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03 Sep 2020 / 13:06 pm

 

En su obra, Libro de la mirada, Wilson Pérez Uribe despliega una composición de formas, imágenes y colores que sacuden la costumbre y dotan de extrañeza la experiencia de los sentidos. Las palabras se renuevan en los ojos del corazón, lo visto muda en el recuerdo, la luz recobra su fulgor en el silencio audible, en las sombras que ceden a las evocaciones de la infancia, al gesto materno, a la memoria de los pájaros. Los cuadros cotidianos y los recuerdos se convierten en el lienzo donde se pintan la sencillez y la hondura de la vida. La poesía y la pintura ensanchan sus complicidades en creaciones poéticas inspiradas en obras pictóricas que son como espejos de las realidades más íntimas, de los pensamientos no dichos, del erotismo y sus despojos, de las danzas del mundo en el movimiento de las cosas. Son versos que invitan a un viaje hacia dentro ante el desconcertante ruido del presente.

Erica Areiza Pérez
Docente Facultad de Educación, Universidad de Antioquia.

 

 

 

Selección de poemas de Libro de la mirada, Pre-Textos, 2020.

 

 

 


DISTANCIA IMPOSIBLE

Pero acá estamos los dos,
cuerpo a cuerpo,
inventando el tiempo
que habitan nuestros ojos.
Y nos pasamos la vida mirándonos
como si el mundo
solo fuera un río de pausada corriente.
Y nos dejamos ir sobre el agua,
ágiles, con las palabras en la boca.
El tiempo, entonces,
es esa pequeña palabra
que siempre nos asalta desde el borde.
Pero acá estamos los dos,
cuerpo a cuerpo,
habitantes del poema
que nos mira al escribirlo.
Estamos en la orilla,
desnudos frente a la luz.
Alguien nos viste, nos abriga.
Somos la lejana memoria
de alguien que nos lee.

 

 

 

 

ESE MUCHACHO PINTADO POR SEURAT

Ver un solo punto,
la delgadez infinita de un punto.
Acercar el ápice del dedo,
bordear ese punto, ese tono de luz.
Recorrer el tejido
de un punto que lleva a otro punto,
deslizar la mirada sobre ese contorno,
pausar ante la curva, ante el quiebre.
Un punto, tras otro punto,
dibujando, secretamente,
el cuerpo de un muchacho sentado, desnudo,
con la cabeza gacha,
con los ojos apagados.
Mirar su perfil, de lejos,
y los puntos son un solo punto,
el de una soledad
que sabe estar acompañada.

 

 

 

 

MÁS ALLÁ DEL MIRAR

No hay que dejar
las cosas como son:
un tejado,
una calle,
unas pocas nubes,
la acumulación de la nieve.
Hay miradas
que no aceptan la quietud
como resumen de la vida.
Cerca de la hojarasca
o del jarrón de frutas
tiene que haber pasado
el tiempo con todas sus caricias.
Luego, sentimos que las hojas se agitan
y que una fruta es mordida
por el hambre de nuestra boca.

 

 

 


BUSTO DE SAFO DE LESBOS, SIGLO V A. C.

Amé en esta tierra
ese cuerpo que temblaba entre mis manos.
Lo amé hasta detallarlo:
el mentón fino, la carne de los labios,
los dedos inquietos, los ojos de un sol color naranja.
Pero el amor no es la memoria del que ama.
Yo aprendí tu nombre de las cosas que saben callar.
Tú me enseñaste que el mar calmo
guarda en sus entrañas la agitación y la furia.
Ahora invoco la morada del agua
para no olvidarte, habitante de mis ojos,
para no abandonar tu perfil en las sombras,
cuerpo húmedo que me abraza todo lleno de música.

 

 

 

  

 

VARIACIÓN SOBRE KANDINSKY

Voy inventando la música
tras cada línea, tras cada círculo.
Un siglo llevo erigiendo
estas pirámides sobre un papel marrón.
Las formas de mi rostro
aspiran a un último dibujo:
la leve ilusión de una tarde
que se apoya en las manos.
Solo me resta trazar la luna,
trazar el sol. Mi cuerpo
es esa mancha de colores fríos
donde la vida tejió planos,
noches, líneas y texturas.
Hoy no sabré leer esa obra
que siempre apunta hacia arriba.
Hoy no sabré poner el dedo
sobre el borde de esa casa habitada.

 

 

 

 


UNA MANO DESCANSA SOBRE OTRA MANO
HENRI MATISSE Y SUS DIBUJOS

Cuerpo es el tuyo cuando al sol se mueve
y ojos los míos cuando te contemplo.
Eugenio Montejo


Una mano descansa sobre otra mano.
Es mi mano que pasa errante
sobre tu cuerpo.
Lluvia de mi tacto
en la edad de tu rostro.
Palabras mías, idioma de una música
que habita en tus ojos cerrados.
- Cuerpo dormido
entre mis brazos.
Recibimos el milagro de estar vivos
del encuentro infinito de nuestras bocas.
Soy un acto donde el decir sobre tu decir
es el de un amor sin horas
que respira en el borde desnudo
de tus manos.

 

 

 

 


MUDEZ

Juntar las manos
antes de que la nube
sea un cuerpo incierto.
Soltar las amarras invisibles
y permanecer en el misterio
de las llamas que arden.
Hoy quedaré en ti,
ofreciendo mi boca en tu boca,
sin saber hacia qué, hacia dónde.
Dejemos que la tarde roja
recorra nuestros muros.
Antes de morir,
cerremos la puerta
en su último sabor de vida.

 

 

 

 

 


GRAMÁTICA DE LA FELICIDAD

En el cuarto de la casa
se arrumaban pequeños objetos
que vivían en la luz de cada domingo.
Un aire de claridad, un instante
en que el tiempo semejaba la ternura.
Todo parecía uno; uno parecía todo.

Bastaba abrir los ojos,
despertar tan sólo
ante el misterio del cuarto
donde reposaban todas las luces.

El mundo tenía la forma del amor
en el rostro de mi madre.
Y tiempo y amor
hallaban en su cuerpo
lo que apenas era mío.

 

 

 

 

 

 

Wilson Pérez Uribe (Colombia, 1992) es licenciado en Literatura y Lengua Castellana de la Universidad de Antioquia. Escribe poesía y ensayo. Sus textos han sido publicados en Colombia, España y México, tanto en antologías de festivales de poesía, como el Festival Internacional de Poesía de Medellín, y en revistas como Revista Universidad de Antioquia, Círculo de Poesía, Alapalabra, La Tagua, Literariedad, entre otras. Una muestra de su poesía ha sido traducida al inglés, al italiano y al portugués. Ha emprendido proyectos de formación y de lecturas en voz alta sobre literatura china y literatura japonesa en la Universidad de Antioquia y en la ciudad de Medellín. Algunas de sus obras son: El amor y la eterna sinfonía del mar (Hombre Nuevo Editores, 2011), Movimientos (Editorial Universidad de Antioquia, 2018), Libro de la mirada (Pre-Textos, 2020). En el blog http://losmilotonosdelatardecer.blogspot.com/, se encuentra alojado el proyecto de poesía Voz y Mirada, orientado por la escritora mexicana, María García Esperón, que reúne una generosa cantidad de videopoesía de Wilson Pérez Uribe.

 


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