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08 Ago 2018 / 20:21 pm

 

Arthropoda

 Por Karolina Urbano

La opera prima de Liliana Velandia Calderón es una declaración de búsquedas, exploraciones y transformaciones a través de la palabra y fuera de ella. Quizás su consciencia del lenguaje y de la poesía en el ámbito académico le da un sentido crítico que la obliga a hurgar más allá del contenido abstracto de los signos. No es suficiente el “yo” poético que se va trasmutando a lo largo del poemario, este se busca en el espacio, en los potenciales lugares de la página en blanco y cómo habitarlos; en el cambio de tipografía, en la visualidad del texto y su materialidad. La apuesta de Velandia Calderón se sumerge en la apropiación de procedimientos vanguardistas que tuvieron su primera expresión gracias al genial Mallarmé (puesto que si un poema avasalla con su disposición visual, hay que recordar a Mallarmé). Es una tendencia cada vez más fuerte en la poesía actual, retomar el legado de las vanguardias y hacer de sus recursos rasgos propios de la poética contemporánea, sin la aspiración ingenua de lo nuevo, pero sí con la inevitable indagación por las posibles variaciones del lenguaje. 

Los poemas de Arthropoda son artejos y apéndices de un animal poético que se entrecruzan con el ejercicio de otros géneros. Como bien lo menciona el poeta Yezeed en la contratapa, la danza y el teatro están presentes, y podemos agregar que junto a ellos hay una poética visual que se lee con la fuerza rítmica de la tradición oral. Son muchas patas, caminos, tentáculos, aristas que encontramos en la sinuosa cadencia del poemario, pues, como su nombre lo indica, los artrópodos son seres de patas articuladas. Así mismo, las palabras se acoplan formando movimiento, abriendo sentido a las preguntas universales por el ser: “soy el estado actual de las cosas”, y en ese estar del aquí y del ahora cartesiano, Velandia Calderón atraviesa el tiempo: el pasado, su origen, un presente del ciudadano que migra, que ha dejado su país para vislumbrar un futuro que no se nombra. En ese vaivén temporal también se atraviesa cielo y tierra, la poeta como diosa creadora que profana y pervierte con su música, o su silencio (para Mallarmé lo que queda de la poesía no es el significado sino la música), dice ella: “Mi blasfemia es instrumental/ soy el grillo y soy el canto”. Ahí es donde la poesía nos invita a develar esa melodía tan peligrosa e inevitable como el canto de las sirenas.

 

Buenos Aires, agosto de 2018

 

Arthropoda, 2018
Liliana Velandia Calderón
Buenos Aires Poetry, 72 p.


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