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13 Ago 2018 / 14:39 pm

 

LA CORRIENTE Y EL SALTO
(Sobre "El azul de las cosas" de Diana Carolina Daza)

 

Por Soledad Castresana

Diana Carolina, que tanto hace por la poesía de los demás con su Piedra de toque y su labor de promotora cultural con niños y adultos, esta vez comparte su propia poesía en un nuevo libro. Resulta sencillo para mí reconocerla en cada página. Sus textos son honestos, su voz es tierna, amorosa y, por momentos, también, nostálgica y rebelde.

Leo El azul de las cosas como si se tratara de una corriente de emociones que toca a todos los seres del mundo de la poeta: los familiares, presentes o ausentes, y las maestras y maestros en el arte. Esa misma corriente alcanza también a los objetos y a los espacios. Así, junto a Pina Bausch, a Alejandra Pizarnik o a Diane Arbus, están la casa, el patio, las muñecas o la luz.

“Vivimos con rabia” estas son las primeras palabras del primer poema y celebro la valentía de Diana Carolina para inaugurar su libro así. Yo entiendo esta rabia como una fuerza creadora y de resistencia, que rápidamente identifico con la fuerza de las mujeres. Por eso, El azul de las cosas me resulta también muy femenino, no en el sentido tradicional de la poesía ligada a lo íntimo del hogar o de los sentimientos, sino en un sentido actual, revolucionario.
“Entonces valió la pena / cerrar los ojos / y saltar” termina este primer poema y ese salto vital cruza todo el libro bajo la forma de otros saltos, otros gestos parecidos, otros vacíos y otros abismos. Y llega hasta el último texto, el que cierra el círculo, en donde se confirma la postura del principio, la apuesta: “No temer y saltar/ porque en el riesgo se esconde el beso”.

Si hay una cualidad que distingue a este libro es su vitalidad. Una energía que es producto de la tensión entre la rabia, canalizada como impulso, y el amor, en sus diversas manifestaciones, como recompensa. Estoy segura de que esta vitalidad contagia. Quedará en la piel de quienes lean El azul de la cosas.

Buenos Aires, 2018

 

 

 


FRENTE A UN CUADRO DE POLLOCK

A Mario Espanto

Vivimos con rabia
apretando los puños y los dientes
esperando la llamada que nos salve
del disparo en el espejo
el abrazo
que soporte una cabeza a punto de explotar.
Compramos libros
vamos al cine
visitamos museos, restaurantes
ciudades y cuerpos
buscando que algo bello nos sorprenda.
Vivimos entre la niebla y el abismo
vemos pasar navidades, cumpleaños
temblores y conciertos.
Gritamos
porque estamos cansados
pero seguimos
comprando sombreros y máscaras
emborrachándonos hasta perder el control.
Regresamos del naufragio
para intentar terminar un cuadro
que al final,
quedará colgado junto a Modigliani y el Bosco
en la memoria de quienes nos amaron.


Si frente a ese cuadro
algo les conmueve
entonces valió la pena
cerrar los ojos
                           y saltar.

 

 

 

 

REVELACIONES AL CERRAR LA PUERTA

Ahora que los dibujos de los niños
                                  son cometas que abrazan
pienso en el peso de la noche,
                                  si estuvieras aquí
esperándome
con tu pijama de súper héroe
para hablar de cosas imposibles.
Sí, al dormirte
me robaría tu olor a aserrín de lápiz
y jabón de almendra
sí, excavarías mi mochila buscando dulces
sí, cantaríamos en la ducha,
sí, al cruzar la plaza Bolívar
me preguntarías por la enfermedad de las palomas
y por qué el niño del noticiero
se quedó dormido en la orilla del mar.
No sé si tendré respuestas
sí, cargaré tu risa
calmaré tu rabia
o simplemente
nos encontremos en un sueño
para jugar a las escondidas
y nunca me encuentres
y yo te olvide.

 

 

 

 

AVISTAMIENTO

Los rostros que aquí ríen en esta foto amarilla
con un fondo de olas borroso y una roca borrosa
¿A dónde están riendo ahora – Si todavía se ríen?
Ernesto Cardenal

He encontrado a mi madre entre una bandada
                                                       de pájaros azules.
Las heridas del último agosto se hicieron
                                                       terciopelo.
Volaba en círculos sobre la casa
festejando el amanecer infinito de fulgor y trigo
rumor de una nueva vida.

Ahora habita el azul de las cosas:
los lirios de agua
la armadura de los peces
las lanas que trenzan las olas del mar
el fuego que enciendo en las mañanas
mientras saludo una fotografía
donde sonreímos
condenadas a la felicidad en un abrazo.

 

 

 

 


RILKE

Tenías razón, para el amor y la poesía siempre seremos jóvenes. Los amantes aún son esa ola que golpea, moja y sacude para después lanzarnos a la orilla como un zapato que pierde su par en el viaje.
La soledad es la misma, lo dijo Julio: somos Islas, estamos solos; lo dijo Paba: tu casa será la soledad, allí aprenderás a amar; lo dice el tiempo, lo dice la casa de los abuelos.
Somos hijos del abandono, abrazamos cuerpos para luego abrazar la nada. Volvemos a los amantes como a los libros, buscando un poco de libertad o infierno.
Amor y poesía, jaula y conjuro, esa pregunta que nos invita a saltar siempre al vacío.

 

 

 

 

DACIA MARAINI


Tus noches de fin de año llegaron como el verbo que conjugaba el tiempo en el que viajábamos en casa. Fue difícil escapar de ese cuadro que pintabas con tus palabras. Ese espacio blanco cubierto de agua rota y cuellos torcidos.
Llegaste con tus noches de fin de año y tu dragón de oro, para recordarnos que estos últimos días han sido un largo y sostenido gemido de dolor. La música de mi madre y su cáncer, con su colección de cajas de hidromorfona y dextrosa. Ella que ya no habla, no se mueve, no mira con amor.

Mi madre, esa herida en la que todos hemos ido cayendo.

 

 

 

 

EN LA CAMA CON VAN GOGH

A León F.

Cuando Van Gogh está en mi cama
el ruido de las luces
se hace tan pequeño
que entra en una cajita de música
que solo se vuelve a abrir
al despedirnos.
El humo de su pipa
dibuja ventanas en mi cuerpo
veo salir de ellas
esquilas de soles muertos
y viejos relojes detenidos en la culpa.
Su escarcha de girasol
santifica las mañanas
yo la mastico
hasta volverla palabra
y así poder dar a luz
en un poema de amor
un agujero blanco
que se trague el dolor
de todos los amantes del mundo.

 


Fundación La Raíz Invertida
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