15. Luis Ignacio Muñoz. El plumaje del cóndor
Como parte de las acciones del Circuito literario ¨El Plumaje del cóndor¨, que adelanta la Red Departamental de Escritores de Cundinamarca y en apoyo a la difusión de las voces literarias de este territorio colombiano, la revista literaria La Raíz Invertida publica una autora o autor cundinamarqués, cada semana. Este circuito literario que recorre el departamento de Cundinamarca (Tierra del cóndor) desde abril hasta octubre de 2026, culminará en el mes de noviembre en el municipio de Cota con la instalación del Segundo Encuentro Departamental de Escritores. Continuamos esta muestra con una selección de minificciones de Luis Ignacio Muñoz, de Nemocón Cundinamarca.
Luis Ignacio Muñoz es un destacado escritor, poeta y docente colombiano, nacido en Nemocón, Cundinamarca, e integrante de la Red Departamental de Escritores de Cundinamarca, quien ha desarrollado gran parte de su labor literaria y educativa en el municipio de Zipaquirá, especializándose en el género del cuento corto y la minificción; egresado del Taller de Escritores de la Universidad Central (TEUC) en Bogotá, se dedica activamente a dictar talleres de creación literaria y ha sido realizador de programas de radio cultural en la región, mientras que sus relatos breves y poemas han sido publicados en antologías y revistas especializadas de América Latina y España, como Brevilla, Letras de Chile, Espejo Humeante, Maguaré, Alquimia Literaria, Microtextualidades y Litoral, además de figurar en antologías de microficción de Argentina, Chile, Bolivia, España, México y Colombia; a lo largo de su carrera ha publicado los libros Reloj de aire (2006), Cuentos para rato (2014), Inocencia de la noche (2015/2016), Días de arena (2023) y Pedradas de granizo (2024), esta última una de sus colecciones de microficciones más comentadas, en la que reflexiona críticamente sobre la fragilidad del medio ambiente, la muerte, la soledad y la complejidad de la rutina humana.
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NO ERA SOLO UNA AMENAZA
No vuelva la vista hacia atrás, le dijo la voz a su espalda apenas se produjo el apagón en toda la ciudad. Ni se le ocurra, volvió a insistir. Ella no pudo evitarlo, volteó la cara y en la oscuridad logró mirar el rostro de la muerte.
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ACTO DE OSADA CURIOSIDAD
Tomé a escondidas uno de los libros prohibidos de la Biblioteca Secreta. En la calle no pude evitar la tentación de abrirlo en la primera esquina solitaria que encontré. De sus hojas empezó a salir una especie de ceniza apolillada que me cegó en el acto. Los fantasmas atrapados en sus páginas empezaron a vagar por la ciudad. Ahora estas calles son un laberinto y mi ceguera no me permite saber dónde estoy.
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EL LADO OSCURO DEL OFICIO
Se dedica durante varios años a escribir historias con los sucesos más escabrosos de la vida de sus mejores amigos. Ha logrado convencerlos para que le cuenten con la promesa que las publicará después que hayan muerto. Ahora comprende que solo podrá hacerlo si se convierte en asesino en serie.
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QUIEN SABE
Si ella me hubiera cumplido la cita estaría contando otra historia que no sé cuál hubiera sido su final. Si me hubiera cumplido esa cita de domingo mis pasos no volverían sobre ese día y otros que nadie, ni yo mismo puedo saber.
Si le hubiera cumplido la cita ese día por la mañana…
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ESPIA SILENCIOSO
Al llegar al punto final de la última página del libro escrito con su propia sangre, ya débil ante tanto esfuerzo de días y noches sin sueño y desangre constante, creyó que moriría y su última voluntad era que las hojas recién escritas desaparecieran. Ignoraba que alguien oculto en las sombras lo estaba leyendo desde hacía varios días.
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Y LA MANO ESCRIBIÓ
La vi ese domingo cuando empezaba la puesta de sol y me dije que no la miraría apenas pasara junto a mí, aunque en el intento se me removiera ese pasado que aún no olvidaba y la tormentosa separación.
En la noche no pude dormir, me torturaban recuerdos que no lograba sanar. Tomé la decisión férrea y aventurada de escribirle una carta al iniciar la claridad del día para que volviera, no importaba ya el resto.
Esa mañana tibia en pleno desayuno decidí que no le escribiría nada y me repetí muchas veces, algunas en voz alta: que se me pudra la mano con la que le escriba alguna línea, una palabra siquiera… y en efecto, mi mano derecha es hoy una piltrafa de carne que se cae por pedazos mientras sigo esperando que ella vuelva.
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PASOS EN PLENA NOCHE
Caminaba por las calles con su taconeo constante. Su silueta que se dibujaba en la penumbra de las bombillas exhalaba cierta lascivia, cierto deseo que no lograba esconder en el escote, la falda corta y sus movimientos inciertos. Me crucé con ella varias veces, me miró y la miré, pero sabía que era su extrañeza al verme de nuevo en otra calle, o quizás tenía la percepción de que la espiaba. El reloj parecía acelerar sus manecillas y la ciudad se iba quedando sola, mientras mi curiosidad aumentaba, aunque fuera solo eso, una mujer en plena noche cuyos pasos resonaban cada vez más fuerte en los andenes, e iba en busca de un hombre que no era yo.
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LA ESPERA
Me asomo al puerto por curiosidad como cada noche. Cuando las luces se desvanecen empieza a avistarse la oscura y silenciosa embarcación. Mientras se detiene, los botes navegan a su encuentro y descargan los muertos envueltos en lo que parecen sábanas. Llevo años esperando que un día traigan a mi padre.