• 588
    16 Mar 2019

                                                                                       Por Hellman Pardo No es fácil abordar la poesía de Plath, llena de simbolismos, de traslaciones. Sin embargo, cuando leí por primera vez "Tres mujeres", comprendí su grandeza. Sus diarios superan párrafos completos de Nin, y tan arriesgada afirmación ya es mucho decir. Este lunes 11 de febrero se cumplen 50 años de su suicidio. Recordémosla por un momento con el último poema escrito por ella, cinco días antes de su muerte.   ABISMO La mujer es perfecta. Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de ser real; la apariencia de una necesidad fluye por los pergaminos de la vida: sus pies desnudos parecen decir: hasta aquí hemos llegado, se acabó. Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes, una jarra de leche, ahora vacía. La mujer los ha plegado de nuevo hacia su cuerpo; así los pétalos de una rosa cerrada, cuando el jardín se envara y los olores sangran de las gargantas profundas de la flor en la noche. La luna no debe entristecerse, está acostumbrada a este tipo de cosas. Todo crepita, todo se arrastra, todo se muere.                                                                                          Sylvia Plath

    Ver
  • 625
    16 Mar 2019

    Fotografías: Gregory Colbert, del libro: "Ashes and Snow" (Cenizas y Nieve), 2002.

    Este será un taller de acercamiento y sensibilización literaria con el género de la poesía y su escritura, donde se abrirán vasos comunicantes con la pintura y la fotografía (literatura y las artes).

    Se mostrará a los asistentes diferentes formas de abordar la poesía y la imagen, trabajando constantemente la escritura poética.

      Todos los sábados de febrero, marzo, abril y mayo 2:00 p.m.   BIBLIOTECA PÚBLICA PARQUE EL TUNAL (Calle 48B sur No. 21-13)   Total de horas: 32 h.   ENTRADA LIBRE   *** Este taller se realiza dentro del marco de los programas de Promoción de Lectura y Escritura de la Red Capital de Bibliotecas Públicas - BibloRed  

    FOTO

    En la fotografía que tus ojos vuelven dulce hay tu rostro de perfil, tu boca, tus cabellos, pero cuando vibrábamos de amor bajo el oleaje de la noche y el clamor de la ciudad tu rostro es una tierra siempre desconocida y esta fotografía el olvido, otra cosa.

    Juan Gelman (Buenos Aires, 1930 - )

      Informes:   Henry Alexander Gómez Promotor de lectura y escritura franja jóvenes y adultos Biblioteca Pública Parque El Tunal Red Capital de Bibliotecas Públicas- BibloRed Teléfono: 7698734 ext 235 Calle 48B sur No. 21-13 Bogotá  

    Ver
  • 625
    16 Mar 2019

                                                                                      Por Hellman Pardo El simbolismo perdura en cada imagen poética de Gonzalo Márquez Cristo. Palabras sólidas, feroces. Palabras liberadas, escapadas del viento. He aquí la permanencia del lenguaje, en uno de los poetas más interesantes de nuestro país.   DOMINIO DE LAS HUELLAS   Volví de la noche: aún me escucho el corazón. Para construir en el abismo me entrego al resplandor que aniquila, que escalda mi rostro. Aquí sólo el fuego conoce los caminos. Hemos sido encargados de profanar el mundo, de seguir a quienes fundaron una progenie de espectros y de anunciar la llegada de los emisarios del terror. Cuando la sombra nos precede sospecho que el tiempo me vigila. Fui expuesto. Me acechan los inquisidores. El victimario sufre la tiranía de sus huellas y ese incesante sobresalto será nuestra única venganza. Somos los nuevos nómadas, los prisioneros del futuro, los de la mirada inacabable. Es en momentos aciagos cuando es oportuno renacer, conteniendo la respiración, sintiendo el miedo que aletea en la ventana. ¿Aún será posible expresar la primera sílaba? ¿Emprender nuestro retorno vegetal? ¿Recobrar el canto del agua? ¿Liberar a la raíz? Comprendí todos los regresos. La poesía se lee cerrando los ojos. Instigué a la flor para que se rebelara contra la primavera. Extravié mi sed. Oh noche, todo se ha creado en contra tuya.                                                                               Gonzalo Márquez Cristo

    Ver
  • 678
    16 Mar 2019

    En el CAFÉ LA LUPITA, en alianza con la editorial PIEDRA DE TOQUE, se abrió un espacio para la poesía, el último miércoles de cada mes. Este año se iniciará con un recital conjunto de la COMUNIDAD DEL MEGÁFONO, grupo que busca compartir el fuego de la poesía en escenarios convencionales y no convencionales. Darle a la palabra escrita, hablada y escuchada su lugar de privilegio, devolverle su sentido de integración y fraternidad. Poetas Invitados: GABRIELA SANTA CAMILA CHARRY MARGARITA MEJIA FELIPE DONOSO DUFAY BUSTAMANTE JOEL CRUZ FABIO ANDRÉS DELGADO SERGIO ANTONIO CHIAPPE. Miércoles 30 de enero 2013 7:00 PM Café la Lupita Calle 70 No. 10A - 25 Bogotá ENTRADA LIBRE Consumo mínimo: $ 5.000 Poesía - Comunidad del megáfono

    Ver
  • 580
    16 Mar 2019

                                                                                          Por Hellman Pardo El Faisán, aquella ave que habita en las praderas abiertas, al finalizar los bosques, es considerada en algunos países europeos como la representación del desencanto y la derrota. No en vano Herta Müller llamó al hombre como el gran faisán del mundo. Un libro extraño aparece en Berlín en 1995, Der Mensch ist ein großer Fasan auf der Welt. Novela, relato, poesía; todo junto en una sola obra. Aquí se confunde el asalto de la narrativa con la fuerza del poema. Dejo aquí uno de los textos del libro, traducido por quien edita esta nota hace ya unos cuantos años, al preguntarme, como todo el mundo, quien era la flamante ganadora del Premio Nobel de 2009. La Academia, en este caso, tuvo la razón.   LA LÁGRIMA   Amelia salió del patio. Comenzó a andar por la hierba llevando una pequeña caja en la mano. La olió. Windisch vio la falda de Amelia proyectar su sombra sobre el forraje. Sus muslos eran blancos. Windisch vio que Amelia mecía las caderas. La caja estaba enlazada con una cinta plateada. Amelia se miró en un espejo. Buscó en él la cinta y haló de ella. “La caja estaba en su sombrero”, dijo. En el interior crujió un papel de seda blanco. Sobre el papel había una lágrima de cristal, y tenía un orificio en la punta, así como una ranura en su interior. Bajo la lágrima había una hojita de papel. Rudi había escrito en ella: “La lágrima está vacía. Llénala de agua, agua de lluvia, si es posible”. Amelia no lograba llenar la lágrima. Era verano, todo el pueblo se había quedado seco, estéril, y el agua del estanque no era agua de lluvia. Amelia acercó la lágrima a la luz de una ventana. Por fuera era sólida, pero por dentro, a través de la ranura, se estremecía. El cielo ardió siete días hasta vaciar el mundo por completo. Se desplazó hasta el final del pueblo. En el valle, el cielo miró hacia el río. Bebió toda el agua posible, y volvió a llover. En el patio el agua se precipitaba sobre las piedras. Amelia se detuvo con la lágrima mirando hacia la canaleja. La lluvia iba colmando el vientre de la lágrima. En el agua de la lluvia también había un retazo de viento. Un viento que impulsaba campanas de cristal por entre los árboles. Se escuchaban lóbregas, en cuyo interior se agitaban remolinos de hojas. La lluvia cantaba. Parecía tener arena en su voz, y cortezas de árbol. La lágrima se llenó. Amelia la llevó a su habitación con las manos mojadas y los pies descalzos saturados de arena. El agua resplandecía en el interior de la lágrima. Una luz fulguró dentro del cristal. El agua de la lágrima goteaba entre los dedos de Amelia. Windisch extendió la mano. Cogió la lágrima. El agua comenzó a empapar su codo. Amelia se lamió los dedos con la punta de la lengua. Windisch la vio humedecerse los dedos en aquella noche tempestuosa. Miró la lluvia afuera. Sintió la oleada de agua en su boca. El nudo del vómito le oprimió la garganta. Windisch puso la lágrima sobre la mano de Amelia. La lágrima goteaba, y el nivel del agua en su vientre no cedía. “Es agua salada. Te calcina en los labios”, dijo Amelia. Esta vez, Amelia se lamió la muñeca. “La lluvia es dulce”, dijo, “La sal viene del llanto de la lágrima”.   Herta Müller (traducción al castellano por Hellman Pardo)      

    Ver
  • 683
    16 Mar 2019

    El pasado 9 de noviembre de 2012 se realizó “Árboles de invierno”, en el marco del Festival de Literatura de Bogotá, un recital que contó con la participación de 21 escritoras que leyeron parte de la obra de 21 mujeres poetas universales. La lista la encabezó la poeta norteamericana Emily Dickinson (EEUU, 1830-1886), y culminó con la poeta rumano-alemana Herta Müller (Rumania, 1953) —quien recibió el premio nobel de literatura en 2009—, en una lectura inolvidable que nos compartió la poeta Yirama Castaño.

    Este año Müller, participará en el HAY FESTIVAL de Cartagena de Indias, en compañía de su traductor el inglés Philip Böhm. Herta Müller, nacida en Rumania y quien creció bajo la dictadura de Ceausescu, estará el 25 de enero en el Teatro Adolfo Mejía primero y después en la gala de poesía en la Plaza de la Aduana compartiendo al lado de otros escritores. El 27 de enero dará una lectura en Bogotá en el Centro Cultural Gabriel García Márquez a las 3 de la tarde. Entrada libre.

    Aquí uno de sus poemas del libro Los pálidos señores con las tazas de moca, traducido por José Luis Reina Palazón:

    Madre se convirtió en una ortiga Padre se convirtió en un álamo en lugar de esto me dijo uno durante la cena todo amor se nos convierte en lampazo yo sé en lo que él se convirtió y cómo yo me empaqueto pero me gustaría ser la espuma en la boquilla del clarinete el penumbroso dinero de los ladrones o el flaco ladrido de los perros contra la marca de las costillas de una chaqueta. ***

    HERTA MÜLLER nació en 1953 en el pueblo rumano Nitzkydorf. Ella forma parte de la minoría germano-hablante “Banater Schwaben”. En 1987 se mudó a la República Federal de Alemania y hoy en día vive en Berlín. Sus novelas, ensayos y cuentos narran sobre el ser extraño (extranjero) y sobre la patria, de la persecución política y la rebelión contra un régimen totalitario. La vida de Müller en Rumania fue marcada por la restricción y la vigilancía del aparato de la Securitate, la cual también la persiguió incluso después de su emigración a Alemania. Desde el principio de las noventas y la traducción de sus libros a más de 20 idiomas, Herta Müller forma parta de las escritoras más destacadas en el escenario de la literatura internacional con sus libros “La piel del zorro” (Der Fuchs war damals schon ein Jäger), “La bestia del corazón“ (Herztier) y “Todo lo que tengo lo llevo conmigo” (Atemschaukel), basando en la narración oral del poeta y ganador del premio Georg-Büchner, Oskar Pastior, quien falleciera en 2006.

    Por su obra literaria Herta Müller recibió el Premio Nobel de Literatura en 2009. Müller, “con la concentración de la poesía y la franqueza de la prosa describe el paisaje de los desposeídos”, explica la Academia Sueca. Además del Premio Nobel de Literatura Herta Müller recibió otros numerosos premios, como por ejemplo el Premio de Literatura Europea “Prix Aristeion”, el Premio Kleist y la Medalla Carl Zuckmayer. Además en 2010 recibió la Gran Cruz del Mérito con Estrella de la República Federal de Alemania.

    Herta Muller

    Ver
  • 641
    16 Mar 2019

    Por Omar Ortiz

     

    Sin duda el Festival de Arte de Cali es el evento más importante de tipo artístico y cultural que se celebra en la capital del Valle del Cauca. En las XV versiones, cumplida la última entre el 3 al 14 de Noviembre del 2011, se han dado cita en la ciudad, escritores, músicos, pintores, cineastas, teatreros, de las más variadas tendencias y propuestas creativas, pero todos de una gran importancia por el reconocimiento internacional de sus aportes a las disciplinas en las que trabajan. Allí han estado Mario Vargas Llosa, Nélida Piñón, Eliseo Subiela, Paco Ibáñez, para citar algunos, y entre los poetas Rafael Cadenas, Juan Calzadilla, y más recientemente Marco Antonio Campos y Lêdo Ivo.

    Todos sabemos que el Valle del Cauca es un departamento de ciudades, es la única región de Colombia que cuenta con por lo menos seis urbes, distintas a su capital, que por su dinámica de mercado y riqueza productiva se proyectan como espacios de distribución de bienes y servicios en amplios sectores poblaciones donde tienen influencia, entre ellas podríamos destacar a Tuluá y Buga. Y, a pesar de lo anterior pocas veces Proartes, entidad organizadora del Festival, se ha ocupado de ofrecer a sus invitados internacionales de una panorámica por la región vallecaucana en tiempos del evento. Tal vez lo ceñido de las programaciones y el apretado tiempo de los participantes tengan que ver en esta carencia. Por ello, con la complicidad de Luis Fernando Victoria, que puso a disposición su auto para el recorrido, desde la revista “Luna Nueva” decidimos invitar el sábado 12 de Noviembre de 2011, en las goteras del XV Festival de Arte de Cali, al poeta mexicano Marco Antonio Campos para que degustara de un paseo por el centro del Valle, visitando las ciudades de Buga y Tuluá. La maravillosa sorpresa nos la dio Marco Antonio en la mañana de ese sábado ya que al llegar por él al hotel donde se hospedaba, otro invitado se sumaba al convite, me refiero al poeta brasileño Ledo Ivo. Poeta que por esos milagros que nos brinda la poesía publicamos en el primer número de “Luna Nueva”, en 1987, cuando no era muy conocido en nuestro medio.

    De impecable azul vestido, con zapatillas dispuestas al abordaje de lo impredecible, con una jovialidad y vitalidad impresionantes para un hombre de 87 años, el poeta de Maceivo, egresado de la Universidad de Rio de Janeiro como abogado, a pesar que nunca ejerció tal profesión, participe de la llamada generación del 45 junto a Ferreira Gullar y Joao Cabral de Melo Neto, se subió con nosotros en el automóvil que nos conduciría, no como a los pobres que viajan en la estación de autobuses y que “levantan los pescuezos como gansos/ para mirar los letreros del autobús”, sino en un confortable paseo que tendría como primera escala la iglesia de San Francisco en la ciudad de Buga para disfrutar de los frescos indígenas que descubrieron pintados en el presbiterio del colonial templo que data de 1770, cuando fue levantado por los jesuitas.

    Una vez agotada la visita al templo y consumidos los pandebonos de rigor, nos dispusimos a recorrer el Parque Cabal, donde el poeta brasileño descubrió las ardillas que pueblan dicho terreno  y con una asombrosa familiaridad decidió participar en una platica con una de ellas, que observamos a prudente distancia temerosos de interrumpir tan cálido y espontáneo encuentro. Con una sonrisa picara, como si acabara de hacer la pilatuna del día, Ledo caminó hacia donde estábamos y con un gesto de complicidad le indicó a Marco Antonio que podíamos irnos.

    La visita posterior a Tuluá estaba planeada para almorzar en “las Chapetas” una picantería de vieja y alta tradición culinaria, donde se preparan las mejores empanadas del mundo y sus alrededores y se consumen las mejores carnes ahumadas de las que se tanga noticia. Para confirmar estas noticias deliciosas no es sino preguntar al poeta Roca que se sueña degustando una carne en bistec, o una porción de costilla de cerdo acompañada de otra de lomo ahumado con leña de guayabo, que las Chapetas llaman un “mixto”. Y de allí a tomar un  cafecito y a mirar esas muchachas de Tuluá que casi no dejan parpadear a nuestros poetas invitados, sobre todo a Ledo que confesó  regocijado su admiración por la belleza de las colombianas. Nada mal para un muchacho que parlotea con ardillas.

    Desde este encuentro inolvidable con Ledo Ivo, puedo entender mejor esos versos suyos que cobran una triste actualidad con su muerte y que dicen, “Jamás seré un extranjero. / No temo ningún exilio. / Cada palabra mía/ es una patria secreta”.

    El siguiente poema se publicó por primera vez en la Revista Luna Nueva:

      LA LAGARTIJA De la niñez, sólo recuerdo, una nerviosa lagartija. Da tanto el sol sobre su espalda, parecía de vidrio hecha. Entre piedras y papagayos, aparecía en el jardín. Tal vez quisiera ver el mundo o desearme un día bueno. Este saurio diestro y paciente, que convierte el sol en diamante me hace alabar la maravilla oculta en la infancia distante. Pues cosa grande, para un hombre, es sentir que, al nacer su vida, toda la belleza del mundo estaba en una lagartija.    

    ledo ivo 2Los poetas Horacio Benavides y Lêdo Ivo en Cali, 2011.

    Ver
  • 617
    16 Mar 2019

                                                                                             Por Hellman Pardo   Poeta contemporáneo de la generación Mito, Óscar Hernández mantiene la danza del lenguaje en cada uno de sus poemas. Versos largos, que inquietan, intimidan, en una búsqueda por descifrar los intersticios de la razón. De su manera de observar el mundo, dice: “Somos la vida misma. Sin filosofía no conoceríamos la libertad y si poesía nuestro planeta, nuestro futuro, nuestras palabras, serían un depósito de oscuras inutilidades. Son como el aire: ni lo ves ni lo conoces pero si te falta estarías en brazos de la muerte.” De su celebrado libro Las contadas palabras, dejo el maravilloso poema "Árbol".

    ÁRBOL
     
    Los árboles tienen sus fechas escritas
    las del fruto
    la de la muerte
    y la del sol
    los árboles tienen sus pájaros escritos
    y sus ramas hechas a mano por el tiempo
    los árboles tienen el corazón grabado por su misma vida
    y en ese corazón leñoso se lee
    que un día caerán de viejos
    de pesados, de secos
    de pájaros
    que caerán de agua y de viento
    y llegarán al pasto para aconsejar otros arbustos
    que también traerán sus fechas escritas;
    los árboles tienen puesta la vida
    y puesta la muerte
    como sus demás compañeros de tierra:
    hombres, larvas, sedas, gotas, gorras,
    palabras
    aunque las palabras se fundan en el aire
    y tomen un nombre, el nombre de aire.
    Pero los árboles vienen con su sombra escrita
    con letras que crecen al lado del sol
    y de su tronco.
    Y escrita está la fecha del cotiledón
    y del hachazo y el día de la hoguera en la casa desconocida.
    Todo acaba en la fiesta del fuego.
    La fecha del incendio.
                                                                         Óscar Hernández

    Ver
  • 577
    16 Mar 2019

                                                                                           Por Hellman Pardo   Gonzalo Rojas, poeta cuya intuición sobrepasa latinoamérica. En su poesía hay extrañeza, bondad, iluminación. Libros como Del relámpago, Las hermosas y su maravilloso Río turbio, hablan el lenguaje de la belleza. Hay que detenernos varias veces en cada transfiguración poética, en cada línea perfilada. Les dejo aquí "Carbón", uno de los mejores poemas sobre la persistencia.   CARBÓN   Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho, lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces, cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento como una arteria más entre mis sienes y mi almohada. Es él. Está lloviendo. Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor a caballo mojado. Es Juan Antonio Rojas sobre un caballo atravesando un río. No hay novedad. La noche torrencial se derrumba como mina inundada, y un rayo la estremece. Madre, ya va a llegar: abramos el portón, dame esa luz, yo quiero recibirlo antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino para que se reponga, y me estreche en un beso, y me clave las púas de su barba. Ahí viene el hombre, ahí viene embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso contra la explotación, muerto de hambre, allí viene debajo de su poncho de Castilla. Ah, minero inmortal, ésta es tu casa de roble, que tú mismo construiste. Adelante: te he venido a esperar, yo soy el séptimo de tus hijos. No importa que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años, que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto, porque tú y ella estáis multiplicados. No importa que la noche nos haya sido negra por igual a los dos. —Pasa, no estés ahí mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.                                                                                        Gonzalo Rojas

    Ver
  • 644
    16 Mar 2019

                                                                                          Por Hellman Pardo Poco se comenta la poesía de Gustavo Adolfo Garcés. Tres palabras pueden definirla: lacónica, pasmosa, contundente. En 2010 aparece su antología personal "Breves días", título que le da nombre a su segundo libro de poesía. Es tal la fuerza de las imágenes que puede describir el universo como los gajos del azar, o decirnos que la mosca aún aprende de su zumbido. No necesita formar grandes estructuras poéticas, porque es definitivo. Escuchemos, pues, su eco, el entorno de su voz.   BASHO Y EL ECO DEL MUNDO De la noche solo escucho la sílaba de la rana                                                                             Gustavo Adolfo Garcés    

    Ver

Fundación La Raíz Invertida
Derechos Reservados Fundación La Raíz Invertida 2015

Algunas de las imágenes utilizadas en el portal han sido obtenidas de la red y son de dominio público, no obstante, si alguien tiene derecho reservado sobre alguna de las fotografías y se siente perjudicado por su publicación , por favor , no dude en comunicarlo.
PONTE EN CONTACTO
Inscríbete a nuestras redes sociales
Recibirás boletines y noticias www.laraizinvertida.com