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03 Jun 2019 / 13:47 pm

 

El 3 de junio de 2009 falleció el poeta Javier Ignacio González Luna, quien nos dejó una obra cargada de mística, reflexiones sobre el oficio de la escritura y arqueologías del ser. Hoy, a los diez años de su partida, lo recordamos en La Raíz Invertida con un conjunto de poemas que resalta la esencia de su poética y su voz que ha quedado presente en la lírica colombiana. 

 

 

 

No soy el viejo

que partió montado

en el buey.

Tampoco aquel

que murió borracho

contemplando la luna.

No soy el sabio

ni el hombre prudente

que aprendió algo de la vida.

 

Tan solo deliro y choco

y me dejo corromper por los objetos.

Soy el que fue seducido con espejos;

el que cambió el sol

por una ciudad enloquecida.

 

Vivo a golpes y estallidos

vocifero ebrio y lloro

heridas incurables.

Apenas equilibrio el miedo con el miedo,

apenas me repongo…

 

Pero celebro, pero río,

pero estoy vivo.

 

 

¡Oh! Poeta

 

No te tomes en serio poeta.

Sé carpintero, vendedor de rosas.

No pretendas haber encontrado

la palabra.

 

Ensaya mejor el silencio

y las obras manuales.

¿Podrás vencer el impulso

de arreglar tu jarrón de flores muertas?

¿Será posible aún que baje la fiebre?

¿Tendrá límite la vanidad

que te empuja a gesticular como hembra?

¿Cuándo una palabra ha curado una herida?

¿Cuándo un verso ha roto el hechizo del mal?

 

 

Chunsua us suza hicha

 

Los tunjos habrán de estar bajo tierra.

Viven los dioses en los subterráneos.

Cavernas pintadas acompañando entierros

Hombres sin ciencia,

amedrentados por el cielo

azuzados por la necesidad.

Hombres apenas domesticando el fuego

-Rimbaud quiso viajar hacia aquellas cavernas-

Bajo el túmulo yacen las cenizas de los dioses,

del titán que robó el fuego.

 

 

Apoteosis de Hölderlin

 

Ha pasado la edad del impulso informe.

Es el tiempo de lo clásico.

Las ideas se hacen símbolos encarnados en las formas.

Todo es sensible y racional al mismo tiempo.

 

Más allá de lo clásico, lo mítico.

Más allá de lo sensible, lo divino.

Vivas figuras proyectándose en la caverna.

Desciframiento de signos, levantamiento de nuevos mitos.

 

Reducción del número de las ideas.

Solo palabras, presencia, silencios.

 

 

Mohan

 

1

 

Desconocida por nuestro pueblo tu figura,

pareces demonio, persona maléfica.

Hombre caído en el ensimismamiento y el descuido.

Oficiante en ceremonias de la luna.

Nocturno gozador de las estrellas.

 

Tabaquista. Aguardientero.

Psicótico marginal. Indigente

Duermes descamisado en los andenes,

en los mañaneros pisos de los billares.

Caminas descalzo por las calles de los puertos

Caminas las horas angustiadas de la ciudad.

 

2

 

Mundo de raíces,

De piedras trabajadas por el río,

De cuevas abrigadas.

Silvestre luminosidad.

Fauno. Señor de la corriente.

Por ti impera el río, la palma de cera,

El monte oloroso.

 

 

Bárbaro conquistador de las muchachas.

Tu cuerpo huele a madera

A lluvia secada por el sol.

Tu cuerpo enjuto

Tu virilidad completa.

 

3

 

Violador. Preñador de las indias,

Amigo –tal vez hijo- del sol

hirviente de la tierra verde.

Gran sensualista del reino de los jaguares

Y de las tomas rituales…

 

Aquí, tu hijo

Habitante de las galerías del tiempo.

Evoco tu figura

y me extasío

con el estruendo del río.

 

 

 

Arqueología

 

El territorio es templo

La piedra cuerpo de escritura.

Capricho de las formas.

 

Geología, presencia de los dioses.

Puntales marcando el final del territorio.

Musgos y senderos sombríos.

Antiguas lagunas misteriosas, ahora secas.

Tesoros en el fondo

de las aguas.

 

Soles encadenados en la piedra

Rojos, negros.

Es esta playa cósmica

del agua y el salto de la rana.

 

Soles y aguas dibujados

en el lomo de la piedra.

Qué hombres habitaron esta tierra?

Quiénes los que contemplaron

la extensión de la guerra,

los que navegaron el mar interior

viviendo en el umbral de la historia?

Aquí también bajo la iglesia catedral

yacen las piedras marcadas

con la huella del hombre primero

 

 

 

 

Infancia

 

La memoria orienta porvenires,

presta vigores

al fatigado presente.

El azul rebrilla bajo nueva luz.

 

Son de nuevo los gritos y las risas,

las veloces palpitaciones.

Es el trigal destellante, rumoroso,

el látigo bautismal de las cascadas,

la miel de la cereza.

Sueño. Infancia perdida

que regresa en cada acto,

en cada deseo,

nutriendo con sangre siempre nueva

ese otro sueño que es el presente.

 

 

 

 

En la prisión de calles y ondas de radio

sueño la abeja y el pájaro.

La luz del sol no ha sido doblegada

Crece la rosa en mi frente como un desvelamiento,

Su color.

 

No todo nos ha sido arrebatado.

Imaginación y Naturaleza vuelan aún

sobre el oscuro pavimento.

 

 

EPIGRAMAS

 

Erótica

Amar los cuerpos con el cuerpo

 

 

Mística

La niebla, la nube de dioses,

De raíces de agua.

La noche vibrante.

 

 

La muerte me encanta

Con sus promesas.

 

 

Que se jodan Zeus

Y los suyos.

El mar es el dios.

 

 

El león que soy

El enciclopedista que parezco,

El niño que quiero ser.

 

 

II

 

Bar la veintiuna,

la noche.

Homosexualismo étnico

“Besos nada más”.

 

Arrullos.

Vallenatos de oro,

De mierda.

Falsos violines y acordeones.

Muerte, muerte.

 

Domingo:

El niño del veinte de julio

Espera la tribu.

Esperan los ciegos, los sideanos,

Los pobres y

Los enamorados.

 

El Señor vigila la ciudad.

Tiemblo en la noche.

 

La noche termina

Como si la muerte ya hubiese hecho su tarea.

 

 

***

 

Javier Ignacio González Luna. Nació en Facatativá, Cundinamarca, Colombia, en 1954 y falleció en Bogotá, el 3 de junio de 2009. Estudió psicología en la Universidad Nacional de Colombia, y residió en París entre 1982 y 1992, donde recibió su doctorado en literatura de la Universidad la Sorbona y formó parte del grupo que publicó la revista Spirale-Inkari. Desde 1993 fue profesor del Dpto. de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá.

Su primer libro, El cuerpo y la letra. La cosmología práctica de Octavio Paz, fue publicado en Madrid por el Fondo de Cultura Económica en 1990; saludado por el poeta mexicano como una de las interpretaciones más agudas y originales de su obra. Además publicó los libros de poesía Hacia el alba (Medellín, 1993), Ab-uso de palabra, (CEJA, Bogotá, 1998), Vigilias (Los Conjurados, Bogotá, 2005), Nubes y relojes (No. 46, Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional de Colombia); el libro de ensayos El linaje de Orfeo. Poesía y modernidad, (CEJA, Bogotá, 2000), el diario de viaje Jornadas Indias (PENSAR, Bogotá, 2003) y Kôten, una colección de textos en torno a las relaciones culturales entre Japón y América Latina.

 

***

- Agradecimiento especial a Gloria González, hermana, por facilitarnos la fotografía que acompaña esta publicación. 


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