Byron Ramírez
Compartimos una selección del destacado poeta costarricense Byron Ramírez (Desamparados, 1997). Entre otros, ganó el primer lugar en el Premio UNA Palabra 2026 (Universidad Nacional de Costa Rica), el Premio de Ensayo Juegos Florales Hispanoamericanos 2025, y el Premio de Poesía Juegos Florales Hispanoamericanos 2024.
MANIFIESTO DE LA CIGARRA
Muerta mi madre de frío antes que yo naciera
mi primer instinto en este mundo
fue sepultarme viva en el patio de la casa
Así
bajo el árbol de la abuela
hice de la sombra mi martirio
Entre raíces amamantadas por la lluvia
fueron míos todos los cadáveres del mundo
Por diecisiete siglos
he visto crecer en mi espalda
cuatro alas de vidrio recortado
y un adiós tan hondo en mi memoria
al que no le estorba la queja
del ciempiés sin bruja
No pude no herirme con mi propio filo
No puedo ahora contenerme en llanto
ante el cachorro que entierra
el esqueleto de un gorrión sobre mi frente
Todo el silencio acaba aquí
donde la noche se arrepiente de callarme
Este el momento augurado
Es la huida la luz que lanza sobre mi cuerpo
su conjuro
y esta vez sí tengo boca
para alcanzar su grave anzuelo
y esta vez sí tengo ojos
De sangre tibia he recubierto mis párpados
para que me encuentre a tiempo
esa niña que huye de fantasmas
No se preocupen
Dejen que me hunda en su grito
en la pausa que hace de la vida
la parte podrida de la fruta
Dejen que me rompa las patas
ese ángel atroz y luminoso
y llegada la hora
déjenme olvidar mi antigua piel
Veo mejor sin cara Canto mejor sin boca
Dejen que me aniquile la fuga
del hombre que encuentra
en mi vientre un revolver
Veo mejor sin cara Canto mejor sin boca
En el pecho me ha nacido una nueva oscuridad
y hoy debo dejarla abierta.
ODA AL BRUTALISMO
Aquí déjenme
frente a la nada
con las costillas expuestas al viento
y los ojos como puertas de acero sin pulir
y la frente de ladrillo sin vendajes
Que el sol conozca mi verdadera cara
la columna de hueso frío que lleva mi nombre
sobre los días arrastrado
y apague su brillo de pronto
Que sea mi cuerpo un ataúd para los ángeles
un himno a la crudeza
y la montaña se caiga si quiere
y se inunde la tierra si quiere
Ahora que el tiempo solo puede llevarse de mí
la impresión de este abismo inverso
yo vengo a entregar
esta nostalgia de torre
tan desnuda y decadente.
GIRASOLES EN EL CERRO
Ya no sé distinguir entre el mundo y su imagen
Vivo entre rostros fijos
entre quietos árboles gavilanes
y lámparas que bañan con cenizo
los cuerpos desarmados al amarse
Debo haber nacido el día de la luz o al día siguiente
El peso del mundo me asfixia
y pone en mis manos
huesos de pequeñas aves que debo enterrar
para que crezcan girasoles en el cerro
De este modo comprenderán
por qué pretendo alcanzar lo otro
La sombra oblicua tras el centro
La última mirada de abuela Carmen
Mi rostro de niño en ese retrato
junto al viejo perro de la casa
Todos los viajes y todos los sueños
Y aquella primera vez que me viste de reojo
observándote así
como se observan las fotos antiguas
de los álbumes familiares
Con la certeza
de que estas reliquias serán también del polvo
pero luego.
HABITACIÓN EN COLONIA ROMA
Persigo mi cabeza entre tus muslos
mientras recuerdo el día de mi nacimiento
(aquel primer sol huetar que hizo
del vientre de mi madre
barro iluminado)
y pienso en cómo los años me han traído hasta aquí
sin fe y sin futuro
para buscar un puente hacia tus dioses
un sitio donde hallar el aguacero
y que mi voz contra tu oído
dé lugar a un río de cristales
Vengo a ofrecerme al país de tus manos
como prisionero
y en pedazos voy cayendo
como un retablo de mapas encendido
Es esta noche de junio
la que me arranca el temor de la muerte bajo el agua
y me permite hablar
la lengua que te encierra en el poema
esta lengua abatallada que reza y teme y nada más
Nada más ahora
Solo el espacio que abarca tu espalda en la sombra
Un solo instante que inventamos para ver arder al tiempo
como un cacomixtle a mitad de La Roma
un acertijo o milagro contra el cansancio del mundo.
CUANDO LOS RÍOS CALLEN
Cuando los ríos callen bajo los puentes
y la ciudad se rinda sin retorno
seguirás el camino de las rapaces hasta mi cuerpo
Pondrás sobre mi frente
el átame que resguardas con orgullo
ahí donde los hombres
aprenden a soñar con alacranes
Como un sorbo de leche
en la boca de un recién nacido
bajarás entonces por mis muslos
Será mi sombra el ciervo que atraviesa el bosque
para acurrucarse en tu garganta
Y nada podré ver Y nada habré olvidado
Enredarás mi lengua entre tus piernas
como la noche-jaguarundi
enreda su ojo en los estanques
y los prende y los asfixia
Para nosotros será por fin el silencio de la tierra
Y nada podrás ver Y nada olvidarás
Cuando los ríos callen
y la ciudad se rinda sin retorno
yo he de ganarme la muerte
adentro de tu cuerpo.
DECLARACIÓN DE AMOR
Sin que te dieras cuenta
a nuestro último beso
yo encadené un ángel
No te preocupes demasiado
Ahí yacerá hasta el fin del tiempo y la memoria
Dale de comer algunas tardes
Ofrécele agua si tú quieres
Háblale de cómo nos conocimos
de la forma de los estanques en mi barrio
de a cuánto hemos renunciado
O en cambio
escucha atentamente cómo muere un ángel
cómo se desgaja y cruje
cada una de sus alas
conforme te vas olvidando de mi nombre.
MAL AGÜERO
Soñé que me mataba un toro
de una cornada bella
y tú estabas ahí
mirándome caer con ternura
sobre la arena ya sin sed
y un charco -mi propio charco-
de sangre y culpa
Era nuestro cielo
el cielo de las bestias en abril
y sobre mi cuerpo retozaba
el sol de los viejos perros de ciudad
con el brillo de un rojo despacísimo
(con el brillo de tu lengua anturia)
y era tu amor el aire que enfriaba mis palmas
y era tu amor la pata de cóndor que descendía
para arrancar de mi pecho
la última sombra
esta última sombra tuya.
CONJURO DEL DESPECHO PARA EL FUTURO ESPOSO
Ojalá se te caiga la cara y se te pudran los ojos
cada vez que pretendas tocarla o mirarla de frente
con ese porte de burro malcargado
Te auguro la lluvia cada tarde
Por esa boca
la de ella
que hizo de mi lengua
un estero de agua milagrosa
Por su regazo donde habitan las garzas por la noche
y tú no puedes verlas
y tú no puedes acercarte al fuego
Por su nombre
el de ella
que en tu voz se parece al frío de una tumba
Por esos gestos y manías
que hablan de mí sin que lo sepas
Por esos muslos donde aprendí
a recitar de memoria las virtudes de la suerte
Por las mañanas nubladas
donde ella se despierta pensando
que quizá soy algo más que el silencio
algo más que la neblina que acompaña
la montaña con su manto
o algo más que un recuerdo recién presentido
Por la cobardía de creer que siempre llego tarde
incluso a mi propia desventura
Por todo esto
y por haberme hecho escribir este poema
yo te auguro el peor de los males:
El martirio de un amor equivocado.
PRIMERA LUNA DE DICIEMBRE
Vuelco sobre mí los ojos de esta luna
roja azul y blanca
y me pongo a buscarte bajo la historia de su sombra
Amor
ahora puedo ver tan cerca la forma exacta de tu ombligo
y besarte así desconjurado
los tres lunares de tu vientre
como nunca te besaron otros
y soñar contra tu espalda
el último minuto de los mártires
De allá de esa muerte antes de la muerte
regreso a contarte lo que vi:
Estas calles de sed y piedra que cada día
andamos boca a boca
fueron alguna vez de los Lobos
de sus hocicos que aullaban himnos a la guerra
y de sus lenguas con sabor a húmeda pólvora sin alma
Lobos matando hienas en cada rincón
de aquella ciudad cobarde
jurándose el futuro -nuestro futuro-
con una bala incrustada en cada costilla
y una bandera rota tatuada
en el lugar del corazón
"Se supone que así debe verse el cielo
como un estanque de libélulas
sobre nuestros brazos suspendido
No cargado de metralla" Me dices
y sin embargo la sombra de aquellos Lobos
todavía nos acecha
Es su aliento lo que anebla
Amor
las avenidas a esta hora
y las carga de gritos de otras épocas
y repleta de moho el frío en las manos de los pobres
y escarcha con veneno de terciopelo
la hondura de sus casas
cuando nadie puede verlos
y todo pareciera aquietarse en la sangre lentamente
Buscan dejarnos ciegos esos Lobos
y convencernos que de nada sirven estas calles
ni sus fantasmas ni sus libros
ni sus farolas ni sus bares
Que de nada sirve este hombre que camina
de tu mano
como aboliendo la tristeza
Buscan llevarse nuestros ojos Amor
junto a los ojos de la luna
Pretenden convencernos
que de nada sirve la poesía.
DESAMPARADOS
Son estas calles prohibidas
las que recorrí dormido alguna vez
de norte a sur
las que aguardaron los secretos de mi infancia
los juguetes rotos
los libros de más y mil retratos
Todo se ha perdido
Aquí donde estamos ahora
(estatuas de cal bajo la lluvia)
alguna vez surgieron otros huesos
otras palabras con mayor sentido
y se izaron campanadas en señal de libertad
Alguien habló de tiempo
Mañana existirá otro pueblo
Mañana nos sentaremos a bebernos el pasado
sin tanta desidia taladrando nuestras sienes
Pero yo no hablo de esperanzas
pues la poesía nada sabe
de esa luz que se desvive
por no apagarse en nuestro aliento
y que se aferra con las uñas
a un horizonte nuevo tan lejano
La poesía solo sabe del dolor
de ese barrio que nunca descansa
pues no puede cerrar sus ojos
un segundo
sin presentir la bala saliendo de la boca
como una boa entre los árboles
el cuerpo tendido de un estudiante sobre el asfalto
el policía lavándose la sangre en casa ajena
repitiendo de memoria sus excusas
mientras el ruido de las sirenas
rompe el silencio en azulejos
La poesía solo sabe del dolor
cuando el escalofrío se apropia del oxígeno
y no se puede mirar al cielo
sin sentir el calor amargo de esa daga
perforando el esternón
la amenaza de ser arrebatado del mundo
por el mundo
o el desequilibrio que supone ser humano
a mitad de un destino sin memoria
Y no tenemos manos enormes
para arrancar las fronteras una a una
Y no tenemos mejor forma de gritar
Y no tenemos más armas que el simple acto
de escribir hasta la sangre
lo que nos asfixia
lo que nos ofrecen y nos quitan
lo que nos obliga a desconfiar del vecino
con tanta rabia y necedad
Son estas calles prohibidas
las que ahora regresan a nosotros
en forma de buitres o de sueños
y se abren para nosotros como avenidas
sin que podamos caminarlas
con estos pies empapados de sangre.
Byron Ramírez (Desamparados, Costa Rica, 1997). Poeta, filólogo y docente universitario. Primer Lugar Premio UNA Palabra 2026 (Universidad Nacional de Costa Rica), Finalista Premio Adonáis de Poesía 2025, Premio de Ensayo Juegos Florales Hispanoamericanos 2025, Premio de Poesía Juegos Florales Hispanoamericanos 2024, Primer Lugar Certamen Nacional Brunca 2018, entre otros reconocimientos. Ha publicado Adamar (Poiesis editores, Costa Rica, 2020), Terra Incognita (Editorial Arboleda, Costa Rica, 2021), Mal agüero (La Chifurnia, Honduras, 2025), Libro de la tartamudez (Rialp, España, 2026) y próximamente Zonas de pesca (EUNA). Fue coordinador y editor general de la Antología Y2K (2018) y de la Antología Nueva Poesía Costarricense (2020) publicada por el Ministerio de Cultura de Costa Rica.