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30 Mar 2014 / 17:09 pm

Por Hellman Pardo

 

Todas las ramas del árbol sombra y del árbol luz crecieron en las vertientes de sus aguas. Alejémonos por un momento de la poesía de Paz, como si nos fuera ajeno, como si el autor de Lauda y Piedra de sol no existiese. Nunca ha escrito un poema. Ahora bien, determinemos en nuestra visión de poesía latinoamericana que no se ha escrito Los hijos del limo, Las peras del olmo o ese brillante y hermoso libro que es El arco y la lira. Solo bastan dos libros para inmortalizar al gran escritor mexicano: El laberinto de la soledad yEl ogro filantrópico. Quizá la afirmación es arriesgada. De hecho, lo es. Sin embargo, y aquí defiendo mi posición, si leemos atentamente este par de obras como si fueran lo único que Paz hubiera escrito desde la perspectiva de lo que significa ser mexicano (en este caso, el latinoamericano que somos todos), aquello que realmente nos pertenece, y no, lo que nos incomoda de la realidad, si nos detenemos en su pensamiento analítico, que nos hace revaluar lo que somos y hemos sido en la sociedad consumista, tirana y vacía que es este "cuarto de enseres y de sueños", en palabras del propio Paz, quizá veamos a un escritor cuyo milagro desde el lenguaje fue, y es, la escritura de toda pasión humana.

 
 
 

De El laberinto de la soledad

 

"Nuevas circunstancias tal vez produzcan reacciones nuevas."

"En nuestro territorio conviven no solo distintas razas y lenguas, sino varios niveles históricos."

"Analogía cósmica: la mujer no busca, atrae. Y el centro de su atracción es su sexo, oculto, pasivo. Inmóvil sol secreto."

"Hay que morir como se vive."

"Solamente en la soledad se atreve a ser."

"La chingada es la Madre abierta, violada o burlada por la fuerza. El “hijo de la Chingada” es el engendro de la violación, del rapto o de la burla."

"La vida es la máscara dolorosa de la muerte."

"El capital no es sino trabajo humano acumulado."

"Vivir, es separarnos del que fuimos para internarnos en el que vamos a ser."

"SIMULAR ES inventar o, mejor, aparentar y así eludir nuestra condición. La disimulación exige mayor sutileza: el que disimula no representa, sino que quiere hacer invisible, pasar desapercibido —sin renunciar a su ser—. El mexicano excede en el disimulo de sus pasiones y de sí mismo. Temeroso de la mirada ajena, se contrae, se reduce, se vuelve sombra y fantasma, eco. No camina, se desliza; no propone, insinúa; no replica, rezonga; no se queja, sonríe; hasta cuando canta —si no estalla y se abre el pecho— lo hace entre dientes y a media voz, disimulando su cantar".


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