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15 Mar 2021 / 13:52 pm

 

 

Presentamos una selección reciente de poemas de Catalina Villegas, poeta e ingeniera física nacida en Manizales y residente en Montreal.

 

 

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este poema (no) es mi cuerpo

el primer verso

está puntuado

por el silencio

no diré que este poema soy yo

ni que es mi casa

(no soy mi casa)

ni que me representa

este poema es mi cuerpo

 

(tú en el centro)

 

en el momento

en que la fruta alcanza

el matiz preciso

que le otorga su insolente dulzura

este poema es mi cuerpo

abriéndose (paso)

en la noche

como un letrero de neón

este poema deja abierto el paréntesis

para que no lo cierres (

 

 

Una herida

 

Una rosa es una rosa es una rosa.

                                                    Gertrude Stein

 

Cuando el poeta dice lluvia

tiemblan los pájaros entre las ramas

Cuando dice herida

el dolor se acuerda de sí mismo

Cuando dice hambre

los huesos se buscan en la oscuridad

Cuando dice blancura

un caribú salta y desaparece

 

Escribo puerta

y alguien regresa a su sueño

 

Digo ausencia

y el papel es un espejo

 

Cuando no te nombro

te estoy nombrando.

 

 

Muchosidad

 

 

Siempre hay un pliegue en el pliegue,

como también hay una caverna en la caverna.

Gilles Deleuze.

 

 

Me miro y recuento

para seguir creciendo

en otro lado.

El cuerpo es flor que se abre al tacto

Generosidad de superficie

pliegue que reconcilia los extremos

piel que se retrae de vergüenza

para sortear un día de verano.

Laberinto de tejidos que brota y colapsa.

¿Sostengo mi cuerpo o es él quien me sostiene?

¿Lo presiento o me anticipa?

Surgen de su interior circunvoluciones

y texturas esponjosas

pólipos y protuberancias

temblores gelatinosos

y lugares estriados.

Cada órgano reclamando su discreta soberanía

contraído en su forma,

flotando sin tiempo.

Apéndices innecesarios

embebidos en sustancias

fluidos que se desbordan irrigando fronteras.

Desde cada esquina palpitante

me despliego y multiplico:

querer es abundar en alguna parte.

 

 

La defensa del erizo

 

La ternura depende de lo poco que el mundo te toque.

Para estar tierno, el peso de tu vida

no puede descansar en tus huesos.

Ocean Vuong

  

No puedo darme un abrazo

como tampoco puedo dar cuenta

del dolor de mis propias púas.

 

Una tarde lancé las promesas por el abismo.

Me hice ovillo

hundiendo el rostro en mi blandura

crearía la seguridad del adentro

entre las luces apagadas.

 

Tu mejor defensa es transformarte en animal.

Y la del animal, convertirse en vegetal.

 

Me transformo en erizo

y el erizo en una rosa triste

--o deforme--.

 

A los erizos solitarios no los alcanza

un calor como el que derrite iglús

o se aloja en frazadas compartidas

 

            ni saben tampoco

                        de las punzadas

                                    que nos recuerdan cómo palpita la vida.

 

¿Saben acaso que el dolor

es acercar el corazón

a quien nos da la espalda?

 

 

Expansión

 

Es preciso encontrar palabras

ponerlas donde el fuego me redime

atravesar el puente en medio del mareo

una nube se me enreda en las pestañas

escribo con mis manos

y se alarga la distancia entre ellas

y mi pecho

tal vez mi cuerpo

tal vez mi cuerpo…

 

Tal vez yo…

Decir yo es recortarme

¿Qué digo entonces para hablar de la expansión?

Me desubico

Estoy saliendo de mí, creciendo en otra parte

y me siento crecer

mi forma es el verbo fluir

 

y me duelo como un imán fragmentado.

De la carne de la fruta nace el sacrificio

de la flor hecha néctar

la fruta fue arrancada al árbol:

así se aleja esta parte de mí que no me sobra

Sed de probar su sabor

regresando con lo que no era mío. 

 

 

Spiegel im Spiegel

 

No ha de ponerse un espejo

frente a otro.

 

No.

 

No debemos permitirle

el vértigo

de ser relámpago en suspenso

o frontera de un abismo sin rostro.

 

La nada y el infinito

en azarosa simetría.

 

No podemos poner

un espejo frente a otro

y dejarlos atrapados

en el eterno conjuro

de un palíndromo de espectros.

 

Luego la luz olvida

su sentido

y se corre el riesgo

de duplicar este universo

en su fuga de fotones

o de regresar al Origen

donde nacemos siendo viejos

y estas letras

desaparecen del papel.

 

 

Catalina Villegas

Ingeniera física de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales. Postgraduada en Periodismo Científico. En 2002, obtuvo el primer puesto, categoría juvenil, en el concurso nacional “I Premio de poesía San Juan de la Cruz” organizado por la Universidad de Salamanca. En 2019, obtuvo uno de los cinco primeros puestos del Concurso Nacional de Poesía “La palabra, espejo sonoro” convocado por la Casa de poesía Silva. Recibió mención de honor en la edición 2020 del Concurso Nacional de Poesía de la Casa de poesía Silva. Actualmente trabaja como responsable del área de divulgación científica en el “Centre des sciences de Montréal” tanto en contenido escrito como gráfico, en Montreal, donde reside desde 2009. Algunos de sus poemas han aparecido en revistas impresas y digitales como la Revista Aleph, Vuela palabra y Alter Vox Media y ha sido invitada a diversos eventos y lecturas de poesía, de los cuales caben destacar el Festival Internacional de Poesía de Bogotá y la participación en el 1er ciclo de poesía del 2021 de la Casa de poesía Silva. En diciembre de 2021, publicó, junto al poeta Christian Rincón, el libro-objeto Cánsate Cuerpo, del cual es la ilustradora. Además de la poesía, dedica su tiempo libre a hacer ilustraciones, origami y a nutrir su podcast en Spotify sobre literatura, nacido en la pandemia: “La Cataleja”. 

 


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