fumados en la esquina y rascacielos
y la siesta con su olor de remedio viejo.
Una ladrona es la lluvia silenciosa en la bahía,
las manos enguantadas, el documento falso de las ganas
y la ansiedad de cómplice y bocinas, igual
la pirueta que te aturde y el salto mortal de cada día.

 

 

UN ÁNGEL EN LISBOA - Yirama Castaño (Col)

A Fernando Garavito

Me imagino que se levanta cada día
con ganas de zumbar,
que se despliega sobre el papel
con la rabia propia
y las miradas ajenas puestas sobre él.
Me imagino que despierta
y persigue los olores más extraños,
aquellos rancios, aquellos agrios.
Me imagino que da vueltas sobre la palabra
y se posa sobre ella, multiplicándola.
Me imagino que busca la luz,
limpia sus alas,
se guarda de sí mismo
y espera el golpe por venir.
Me imagino que sigue atento,
más allá de toda sombra,
que busca los desechos,
que los lame y los escupe.
Me imagino que tiene frío
que su cuerpo ya es poema
y que la ciudad,
adoquín por adoquín,
se parece a él.

 

 

ÓLEO - Catalina Sojos (Ecu)

Posiblemente el Bosco imaginó esta pandemia en su jardín de las delicias.
Debemos poner las cartas sobre la mesa, los ataúdes de cartón en Guayaquil y los gritos de los ancianos en las afueras de Madrid.
El juego de la estatua en los años cincuenta ha parado los soles.
No vamos a morir de manera diferente, estamos debajo de las puertas y desvivimos cuarenta días en un traje de hielo.
Ahora es cosa nuestra la ceguera. Cambia la luz del semáforo y el rebaño cruza sin prisas. Una a una se abren tumbas y tabernas. El corona virus muerde a sus víctimas a la mitad de un respiro.
No retires mi mordaza, llevo varias medusas bajo la lengua.

 


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