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21 Oct 2012 / 11:55 am

 

GRASSHOPER

 Por Tania Ganitsky

 SALTAMONTES

 e.e. cummings, 1935, publicado en No Thanks.  

 

Antes que todo, leer el poema, no sólo mirarlo sino descifrarlo, porque aunque se desplaza extrañamente en el espacio no es un caligrama, no imita figurativamente aquello de lo que habla. El poema también nos vuelve espaciales, incluso podríamos perder la noción del tiempo si no fuera porque al final nos remite simultáneamente al cambio y a la repetición. Ya llegaremos a eso, por ahora leer el poema. Empezamos al revés y en desorden; la primera línea al revés dice grasshopper (saltamontes), hay algunas letras que saltan y se desordenan; aquí éstas no son fieles a las normas del lenguaje, son, en vez, sugestivas. Las palabras sugieren sentidos, no hay garantías pero tampoco engaños. Aunque escribir el poema o, mejor, la idea que se lee del poema en una sola línea le hace violencia al poema mismo, quisiera compartir como me suena a mí (como yo he decidido armar este rompecabezas): grasshopper who as we look up now gathering into a GRASSHOPPER The Grashopper leaps arriving grasshopper to become rearrangingly grasshopper (algo como: saltamontes a quien mientras miramos ahora reuniéndose en un SALTAMONTES El SALTAMONTES salta llegando saltamontes para devenir una y otra vez saltamontes).

Para poder decir el poema tal como lo acabo de escribir he tenido que transgredir algunas fronteras. Tuve que romper las límites que imponen los paréntesis cuando son puertas que se cierran entre un afuera y un adentro, porque aquí permanecen abiertas a modo de umbrales; las palabras de afuera a veces terminan dentro –fin de estas oposiciones–, por ejemplo: a)s w(e loo)k –aquí incluso falta el paréntesis inicial del a)s. También he tenido que tomar los signos de puntuación como erupciones de intensidad (como en el caso del signo de exclamación que se pone cerca del salto, o el punto y coma, por ejemplo, con que no se deja terminar el poema sino que más bien lo envía hacia un nuevo salto, un nuevo orden, un saltamontes otro). Estos signos no pausan la lectura ni fundan la construcción de versos u oraciones, de alguna manera van de la mano con el movimiento y la reconfiguración del grillo, con lo que le sucede en el lapso del salto. Campos dice que en Cummings los sentimientos no se expresan  por medio del sentimentalismo sino a través de la intensidad, creo que esta forma de puntuar intensidades es una manera de sentir el movimiento de la vida en el salto de este insecto. Por otro lado, volviendo a los paréntesis, he tenido que entregarme a la simultaneidad. Cuando los paréntesis no funcionan como umbrales, como he querido explicar arriba, complementan el sentido de la palabra que interrumpen, se crea entonces, por medio del caos, como decía Haroldo Campos sobre Mallarme, un nuevo orden que desafía, en todo caso, la misma noción de orden (ley, unidad, totalidad, clausura, armonía). Esto se hace evidente en los  penúltimos dos versos:

                                        to  

rea(be)rran(com)gi(e)ngly

Si bien antes hablé del cambio y la repetición que le devuelven al poema el tiempo, la simultaneidad generada entre la palabra dividida en tres paréntesis y la que está fuera, es la causa de esta temporalidad (que nos extraña). Se habla de un devenir incierto, abierto (la palabra become nos arroja hacia el por venir), y también de una transformación (become, volverse algo distinto de lo que se es)  cambiante (rearrangingly), no es una redundancia: algo se va a convertir en otra cosa sin que aquello en lo que se convertirá deje de convertirse, de re-ajustarse y re-organizarse. El rearrangingly, de hecho, parece indicar que ya lo ha hecho y lo sigue haciendo, nos remite a la repetición, algo ya ha devenido “grasshopper” y transformándose, no deja de hacerlo una y otra vez. De repente este poema queda inmerso en ese mismo movimiento, el porvenir que anuncia este verso es ahora, es aquí, es este espacio abierto a la temporalidad –el salto-, a la simultaneidad del cambio y la repetición. En efecto, se está creando una nueva estructura comunicativa, como rescata Campos de la afirmación del científico Donald Andrews sobre Cummings. Una estructura comunicativa que permite inventar el tiempo con el espacio de la escritura, que crea sentidos interrumpiendo otros sentidos.

El salto es aquí un lapso principal, salto en la tradición literaria y de la mímesis, en la mirada, en la misma manera en que leemos las palabras, las líneas, las letras. Violencia. ¿Pulverizaciones de palabras, como lo describe Campos? Sí, pero no sin explosiones de intensidad y sentido que cambian nuestro modo de estar en el mundo, que nos permiten habitar el por venir en el presente, por ejemplo, aunque sea a modo de carencia (de lo que no somos) o a modo de la pérdida (de lo que ya no somos o nunca fuimos). Este saltamontes no puede salirse de sí y a la vez siempre es diferente, otro. Siempre deviene saltamontes (el último punto y coma aquí es fundamental) pero re-arrangingy. Este modo de jugar con el tiempo se opone a la temporalidad moderna que va siempre hacia delante acumulando un sentido único y propio de progreso y realización. Campos dice que Cummings se oponía al progreso y a la ciencia, la simultaneidad temporal que sugiere el poema, y en el cual nos inscribe también a nosotros mismos, parece ser una manera de combatir tal orientación. En este orden de ideas, una última sugerencia: el título ni siquiera va por delante, no se adelanta como las cosas modernas, parece estar sugerido entre el poema mismo:

PPEGORHRASS

                                        eringint(o-

  aThe):l

La lectura de este título recuerda que para leer el poema también hay que hacerlo por medio de puentes, aunque hay unas palabras pegadas a las otras creando un sentido, hay otras cuyo sentido sólo se crea cuando se lee entre líneas. En el último ejemplo se lee entre líneas de abajo a arriba, pero veámoslo de la siguiente manera:

  upnowgath

                  PPEGORHRASS

                                        eringint(o-

  aThe)

Es decir: upnowgatherint(o)aThePPEGORHRASS.

Tenemos que hacer un puente que pasa sobre el PPEGORHRASS para después volver a él. Esta palabra, incluso, se está re-arranging  o reorganizando cada vez que aparece en el poema hasta el final cuando el insecto finalmente termina de saltar. En este último momento la palabra se escribe por primera vez en orden (ubicándonos también en un presente, el de la llegada); un orden frágil y determinado por el porvenir, pues el saltamontes ya va a saltar de nuevo, lo sabemos por el umbral espacio-temporal en que se ha convertido el último punto y coma.


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