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01 Jun 2020 / 11:29 am

El lirismo es una geografía permanente en  estos versos de Germán Portela (Poeta tolimense nacido en 1984) armonías que se indagan en todas las direcciones, recreando una música constante que dibuja un mapa de imágenes intensas, rezagos de esquirlas de luz, apariciones. Aquí una selección de sus poemas:

 

 

LAS SOMBRAS

 

Cómo suda la noche

cuando yace en nuestro lecho

desnuda, ebria y desahuciada…

 

           I

La tarde cae,

con sus rodillas raspadas

huye de mis versos

 

y mientras sacude sus últimos suspiros,

con sardónica sonrisa

pide me divierta...           

 

II

Mi ánimo felino

va con el desespero en las entrañas

cazando el balbuceo de la noche

 

busca su luna de alas rotas

en el nido del cosmos titilante

para traerlo hasta mis hojas

                                                como ofrenda.

 

Afligida, intenta huir la noche

de mi pardo maullar,

mas, su quilla ausente la detiene…

 

La necesidad retráctil y afilada

la entrega en un zarpazo

a mi afligido ronroneo.

            

                  I II

El vino,

enamorado de mi angustia

le susurra su palabra inmaculada.

 

Quiere llevarla hasta su lecho,

anhela su brasier de copa abierta,

destrozarle sus ligueros,

envolverse en sus harapos,

enloquecerla de esperanza…

Y la convence con su canto desgarrado.

 

Se revuelcan en el frío de la ausencia

conspiran y se arrullan

en lamentos de inocencia retorcida.

Se consumen

y en la aurora desahuciada

abrazan los recuerdos

                                     de un  amor olvidadizo.

        

                    IV

Por entre memorias y ensueños

camina el silencio,

distraído sonríe

este tuerto y cojo lazarillo de la noche,

 

recoge mis pasos en las horas

mientras silba un réquiem tartamudo

y amontona en su aljaba desteñida

las notas de un macabro sortilegio.

Cual funámbulo recorre el pentagrama:

luce su “do” disfónico en el pecho

son canciones sin compás,

que interpreta desbocado

en su longevo y enloquecedor laúd.

 

Perfumado de vodka y cigarrillo,

tropieza este maestro de la angustia

con las tonterías que se pudren

                                                a la sombra de su voz.

 

                  V

En el tiempo que se escurre

entre los dedos de la noche,

allí se hace carne la congoja.

 

Se humaniza en el sofá,

cruza las piernas,

acaricia dulcemente el pensamiento.

 

Sirve un trago.

Me revuelve entre su copa,

me hace espuma entre sus labios.

 

Invoca la alegría tristemente

y sonríe al soñarme diluido

en su ajenjo pervertido.

 

Se embriaga con mi espíritu,

llora, ríe, grita y se adormece

y con embaucadora ternura,

                                  rasga mi alma trastornada.

 

 

Pasea desnuda y zigzagueante

y ebria de canciones aguarda,

                                                  a que la ame.

 

               IX

¿Has escuchado su tonada?

viene y va como arrullándonos;

perezoso y frágil, tenue,

¡Tartamudo!

¡Es él!

que en desvaríos afónicos envuelve.

 

¿Lo has escuchado?

Su rostro ceniciento y enfermo,

sus manos timoratas y sedientas,

con sus fríos ojos lamiéndonos

excitando los excesos.

 

¡Yo lo sé!

Le has sentido enamorado,

en su macabra y pálida sonata

que se cuelga del oído a maullarnos:

Nada,

            nada,

                       nada.

                                 Nada.

 

 

 

LOS SILENCIOS – “NECEDADES”

 

El cantor es rehén de la noche

que disfruta su encierro y su martirio,

al deshoje de las horas marchitas…

 

             I

Los cuentos de hadas

ahora son monstruos bajo la cama,

que asechan las noches melancólicas

esperando "ser",

                                 al fin.

 

Perturbados, agarran las sábanas

ebrios, exhalan la inocencia.

                                                  Hasta nunca.

 

El gato sin sus botas

rasguña los tejados

y maúlla entristecido

                                       a las horas pardas

que acechan la esperanza.

 

El jovencito de madera

se quedó sin su grillo compañero

y carga hoy a sus espaldas

longicornios y demás xilófagos

que escarban incesantes

en busca de su corazón y alma.

 

Un cementerio de aviones y autos amontonados

permite al óxido correr

por entre memorias chatarrizadas.

Ya no volverán a andar

para siempre en un olvido húmedo

dejarán sus motores intergalácticos;

 

los dinosaurios son cúmulo de días

podridos en anaqueles

parte de un pasado tierno

fósiles de sueños plásticos.

 

              II

Marchita el tiempo segundo a suspiro,

 

en amores que se pudren sin olvido

amigos que llenan el pasado

y cicatrices que cubren la memoria,

 

en palabras cabalgando sobre el viento

besos sin sabor

y miradas de párpados callados,

 

en fronteras invisibles en el alma

versos desmoronados

y sueños sonámbulos,

 

en días marchitos,

huellas llenas de omisión

y el ánimo lisiado,

 

en cuerdas vocales destempladas

en primaveras amontonadas en la piel

y cabellos cenicientos,

 

se deshoja la vida suspiro a tropiezo.

 

          

             III

Mujer de sueño

de vodka y humo

de senos alcaloides

de pubis psicotrópico

y amores desquiciados.

 

Te amo en mi silencio

con todos mis errores

con mi trágico cantar

y con toda mi tristeza.

 

Mujer de ojos callados

de sonrisa ausente

y oscuros pensamientos.

 

Te quiero en mi presente

te invoco con mis letras…

 

 Quédate a mi lado, solo cuanto quieras.

 

 

                  V

Su sonrisa

a través de mis latidos

ilumina el centro de mi ánimo

y sus manos, arañitas

recorren mi rostro y tejen laboriosas

felicidades clandestinas.

 

 

Su inocencia es himno glorioso

a la esperanza,

y con rondas infantiles

invoca primaveras infinitas.

Su vida entre la mía

alimenta tiernos lienzos

pintados con descuidos

de orines, trasnochos y besos.

 

                  VI

Ahí está su figura melancólica

con la tristeza enmarañada entre su barba

y la escarcha cubriendo sus ramajes;

 

es un roble que danza inagotable

y con su frente hacia la brisa

aleja la hojarasca sideral.

 

La tristeza destilada

remueve los gorgojos de su pecho

que tragan sus recuerdos.

 

No se doblega a los instantes

y cubre con hermosa desnudez

las costras de los años.

 

Herido y vigoroso se mantiene

ve los días como hojas

que la vida, pudo nunca marchitar.

 

***

 

GERMÁN ANTONIO PORTELA YAIMA - Licenciado en Educación Básica con Énfasis en Humanidades y Lengua Castellana, Nacido en el Tolima el 21 de febrero de 1984. En el 2011 obtiene el 1er Puesto en el IV concurso de Cuento Corto Uniminuto – Facultad de Comunicación. Para el 2014, participa en la publicación del poemario “Círculo de sombras” del taller de escritura “Vagabundos sin noche” y luego, autogestiona la publicación del poemario “Sombras de silencio” en el año 2017.


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