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01 Jun 2020 / 13:02 pm

Hace sesenta años falleció el escritor ruso Boris Pasternak, el 30 de mayo de 1960 en Peredélkino, acosado y perseguido, en medio de la compleja situación de su país. Es conocido mundialmente, sobre todo, por su espléndida novela «Doctor Zhivago», cuya trama transcurre durante la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa de 1917, y la posterior Guerra Civil de 1918 a 1920. Sin embargo, como plantea Ekaterina Ignatova: ¨Para los rusos, antes que novelista, Boris Pasternak fue un poeta, y sus versos se releen una y otra vez. En cada ocasión sus lectores experimentan nuevos matices emocionales, que sólo un lírico universal puede suscitar. Fuera de Rusia se dice que Pasternak fue un novelista que también escribía versos. Nada más injusto para calificar al mejor poeta ruso del siglo XX.¨ Lo recordamos hoy con un conjunto de sus poemas.

 

 

 

Leer los versos de Pasternak es limpiar la garganta,

fortalecer la respiración,

renovar los pulmones:

versos como éstos deben curar la tuberculosis.

 

Ósip Mandelshtam

 

 

 

NOCHE

 

Sin descanso la noche
Avanza y se difunde
Sobre el mundo que duerme,
Mientras un aviador asciende entre las nubes;

Se adentra en el oleaje
Fluctuante de la niebla,
Se vuelve una inicial sobre una sábana,
Una pequeña cruz bordada en tela.

Allá abajo los bares
Nocturnos, los cuarteles,
Ciudades extranjeras y estaciones,
Maquinistas y trenes.

Una sombra de ala se recorta
En toda su extensión contra una nube.
Los astros por lo negro, silenciosos,
Vagan en muchedumbre.

Y quién sabe hacia cuáles
Desconocidos universos,
Con terrible, terrible inclinación,
La Vía Láctea extiende su sendero.

En espacios sin fin los continentes
Incesantes llamean.
En las calderas, en los sótanos,
Los fogoneros velan.

En París, bajo el filo de los techos
Venus o Marte
Se asoman para ver qué nueva farsa
Proclama el manifiesto.

Y allá, en un resplandor de lejanías,
Hay quien no puede conciliar el sueño
En la antigua buhardilla
Recubierta de tejas.

Él contempla el planeta
Como si el firmamento
Fuese el único objeto
Del afán de sus noches.

No te adormezcas, no duermas, trabaja,
No hagas un alto en tu tarea,
No duermas, lucha contra el sueño,
Lo mismo que el piloto, o que la estrella.

No duermas, artista, no duermas,
No te entregues al sueño.
Que de lo eterno tú eres el rehén
En la prisión del tiempo.

 

Versión del ruso de Pablo Anadón

 

 

ALMA

 

Alma mía, que sufres
Por los que te rodean,
Te has convertido en el sepulcro
De todos los que penan en la tierra.

Sus cuerpos embalsamas,
Les consagras tus versos,
La lira, sollozante,
Alza por ellos un lamento.

En nuestra época egoísta
Defiendes el temor y la conciencia
Como una urna funeraria
Donde reposen sus cenizas.

Los tormentos de todos
Te han puesto de rodillas.
Hueles a polvo de cadáver,
A fosas y a obitorios.

Alma mía, escudilla,
De todo, todo aquello que aquí has visto,
Has ido haciendo una mixtura
Triturando, lo mismo que un molino.

Y muele todavía
Cuanto me ha sucedido,
Casi cuarenta años de esta vida,
En humus de las tumbas.

 

Versión del ruso de Pablo Anadón

 


CUANDO ACLARA

 

El gran lago parece una bandeja.
Detrás, las nubes en espesa masa
Como un blanco macizo
De severos glaciares de montaña.

Según cambia la luz
El follaje varía sus colores.
Arde en llamas ahora, y luego en sombras
Negras como el hollín se cubre el bosque.

Cuando termina el tiempo de las lluvias
y entre las nubes el azul asoma,
¡cuánto cielo que exulta en sus retazos,
cuánta celebración entre las hojas!

Calla el viento, se aleja el horizonte.
Fluye el sol a lo largo de los cauces.
Trasluce el verde de las frondas
Como la irisación de los vitrales.

Hacia la eternidad miran así
A través del cristal de las iglesias
En coronas de insomnio refulgentes,
Santos, zares, ascetas.

Es como si la tierra entera fuera
Un interior de catedral, y como
Si me llegara, a veces, desde alguna ventana,
El resonar lejano de los coros.

Tu liturgia sin fin, naturaleza,
Oh mundo, universal enigma,
Hondamente, con íntimo temblor
Escucharé, con lágrimas de dicha.

 

Versión del ruso de Pablo Anadón

 

 

 

TRANSFORMACIÓN

 

Era amigo en un tiempo de los pobres,
No por nobleza alguna de ánimo,
Sino porque la vida sólo entre ellos
Transcurría sin falsedad, sin fastos.

Frecuentaba las casas de los nobles
Y los ambientes refinados;
No obstante, aborrecía a los parásitos
Y amaba la miseria más odiosa.

Y me esforzaba por hacerme amigo
De los que trabajaban como obreros,
De modo que me hacían un honor
Al acogerme entre los harapientos.

Tangible, sin palabras, sustancial,
Firme y robusta era la vida
En la desolación de aquellos sótanos
Y en aquellos altillos sin cortinas.

Y también yo me corrompí
Al tocarme la ruina de la época;
Se hicieron optimistas, bien pensantes,
Y el dolor transformaron en vergüenza.

Para todos aquellos en los cuales confiaba
Desde hace tiempo soy un sospechoso,
Y al hombre lo he perdido desde cuando
Fue perdido por todos.

 

Versión del ruso de Pablo Anadón

 

 

 

EVA

 

Los árboles se inclinan sobre el río,
Y el mediodía en los acantilados
De la costa arrojó hacia los remansos
Como una red de pescador, las nubes.

Como una inmensa red, el cielo se hunde,
Y en este cielo, como en una trama,
Nada la multitud de los bañantes:
Hombres, mujeres, niños.

Cinco o seis salen por el mimbreral
Hacia la orilla, silenciosamente,
Y retuercen sus mallas
Encima de la arena.

Y son los nudos de la tela como
Culebras que se anillan y revuelven,
Como si la serpiente tentadora
Se agazapara entre las hebras húmedas.

Oh mujer, en tus gestos y en tus ojos
No hay engaño posible para mí.
Eres como una mano en la garganta
Cuando la ahoga la emoción.

Fuiste formada como en un bosquejo,
Como un trazo insinuado de otro ciclo,
Como si de verdad, mientras dormía,
Te hubieras levantado de mi tórax

Y al instante ya huyeras de mis manos
Y eludieras mi abrazo, mujer, toda
Tú asombro y miedo, angustia
Del corazón del hombre.

 

Versión del ruso de Pablo Anadón

 

 

LA RUPTURA

 

I

¡Oh, ángel mentiroso, enseguida, enseguida
tendrías que haberlo dicho todo,
y yo te habría dado de beber pura tristeza!
Pero así, no me atrevo; así, ¡ojo por ojo!
¡Oh, aflicción, que infectó la mentira al principio!
¡Oh, dolor, oh, dolor en la travesura!
Oh, ángel mentiroso! ¡No, no es mortal sufrimiento
el del corazón, del corazón que padece un ezcema!
Mas, ¿Por qué tú al despedirte
a mi alma regalas corporal dolencia?
¿Por qué sin objeto me besas cual gota de lluvia,
y, riéndote, me matas, como el tiempo,
por todos, y ante todos?

 

II

¡Oh, vergüenza! ¡Tú eres una carga para mí!
¡Oh, conciencia! ¡Cuántas ilusiones,
aun perseverantes,
quedaron en ésta ruptura temprana!
¡Si yo, una persona, fuese un conjunto huero
de sienes, y labios, y ojos, manos, hombros y mejillas,
por el silbido de las estrofas, por su grito, por el signo,
por la fuerza del dolor, por la juventud de ella,
cedería a todos ellos, los llevaría al ataque
y te asaltaría a ti, vergüenza inmensa mía!

 

III

Apartaré de ti mis pensamientos todos
no de visita ni bebiendo vino, sino en el cielo.
En casa de los amos, al lado, al sonar el timbre,
abrirán la puerta a alguien alguna vez.

Irrumpiré en su casa, en la agitaci6n de diciembre.
La puerta tan sólo y… heme allí. Un corredor.
«¿Viene Usted de allá? ¿Qué dicen allí?
¿Qué se oye? ¿Qué chismes corren por la ciudad?

¿Se equivoca todavía la tristeza?
Y luego susurra: «Parecía igualita».
Preparándose desde unos cuarenta pies,
volará la exclamación: «¿Pero es usted?»

¿Tendrán piedad de mí las plazas?
¡Ay, si ustedes supieran qué tristeza se siente
cuando cien veces en el curso del día
le caza la calle camino de las reuniones! »

 

IV

Prueba tú de impedírmelo. Ven,
trata de apagar
este acceso de tristeza, que hoy resuena como el mercurio
en el vacío, de Torricelli.
Prohíbeme tú volverme loco. Oh, ven,
atenta a mi estado!
¡No me dejes hablar más de ti! No te avergüences, no,
estamos solos.
¡Oh, apágalo, pues! ¡Oh, apágalo! ¡Con más fuego!

 

V

¡Tú trenza esta lluvia de codos helados cual olas,
y de manos de raso, cual lirios,
que su propia impotencia trocó en dominantes!
¡Despierta, júbilo ¡A la calle! Cógelos,
porque en este alegre juego has de oír
el rumor de los bosques, saturados del eco de cazas
allá en Calidonia,
do Acteón, sin juicio, persiguiera cual gamo
A Atalanta,
donde amaban azules sin fondo silbando
en equinas orejas,
se besaban las persecuciones con fieros ladridos
y caricias se hacían con toques de cuerno y crujidos de rama,
pezuñas y garras.
-¡Oh, a la calle! ¡A la calle! ¡Como aquellos!

 

VI

¿Estás desilusionada? ¿Pensabas acaso que en el mundo
nos íbamos a separar tras el réquiem del cisne?
¿Acaso medías con pupilas dilatadas, cubiertas de lágrimas,
su invencibilidad, contando ya con el dolor?

En la misa caerían de las bóvedas pinturas murales,
conmovidas por la música del gran Sebastián.
Pero, a partir de esta noche, mi odio ve en todo
la prolijidad, y me duele no tener una fusta.

A oscuras, recobrándose al punto,
sin pensarlo un instante,
decidió con presteza que todo podía arreglarlo.
Que tiempo había. Que el suicidio no le hacía falta alguna.
Que incluso eso es también un paso de tortuga.

 

VII

Amiga mía, mi dulce amiga. ¡Oh, exactamente igual
que la noche del vuelo desde Bergen al polo,
la cálida plumilla es arrancada por la nieve que cae
de los pies de los somormujos!
¡Te lo juro, oh, dulce amiga, te lo juro,
que yo no me esfuerzo al decirte:
olvídame, duerme, mi amiga!

Cuando, como el cadáver del noruego,
borrado hasta las chimeneas,*
contemplando inviernos que no mueven
los mástiles cubiertos de escarcha,
yo vago en resplandores de tus ojos bromistas,
tú duerme, consuélate,
la sangre no llegará al río, amiga mía,
cálmate, no llores.

Cuando, igual completamente que el Norte,
fuera de los últimos poblados,
a escondidas de los árticos e incansables hielos,
como cúpula de media noche, que enjuaga los ojos ciegos
de las focas,
te digo: no te los frotes, duerme, olvida,
todo es un absurdo.

 

*Se refiere al explorador noruego Amundsen. (Nota del traductor.)

 

 

VIII

Mi mesa no es bastante ancha para apoyarse en su borde
con todo el pecho y meter el codo
pasado el límite de la tristeza, más allá del istmo
de un perdón excavado a través de tantas verstas.

(Allí es ahora de noche.) Tras tu nuca asfixiante.
(Y se han acostado a dormir.) Bajo el reino de tus hombros.
(Y apagan la luz.) Yo los devolvería por la mañana.
Rozaría el porche con su rama soñolienta.

¡No con copos! ¡Con las manos hazlo! ¡Llegarán!
¡Oh! ¡Diez dedos de tortura, con el surco
con estrellas de la Epifanía,
como signos del retraso de los trenes
que marchaban hacia el Norte
en medio de la tormenta de nieve!

 

IX

El piano de cola, tembloroso,
relame la espuma que cubre sus labios.
Este delirio te abate, te hace flaquear.
Dirás: -¡Querido! -No -gritaré yo-,
¡no!
¿Al son de la música? -Pero, ¿se puede acaso

estar más cerca que en la semioscuridad,
lanzando los acordes, cual diario,
por completos a la chimenea, verdad?
¡Oh, comprensión asombrosa, asiente,
asiente y asómbrate! : estás libre.

Yo no te retengo. Vete, haz bien.
Vete con otros. Werther ya está escrito,
y en nuestros días hasta el aire huele a muerto:
abrir la ventana, es abrirse las venas.

 

Boris Pasternak – 1919

Traducción de César Astor

 

Poema original en ruso:

 

«Разрыв»

 

О ангел залгавшийся, сразу бы, сразу б,
И я б опоил тебя чистой печалью!
Но так — я не смею, но так — зуб за зуб!
О скорбь, зараженная ложью вначале,
О горе, о горе в проказе!

О ангел залгавшийся,— нет, не смертельно
Страданье, что сердце, что сердце в экземе!
Но что же ты душу болезнью нательной
Даришь на прощанье? Зачем же бесцельно
Целуешь, как капли дождя, и, как время,
Смеясь, убиваешь, за всех, перед всеми!

 

2

О стыд, ты в тягость мне! О совесть, в этом раннем
Разрыве столько грез, настойчивых еще!
Когда бы, человек,— я был пустым собраньем
Висков и губ и глаз, ладоней, плеч и щек!
Тогда б по свисту строф, по крику их, по знаку,
По крепости тоски, по юности ее
Я б уступил им всем, я б их повел в атаку,
Я б штурмовал тебя, позорище мое!

 

3

От тебя все мысли отвлеку
Не в гостях, не за вином, так на небе.
У хозяев, рядом, по звонку
Отопрут кому-нибудь когда-нибудь.

Вырвусь к ним, к бряцанью декабря.
Только дверь — и вот я! Коридор один.
«Вы оттуда? Что там говорят?
Что слыхать? Какие сплетни в городе?

Ошибается ль еще тоска?
Шепчет ли потом: «Казалось — вылитая».
Приготовясь футов с сорока
Разлететься восклицаньем: «Вы ли это?»

Пощадят ли площади меня?
Ах, когда б вы знали, как тоскуется,
Когда вас раз сто в теченье дня
На ходу на сходствах ловит улица!»

 

4

Помешай мне, попробуй. Приди, покусись потушить
Этот приступ печали, гремящей сегодня, как ртуть в пустоте Торичелли.
Воспрети, помешательство, мне,— о, приди, посягни!
Помешай мне шуметь о тебе! Не стыдись, мы — одни.
О, туши ж, о туши! Горячее!

 

5

Заплети этот ливень, как волны, холодных локтей
И, как лилии, атласных и властных бессильем ладоней!
Отбивай, ликованье! На волю! Лови их, — ведь в бешеной — этой лапте —
Голошенье лесов, захлебнувшихся эхом охот в Калидоне,
Где, как лань, обеспамятев, гнал Аталанту к поляне Актей,
Где любили бездонной лазурью, свистевшей в ушах лошадей,
Целовались заливистым лаем погони
И ласкались раскатами рога и треском деревьев, копыт и когтей.
О, на волю! На волю — как те!

 

6

Разочаровалась? Ты думала — в мире нам
Расстаться за реквиемом лебединым?
В расчете на горе, зрачками расширенными
В слезах, примеряла их непобедимость?

На мессе б со сводов посыпалась стенопись,
Потрясшись игрой на губах Себастьяна.
Но с нынешней ночи во всем моя ненависть
Растянутость видит, и жаль, что хлыста нет.

Впотьмах, моментально опомнясь, без медлящего
Раздумья, решила, что все перепашет.
Что — время. Что самоубийство ей не для чего.
Что даже и это есть шаг черепаший.

 

7

Мой друг, мой нежный, о, точь-в-точь,
как ночью, в перелете с Бергена на полюс,
Валящим снегом с ног гагар сносимый жаркий пух,
Клянусь, о нежный мой, клянусь, я не неволюсь,
Когда я говорю тебе — забудь, усни, мой друг.
Когда, как труп затертого до самых труб норвежца,
В виденьи зим, не движущих заиндевелых мачт,
Ношусь в сполохах глаз твоих шутливым — спи, утешься,
До свадьбы заживет, мой друг, угомонись, не плачь.

Когда, совсем как север вне последних поселений,
Украдкой от арктических и неусыпных льдин,
Полночным куполом полощущий глаза слепых тюленей,
Я говорю — не три их, спи, забудь: все вздор один.

 

8

Мой стол не столь широк, чтоб грудью всею
Налечь на борт, и локоть авести
За край тоски, а этот перешеек
Сквозь столько верст прорытого прости.

(Сейчас там ночь.) За душный свой затылок.
(И спать легли.) Под царства плеч твоих.
(И тушат свет.) Я б утром возвратил их.
Крыльцо б коснулось сонной ветвью их.

Не хлопьями! Руками крой! — Достанет!
О, десять пальцев муки, с бороздой
Крещенских звезд, как знаков опозданья
В пургу на север шедших поездов!

 

9

Рояль дрожаший пену с губ оближет.
Тебя сорвет, подкосит этот бред.
Ты скажешь: — милый! — Нет,— вскричу я,— нет!
При музыке?! — Но можно ли быть ближе,

Чем в полутьме, аккорды, как дневник,
Меча в камин комплектами, погодно?
О пониманье дивное, кивни,
Кивни, и изумишься! — ты свободна.

Я не держу. Иди, благотвори.
Ступай к другим. Уже написан Вертер,
А в наши дни и воздух пахнет смертью:
Открыть окно — что жилы отворить.

 

Борис Пастернак – 1919

 
 
 

***

 

BORÍS LEONÍDOVICH PASTERNAK nació en Moscú, el 10 de febrero de 1890. Creció en una atmósfera cosmopolita, su casa era visitada por artistas y escritores como Serguéi Rajmáninov, León Tolstói o Rainer Maria Rilke. Junto a Aleksandr Blok, Velimir Jlébnikov, Vladímir Mayakovski y Serguéi Yesenin, Pasternak es uno de los cuatro poetas rusos más importantes la primera mitad del siglo XX, con sus amigos Anna Ajmátova, Marina Tsvetáyeva y Ósip Mandelstam, compartió una vida trágica motivada por el ambiente político. Nominado hasta siete veces desde 1946, fue galardonado, al fin, con el Premio Nobel de Literatura en 1958, tras publicarse, como decíamos, en Italia «Doctor Zhivago». Murió en Peredélkino, cerca de Moscú, el 30 de mayo de 1960.

 

 


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