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    11 Jul 2018

    "Luz, más luz", suspiraba Goethe momentos antes de morir. Quizá Maiakovski, antes de disparar a su corazón, haya dicho "luz, pero también sombra". Su poesía ilumina y oscurece. Transfigura y se arraiga. Contempla y enmudece.

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  • 582
    11 Jul 2018

    Por Hellman Pardo

    Cien años de cargar todos los caminos. Cien años hincando el diente en el castellano. Cien años entre números, letras, símbolos. El hombre imaginario es también el hombre que perece ante lo cotidiano y lo no creado, y tal como lo afirma en el último brindis "solo nos queda el mañana", lo inexplorado, ese mañana que aún perdura en Nicanor Parra.  

     

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  • 646
    11 Jul 2018

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    .Por Guillermo Saavedra

        SENTADO en un sillón del amplio y austero living de su departamento céntrico, Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924) se parece a lo que él opina de sí mismo: un hombre común. Pero esa apariencia, como la de sus versos, es engañosa. El hombre de 78 años sentado en el living de su casa, tiene la misma serena eficacia de su poesía: ambos carecen de encantos superfluos, no buscan seducir por el camino de la complacencia fácil ni del alarde de ingenio; ambos miran el mundo con una mezcla de perplejidad y desencanto pero con la secreta fe de que algo ocurrirá en él para justificar tanta desdicha. Y, mientras tanto, el resultado de esa contemplación que es la poesía de Giannuzzi ofrece el tributo de su belleza, a veces nerviosa como un pájaro encerrado en una habitación, otras veces plácida, como el aire que rodea a las cosas que hacen la intermitente armonía del mundo, pero siempre conmovedora como una descarga eléctrica. Con menos estridencia que otras voces, la de este hijo de un inmigrante italiano viene diciendo lo suyo desde hace más de cuarenta años: Nuestros días mortales (1958), Contemporáneo del mundo (1962), Las condiciones de la época (1967), Señales de una causa personal (1977), Principios de incertidumbre (1980), Violín obligado (1984), Cabeza final (1991), textos reunidos en 2002 en su Obra poética, con el valioso agregado de un nuevo libro hasta entonces inédito: Apuestas en lo oscuro, que Giannuzzi terminó de escribir dos años antes. El conjunto permite apreciar la consistencia y la singularidad de la obra de uno de los más grandes poetas argentinos, alguien que dice haber "reemplazado a Dios por Bach en su corazón"; que ama las paradojas no como un tributo al ingenio sino a la verdad, que suele ser, tantas veces, contradictoria; y que está abierto, con generosa sensibilidad, a las nuevas voces que la poesía no deja de producir en una Argentina lastimada por la crisis pero más viva que nunca.     ¿Cómo fueron sus orígenes familiares y cuáles fueron sus primeras lecturas?   Mi padre era obrero de la construcción, de modo que mi hogar era muy humilde. Allí no había libros. Ni siquiera papel para escribir o dibujar, que fue una de mis primeras pasiones. Él fue uno de esos tantos inmigrantes italianos que quería ver a su hijo progresar en la sociedad, en un país en que esto era posible. Yo lo complací a medias, porque llegué a iniciar la carrera de ingeniería pero no la terminé: descubrí muy pronto que no era para mí, causándole a mi padre una decepción. Lo único que lamento es que él haya muerto sin ver siquiera mi primer libro publicado. Pero, en fin, la vida tiene esas cosas, ¿verdad? Lo cierto es que en esa casa no había libros aunque, claro, sí un gran respeto por la cultura letrada. Creo que la poesía me llegó primero como una emoción y a través de fragmentos, de astillas, como un par de versos de La divina comedia que mi abuelo solía repetir como una letanía. Pero el gusto por la escritura lo descubrí en la escuela: el maestro de sexto grado nos pidió que escribiéramos un resumen de un capítulo de Facundo de Sarmiento y para mí fue una revelación. Descubrí que la prosa de Sarmiento estaba impregnada de materia poética y descubrí también el placer de la lectura y de la escritura poéticas.     ¿Cuáles fueron los poetas argentinos que hoy consideraría cruciales para su formación como lector y como poeta?   Sin lugar a dudas, José Hernández, Leopoldo Lugones y Alfonsina Storni.   ¿Qué encontró en sus obras de decisivo?   Primero, el espíritu nacional: creo que no hay gran arte sin un espíritu nacional, algo que se ve en todas las grandes obras y también en estos escritores. En la obra de Lugones en particular, el esplendor verbal, casi milagroso. En Hernández, también  el espíritu del hombre de pueblo, su sabiduría y su modo particular de expresar el drama social de ese pueblo. Y en Alfonsina, la intensidad. En su obra se ve el drama de la intensidad que parece ser producto de su visión de la condición de la mujer como aquella que soporta el peso de la Historia. Ya eso se ve en Michelet, se ve en Rimbaud. Esa postergación que tan bien describió Virginia Woolf con su ejemplo de las hermanas imaginarias de Shakespeare: de haber existido y aún con el mismo talento de Shakespeare, habrían terminado en un prostíbulo de Londres.   ¿Cómo llegó a la publicación de su primer libro, Nuestros días mortales y por qué esperó a los 34 años para hacerlo?   He sido un poeta muy poco precoz en lo que hace a la publicación. Eso se debió en parte a las dificultades materiales para hacerlo y, sobre todo, a una gran exigencia: me pasé mucho tiempo tirando poemas inútiles y corrigiendo otros, que parecían menos descartables. Finalmente, llegué a la publicación gracias a la intervención de Héctor A. Murena, quien hizo que lo editaran en Sur, nada menos.   Ese primer libro, publicado 17 años después de la aparición de su primer poema, también en la revista de Sur, es ya un libro maduro. ¿Cómo fue encontrando su propia voz, cómo se fue liberando de la angustia de las influencias?   Toda literatura siempre es hija de otra literatura, salvo la primera, que no se sabe quién la hizo. No creo haber perdido la influencia de los autores que me han marcado. Después, lo que pasó es que mis lecturas aumentaron tanto que ya se vuelve más difícil encontrar las pistas. Siempre he seguido, me parece, los faros de la época. En mis primeros años de lector adulto, fueron Rilke, Molinari, González Tuñón, Lorca, Neruda, Vallejo; y, más tarde, los grandes poetas norteamericanos. Creo que he hecho el mismo itinerario de los poetas de mi generación, aunque, en mi caso, esa ubicación no está muy clara: algunos me incluyen en la generación del 40; otros, en la del 50... Lo que no creo es haber encontrado mi "propia voz", no sé si es propia o una mezcla de las voces de todos los mencionados.   Me parece que sí. Que hay una voz suya propia, que es consecuencia de una mirada propia: sus poemas, muchas veces, parecen surgir de la precisa captación de una escena.   Sí, es posible, aunque eso supone una visión del mundo previa. Y estar marcado por el drama de mi época. Todos los poetas expresan esa realidad, aunque no siempre de forma explícita. Creo, eso sí, que ese rasgo que vos mencionás, la capacidad de apresar una escena, me viene del trabajo durante años en el periodismo: allí, todo se juega en velocidad, y de lo que se trata precisamente es de captar de manera directa y lo más objetiva posible, lo esencial de una situación.   La idea del poeta fatalmente inmerso en su tiempo es otra de sus ideas recurrentes, incluso desde los títulos de algunos de sus libros: Contemporáneo del mundo, Las condiciones de la época...   Es que no hay modo de escapar a la realidad. Incluso en La divina comedia, la época trabaja activamente. La obligación del poeta no es servir a una causa desde una ideología determinada sino ser consciente de qué sueños y pesadillas están hablando en él, en nombre de sus contemporáneos. En el caso de mi generación, nuestro drama ha sido la pérdida de la utopía. Aunque debo aclarar que, en mi caso, no la considero perdida sino en suspenso. Esto, claro, hoy no puedo decirlo desde la esperanza sino desde la desesperación.   ¿Cree que la parábola que traza su obra desde el primer libro al más reciente permite vislumbrar cambios en su visión del mundo o en su relación con el quehacer poético?   Si veo ahora el conjunto de lo que he escrito, debo admitir que hay cambios, una suerte de evolución, aunque no sé si para bien o para mal. Por lo pronto, la simplificación de las formas, el cuidado creciente de la estructura del poema, el cuidado escrupuloso -casi como si estuviera cuidando mi alma- en relación a la adjetivación, y la preocupación de evitar los cabos sueltos, una búsqueda de coherencia en el poema. Ahora se habla mucho de ruptura, pero esa actitud ante la escritura no va conmigo. No la censuro en otros, me parece perfecto que la practiquen, pero no puedo hacerla propia. He tenido siempre una mentalidad cartesiana, racional a ultranza, acentuada quizá por mis estudios científicos de ingeniería, que no parecen estar presentes en mi obra pero la marcan sutilmente. Por supuesto, esa actitud suele ser sobrepasada por la predisposición poética, que incursiona en lo mágico y lo emocional. He tratado de evitar siempre que el poema sea el desarrollo de una teoría, por más atractiva o ingeniosa que ésta sea. El poema no debe ser un teorema, debe estar encarnado en una imagen y evitar el pensamiento demasiado abstracto.   La huella científica es visible, incluso, en el título de uno de sus libros: Principios de incertidumbre, una alusión a la célebre postulación de Heisenberg.   Y también a algunos temas más personales. Pero esos son siempre postulados de una visión del mundo. He tratado siempre de tender a la concisión. Aunque el poema sea largo, la tendencia tiene que ser a simplificar. Hay que matar una palabra por día. Pero, claro, el talento no tiene recetas. Y lo que sirve para un poema no nos ayuda en el poema siguiente. El secreto de la creación es insondable, como suele decirse. Si cada uno encuentra algo parecido a una "fórmula" para el poema, esa resolución no nace de la meditación sino de algo que le dicta a uno el poema. Antes yo creía que el  poema debía decir algo, una suerte de mensaje. No sabía muy bien qué quería significar con eso, pero me parecía que la poesía conceptual era más valiosa. Sin embargo, terminé por descubrir que esa pretensión no tiene sentido. La riqueza de los contenidos es algo bastante discutible, al menos en poesía.   Cuando Marianne Moore, por ejemplo, dice algo tan simple comoNo swann so fine para referirse a un inodoro, está creando un momento de belleza poética más grande que muchas ideas supuestamente grandiosas.   Claro. La belleza la determina la forma. Incluso en los poemas aparentemente muy especulativos, siempre es la forma la que decide su suerte como poemas. Tomemos el caso de Francis Ponge y su poema "Un vaso de agua", por ejemplo. Esas polémicas, por suerte, ya han sido superadas, como aquel viejo asunto del arte comprometido. Hoy sabemos que el único compromiso de un poeta es el que asume con su propia lengua. La poesía misma es una garantía del lenguaje, lo hace posible. Esas postulaciones teóricas e ideológicas fueron un error, pero tal vez fueron necesarias. También se avanza a partir de los errores, ¿verdad? De modo que, a su manera, fueron un aporte. Ahora, hay tantas definiciones de la poesía como poetas.   ¿Cuál es la suya?  Creo que la poesía es una fiesta del sentido, y también una eterna juventud. Debo decir, también, que yo tengo un sentimiento dramático de la poesía. Y digo dramático en su sentido religioso. Creo que todo arte debe ser encarado, sentido así. Yo escucho ciertos pasajes de Bach, por ejemplo, que me abren una puerta a lo desconocido. Ese misterio de la vida, de todo lo que es y existe es lo que el arte debe cantar, celebrar, decir. Creo que el arte es un modo de instalar una fe en lo desconocido, la presunción de que tanta belleza no pudo haber sido creada en vano. En fin, esos son mis planteos estéticos de hoy, a esta hora de la tarde. Mañana, no sé cuáles serán.   ¿Cómo surge el poema? ¿Cómo es el trabajo hasta llegar a la versión definitiva?   Todo empieza con un cosquilleo, con una mezcla de inquietud y placer, de zozobra y felicidad. Creo que existe aquello que antes se llamaba inspiración y hoy parece haber pasado de moda. Uno entra en un estado de gracia, si se me perdona la petulancia, un sentimiento intenso que sólo puede ser sobrellevado con la escritura. El poema, en todo caso, no es el resultado de una meditación sino un impulso que se me presenta de pronto, inesperadamente, supongo que como fruto de la actividad inconsciente.   Ese estado de ánimo ¿cómo se manifiesta, en su caso? ¿En una idea, en una imagen, en una emoción?   Puede encarnarse en una imagen, en la visión de un objeto, en una situación humana, en un accidente, en una palabra... Hace poco, por ejemplo, quedé fascinado por la aparición de una palabra extraña para mí: hipálage. La emoción surgió de poder contemplarla sin conocer su significado, guardándola durante días en mi memoria para saborearla, para tocarla como una joya, preservándola de la servidumbre del sentido, hasta que finalmente surgió un poema. Y también están las obsesiones personales. En mi caso, la obsesión por las maniobras del azar, o por la muerte. Pero, claro, los grandes temas no hay que abordarlos en forma explícita porque se vuelven intratables. Para eso, está la filosofía.   Sin embargo, su poesía aborda con particular felicidad y recurrencia el tema de la caducidad, de la muerte, de la precariedad del mundo y de los seres que lo habitan.   Sí, en mis poemas aparecen con frecuencia la muerte y la degradación de las cosas. Creo que en final de las cosas siempre hay una especie de aura poética, una suerte de fracaso del universo en su conjunto, si pensamos, por ejemplo, en la entropía, ese gran fracaso  cósmico. Y después, claro, el caso particular de nuestra existencia: la tragedia humana es la conciencia de su propia degradación. Pero yo soy un pesimista jovial. Y esa aparente paradoja se justifica porque, al espectáculo nada edificante de la Historia, tiendo a oponer mi entusiasmo de vivir.   ¿Qué otras obsesiones lo llevan a escribir?   El drama de mi tiempo, al que tuve que enfrentarme más de una vez por mi trabajo en el periodismo, los años terribles que nos han tocado vivir ha sido otra de mis obsesiones, como también lo ha sido la historia argentina, a través de algunos personajes como Alberdi, víctima de un destino patético, o Sarmiento, poseedor de una energía y una imaginación arrolladoras. También me ha obsesionado la oposición entre la Naturaleza y la condición humana, cierta nostalgia por lo que llamamos paraíso perdido y cierta asunción, también, de lo humano como nuestro ámbito irrenunciable. Como dijo Pascal: desde que la Naturaleza se ha perdido, todo puede ser Naturaleza. Y, ya que hablamos de obsesiones, Pascal ha sido una de ellas, como también Kafka.   Usted se ha empeñado en rescatar los aspectos poéticos de esos escritores. Parece haber extraído sus grandes metáforas para alimentar con ellas su poesía.   Sí, los leo de ese modo. Para mí, Kafka es un poeta y conozco de memoria largos párrafos de El proceso, de El castillo e incluso de sus Diarios y de su correspondencia, como si fueran poemas. Hay tal concentración, tal capacidad metafórica y tal variedad de sentidos posibles en su obra que podemos, por eso, considerarla esencialmente poética.     Usted cultiva la tradición, hoy en desuso, de recitar de memoria poemas de todo tiempo y lugar a sus amigos. ¿Qué rescata de esa costumbre?   Ante todo, no entiendo cómo a uno puede gustarle un gran poeta y no recordar de él ni una sola línea. Es una necesidad personal, el shock emocional que me ha producido un poema lo que me hace recordarlo. Por otro lado, siento un gran placer, una gran felicidad en comunicar, en compartir con los amigos, en una reunión, la evocación de un poema particularmente hermoso. Me parece que la comunión que se logra de ese modo es incomparable. Desde luego, hay que tener cierto sentido de la oportunidad y cierta dosis de histrionismo. Supongo que, en mi caso, ese hábito también suple en parte mi incapacidad para formular grandes cuestiones teóricas: a veces, me basta con evocar el poema justo en el momento justo para dar a entender una idea o una emoción que me aparece en el transcurso de una charla.     ¿Cómo sigue, en su caso, el proceso de escritura del poema luego de esa primera inquietud que logra plasmarse en imagen?   Cuando eso que llamo estado de gracia aparece, trato de conservarlo todo lo posible. Tomo notas que, en general, son provisorias pero sirven para que no se escape el impulso inicial. A veces, en medio de una situación baladí, puedo encontrar un elemento capaz de transformarse en material de un poema, y lo rescato, lo fijo en el papel. Hay días en que uno se siente rico y otros días en que uno se siente estéril. Yo no he intentado nunca forzar eso, no he tratado de ser un empleado de la poesía, con horario fijo de lunes a sábado. Luego, el poema se escribe imponiendo sus propios medios y sus propios tiempos: puede surgir de una sentada o demorar años. Cuando veo que la cosa marcha, insisto; cuando, al tercer o cuarto intento, no funciona, desisto porque sé que ese poema ha pasado de largo y, si intento escribirlo, será un fracaso.   ¿Cuáles son los criterios a partir de los cuales corrige las sucesivas versiones de un poema? . Me dedico a eliminar, ante todo, lugares comunes, imágenes convencionales o cristalizadas del lenguaje. Lo que me guía a la hora de revisar lo que escribo es la idea de que cada palabra debe ser ubicada en el lugar que la estaba esperando. Tengo la intuición de que hay un lugar del poema que está esperando una palabra determinada, y entonces la busco. Por otra parte, intento que el verso, sea corto o largo, nunca pierda fluidez, así es que estoy atento a todo aquello que pueda entorpecer esa condición. De todos modos, no querría abundar en esta dirección porque podría dar la sensación de que estamos hablando de una gran obra y se trata sólo de mis poemas. En general, soy perfectamente consciente de mis errores, lo que nunca lograré del todo es saber cómo evitarlos.   Usted ha manifestado más de una vez su alegría ante la existencia de muchos y buenos poetas, en la Argentina y en el mundo. ¿Qué cree que le agrega la poesía al mundo?   Más allá de los resultados alcanzados por los poetas, hay una voluntad de belleza y una espiritualización del mundo en el hecho de escribir poesía. Y eso, en un momento en que el mundo está cada vez menos en contacto con lo espiritual, me parece muy rescatable.   ¿Escribir es un modo de intentar salvar lo sagrado en un mundo profano?   Sí. Me parece que la fe en el lenguaje implícita en todo poeta -si uno no toma el lenguaje como un mero juego de artificio y deslumbramiento, ni como un ejercicio de habilidad intelectual- implica siempre la fe en lo sagrado. Una fe que no es excusa para un dogma sino una búsqueda incesante, cargada de dudas y de temores y por eso mismo es más valiosa.    

     

     ***

      (Entrevista al poeta y periodista argentino, fallecido en 2004, publicada en el número 2 de la edición impresa de La Estafeta del Viento, otoño-invierno de 2002.)   ***    JOAQUIN GIANNUZZI - (Argentina 1924- 2004). Poeta, crítico literario y periodista argentino. En palabras de Jorge Fondebrider, Gianuzzi llevó a cabo, con inusual rigor, una de las más atípicas obras de la poesía argentina contemporánea. Recibió el Premio Fondo Nacional de las Artes, el Premio Municipal y el Premio Nacional de Poesía, entre otros. En una nota en N escrita por Fabian Casas a próposito de la edición de Un arte callado,  libro que recopila los poemas inéditos de Joaquín Giannuzzi, dice: "Recordé que los grandes poetas, si realmente lo son, cuando llegan al final de su vida logran el milagro alquímico de construir un doble. Cuya finalidad es recordarnos que ellos están ahí, dando vueltas en un universo paralelo que, cuando menos lo esperamos, puede irrumpir en nuestro mundo. Libros publicados: Nuestros días mortales (1958), Contemporáneos del mundo(1962), Las condicones de la época (1967), Señales de un causa personal (1977), Principios de incertidumbre (1980), Violín obligado (1984), Cabeza final (1991), textos reunidos en su Obra poética (2000), con el valioso agregado de un nuevo libro hasta entonces inédito: Apuestas en lo oscuro y, el libro póstumo editado por Ediciones del Dock Un arte callado (2008).

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  • 474
    11 Jul 2018

    Por Hellman Pardo

    Como pocos, ha recorrido varias estancias de la poesía colombiana. Como muchos, ha hablado a la muerte y a los pasadizos de la memoria. Pero estos pasadizos, estos escondrijos ya remotos del recuerdo, son más lúcidos y feroces. Arbeláez logra mantener una voz uniforme desde su primer libro El profeta en su casa, advirtiendo desde su inicio la claridad de lo que representa para él ser un visionario del lenguaje, acaso un alucinado de la vida.  

     

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  • 606
    11 Jul 2018

     

    Entrevista por Randall Roque

        Rafael Courtoisie (Montevideo, Uruguay, 1958). Es narrador, poeta y ensayista. Profesor de Literatura Iberoamericana y Teoría Literaria en el Centro de Formación de Profesores del Uruguay, de Narrativa y Guión Cinematográfico en la Universidad Católica del Uruguay y en la Escuela de Cine del Uruguay. Ha recibido, entre otros, el Premio Fundación Loewe de Poesía (España, Editorial Visor, jurado presidido por Octavio Paz), el Premio Plural (México, jurado presidido por Juan Gelman), el Premio de Poesía del Ministerio de Cultura del Uruguay, el Premio Internacional Jaime Sabines (México) y el Premio Blas de Otero (España). Entre sus libros publicados, hay varios que contienen textos brevísimos: Estado sólido (España, 1996), Umbría(Venezuela, 1999) -una suerte de Novela en fragmentos o microrrelatos autónomos-, Amador(España, 2005), Poesía y caracol (Sevilla, 2008), Tiranos temblad, que reúne su poesía en prosa e incluye un ensayo introductorio y una detallada cronología y juicios críticos sobre su obra (Montevideo, 2010).    

    «Uno de los autores casi seguros,

    si uno se detiene a pensar en quiénes ingresarán encabezando

    el canon de las letras uruguayas de este fin de siglo»

             Mario Benedetti

            10 PREGUNTAS PARA RAFAEL COURTOISIE     1) Tus poemas tienen la ciencia inexacta de la polifónica escritura, combinan el amor inasible con la química y esto se observa al leer tus libros, uno incluso titulado “Estado Sólido, 1996” Premio de la Fundación Loewe. Mucho antes, tenías una voz, pero esas voces no siempre se escuchan como campanarios en ciudades solas, deben irse formando, es necesario cambiar sin que las personas te extrañen en tus nuevos libros. Has vivido dictaduras, has construido a partir de un mundo vivido muy tangible para tus coterráneos y alguna veces, apenas comprensible por ajenos. A partir de tan largo relato de escritura, me gustaría saber: ¿Cómo ha cambiado tu visión del mundo literario personal desde  tu poemario “Contrabando de Auroras” publicado en 1977 hasta ahora?   R/ Es un largo camino. Uno va siendo fiel a la palabra inicial, pero las circunstancias del mundo te van mostrando nuevos modos de decir, nuevos modos de expresión. Cuando apareció mi primer libro “Contrabando de auroras” era un adolescente y estábamos viviendo bajo una terrible dictadura, cada palabra podía significar mucho, demasiado, había que expresarse y crear pero a la vez cuidarse de hablar de más…o de menos. Luego, afortunadamente, los caminos de la poesía, que son múltiples pero que se dirigen en un sentido, me permitieron variar, diversificarme, entender que podía entrar en mi obra el discurso científico impersonal, pero también lo épico y hasta el humor. Escribo en diversos registros que conviven con cierta armonía y me permiten explorar, y en esa exploración, en esa búsqueda, lograr ciertos hallazgos. Picasso decía que en arte la búsqueda importa menos que los hallazgos, y es cierto, sobre todo desde el punto de vista del público, del lector, pero si uno no se arriesga en la búsqueda, no es probable que encuentre. Mi visión del mundo literario es hoy mucho más amplia, y para nada dogmática: estoy abierto a los vientos del mundo y del lenguaje.   2) Hace unos años era inimaginable conversar con un escritor a través de mensajes de texto; eso provocaba un misticismo que en unos casos promovía un imago dei del escritor y que ahora, se ha desmitificado, humanizándolo de una cotidianidad que le es más propia, con la pequeña atenuante de que la persona puede desilusionar al lector y confundirse su acopio personal con su fuerza literaria. En este mundo, de la inutilidad inmediata, donde las personas consumen y desechan ¿Cómo sobrevive tu literatura en un mundo de “la inutilidad inmediata” propagada?   R/ Hay una expresión que se acuñó hace varias décadas a propósito de lo que planteas: “obsolescencia programada”, quiere decir, vivimos en una civilización donde se programa la construcción de objetos para que dejen pronto de ser lo que son, para que dejen de funcionar. Eso tiene que ver con la industria, el consumo y el lucro. Pero en cuanto a la producción estética, fundamentalmente la textual, la literatura, uno busca exactamente lo contrario de lo efímero: busca la no obsolescencia, busca la duración, no necesariamente del texto como un todo rígido, pero sí de sus sentidos posibles. Escribir un texto, poema, cuento, novela, hasta ensayo, es lanzar una botella de significado en el mar del tiempo, con la absoluta confianza de que alguien lo leerá y descifrará en el futuro.   Las nuevas tecnologías, mails y sms incluidos, han puesto al alcance de todas las manos, voces y oídos un uso de la lengua que tiene un rasgo de por sí efímero, pero el arte literario procura una permanencia puesto que prevé el cambio de lectores y circunstancias, a la vez que diseña un texto cuya renovación de sentidos se dará en el acto de percepción…   3) Cada vez es más difícil separar los poemas en prosa de los microrrelatos y en algunas ocasiones, existe una clara confusión entre los lectores que se preguntan constantemente acerca de estas distancias. En microrrelatos “Amador” hallamos un poco de esto. Vos mismos has dicho que existen “textos fundamentales de BORGES que hasta ahora han sido difundidos como poemas y son microrrelatos, sin duda” ¿Cómo debemos entonces comprender un género y otro?   R/ Creo que la diferencia en términos de microficción no es nítida, en las formas micro se erosionan las fronteras genéricas. Ahora bien, existen las diferencias entre narrativa y poesía de modo claro y contundente: la narrativa implica siempre la creación de un tiempo ficcional. La poesía no, al menos no necesariamente. En la poesía suele emplearse la función connotativa del lenguaje, en la narrativa menos. Las diferencias en los textos de extensión media y largo siguen siendo claras, se van borrando los límites en las formas breves y brevísimas.   4) Existe un mito de que las influencias deben negarse, como si la existencia de una influencia de un escritor a otro mermara de modo alguno la creatividad. Este mito recurrente, deja de lado que Juan Carlos Onetti así como muchos otros grandes escritores, han metabolizado la influencia de Borges y Faulkner, ambos escritores de notable impacto en la literatura del mundo occidental.  Es difícil pensar un mundo sin la influencia de Faulkner en la novela moderna en América Latina y menos aún concebir que escritores como Carlos Fuentes, Cortázar, Sábato,  Roa Bastos, García Márquez y el mismo Onetti, no lo leyeran sin que en su obra de un modo u otro, se transformara. En esto ha coincidido notablemente el escritor Vargas Llosa. Lo mismo ha sucedido con la maestría de James Joyce para con Faulkner. Entonces uno visualiza en la escritura que aun cuando existe un tiempo de influencias, también existe un tiempo para separarse con una voz que no deviene de otro sitio, sino del mismo escritor, siendo el mayor homenaje a realizar, escribir con una calidad igual o mejor que sus mentores. Ante este panorama ¿Cuáles han sido tus influencias? ¿A partir de que libro considerás haber encontrado esa voz personal después de haber escrito tan vasta lectura para otros?   R/ Creo que negar las influencias es como negar un proceso fundamental, inherente a toda creación literaria: la intertextualidad. Otra cosa es lo que Harold Bloom llama “angustia de las influencias”, un fenómeno que se da pero que no tiene porqué ser determinante ni absolutamente general.   En mi caso, en poesía, la presencia de Rimbaud por un lado y de Vallejo por otro son referencias que menciono con orgullo, y que cultivo: uno no necesariamente debe separarse o superar las influencias, como si se tratara de una competencia. Uno puede encontrar su voz personal, única e intransferible, en el paradigma espejo de las influencias. Cualquier escritor llega a ser original a través de los otros. Quien niega toda influencia se escapa de fantasmas que no alcanza a exorcizar. Quien asimila las influencias se da cuenta pronto que todo es alimento para el proyecto personal e intransferible que construye en el tejido literario de su tiempo. En narrativa puedo mencionar muchos, Proust, Quiroga, Borges, Onetti…Todos han sido maestros y todos han tenido otros maestros: el caso de Faulkner, para el llamado “boom” es, en ese sentido, aleccionador.   5) En “Reflexiones desde el pozo”, entrevista de Enrique Romero a Juan Carlos Onetti, el escritor Onetti expresa: “Con Faulkner y su novela Absalón, me pasó algo extraordinario: la consideré tan buena que tuve días en los que me pareció inútil seguir escribiendo” ¿Te ha sucedido alguna vez esta situación citada por Onetti?   R/ Me ha pasado otra cosa: leer a Cioran y darme cuenta que desde la amargura y el humor uno, en ocasiones, por deslumbramiento, enmudecía. Pero cuando quedas a solas, luego de algún tiempo, y te dedicas a trotar, a hacer ejercicio, a construir algo con las manos, materialmente, comienzas a escuchar otra vez una voz que no de es de nadie y entonces es tuya. Esa voz te ilumina y te devuelve el mundo, el universo recién nacido, la realidad acabada de formarse…   6) He visto con atroz desvelo lo sucedido en Gaza con un bombardeo incesante de Israel. No todos los escritores coinciden en las posturas políticas, pero ha existido una voz unísona  en contra de estos decesos de civiles e inhumanos ataques. Por su parte, Estados Unidos de América ha decidido apoyar brazos armados al disponerse a entrenar y armar a rebeldes Sirios en lucha contra el Estado Islámico (EI). Creo que Latinoamérica ha vivido la influencia de los Estados Unidos de América en Chile con Pinochet, en Nicaragua con Anastasio Somoza, en las consecuencias previstas de Al Qaeda con Osama Bin Laden y una larga lista de dictadores y ahora de grupos armados terroristas. Desde una aspecto personal como escritor con influencia en la voz Latinoamericana ¿Cuál ha sido tu postura y tus acciones ante los bombardeos a Gaza y estos hechos expuestos que nos ocupan?     R/ El tema es mucho más complejo que una simple alineación, como si tuviera dos caras la moneda: esta moneda tiene mil caras, es compleja, engañosa. Contestar la pregunta nos alejaría de la literatura y nos llevaría a un petulante tratado geopolítico que no estoy en condiciones de hacer. En ocasiones, las declaraciones geopolíticas de los escritores, son malas ficciones. Me excuso de meterme en ese lodazal. Necesitaría demasiadas páginas para explicar algunas cosas, y no las tengo.   En este caso, adhiero al silencio de Paul Celan, al silencio de Ludwig Wittgenstein. En mi caso, al menos, el silencio es más claro que las palabras respecto a lo planteado.   7) Has tenido un gran honor, uno que pocos ostentan. Recibir premios donde Octavio Paz y Juan Gelman han sido jurados que presidieron distintos premios. Ambos son un poco antagónicos, no solo desde un estilismo literario sino también en esa postura desgarradora de la vida, en la que a Juan Gelman, le correspondió sobrevivir primero a sí mismo y luego, a una realidad impuesta por dictaduras ¿Qué significan estos escritores en tu vida?   R/ Son diferentes, como lo somos todos, pero en la construcción de la diferencia está la posibilidad de atisbar la verdad poética. De Paz he procurado aprender la lección del pensamiento, del ensayo, de la reflexión, en el acuerdo o el desacuerdo, la función cognitiva de la poesía; del querido amigo y entrañable Juan Gelman la inmensa fuerza que alcanza el misterio cuando se encarna en palabras, la obstinación de la aventura de poetizar, de “poemar” el mundo, si se me permite el neologismo.   8) Sylvia Plath y Anne Sexton, recrearon los mudos poéticos desde una confesión que ondula en nuestros tiempos en los reality show del poeta. Una confesión “escandalosa” en su tiempo y que agradecemos en nuestros días. Esa depresión que las incineró no sin antes desgastarlas tras su paso. No todos los poetas sobreviven cuando sus vidas son una luz tan intensa que nace desde adentro y no puede más que iluminar la oscuridad de otros. Estas mujeres desgarradoras en las que podemos incluir a Pizarnik crean un revuelo en la literatura con un solo libro, con una sola expresión lograrían la misma intensidad. En tu caso, observo una literatura más comedida y hasta racional ¿Cómo surge tu poesía en lo cotidiano y cómo se autoconstruye para perdurar con el tiempo?   R/ Has nombrado dos maravillosas poetas, a quienes es dable agregar otra mujer, narradora pero en el fondo poeta: la ucraniana brasileña Clarice Lispector. De ellas, y de la Gran Madre Emily Dickinson aprendí la insondable enormidad de lo cotidiano, la destreza para ver las maravillas al alcance de la mano, de los ojos, de las palabras. No es casualidad que sean mujeres algunas de las que han develado este camino de la trascendencia misteriosa de lo cotidiano, de lo “común” convertido en objeto poético brillante, irreductible, mágico.   9) Juan Gelman dijo “(…) resulta que mi madre tenía razón, de la poesía no se vive, se puede vivir para la poesía, de ella no, no en mi caso y siempre hay que tener lo que se llama el segundo oficio para vivir” También dijo“ en verdad me abstengo decir que la poesía es un oficio; no me parece un oficio; yo sé que así se le dice, no lo es porque ahí el tema de la voluntad para producirla no puede existir; nadie se puede sentar a escribir  poesía y luego uno la escribe cuando ella te visita”. Estas dos visiones de Juan Gelman me resultan, la primera “vivir de la poesía” una cosmovisión que solo algunos escritores logran cumplir, muchas veces sacrificando su voz propia por la reproducción sistemática editorial y la segunda, no menos importante, una evocación a la inspiración o de aquellas esotéricas visiones de la “musa” del poeta, en este último caso, muy contrario a lo que practico, pues creo en el trabajo constante y si la “inspiración” se asoma en mi escritura, prefiero que me encuentre escribiendo. En tu caso, me gustaría me contaras ¿Cuál es tu visión de estos aspectos tratados por Juan Gelman y cómo se desarrollan en tu vida?   R/ Estoy muy cerca de la postura de Juan Gelman: uno no vive de la poesía. Uno vive para la poesía. Las claudicaciones editoriales se pagan caro, se pagan con sangre. Mucho más en poesía que en otros géneros. A la poesía no se la puede traicionar. La poesía se escribe con sangre humana. Quien se atasque en las veleidades del ego o del estrellato, mejor que tome otros rumbos, la poesía es demasiado valiosa como para vivir de ella: no se prostituye  a una Santa. Un poeta no es un proxeneta. Es un servidor de Nuestra Señora La Poesía, es un compañero de la humanidad a través de la palabra. Es un creador. Y puede tener varios otros “oficios”, aunque si tienen que ver con la palabra -la docencia y el ensayo crítico, por ejemplo- a veces auxilian, ayudan.   10) Acabás de ganar el Premio Casa de América de Poesía Americana por tu obra «Parranda» y este premio “aspira a estimular la escritura poética en el ámbito de las Américas”. Anteriormente habías ganado otros, entre ellos:  Premio Fraternidad B’Nai B’rith (Jerusalén), Premio en la categoría Poesía de los Premios Morosoli Uruguay, (auspiciado por la Cátedra UNESCO y la Asociación de Universidades del MERCOSUR), Premio Loewe de poesía (España), por el cual la Editorial Visor publicó su obra en su colección Visor Poesía con un jurado presidido por Octavio Paz), Premio Plural de Poesía de México con un jurado presidido por Juan Gelman), Premio de Poesía del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay, Premio Internacional Jaime Sabines, (México), el Premio Blas de Otero (España) y el Premio de Poesía José Lezama Lima - Premio Casa de las Américas. Esta trayectoria te haría pensar que no necesitás una motivación como otros escritores emergentes. Competir contra tu vasta obra y experiencia en premios como este, para un escritor novel, es casi un absurdo, un fantasmagórico sueño el lograrlo ¿Qué significa este premio en tu trayectoria y por qué continuar participando en tales concursos literarios que buscan estimular la escritura poética? R/ La poesía y su ejercicio es como buscar agua: nunca termina la búsqueda, el goce de beber abre paso a la continuación del camino, el cansancio del camino vuelve a provocar sed. El ciclo se reanuda, afortunadamente. Uno no sacia nunca del todo su sed. Siempre comienza de nuevo, siempre busca el manantial, el venero, la sencillez de una estrella dormida en un vaso de agua. Quienes creen que la trayectoria es un impedimento, un peso, mejor que se desaten de ese lastre plúmbeo. La trayectoria será una ayuda, una experiencia, un conjunto instrumental de brújula, astrolabio, GPS y toda una serie de  ingenios para encontrar el camino creador de  nuevo. Lo mismo con el tema del ego: en poesía siempre hay que estar dispuesto a comenzar otra vez, con inmenso júbilo, agradeciendo a los cielos la posibilidad de nacer de nuevo a cada paso, en cada libro, en cada verso.  

    29 setiembre 2014

       

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      RANDALL ROQUE (1977-20__) Escritor costarricense, nacido en el año 1977. Ha publicado diversos títulos, entre los cuales están: "Cuando las luciérnagas hablan" (Cuentos, 1998), "Itinerario de los amantes (poesía, 2003), "Amores domésticos" (fotopoemas, 2009), "Estrellas de madera" (CD: poemas italiano-español, 2007), "Las Lunas del Ramadán y otras alegorías" (Libro heterogéneo: cuento, poesía, fábula... 2011), “Los Alegres somos más” (selección poética 2003-2012), “Alguien llama a tu puerta” (Cuento, 2014).  Ganador de varios premios y reconocimientos en Costa Rica tales como el otorgado en 1998 por la Universidad Florencio del Castillo (UCA) por sus aportes a la cultura, el Primer Lugar en la Categoría de Poesía en el concurso ‘Letra Joven de Costa Rica, 1998’, Primer Lugar de Poesía en el Certamen Brunca de la Universidad Nacional (Costa Rica, 2004). Obtuvo, entre 70 países y cerca de 1000 escritores participantes, el Primer Lugar en el Premio Internazionale di Poesia Castello di Duino, 2007, reconocido por la UNESCO, la Presidencia de la República de Italia y otorgado por el Príncipe Carlo Alessandro Della Torre e Tasso en el Castillo de Duino donde el poeta Rainer María Rilke escribió varias de sus obras. Su poema “Amar es Libertad” ha sido traducido a Italiano, Inglés, Rumano, Albano, Bribri y Catalán.   Asimismo, su trabajo también puede hallarse en antologías en Italia y Macedonia, entre las que podemos mencionar “Il gesto della Memoria (Italia, 2005)”“Frontiere (Italia, 2007)” y “Ditët et Naimit (2013, Macedonia)”.

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    11 Jul 2018

    Por Hellman Pardo

    En "Lo que aire es" Xavier Oquendo dialoga con los rostros de los fabuladores del mundo, como llamó Baltasar Gracián a los poetas que se llevan dentro. Y no solo con los poetas, o sus voces internas, sino con el lenguaje, a veces olvidado, de la misma poesía. Leer sus páginas es sumergirse en la condición humana de sentir el aire purificado.   

     

     

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  • 1097
    11 Jul 2018

    Por Hellman Pardo

    Más que merecido el homenaje que se le brinda a Nicolás Suescún, en el marco del Festival Las Líneas de su mano 7, celebrado en el Colegio Gimnasio Moderno, en Bogotá. Traductor y poeta, ha mantenido siempre una obra callada y sigilosa, así como las puertas y las ventanas que cierran y abren su escritura.   

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  • 557
    11 Jul 2018

    Cuando se lanza una piedra / también se lanza la palabra piedra, dice el poeta Hernán Vargascarreño en uno de sus poemas del libro "Piedra a piedra", obra ganadora del Premio José Manuel Arango en 2010, advirtiéndonos que al desprendernos de la palabra es también dejar atrás una parte de ese que fuimos en aquel instante, el que no seremos más.

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  • 509
    11 Jul 2018

    El invitado de honor para este año al Festival Las Líneas de su mano número 7, convocado por el Colegio Gimnasio Moderno y el incansable director de su agenda cultural Federico Díaz-Granados, es el tigre Eduardo Lizalde, uno de los mayores poetas vivos de nuestra lengua.

     

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  • 524
    11 Jul 2018

    Desde un granero rojo Víctor Rodríguez Núñez agita los molinos perdidos de su país. Su lenguaje habla de la experiencia de verse contemplado en los espejos de varias ciudades, de varias lenguas.

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