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19 Oct 2012 / 19:59 pm

 La concision del enigma

 

A propósito del libro:

EL DIARIO INÉDITO DEL FILÓSOFO VIENÉS LUDWIG WITTGENSTEIN de Fredy Yezzed

Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2012

En la introducción realizada por Bertrand Russell a la primera edición del Tractatus Logico – philosophicus (1921) coexiste un planteamiento por la importancia del libro de Wittgenstein con una duda, a la vez, una ardua duda que reclama e insiste por la lógica sobre el lenguaje que allí se desenvuelve. No todo estaba claro cuando se hablaba del límite, la finitud, el simbolismo concreto; por eso Russell advierte: “Wittgenstein compara la expresión lingüística a la proyección en geometría. Una figura geométrica puede ser proyectada de varias maneras.” Y culmina diciendo que la totalidad de los lenguajes de la que se sirve Wittgenstein para destilar su lógica sólo puede ser posible desde un entorno ficticio. Palabras más, palabras menos, pareciera que en el fondo de este embrollo algo quedaba por descubrir, por decir, algo que excedía los límites de su propia búsqueda.

Es por eso que a estas alturas, en mi intención de articular con los límites de mis lenguajes una visión casi geométrica sobre el libro en cuestión, me pregunto qué habría escrito Russell si hubiera conocido El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein ¿cuál habría sido su actitud proposicional? La proposición está relacionada directamente con el hecho, diría, de manera que la aparición o descubrimiento de este diario, dimensiona una condición objetiva en la que podría  empezar a creer, y por otro lado, la jaula donde se puso a la lógica y al límite alzaría vuelo ¿Es lógicamente posible?

Nueve meses, dice el prólogo del diario inédito…, estuvo encerrado Wittgenstein en el campo de concentración al que lo llevaron y es allí, en ese tiempo en el que escribe su histórico Tractatus; menor tiempo fue ese al que estuvimos esperando desde este otro lado del campo de concentración a que fuera publicado El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein, casi ya mito urbano, leyenda, rumor de inventario, entre los que esperábamos que viera la luz desde el 2007. Pero apareció, cobró una lógica adversa a la de la ficción y se publicó hace unos meses en Argentina, bajo el cuidado de Ediciones del Dock. Escrito o recobrado por Fredy Yezzed, El diario inédito… (En su condición de diario) ha transitado por los recovecos normales que implican romper los límites que muchas veces, o casi siempre, imponen las pautas editoriales.

Reconocido en Colombia con una Mención Honorífica en el Premio Nacional de  Literatura – Poesía 2007, este importante libro pudo ser publicado años después con el Apoyo a la Edición de un libro de un autor RENATA 2010. En buena hora.Gonzalo Rojas, Marco Antonio Campos y Juan Manuel Roca, jurados encargados de esa versión, dicen del Diario inédito…: “Es un libro deslumbrante y lúcido. De una cerrada unidad en estilo y desarrollo temático. Muy interesante su seguimiento de los fragmentos wittgenstianos. Una suerte de aforismos y pensamientos que se vuelven intensa poesía.” Intensa poesía, dijeron, pensamientos que se vuelven intensa poesía, Superando así al enorme Russell que lo sabía, pero, pienso que tuvo miedo de decirlo en su introducción, miedo de decir la palabra que afilaría más la duda pero a la vez resolvería la discusión.

Aunque con tantos años y décadas por delante sigue siendo riesgoso. Cuando se lee el Tractatus, recorriendo sus decimales uno a uno, releyendo y mascullando, haciéndole trampa a los números, pareciera que Wittgenstein se hubiera empecinado contra la poesía, negándola a cada instante, resolviéndola, pero a la vez tropezando consigo mismo, ebrio de lenguaje. En la traducción extraña y bilingüe que conseguí del Tractatus dice, por ejemplo, en el apartado (¿o versículo?) 5.511: “Es muß sich an unseren Symbolen zeigen, daß das, was durch »v«, ».«, etc. miteinander verbunden ist, Sätze sein müssen.” (¿Cómo es posible que la lógica, que todo lo abarca y que refleja el mundo, use de tan especiales garabatos y manipulaciones? Sólo porque todas están unidas por una trama infinitamente fina al gran espejo.) No sé hasta qué punto esté de acuerdo con el filósofo vienés, pero su geometría tenía otras aristas, quizá las que se fijan en su diario. Pero esa es otra discusión.

“Expresión lírica, mirada personal y abismo propio” dice Yezzed, es “la carne que alimenta su libro.” Creo además, también, que se trata de intensa poesía, pero eso mejor se lo dejo a los filósofos. El diario inédito… comprende siete capítulos en los que el lenguaje dialoga consigo mismo, se viste de sus propios reflejos y se vigila hasta hacerse invisible, casi efímero, desaparecer, retornando siempre a un mismo punto, reconociendo la circularidad, o bien su condición geométrica, los límites infinitos de su espacio: “1. La realidad está limitada por la totalidad de la poesía. La poesía no tiene límites.” Manejando el sistema decimal que usara el filósofo vienés para desarrollar su Tractatus, el poeta colombiano mantiene la persistencia del equilibrio que requiere el nombrar, el decir, en medio de una tensión milimétrica, en la que se cruza el lenguaje como una constante resonancia, como el dador, protector y aseverador de todo cuanto existe. Este libro es un continuo circuito de hechos y proposiciones que buscan una lógica sin encontrarla, dándole a su propio fin el comienzo de su búsqueda: lo que dice el silencio.

Libro artefacto, funciona como una figura geométrica, heptagonal, circular, que se confunde y se pierde entre los pliegues de su talla. Pretende ordenar un caos ingobernable que parte del lenguaje y busca al silencio como posible órbita de equilibrio, haciéndolo, en su desaparición, infinito: “6: 35 Pienso, pienso…, una palabra que me piense.” Se trata de fundir la concisión con el enigma. Wittgenstein aparece como el hecho, su entorno, su cuerpo, sus amores, la lógica de su convulsión, su depresión, su locura; y el poeta es un eco en otra época quizá, de sus indagaciones. El lenguaje es el único que permanece, el que construye con aforismos, poesía o no, un universo de relaciones con lo que percibimos y dejamos siendo. Sigue así su diálogo continuo, en una voz o en otra, amorfo, metamórfico, bestial, su condición es crear una totalidad incierta, multiplicándose y multiplicando todo cuanto nombra.

Como Gran espejo unido por una trama infinitamente fina, se refirió el filósofo vienés a ese algo, lenguaje, dios o forma que lo gobernaba. Su diario es, en este momento otro destello de su laberinto. En el marco de la poesía colombiana se percibe como un libro que experimenta, pero se podría decir mejor que se trata de un libro que descubre. Sin querer destruir o reemplazar un estilo o fijar una poética, sin caer en el didactismo de propuesta y de deslumbre, El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein sugiere otra condición del lenguaje en la que indaga sobre sí mismo, la realidad que desata su incertidumbre, sin descartar las posibilidades que brinda la forma como órbita o cartografía de sus cimientos, la ruta que interroga al límite. Incluso el pasado no está resuelto, permanece inédito…  pero, tal como termina el Tractatus y el diario de Wittgenstein, repito: “De lo que no se puede hablar, hay que callar la boca.”

Jorge Valbuena


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