• 1144
    07 Ago 2020

       

    Ojo en la tinta

    Talleres de Poesía, Crónica, Dramaturgia y Novela gráfica

    Como preámbulo a la versión número V del Festival de Poesía y Narrativa Ojo en la Tinta, el Colectivo Literario La Raíz Invertida invita a los Talleres de Escritura Creativa Ojo en la tinta.

         

    TALLERES DE POESÍA: “Iniciación al Infierno Musical”

      • 1. Biblioteca Pública Suba Francisco José de Caldas, MARTES, 6:00 p.m. (Del 6 de agosto al 29 de octubre) Sala de literatura (Jóvenes y adultos)   • 2. Teatro Jorge Eliécer Gaitán, JUEVES, 5:30 p.m. (Del 1 de agosto al 31 de octubre) (Jóvenes y adultos) Teatrino  

    TALLERES DE ESCRITURA DRAMÁTICA: “Una noche con Hamlet”

      • 3. Biblioteca Pública Timiza, JUEVES, 3:00 p.m. (Del 1 de agosto al 31 de octubre)  (Jóvenes y adultos)   • 4. Biblioteca Pública Parque El Tunal, MARTES, 2:00 p.m. (Del 6 de agosto al 29 de octubre) (Adultos Mayores) Sala de literatura  

    TALLERES NOVELA GRÁFICA:

      • 5. Biblioteca Pública El Tintal Manuel Zapata Olivella, MARTES, 4:00 p.m. (Del 6 de agosto al 29 de octubre) (Jóvenes y adultos) Sala B   • 6. Biblioteca Pública Virgilio Barco, DOMINGOS, 10:00 a.m. (Del 4 de agosto al 27 de octubre) (Jóvenes) Salón 1  

    TALLERES DE CRÓNICA:

      • 7. Biblioteca Pública la Victoria, MARTES, 2:00 p.m. (el 6 de agosto al 29 de octubre) (Adultos Mayores)   • 8. Salón Comunal de Arborizadora Baja, VIERNES, 1:00 p.m. (Del 2 de agosto al 25 de octubre) (Adultos Mayores)     Los talleres NO TIENEN NINGÚN COSTO. (Cada uno de los talleres es independiente, sólo se pueden inscribir a uno de los ocho espacios) CUPO LIMITADO.     Inscripción previa en: ojoenlatintatalleres@gmail.com  

    El proyecto de “Talleres de Escritura Creativa Ojo En La Tinta” cuenta con el apoyo del Programa Distrital de Apoyos Concertados 2013 del Instituto Distrital de las Artes IDARTES de la Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte.

      ORGANIZA:   Fundación La Raíz Invertida – Festival de Poesía y Narrativa Ojo en la Tinta   CON EL APOYO DE: Red Capital de Bibliotecas Públicas-BibloRed Instituto Distrital de las Artes IDARTES Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte.   Informes: ojoenlatintatalleres@gmail.com laraizinvertida@hotmail.com     *** DATOS DE INSCRIPCIÓN:   NOMBRES Y APELLIDOS COMPLETOS: TALLER Y LUGAR AL QUE SE INSCRIBE: CÉDULA: CORREO ELECTRÓNICO: CELULAR (OPCIONAL): TELÉFONO FIJO:    

    Talleres Ojo en la tinta

     

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  • 949
    07 Ago 2020

    Por Hellman Pardo

      Hace poco comentaba con Jorge Valbuena y Henry Alexander Gómez sobre la poesía española contemporánea. Voces. Nombres. Atisbos de horror, de infelicidad, de cierta alegría malograda. Volvemos entonces a latinoamérica, que desde hace tiempo despunta en la lengua castellana. Marzal, Siles, Neuman, Gimferrer, y perdimos el rumbo de Antonio Colinas. Este poema va para ellos, para la Raíz Invertida, incluso para mí, para recordar que, a pesar del amplio margen en el manejo del lenguaje, aún el país ibérico conserva a Gamoneda y Colinas. Podríamos decir que el aprendiz de otoños (América), ha franqueado a su maestro, hacedor de sombras (España).  

    GIACOMO CASANOVA ACEPTA EL CARGO DE BIBLIOTECARIO QUE LE OFRECE EN BOHEMIA, EL CONDE DE WALDSTEIN

     

    Escuchadme, Señor, tengo los miembros tristes. Con la Revolución Francesa van muriendo mis escasos amigos. Miradme, he recorrido los países del mundo, las cárceles del mundo, los lechos, los jardines, los mares, los conventos, y he visto que no aceptan mi buena voluntad. Fui abad entre los muros de Roma y era hermoso ser soldado en las noches ardientes de Corfú. A veces, he sonado un poco el violín y vos sabéis, Señor, cómo trema Venecia con la música y arden las islas y las cúpulas. Escuchadme, Señor, de Madrid a Moscú he viajado en vano, me persiguen los lobos del Santo Oficio, llevo un huracán de lenguas detrás de mi persona, de lenguas venenosas. Y yo sólo deseo salvar mi claridad, sonreír a la luz de cada nuevo día, mostrar mi firme horror a todo lo que muere. Señor, aquí me quedo en vuestra biblioteca, traduzco a Homero, escribo de mis días de entonces, sueño con los serrallos azules de Estambul.

       

    Antonio Colinas

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  • 1191
    07 Ago 2020

     

    La nueva edición de Poesía ante la incertidumbre. Antología de nuevos poetas en español (Ícono Editorial / Visor), editada recientemente en Bolivia y Ecuador, se presentará en distintas ciudades de Colombia con la presencia de Federico Díaz-Granados (Colombia) y Daniel Rodríguez Moya (España).

       
    * Bogotá: 9 de julio, 18:30 horas, Casa de Poesía Silva
    * Santa Marta: 10 de julio, 16:00 horas, Auditorio del Banco de la República
    * Barranquilla: 11 de julio, 18:30 horas, Fundación La Cueva
    * Cartagena: 12 de julio, 18:30 horas, Librería Ábaco.
     

    Entrada libre

       

    Poesía ante la incertidumbre

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  • 1009
    07 Ago 2020

    Por Hellman Pardo

      Dolor. Un ramalazo de aflicción bordea cada palabra en la poesía de Mery Yolanda Sánchez. En sus libros se escucha la violencia, la desolación, el testimonio de la verdad en nuestro país. Algo más. Cuando lee, la voz entrecortada se vuelve relámpago en cada tímpano.   DE PERFIL   Te acercas al espejo y ves la cicatriz abierta como un ojo de perro sobre tu mejilla derecha, por ahí respiran los que te acompañaron, los que salieron en desbandada y te dejaron con la mitad de un adiós en la boca que ya no se quiso abrir. Te dejaron pedazos del vestido que llevaba una niña cuando la violaron tres hombres en la esquina de la alegría, allí donde alguien te dio tu primer beso. Das la vuelta y el espejo te enseña el lapo que quedó en la espalda cuando te colgaron de los pies para que vomitaras tu nacimiento. En adelante, tendrás que usar media máscara para salir a la calle. Tendrás que caminar despacio porque tu pierna derecha cojea y la respiración atropellada en tu cuello será una preocupación más. Ya no te volverán a hablar de la muerte, sabrás de ella por la luz en los ojos quietos de tus amigos. No volverás a contar los silencios porque el dolor te partirá una vez más. Se reirán de ti los que ven medio cuerpo en tu puerta y la justicia te volverá a expulsar porque tu bandera es la camisa manchada que cuelgas en tu ventana. No regresarás al espejo, porque te indica la ruina de tus dieciséis años con el mal y en tu frente las predicciones del hombre que cruza firme en un caballo.  

    Mery Yolanda Sánchez

     

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  • 966
    07 Ago 2020

    Por Hellman Pardo

    El Director de la ya mítica revista Trilce es un hombre reservado, de mirada acentuada. Junto a Raúl Zurita, Jorge Teillier y Oscar Hahn, Omar Lara representa el "boom poético de los años 60 y 70" en Chile. De su extraordinario libro "La nueva frontera", dejo el poema Mediodía.   MEDIODÍA   Como ese loco que rompe los cristales así rompería el viento del camino así rompería la ola rencorosa así rompería el grito taciturno cualquier objeto o signo de que ti me separe que de ti me detenga que me engañe otorgándote un nombre de sombra un nombre de silencio una ensoñación resignada   Rompo el griterío del mar y las gaviotas rompo el pedigüeño ronroneo de los niños mendigos y extiendo una mano saturada de perplejidad mientras tu pelo palpita como alas en este mediodía desprendido del tiempo tu pelo te acariciaría como un ciego, que tragaría como un hambriento que podría recibir en mi carne como un aleteo reparador cuando yo solamente escuche tu silencio cuando todo fantasma recupere su lugar en el mundo su tranquilo apacible lugar en la penumbra y abracemos un sueño distinto una semilla que se da a luz en este instante un fruto que regaremos con nuestro desencanto como si cruzáramos un desierto y el único oasis posible está a punto de quedar a nuestras espaldas

    Omar Lara

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  • 925
    07 Ago 2020

    Por Hellman Pardo

      En su arte poética García Quintero sintetiza el mundo, su mundo: "Mi casa, como el desierto, no tiene techo ni puerta, sólo boca. Mi casa, como la piedra, no posee vigas ni cimientos, sólo una mano empuñada la sostiene..." He seguido atentamente la solidez de su trabajo, pero logró sorprenderme (de nuevo) hace solo algunos días en la ciudad de Quito con un nuevo poema, que no conocía. Es el que comparto el día de hoy.   LAS GALLINAS   Estos pájaros lerdos crecieron conmigo en el patio. Sin embargo no han merecido antes un pensamiento mío. Sólo hasta ahora que las recuerdo acompañando el silencio quedo de aquellas tardes largas del viento. Porque escarbé la tierra con ellas, grano a grano su maíz llenó de soles mi mano. Muchas veces de niño trepé al árbol hasta alcanzar su palo y sacudí con fuerza los brazos y cacareé la dicha de tener primero el tibio huevo torneado de blanco. Por cierto, no son estas las aves que vio en nosotros Baudelaire. Tampoco guardan la virtud del ruiseñor de John Keats, ese pájaro no destinado a la muerte. Menos aún la fortuna de la alondra de Quessep, ni conservan algo de las 13 facultades que vio Wallace Stevens en el mirlo. Nada de eso les ha sido conferido a las gallinas. Ningún linaje o atributo más que pisar con nosotros la tierra, de andar por siempre en el suelo picoteando cuencos vacíos de estrellas. Y como nosotros hoy, ellas un día también ya lejano, perdieron el vuelo más no ese cantar lo llano. Desde entonces nunca jamás por el alba se extravió el rumbo del labrador solitario.

    Felipe García Quintero

     

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  • 994
    07 Ago 2020

    Por Hellman Pardo

      El indescriptible Gimferrer. El impenetrable. El catalán que solo escribe en catalán. El poeta de uno de los más grandes poemas españoles del siglo XX: Arde el mar, escrito cuando apenas rondaba los veinte años. De un sonido callado, la poesía de Gimferrer atraviesa todo ámbito.   EL ARPA EN LA CUEVA Ardía el bosque silenciosamente. Las nubes del otoño proseguían su cacería al fondo de los cielos. posesión. Ya no oís la voz del cuco. ¿Qué ojo de dragón, qué fuego esférico, qué tela roja, tafetán de brujas, vela mis ojos? Llovió, y en la hierba queda una huella. Mas he aquí que arde nítido y muy lejano el bosque en torno, un edificio, una pavesa sola, una lanza hasta el último horizonte, cual tirada a cordel. Nubes. El viento no murmura palabras al oído ni repite otra historia que ésta: ved el castillo y los muros de la noche, el zaguán, el reloj, péndulo insomne, los cayados, las hachas, las segures; ofertas a la sombra, todo cuanto abandonan los muertos, el tapiz dormido de hojas secas que pisamos entrando a guarecemos. Pues llovía -se quejaban las hojas- y el cristal empañado mostró luego el incendio como impostura. ¿Llegarán las lenguas y la ira del fuego, quemarán desde la base el muerto maderamen, abrirán campo raso donde hubo cerco de aire y silencio? No es inútil hablar ahora del piano, los visillos, las jarras de melaza, el bodegón, los soldados de plomo entre serrín, las llaves de la cómoda, tan grandes, como en el tiempo antiguo. No es inútil. Pero qué cielo éste del otoño. La abubilla que habla a los espíritus, la urraca, el búho, la corneja augur, el gavilán, huyeron" Ni una sombra se interpone entre el lento crepitar y el cielo en agonía. Abrid un templo para este misterio. Sangre cálida dejó tu pecho suave entre mis manos, amada mía: un goterón de púrpura muy tembloroso y dulce. Como yesca llameó la paloma sin quejarse. La muerte va vestida de dorado, dos serpientes por ojos. Qué silencio. Tarda el fuego en llegar al pabellón y hay que ir retirándose. Ni un beso de despedida. Quedó sólo un guante o un antifaz vacío. Cruces, cruces para ahuyentar los lobos! Un guerrero trae la armadura agujereada a tiros. En sus cuencas vacías hay abejas. Lagartos en sus ingles. Las hormigas, ah, las hormigas besan por su boca. Espadas de la luz, rayos de luna sobre mi frente pálida! Un instante velando sorprendí a vuestro reflejo la danza de Silvano. Ágiles pies, muslos de plata piafante. El agua lavó esta huella de metal fundido. Y un resplandor se acerca. Así ha callado el naranjo en la huerta, y el murmullo de su brisa no envía el hondo mar. Vivir es fácil. Qué invasión, de pronto, qué caballos y aves. Tras las nubes otras nubes acechan. Descargad este fardo de lluvia. ¡Un solo golpe, como talando un árbol de raíz! Se agradece la lluvia desde el porche cuando anochece y ya los fuegos fatuos gimen y corretean tras las tapias, como buscándonos. Recuerdo que encendías un cigarrillo antes de irte. Luego el rumor de tus pasos en la grava, sobre las hojas secas. Nieve, nieve, quema mi rostro, si es que has de venir! Se agradece la lluvia en esta noche del otoño tardío. Canta el cuco entre las ramas verdes. Un incendio, un resplandor el bosque nos reserva a los que aún dormimos bajo alero y tejas, guarecidos de la vida por uralita o barro, como si no estuvieran entrando ya los duendes con un chirrido frágil por esta chimenea enmohecida.  

    Pere  Gimferrer

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  • 1009
    07 Ago 2020

    Por Hellman Pardo

      Ospina es de aquellos escritores, pocos, que logran desempeñarse con gran soltura en varios géneros literarios: poeta elocuente, ensayista consumado, narrador que sabe labrar el lenguaje. Autor del maravilloso libro ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?, donde explora el tiempo del mundo, la enajenación de los hombres. Aquí el poema, "Los hijos del soldado":   LOS HIJOS DEL SOLDADO   Mi padre era maestro. Yo tenía siete años. Y un día recibió, como todos, la carta. Había sido aceptado en el partido (aunque él jamás habría solicitado el ingreso). Le enviaron un escudo con la esvástica. Unos meses después marchaba rumbo a Rusia. Mi madre estaba enferma aquel invierno, los tres niños debíamos hacerlo todo en casa. Y a veces venían cartas desde el frente oriental. La guerra era una ausencia, un silencio, un temor que crecía. Después las cartas se acabaron, y se acabó la guerra. Y los hombres volvieron, pero él seguía en el frente. Qué larga fue la infancia; qué triste está Alemania en la memoria. Los tres íbamos juntos cada sábado a esperar aquel tren. Sin hablar lo esperábamos. Y mi madre creía que estábamos jugando en los campos vecinos. Año tras año, sin faltar, cada sábado, sin decírselo a nadie, esa estación nos vio crecer callando. Cuando caía la noche, regresábamos.  

    William Ospina

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  • 1072
    07 Ago 2020

                                                                                           Por Hellman Pardo   Ida Vitale, Alfredo Fressia y Rafael Courtoisie son los poetas vivos más importantes del Uruguay. De este último, tengo un grato recuerdo en Bogotá. De palabra sencilla, su entonación al leer poesía es inigualable: pausado, detenido en cada letra, con una voz cercana al estremecimiento. Una risa impetuosa, unas facciones algo sutiles, livianas. Courtoisie, una música para sordos.   UNA COPA DE VINO   El vino es una flor de un sólo pétalo de vidrio. Entre los tantos seres que pueblan el mundo debido a su leve violencia, el vino es el de más firme delicadeza. En el oscuro y claro reino de los líquidos, cuya soberanía comprende desde los almíbares hasta los venenos, el vino ocupa un lugar de misterio.La fuerza y somnolencia de las propiedades que lo definen hace que se parezca a la sangre humana. Está vivo, sí, pero es lento. Le cuesta un poco fluir. Es hosco, vago y espeso. Avanza paso a paso entre las nubes de piedra que van desde los labios al borde del vaso, y del vaso al filo de las estrellas. Va sin pensar, dentro de sí, en medio del sentido líquido de su cuerpo, como si le pesara la flojedad del sueño, por lo común es rojo, de tono rubí, sereno o francamente tinto. A veces aguachento, como con gotas de agua lustral venidas de lejos. En ocasiones, debido a la opalina propia de la cáscara de la cepa, al fermentar transparenta, dándola idea y la palidez de una leucemia. En el extendido reino de los líquidos se hallan junto a él el sudor, la saliva y el semen. También el agua de mar, las lágrimas de llanto y las de la menstruación, los humores segregados por los racimos del páncreas y los propios del hígado en su seno. Pero el vino es el que más sobresale, el que más canta.La pureza de su sonido y la razón proveniente de la oscuridad hacen su fuerza más verdadera. Pero más obstinado y persistente aún que el vino es su silencio, el rastro de humedad que deja en las copas al abandonarlas, al ser bebido. Al colmar una copa de alcanza la verdad, y al vaciarla se llena de violencia. Entonces en el espacio queda una pregunta. Y fuera del espacio el vino sin respuesta.                                                                                        Rafael Courtoisie  

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