1945
01 Sep 2020 / 10:45 am

 

Nota y selección por Valeria Sandi

 

 

La poesía boliviana presenta una diversa y vasta riqueza. Desde el occidente hacia el oriente el valle nos une con la línea de la memoria. Sembrar los caminos con letras, nos hace repasar nuestra historia, los paisajes nos aguardan en la mirada y obra de nuestros poetas referentes como: Adela Zamudio, Ricardo Jaimes Freyre, Jaime Mendoza, Franz Tamayo, Octavio Campero, Raúl Otero Reiche, Hilda Mundy, Óscar Cerruto, Yolanda Bedregal, Oscar Alfaro, Jaime Sáenz, Eliodoro Aillón, Roberto Echazú, Blanca Wiethüchter entre otros.

En el 2015 el poeta Gabriel Chávez Casazola realizó una breve antología de poetas bolivianos del 1970 hasta mediados del 1980 en coordinación con el responsable del proyecto Freddy Yezzed. Allí también podrán encontrar una valiosa cronología de nuestros antepasados y entre siglos que recoge de nuestra literatura: http://www.laraizinvertida.com/detalle-1845-poetas-bolivianos-del-nuevo-milenio-

Para la presente muestra de poesía boliviana se preparó dos entregas. La primera parte consta de poetas nacidos desde 1940 hasta el 1980, cabe resaltar que en esta pincelada de años la intención es seguir recogiendo las voces que siguen re significando nuestra cotidianidad, dejar una brecha para alcanzar de las palabras, el misterio que todo poema cruza. Y llegar a nosotros con la vitalidad de seguir este tejido hasta encontrarnos con la segunda muestra que abarca a poetas nacidos en 1980 hasta el 2000.

Desde hace varios años, las diferentes plataformas digitales juegan un rol importante. Nos vinculan y permiten generar diálogos con otros autores, llegar a otros espacios.  Abren puertas y ventanas para que se escuchen las voces con sus diferentes matices llegando a ser reflejo del país como también de nuestra Latinoamérica.

 

 

 

***

 

 

 

 

MATILDE CASAZOLA MENDOZA (Sucre, 1943).

Poeta, compositora e intérprete en canto y guitarra. Tiene hasta el momento 19 libros publicados y su obra está recogida en antologías nacionales y extranjeras. Es Miembro Correspondiente de la Academia Boliviana de la Lengua desde 1996. Su primer libro, Los ojos abiertos, se publicó en 1967, al que siguieron Los cuerpos (1976); El espejo del Ángel (1981): Los racimos (1985); Amores de alas fugares (1986); Y siguen los caminos (1990); Estampas, Meditaciones, Cánticos (1990), Tierra de estatuas desteñidas (1992); Poesía y Naturaleza (Edición bilingüe castellano-alemana, 1993); A veces, un poco de sol (1994); La noche abrupta (1996); Obra poética (1996); Este amor que enmudeció la garganta de las aves (1999); La carne de los sueños (2004; 2007); Las catedrales subterráneas (2008); Las moradas transitorias (2009), Jardín de Claroscuros (2013). Editorial 3600 está publicando su poesía completa en sucesivos volúmenes; hasta el momento: Obra Poética Vol. I Serie autobiográfica (2015)Obra Poética Vol. II Serie temática (2016).

 

 

El día está completo

 

 

3

 

 

El día está completo;

con su sol

su promesa y su agonía.

 

 

Con sus largas cadenas oxidadas

y una sencilla flor de vez en cuando

perfumando las dichas pasajeras,

y un pájaro soñando en alta rama.

 

 

 

¿Por qué no te contentas

con la imagen que el día te completa?

 

 

 

En vano es preguntarte,

si en loca ronda quemas de antemano

tus más preciados soles.

 

 

Prisa de andar

prisa de amar muriendo;

de desangrarte en tiempo.

 

 

Prisa de conocer lo inalcanzable

corres descalza, sin acordarte de tus zapatos viejos.

 

¿Para qué, me pregunto, si el día está completo?

Con su sol, su promesa y su agonía.

 

 

Ah en loca ronda pasas a través de las horas

y nada te conforma.

 

 

Un éxtasis quién sabe

madrugador, te quemará las prisas…

 

 

Canción para después,

porque todos alcanzamos a la muerte algún día.

 

 

 

Poema 3 de La Sombra Propia del libro Los Racimos, Matilde Casazola

 

 

 

 

Tierra de estatuas desteñidas

 

 

1

 

 

El infinito.

Cuando abro mis ojos a los mundos recónditos, y recojo su

luz, sueño con volver a veros, rostros amados que bajo la

tierra meditáis, sonámbulos.

 

 

Oh abierto puente a lo futuro, que es un pasado vigilante.

 

 

Oh candelas que pestañeáis complacientes, haciéndonos

soñar con curarnos las llagas terribles.

 

 

Del libro Los Zapatos Sollozan, Matilde Casazola

 

 

 

 

BLANCA GARNICA (Cochabamba, 1944).

Poeta. Profesora de Literatura y Lenguaje. Egresada de la Normal Católica Sedes Sapientiae de Cochabamba. Dirigió el PEN Internacional Cochabamba. Muchos de sus poemas figuran en antologías, revistas y diarios del país e internacionales.

Ha publicado los poemarios: La vocal de la higuera (1986), La razón del musgo (1986), Retama y lombriz (1986), De la tierra y de las preguntas (1992), Vástago del sol (1993), Siempre el amor (1993), Alfileres de plata/Epingles en l’argent (2000), Rasguño del silencio (2004), El reloj anda descalzo (2005), y la luz de la memoria (2009). Su libro Alfileres de plata (2000). Fue traducido al francés e inglés y recibió un reconocimiento en París. Completó una trilogía con Alfileres y alfiles (2012) y Los alfileres del cuento (2018). Vive en Cochabamba.

 

 

De Alfileres y alfiles

 

 

 

51

 

Y ya

sobre la mesa

la comida

 

 

Gorgoritos

de refresco

echa en mi vaso

 

 

Como a la pajarita

un piquito con carne de lombriz

a su pareja

 

 

Gracias.

 

 

 

 

 

 

 

52

 

El antílope

desgarró las voces

de mi piel

 

 

Menos mal

que en la curtiembre

la remendaron.

 

 

 

 

GARY DAHER (Bolivia, 1956).

Poeta, narrador y ensayista. Master en Estudios Avanzados de Literatura Española e Hispanoamericana (Universidad de Barcelona, España). Autor de catorce libros de poesía, tres novelas, un libro de ensayos sobre poesía boliviana y un libro con poemas de Catulo y Safo, frutos de su traducción. En 2018, la Editorial Vitrubio de Madrid ha lanzado su libro Piedra Sagrada conformada por una trilogía que reúne tres de sus producciones poéticas. Recientemente, en 2019, lanzó, con el poeta español José María Muñoz Quirós el libro doble La Santa y la Cruz, en el cual participa con el libro Muralla Iluminada. www.garydaher.com.

 

 

 

La maravilla

 

 

Cargados vivimos

de las duras jornadas

y de su incesante transcurrir entre las lluvias.

 

Quizás por eso no reparamos

que todo trabajo del sol

guarda misterio.

 

Hay una hora sí

en que las sombras

cruzan inevitables por la cara

 

esto en nosotros

(cuando no produce un gran desasosiego)

causa una inquietud

una turbación

luciérnaga

que bramara con su luz

en la carne viva

 

y su vuelo mínimo

se traduce en mis latidos

creciendo sin cesar dentro del pecho

 

hay algo más allá

–susurro-

de todo lo que miro

 

nada concreto

más bien una sensación

semejante a los silencios que preceden

a las noticias terribles

o una carta poderosa

justo al momento

en que la estamos por abrir.

 

El hecho es que flota

como una música escondida

o un incendio por nacer

entre las ramas secas de la casa.

 

Si algo se puede decir

se diría que se insinúa

en el aire de las ventanas.

 

Acaso sea por este motivo

que cuando cierro los párpados

y abro los ojos de mi alma

advierto una oscura intensidad

de dioses y de vientos

 

estallidos incomprensibles

tan cerca.

 

¿Por qué no pertenezco

a su adentro?

¿Por qué no soy

más que una mirada?

 

(2018). Viaje de Narciso. Piedra Sagrada. Madrid, España: Editorial Vitrubio, p. 27-28

 

 

 

 

Para esperar el canto de los pájaros derviches

 

 

A Federico García Lorca

 

 

Cuando los pájaros derviches canten

la tierra va a florecer

y el amado sol llenará nuestras casas y nuestros patios. 

 

Y la muralla ya no será muralla

sino hermana, sino puente

que cubre al que llega y siempre nos llama.

 

Pero los pájaros derviches

permanecen mudos en los campanarios

mientras nuestras almas se arrastran por las calles

y la tierra se empecina en esperarnos

con su silencio de amarga greda

hecho de raíces antiguas

y gusanos hambrientos.

 

Alguien me dijo que para alumbrar

el canto de los pájaros derviches

se hace necesario levantar la serpiente emplumada

Quetzalcóatl

gracias a Tláloc

el dios de las aguas creadoras

pero aquí nadie escucha el sonido del cielo

ni el rayo feroz que los celtas llamaban Taranis y otros Zeus

sordos como estamos

no tiene ninguna importancia

esperar el canto de los pájaros derviches.

 

i “Muralla Iluminada”. La Santa y La Cruz. La Paz: Plural editores, 2019

 

 

 

 

 

VILMA TAPIA ANAYA (La Paz, 1960).

Es autora de los libros de poesía Del deseo y de la rosa (1992); Corazones de terca escama (1995); Oh estaciones, oh castillos (1999); Luciérnagas del fondo (2003); La fiesta de mi boda (2006); El agua más cercana (2008); Mi fuego tus dos manos (2012); Árbol, memoria y anunciación (2013) y La hierba es un niño (2015); en prosa publicó Fábulas íntimas y otros atavíos (2011). Poemas suyos han sido incluidos en varias antologías de poesía; algunos de ellos fueron traducidos al alemán, al francés, al inglés, al italiano, al rumano y al chino.

 

 

 

Rojo   amarilllo   verde

 

¿Quién está silbando al otro lado de la pared descascarada?

¿Quién silba debajo del antiguo ramaje del molle?

 

Una bandera entusiasta

quiere (al) país

detrás de esa pared

 

Un hombre silba

resguarda la fiesta

y los juegos de los corazones

que se despiertan con las espigas

 

No hay puerta que se abra

no lo veré

pero su silbido me alza

 

Compartimos los blancos deshilados de nube

y el volantín ofrendado

 

Supimos abrir las manos

Supimos cerrarlas

 

El cielo de agosto resiste

 

 

Señales

 

Viene     En mis manos ante mis ojos susurrándome al oído

sus palabras

hijas del jade y de un limpio signo

sus muros son para nosotros

Enhebrándolas

hasta decimos los Cantos recibidos

 

¿Sin peligro?

 

Alcoba grande del follaje al que retornan los palacios

del agua cortinas del sol cortinas de las noches

estelares

 

Y humo

 

Más allá volverá su mirada herida

la memoria

 

 

 

 

GUSTAVO CÁRDENAS AYAD (Santa Cruz, 1961).

Poeta y narrador boliviano. En poesía ha publicado Las hojas de la madera (1998), Volver al agua de los sueños (2002), Andamios (2004) y Con versos (2011).  Sus poemas están incluidos en diversas antologías, revistas y suplementos. En narrativa publicó Tiro de gracia (1989) y Desapariencias (2003).

 

 

El visitante

 

Desde el Olimpo

y sin escalas

un dios desaliñado

vino a verme;

compartimos

el domingo

con café

fútbol

y anaqueles.

 

 

En la noche

leyó mis poemas

y se marchó

sin decir nada,

como todos los dioses.

 

 

 

Dulcinea

 

Tu inexplorada espalda

no sabe

de mis largas

andanzas

por otros cuerpos

donde yo

       caballero errante

sólo buscaba

el tuyo. 

 

 

 

LUIS ALBERTO PORTUGAL DURÀN (La Paz, 1961).

Poeta, cuentista y ensayista. Egresado de la carrera de literatura de la UMSA. En 1992 publicó el libro de cuentos y relatos “Entre la noche y la niebla”. Fue ganador del Primer Premio de libro de cuentos en el Concurso Franz Tamayo, Bolivia, en el año 1993, con su obra "El sueño del pájaro de pico gris". El año 1996, publicó en la editorial "El hombrecito sentado", el libro de poemas Haikus, "Ojo de agua". El año 2002 publicó su libro de cuentos "Corazón de la Noche", en 2015 el libro de cuentos y relatos “Wiñaypacha”, y el año 2017 publicó el libro de cuentos de terror "El terno del finado" Actualmente es editor de la revista electrónica Bapel 2.0 Opúsculo de Lenguaje & Literatura en la que se analizan temas del lenguaje, el hipertexto y la hermenéutica literaria.

 

 

 

Altamar

 

Sé, como el poet@,

que escribir un poema es

un salto al vacío.

Suburbio de líneas confusas.

Velocidad oscura de teclado,

treinta segundos devoran tu escritura,

al final,

la línea paralela

de tus imágenes

confluirá en altamar,

allí donde la ballena

pare su última crí@

 

 

que será hostigad@,

perseguid@,

cazad@, sangrientamente,

sin piedad alguna

por frí@s pescadores

furtivos, implacables,

asesin@s, y entonces, sólo entonces

el poema cobrará vida

y se unirá en su canto de muerte

filtrando sonidos, silbidos

letras de un afecto infinito.

 

 

 

               Cotidianidades

 

                       Afeitar las penas en el lavabo,

                                 peinar la tristeza en una cola de

                                                                             caballo,

                                                               lucir la corbata

                                                                        manchada

                                                           de dolores viejos,

                                                                  alisar el traje

                                          limpiando la pelusa de las

                                               infidelidades olvidadas,

                                  lustrar los zapatos quitando el

                                              polvo de lutos cercanos,

                                                       dar el primer paso

  elevando la sonrisa parda del ya no me acuerdo,

 

                                                antes de salir de casa.

                                                           acariciar el aro,

                                 los gemelos y el pisa corbatas

                                                                              ¡Ah!

                    Y no olvidar llevar el pañuelo blanco

                        por si hay despedidas inesperadas

                                        en el tren de medianoche,

             en el que viajan todos nuestros muertos

                               con todas sus cotidianidades..

 

 

 

ALEX AILLÓN VALVERDE (Sucre, 1969).

Ha publicado los siguientes títulos: Para leer al Pato Donald desde la diferencia; Pop y otros escritos; 4000; y Revolución. Aillón Valverde es periodista y comunicador social. Ha vivido y trabajado en Ecuador, Estados Unidos y Bolivia. Gestor cultural, catedrático.  En la actualidad es editor del suplemento cultural Puño y Letra.

 

 

 

LAS LLAVES


Ella olvidó sus llaves sobre mi mesa de noche y se fue a andar por el mundo. “El olvido es tan humano”, me escribió desde algún lugar que puede ser cualquier lugar. Miro la ventana de mi balcón contra la que un pájaro ha dejado de estrellarse todas las mañanas. Si lo supiera, un poeta colombiano me condenaría a un verano muy largo. Han pasado varios días y varias noches y varias lluvias se han precipitado y sus llaves continúan en el mismo lugar donde las dejó antes de desnudarse para asaltar el cuerpo de la noche y de mi alma. Me he preguntado con tristeza sobre el destino de estas llaves. Sobre las puertas que permanecerán cerradas definitivamente. Sobre el olvido que es tan humano.

 

 

 

UNA BUENA PERSONA

 

No sé qué es ser

una buena persona

 

He hecho daño

y me han hecho daño

en partes iguales.

 

En esta vida no se empata,

pero

tampoco se pierde,

tampoco se gana.

 

En general,

La vida suele reírse

de las matemáticas

 

Un día eres

al otro no,

 

así de simple.

 

Alguna vez

quise pasarme de listo

y

puse de un lado

de la balanza

mi corazón

y del otro

un ladrillo.

 

El ladrillo voló por el cielo

Y se convirtió en una

nave intergaláctica.

 

Mi corazón se hundió

al fondo de un lago

junto al cadáver de un oso

 

(Sin duda)

el oso era inocente,

yo no.

 

Pero no quiero

distraerlos con otras historias.

 

No sé qué es ser

una buena persona.

He visto los peores poemas

de mi generación

ascender a la fama

como el jugo de naranja

en la bolsa de valores.

 

Pero hay una gran diferencia:

 

a todos nos gusta

el jugo de naranja.

no a todos

la mala poesía.

 

Y aunque los míos

son mucho peores,

sigo escribiendo.

 

¿Eso me hace bueno?

¿Eso me hace malo?

Quién sabe.

 

No sé qué es ser

una buena persona.

 

Nací

sin muchos talentos

pero eso también puede

ser una gran mentira.

 

Todas las mujeres que perdí

ganaron.

 

Ellas saben —ahora—

que no hay amor

que por bien no venga.

 

Anuncio:

comenzó a llover

y

la soledad es un fantasma

terrible

que se ilumina con la luz

del primer relámpago.

 

Insisto

 

no sé qué es ser

una buena persona

y si lo supiera

tampoco se los diría.

 

 

 

 

OSCAR ¨PUKY¨ GUTIÉRREZ PEÑA (La Paz, 1970).

Es poeta, gestor cultural y editor de textos. Tiene seis libros publicados. Ganó dos concursos nacionales de literatura. Su obra está incluida en diversas antologías. Es coordinador del Festival Internacional de Poesía “San José de Chiquitos”.

Ha participado en lecturas de poesía en Perú, México, Argentina, Uruguay, Colombia, Chile, Cuba y Venezuela. Algunos poemas suyos han sido traducidos al italiano, al portugués y al catalán. Coordina “Poesía en la Calleja”, una exitosa “travesura literaria” que lleva más de 80 meses de existencia. En ella se han compartido más de 2.200 poemas. Sucede en una plazuela. Al aire libre. De noche. Gratis.

 

 

 

CREDO URBANO

 

Creo en el poema padre todopoderoso

y en el buen silencio al que nos acerca.

 

Creo en la primavera y otros milagros.

 

Creo en los domingos

en la pedagogía secreta de un abrazo

sobre todo

creo en el Ser Humano.

 

Abandono las ciudades de la queja

las urbanizaciones del espanto

las catedrales de la melancolía.

Dejo atrás el traje de la tristeza

los zapatos del quebranto

el maquillaje del desánimo

las sonrisas de utilería.

 

Vestido de indulgencias

abandono el paraje de lo huraño

el oprobio

la angustia

y la ceniza de los años.

 

Ataviado de colores

ensombrerado de cariños

hoy

simplemente vivo.

…y la tristeza (esa perra hambrienta)

y los famélicos roedores del invierno

y los pálidos buitres del insomnio

ésos

que esperen sentados.

 

Hoy no comerán de esta carne:

 

       He resucitado.

 

 

 

POEMA SIN TÍTULO U ORACIÓN PARA AQUELLOS HOMBRES

DE DOMÉSTICA VIOLENCIA

 

Abrazo y bendigo


            minuciosamente


el largo linaje de mujeres que me constituye

y habita.

Voy al encuentro de la abuelita 


de la abuelita 


de mi abuelita.

Ya siento su olor lácteo

su costumbre de frutas, horno, Mentisán y lavandería.

Me inclino, reverente, ante todas ellas

(parir perpetúa la Vida).

Agradezco su magnífica audacia

su dolorida veteranía

su dar cosechas infinitas del abrazo.

El pezón que mana.

Todo lo que vivifica.

Madres nutricias que aliñan el banquete de nuestra historia

sacerdotisas del pan y las galletas

guerreras de la olla, el fuego y el tacú.

Pido perdón

voces silenciadas 

bromeadas

golpeadas usadas abusadas olvidadas

disculpas 

solteras vírgenes casadas divorciadas abandonadas quebrantadas.

Honro mi linaje de células benditamente femeninas

les abro oídos y ventanas.

Llueve sobre las Marías que llevo en mí.

Acto bautismal

gotas de la necesaria higiene

dichosas lágrimas del buen amor.

Ahora nos abraza el firmamento.

Ellas soy yo.

 

 

 

 

GABRIEL CHÁVEZ CASAZOLA (Sucre, 1972).

Poeta, ensayista, gestor cultural y periodista considerado “una de las voces imprescindibles de la poesía boliviana y latinoamericana contemporánea”. Ha sido traducido a diez idiomas y sus libros de poesía están publicados en 12 países. Entre sus obras se encuentran: El agua iluminada (2010), La mañana se llenará de jardineros (2013) y Multiplicación del sol (2018), además de antologías como Il canto dei cortili (Italia, 2018); La vitesse des fantômes (Francia, 2018) y Persistence of tattoos (EE.UU., 2018). Recibió la Medalla al Mérito Cultural, entre otros reconocimientos en su país. Es consejero de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, docente de Escritura Creativa y dirige el taller de poesía “Llamarada verde” en la ciudad de Santa Cruz, donde reside.

 

 

 

Patios

 

Los patios son para la lluvia

cuando ella cae despiertan sus baldosas,

abren los ojos del tiempo sus aljibes.

 

Y entonces los patios cantan.

 

Un canto hondo,

en un idioma arcano

que hemos olvidado pero que comprendemos

cuando cae la lluvia sobre los patios

y volvemos a ser niños que oyen llover.

 

Bajo la lluvia todas las cosas son renovadas en los patios

y cuando escampa el mundo huele a recién hecho, a sábado de Dios, a primavera.

 

El canto de los patios en la lluvia borra el dolor del universo y susurra el dolor del universo

por las lluvias perdidas, por los patios perdidos, por los cantos perdidos,

por ti y por mí que bailamos

bajo la lluvia de Bizancio

arcanas danzas

con movimientos hondos

en los patios de la memoria.

 

Por ti y por mí que bailamos

que llovemos

que despertamos las estaciones mientras el patio canta

 

porque la lluvia es para los patios,

esos indescifrables.

 

 

 

De la procedencia de la luz

 

La luz viene siempre desde fuera

léase sol astros fuego lámpara:

nosotros somos oscuridad.

 

¿Pero la luz viene siempre desde fuera?

¿En el principio era la oscuridad y la luz sobrevino?

¿Desde qué afuera?

¿O en el principio la luz era un adentro?

 

¿Y la idea de la luz dónde sucede?

¿Podía alguien ver la luz si nadie había?

¿Podía alguien llamarla luz e iluminarse?

 

Entre el afuera y el adentro, la luz.

Nosotros somos un canal de luz, un río,

un mirar, un nombrar, un alumbrarse.

 

¿La luz que vino siempre desde fuera

se hizo en la carne y habitó en nosotros?

¿Ahora otra vez la luz será un adentro?

¿Habrá sol astros fuego lámpara en tu pecho,

en tu retina, en una circunvolución de tu cerebro?

 

Nosotros somos luz.

Ahora la oscuridad es un afuera

que reinará cuando nos apaguemos.

 

¿Y, cuando nos apaguemos,

volveremos hacia la luz primera?

¿Nos envolverá la oscuridad temprana?

¿Seremos luz, seremos nada?

 

Cierro los ojos.

La luz de la memoria

—el hombre teme más al olvido que a la muerte—

me devuelve a un hombre que se llamó Machado:

 

Anoche cuando dormía

soñé ¡bendita ilusión!

que un ardiente sol lucía

dentro de mi corazón.

 

¿De dónde viene la luz de este poema?

¿Del afuera que es Machado o del adentro que lo recuerda?

 

Insisto: ¿la luz viene siempre desde fuera?

 

 

 

 

ADA ZAPATA ARRIARÁN (Cochabamba, 1972).

Escritora y periodista cultural, licenciada en Literatura, UMSA. Ha publicado Fragmentos en el Aire (Ed. Gente Común). Ha publicado junto a Marcelo Reyes el libro Apuntes de Cine (Ed. 3600, La Paz). Desde 2002 es editora de la revista digital de arte y cultura, Palabras Más, de la que es cofundadora. Publicó en las antologías Algo por el Estilo, Memoria de lo que Vendrá, Más de Cien Escritores Bolivianos, Antología Latinoamericana Pachamar, Escritoras Cochabambinas, Poetas Allende los Mares, Yomoram Jayatzam Fanzine 5A. 

 

 

 

 

VOLTAR

 

Se sentía estrambosada,

¡Le faltaba la fulibunda de hojas de nusa!

Una vez más quiso adrear la brasa del ilmo, tomarla y voltar

Pero reentrevió que el filotérmico ilmo de nicotrópica estaba vacío

Los brazos le aleaban, anceava

Estaba ensombrada, gílmida de vol

Entonces

 Irmió su cuerpo de incandescente aneda

Abrió la puerta de la vúrcua y salió

 

Quiso corzar la luz con el brazo, pero su cuerpo aleaba

El alebaje de sed en la alieta la anceava

¡Voltar era invimisible!

Afortunadamente, al ramar la cíclopa

el otro la estanceaba y deseaba salibar y voltar con ella

Enfalemado, sin importar el trance o el maul de la cava

Ella quería dorsear el embraze, el ibasal del ver

Pero aceptó

“Voltar —dijo—, sólo voltar”.

 

 

 

 

 

 

 

EL SUEÑO DEL MUNDO

 

 

Las luciérnagas en tus manos

Devorando los días

La tortura en la barca del cuerpo

 

Nada es terrible

Todo ha sucedido

 

El sueño sin cabeza

Era una montaña imposible

 

Los perros ladrando en la oscuridad

 

Se debe morir para poder morir

Dijo con ansiedad el sueño

Así solo así

Olvidar la sombra que vuela

 

La familia atrapada en la casa oscura

Todos esos días

esas noches

 

Interminables

El niño que fuiste corre por el patio

No sabe que estás muerto

Eres me dijo

 

El imposible

Viaje

De una estrella

 

Y los recuerdos siguen jugando

Saltando precipicios

Dos veces

Para poder morir

Como dijo aquella tarde el sueño del mundo

 

Sus cabellos rojos sobre la mesa de la cocina

 

El sonido inaudible

Invadiendo cerrando colinas

 

Y la oscuridad cubrió mi cabeza

 

 

 

 

PAURA RODRÍGUEZ LEYTÓN (La Paz, 1973).

Poeta y periodista. Ha publicado Del Árbol y la arcilla azul azul (Argentina, 1989); Ritos de viaje (La Paz, 2004; Caracas, 2007, ed. digital); Pez de Piedra (La Paz, 2007) y Pequeñas mudanzas (Colombia, 2017). Este libro, Pequeñas mudanzas, recibió el Accésit del Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador” 2017 convocado en Salamanca, España.

 

 

4

 

Tiempo dado que ejerce la frescura de un cuenco de agua.

Agua que se vacía sobre las manos:

tarea inacabada,

distante reflejo del pasado

en el que no fuimos

ni héroes ni testigos.

 

Un hueco

horadado

de tanto gotear

al cielo

se hunde

como velo gris

de humo.

 

El alma ciega

sabe cómo

abrir un candado,

palpa

el borde

de la vida,

teje los caminos a punta de huellas.

 

 

 

7

Pensando en Anastasia

 

Hablo

de un tiempo

rebobinado como hilillo de araña entre los dedos.

La melodía nos llegaba al amanecer,

nos recordaba el agua que fluía eterna

en el pilón donde nadaban los patos,

mientras la muerte

paseaba

por el paladar de la abuela desconocida

que íbamos a ver.

 

El extravío había comenzado cuando olvidó su nombre

y guardó su dinero dentro de un libro de la biblioteca.

 

Ella,

que conjeturaba fantasmas

yo,

que los encontraba en las manchas de las goteras.

Ella,

que respiraba moscas por la boca.

 

Los goznes habían sucumbido

y la herrumbre alcanzó el cielo.

La búsqueda de algo perdido

(que no se sabía qué),

había hecho que toda la casa se vaciara al patio.

 

Corríamos por encima de las sábanas,

tratábamos

de salvar

nuestros pies.

 

 

 Poemas del libro Pequeñas mudanzas, Paura Rodríguez Leytón

 

 

 

VADIK BARRÓN (Moscú, 1976).

Músico y escritor con una trayectoria de 25 años. Ha publicado once libros, ha obtenido el Premio Nacional de Poesía Yolanda 2013 Bedregal, el Premio Nacional de Poesía Franz Tamayo 2018 y ha participado en publicaciones, antologías y festivales literarios en Bolivia, Argentina, Perú, Chile, México, Guatemala, Colombia, España, Francia y Alemania.

 

Como músico formó las bandas de rock Abisal, Aisha y Camaleon. En 2007 ha emprendido un proyecto como cantautor solista, ha editado ocho discos colaborando con grandes artistas nacionales y ofrecido conciertos en Bolivia, Brasil, Perú, Argentina, Chile, Uruguay, México, Alemania, España, Suiza, Suecia, Francia y Dinamarca. Es productor musical, gestor cultural, ofrece talleres creativos y ha trabajado en música para cine y televisión.

 

 

TERMINATOR

 

El mundo es asqueroso y estupendo.

te amo y te odio mundo inmundo.

Dame tu boca de cloaca, tu boca de mojada concha,

tu boca de río que desemboca en un mar abstruso y constante, malvado e indócil.

Dame tu mano de fuego, tu mano de árbol, tu mano fría en la frente enferma.

Quiero tu alma de leche, de pájaro extraviado, de susurro ultrasónico, de bomba submarina.

Quiero dormir en el atolón la noche en que se elevará el hongo atómico.

Quiero ser un ciudadano invisible, un poeta de buen corazón y pésimo carácter.

Un zumbido de abejorro en el tímpano hueco de un dios autista.

Una pompa de luz que engendre música que se pueda escuchar bajo el agua.

El mundo es un fuego fatuo en medio de una fiesta infantil,

una herida horadada en el silencio furibundo del cosmos.

El mundo ha muerto, bendito sea, vamos a mear sobre su tumba,

vamos a alimentarnos con los gusanos que lo corroen,

vamos a morirnos con él, lenta y premeditadamente.

El mundo es un autómata hecho de papeles y tornillitos,

cada latido es un juego de dados,

una discapacidad virtual, una lisonja a la muerte.

Dios es el nombre que le asignamos

al que será el último asesino de la humanidad.

Por eso deseamos tan fervientemente que retorne

de una vez por todas

de su tumba blanca y fecunda.

Por eso nos amamos unos a otros

como quien lanza cometas a un cielo demente.

 

 

 (2016). Poema del libro Tragaluz, Vadik Barrón

 

 

 

 

EL AMOR

 

El amor no es amable

el amor no es paciente

el amor es lo más parecido a una cicatriz con alas.

Es usar el alma como piel,

es cobijar una joya

en un nido umbroso

e ignoto dentro de nosotros.

El amor, bicho raro de mil patas,

ángel concupiscente,

nos saca las ropas,

nos saca de quicio,

nos va a reventar en mil pedazos un buen día,

y nuestros fragmentos

ejercerán su vocación de planetas rodantes.

Entonces seremos avistados a millones de años luz

como supernovas criollas,

como ovnis autistas,

como hermosas estrellas vagabundas.

 

 (2018). Poema del libro Espasmo, Vadik Barrón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DANIEL J. AYOROA TABORGA (La Paz, 1976).

Estudió Derecho en la Universidad Católica Boliviana San Pablo.  Cursó el Diplomado en Escritura Creativa de la Universidad Privada de Santa Cruz.  Realizó cursos de escritura creativa el “El Ateneo” de la ciudad de Barcelona y diferentes talleres de escritura creativa en Bolivia y España. Forma parte del taller de poesía Llamarada Verde, dirigido por Gabriel Chávez Casazola.

 

Su libro, De la Transformación en Pájaros fue finalista del concurso Noveles escritores de la Cámara del Libro de Santa Cruz 2017.

 

 

 

En  un punto del viaje, ante el inmenso mar, Ulises reflexiona:

 

Cómo eres nada, Ítaca

mientras eres promesa

cómo los días son nada

en la inmensidad del mar tiempo

y yo soy el héroe de nada

de algún oráculo antiguo, tal vez

apenas un astuto embustero

perdido en el mar del deseo

verdugo del idiota cíclope.

 

Sobre el espejo de agua

mi reflejo se unifica

en el antes y después

de la tormenta

ominosa y cotidiana

para concluir el día

en la lasitud del amor de Calipso

que no me reconforta

ni me renueva.

 

Cómo eres nada, Ítaca

mientras eres promesa.

 

 

 

Soledad de las fieras

 

Desde mi soledad el mundo es evanescente

como las sombras de los tigres detrás de los barrotes

como los rugidos roncos de los tigres por las noches

debajo del cielo infinito, a un lado del parque.

 

Desde mi soledad el mundo está carcomido

como las almas de los tigres carentes de fuego

como los ojos de los tigres en cautiverio

alimentados con vacas que comen más vacas.

 

Desde mi soledad el mundo se queja sibilante

como los tigres que se lamentan en las noches

tigres fantasmagóricos tras las rejas   

cautivos en el zoológico de la ciudad.

 

Desde mi soledad el mundo es inefable  

como los tristes tigres que no entienden nada

los tigres que no duermen de noche ni de día

prisioneros a pocos metros del océano.

 

A miles de kilómetros de sus propios sueños.

 

 

 Poemas del libro De la transformación de pájaros, Daniel Ayoroa

 

 

 

 

LOURDES IRMA SAAVEDRA BERBETTY (Cochabamba,1976).

Psicóloga, Socióloga. Docente Universidad Central UNICEN/ Universidad Mayor de San Simón. Fue integrante de la editorial Yerba Mala Cartonera 2010-2019.

Ha publicado los libros: "Memorias de un Walkman" 2008 Editorial Yerba Mala Cartonera Agosto. La Paz.“Lullaby” 2011 Editorial Yerba Mala Cartonera  Cochabamba “Relatos de la Yarqay Plazuela Osorio” (Compiladora) 2014 Casa de la cultura Cochabamba. Kipus Ed.

 “Alicia en el país de la anarquía” Narrativa 2017 Electrodependiente Ed. “Velocidad de la luz” Poesía 2019 Editorial 3600 La Paz.

 

 

 

Mudanza

 

 

Abrir la puerta de un taxi

encontrar tres perritos plásticos

que mueven sus cabezas mientras

escuchamos a Cat Stevens

Uh baby baby is a wild world

 

Deslizarse por la carretera

viendo por el retrovisor la imagen

de las vacaciones que se alejan

dejando todo atrás,

pretender roer la línea del tiempo,

ocultar el álbum de fotos, 

procurar desconocer

las casonas que cayeron

como naipes

desplazadas por parqueos

agujeros negros de la memoria.

 

Los recuerdos me acechan

de manera caprichosa

la guerra que mi abuelo nunca pudo ganar

el cáncer que mi madre logró vencer

la sazón de tía Emma

las manos ásperas de mi abuela apretando mis mejillas

los carnavales que saben a trasnoche, mixtura y confites.

 

Pretender que todo se desvanece

mover la cabeza escuchando Artic Monkyes

saber que en mi ausencia

ya no quedará nada ni nadie que pretendí conocer,

mientras en el horizonte diviso

la infancia desde la anatomía sin cuerpo

de un gigante que se aleja.

 

 

 

Tierra marcada

 

 

Una púa invertida atraviesa

la piel de la noche.

En la velocidad de la luz

los perros cavan aullidos

en carcomidos adoquines

los insectos infectan las esquinas

sobrevuelan en la agonía

del alumbrado público

 

el silencio             después del grito

la claustrofobia de la tierra marcada

    el miedo

     un frío que quema

                     un poste

            una advertencia      

        un cuerpo vertical

    de humanidad descartable

           en esta ciudad

            c  e  r  c  a  d  a

 

 

 

 

NELSON VAN JALIRI (Potosí, 1978).

Artista plástico, poeta y editor. Tiene varias publicaciones de carácter literario desde 1996, sus textos poéticos fueron publicados en la revista Def-Ghi Comunicación  y Arte en Santa fe Argentina. Varios libros publicados entre poesía, narrativa, ensayo, crítica e historia. Su nombre figura en antologías, como “Cambio Climático”(Panorama de la Joven Poesía Boliviana), antología por Jessica Freudenthal, Benjamín Chávez y Juan Carlos Ramiro Quiroga, la misma que fue traducida al francés; ”Días de Poesía”, Imaginea Arte y Cultura, Festival Internacional de Poesía; “Antología Comentada de la Poesía Boliviana”, de Roberto Maldonado; “Potosinos en la Cultura Boliviana”, de Elías Blanco; “Chamote (Antología de la Poesía Latinoamericana),de Gito Minore la misma que fue publicado en la Argentina; y Un Infinito de Poesías. Sexta Antología Poética Versos Compartidos, Tomo I y II. Uruguay 2017.

 

 

SIMPLICIDAD

 

Sobre un cartón viejo

me quedaré  sentado esperándote,

aunque el tiempo pase

y me muera así  sentado.

 

 

 

LA SOLEDAD Y LA TRISTEZA

 

1

 

En tu pecho

tan semejante

a dos altas cumbres,

escribí  un poema

que me recuerda

a la tristeza.

 

Porque bebí  de su boca

el agua

que nunca

debí  beber.

 

 

 

 

2

 

De la

unión

de un

piedra

con otra

saliste tú,

la soledad que ya estaba presente.

 

 

 

 

CÉSAR ANTEZANA/FLAVIA LIMA (La Paz, 1979).

Es parte del espacio trans/cultural ALMATROSTE (desde el 2004), de la editorial artesanal del mismo nombre (desde el 2007) y del fanzine La zurda siniestra, coorganizadoras de la FLIA La Paz (Feria del libro independiente y autogestionado).

Ha publicado el libro de narrativa Zzz… y los poemarios El Muestrario de las pequeñas muertes (Ed. Almatroste), Cuerpos imperfectos (en el marco del II concurso de poesía Edmundo Camargo) y Masochistics (premio nacional de poesía Yolanda Bedregal, 2017). Co-organizador del Festival Sudaka de poesía marica. Estudiante de postgrado en la carrera de literatura en la UMSA de La Paz, es creyente de la praxis anarquista y reivindica el feminismo QUEER en toda su monstruosidad.

 

 

Vengo de las habitaciones en que alguna vez tuve miedo

vengo de sus intenciones de aniquilar el espacio

vengo de su ademán frívolo de preservar el instante de la epifanía que enmohece en nuestros ceniceros descascarados

vengo de las inquietudes de tu piel, de sus aerostáticas revoluciones por minuto

vengo de las comisuras de tus labios, asoladas por el amanecer que apelmaza allí los desechos del día anterior, los remanentes de una fiesta absurda que nos empeñamos en prolongar como una bocanada sagrada de tifus

 

Tengo grosellas en almíbar para nuestro antojo de burguesía y te enfadas como un niño que nunca ha sabido aceptar la suerte del rodaballo

 

¿hasta cuándo jugarás a escabullirte del ruido ambulatorio que provocan los instrumentos de los indios?

 

Bebemos sake del tiempo de los molinos, de aquel entonces en que las lagunas rebosaban difteria y se encontraban asolando las ciudades en forma de pantanos

 

Las campesinas mascullan secretos con los arrozales y escupen una desdicha mutua que termina agriándonos la boca, que ahora sólo sabe decir palabras salvajes de coloración indescifrable

 

Hablo por mi piel urgida de tatuajes, de mingitorios abrumados por el sexo de los hombres y por los versos de los poetas desnudos que como telarañas nos envanecen en el tiempo de las lluvias primiciales

fingimos estar muertos

y la dinamita estalla en un desborde absurdo de pólvora

y caracolas traídas de territorios ajenos

 

Y confiamos este destino de querernos al solipsismo estratégico de las guerrillas

 

Los pequeños hombres rotos

se tutean

en medio de una sobria retirada en cámara lenta

 

Demolemos los cementerios y los envolvemos en misterios que nunca tuvieron

porque allí sólo yacen los muertos

como yacen en el carrusel los animales de yeso, los niños que no tienen tiempo, los cigarrillos liados con tabaco viejo y la insulina que regurgita en el intermedio de una aburrida pieza de Chopin

 

Cuánto detestábamos a Chopin y su lentitud desplegada como una bocanada en forma de hembra que sube despacio, casi dramáticamente, por una larga escalera con un acabado en caoba negra

 

Ahora, sólo eres un muerto que colinda su deseo con otro tipo de texturas, que escarba en bibliotecas libres de ántrax y que adorna su pelo de enjambre con detalles rurales de retama y colihue

 

 

 

Ocupaste los espacios vacíos que nos dejaron las mudanzas

perdimos el equilibrio de tanto movernos alrededor de las viejas montañas

las usaron como desahucio para vencernos

ellas detuvieron nuestros deseos, las nubes, las viejas aves que prometían el regreso

 

Pero nunca tuvimos regreso

 

Las ciudades del altiplano nos habitaron con sus entrañas de piel gastada hacia adentro y nos desviaron de las razonables promesas de tus libros

inútilmente les creímos cuando despedazaron los horizontes y reanudaron las grandes batallas en capítulos televisados

 

En última instancia, los desaforados miedos nos provienen de ellas y sus movimientos oscilatorios

 

Quizás nosotras terminamos siendo los ojales de tus trajes apelmazados

como el paso del tiempo dibujado en el algodón gastado de los uniformes de las colegialas

todas estuvimos alguna vez deslucidas y ansiosas por carabineros borrachos

que retumbaron la calle empinada de sus botas inexactas y sobrecargadas

 

Me ves llorar

me tomas de la mano

corres conmigo calle abajo y me rescatas apenas a tiempo subiéndome a un bus largo y azulado que recorre rezongando toda la triste avenida Buenos Aires

y eso es todo

y entonces despierto

y tú sigues muerto

 

 

Una maleta revienta sus entrañas perfectas de plástico y naftalina

contra los bordes motosos de tu habitación

 

Los objetos encuentran formas extrañas para llorar con nosotras

 

 

 Poemas del libro Anjani, Cesar Antezana

 

 

 

 

***

 

VALERIA SANDI - Nació en Santa Cruz Bolivia en 1991. Productora, gestora cultural, escritora y abogada. Publicó los poemarios: Ambidiestros (2014), en co autoría. La luna lleva sal, (Ediciones Jota, Potosí 2016). Participó en el libro de poesía y cuento breve “El tiempo está después”, editorial El Rumbo (Uruguay 2016), su poemario Rincón de lluvia publicado por (Ediciones Andesgraund Chile 2018) fue reeditado por Literatelia, México, 2019 y Chanchito ediciones, Bolivia, 2018. Fue colaboradora en revistas de poesía y ensayos en su país, México, España, Venezuela, Perú y Colombia. Imparte talleres de poesía y cuenta cuentos en Unidades Educativas, Centros Culturales, Universidades. Desde 2019, forma parte del equipo editorial de Ediciones Andesgraund en Bolivia. Dirige el ciclo de lecturas Trueque Poético y el Festival Internacional de Poesía Joven Jauría de Palabras. Ha recibido las distinciones de poeta joven con potencial para compartir otorgado por el Centro Cultural San Isidro 2018 y por su aporte y dedicación constante a la cultura de nuestro país por el Ministerio de Culturas y Turismo de Bolivia 2019.

 

-Pintura: Volumen opulento. Nelson Van Jaliri. Óleo sobre lienzo. 80x60


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