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09 Sep 2014 / 12:30 pm

Por Jorge Valbuena

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Y entonces se alista el lector para aventurarse a una obra de estas dimensiones. Revisa con cautela el mapa de su destino, sus lugares escondidos, intuye el ritmo del viento en las primeras consignas, lleva un paraguas por si las sombras y un pincel por si el silencio. Hasta que se encuentra perdido sin sombra, paraguas, pincel, ni destino, solo en un río sonoro que crece y se eleva, y le van dando a su condición de lector un matiz de brizna para un paisaje que se disuelve en las cuatro direcciones. El lector es ahora un lugar en el viento.

Una geografía del viento, así es la literatura de Julio Cortázar cuando se trata de templar una bandera que defina algún asomo de verdad. Mirar desde lo alto al mapa de su camino nos revela a un narrador hecho de vértigo en su escritura, con algunos asomos breves e interesantes en la poesía. Se suele fragmentar esta misma piel y ponerle a cada una su vestido. Pocos versos, mucha prosa, es la fórmula que solemos aplicar a estas medidas.

A grandes rasgos toda la obra de Cortázar se nos revela como un extenso poema, con ese matiz de acertijo y necesidad de luz que tienen los conjuros, los descubrimientos. Una búsqueda que inicia y desemboca con una continua reflexión sobre el lenguaje como forma de existencia, razón por la que su última publicación se haya consignada bajo el título Salvo el crepúsculo, que recopila su obra poética, compilación de una vida de hallazgos que no podría enumerarse como uno más de sus trabajos en la lista que conocemos sino casi como un diario de apariciones en el que dialoga con sus múltiples realidades en fuga.

Leer sus intermitencias poéticas nos revela un diálogo que se perfila hacia un interior desfigurado, sin la claridad del que tiene una estructura de comienzo y  final predispuesto, o una circularidad paradigmática que detone en una imagen, una métrica minuciosamente enfocada, un tema o fundamento que se pueda aplicar a un canon particular, los poemas de Cortázar se van reuniendo como caminos desconocidos a los que se aventura a pisar y recorrer intuyendo que a ellos se pertenece, son hechos bajo el lenguaje del azar y del juego, que son los mismos que encarnó por necesidad vital a lo largo de su obra.

Y tienen de intimista y conversacional lo que también les sobra de testimonio y ficción, a la vez que trucan una certeza por algo nunca antes visto, una verdad  por un asombro. El poema hace al poema. Lo que aparece en ellos como una forma de contradicción, poemas que se cuestionan a sí mismos, es la poética misma de un autor que asume que nada está revelado fuera de ella, negándose a cargar con un método que le disponga el lugar donde deben estar ubicadas cada una de sus emociones. La poesía llega como aparición invocándola desde sus propios secretos:

 

¨Cómo no pensar, después, que de alguna manera la poesía es una palabra que se escucha con audífonos invisibles apenas el poema empieza a ejercer su encantamiento. Podemos abstraernos con un cuento o una novela, vivirlos en un plano que es más suyo que nuestro en el tiempo de lectura, pero el sistema de comunicación se mantiene ligado al de la vida circundante, la información sigue siendo información, por más estética, elíptica, simbólica que se vuelva. En cambio el poema comunica el poema, y no puede ni quiere comunicar otra cosa¨

 

Nos dice después de una larga disertación sobre la poesía, en su poema, ¨Para escuchar con audífonos¨, en él se sumerge en un recorrido desconocido, no se tiene la última palabra, nada ha sido planeado, el poema revela lo que es el poema a su autor, siendo el creador una suma de sus propias invenciones. De esta forma se puede considerar que esta manera de mirar hacia la poesía determina unos presupuestos de asombro que en Cortázar son labor cotidiana, la obra  misma define su poética, la poética es para un autor los límites a los que se ha arriesgado a alzar el vuelo su búsqueda, es la obra la que construye su poética y por consiguiente es la obra la que inventa a su autor. Así lo describe en este fragmento de su poema ¨Java¨:

 

¨Los grados de la abstracción fijan inequívocamente mis revueltos pameos: cuanta más distancia hay entre la sustancia verbal del poema y la sustancia de la vida, más tiempo ha pasado. No es que ahora busque especialmente lo concreto, digamos como los poetas de la escuela de Nueva York, pero creo que lo concreto me busca a mí, y que casi siempre me encuentra.¨

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Fue Wittgenstein el encargado de hacer un llamado sobre esta ecuación, ¨Somos el límite de nuestro lenguaje¨, que en Julio Cortázar se puede categorizar desde el carácter de revelación que tiene el lenguaje sobre sí mismo, negándolo como artificio o herramienta, es el lenguaje el que determina su destino, se pertenece a él por consanguinidad de incertidumbre, una mutua creación se devela entre el lenguaje que usa al autor para revelarse y este otro que lo escribe e invoca como quien enciende el fuego, y cuando se enciende el fuego ¿A quién atribuirle la humareda o su creación?

 

¨Poemas de bolsillo, de rato libre en el café, de avión en plena noche, de hoteles incontables.

(¿En cuántos habré parado, en cuantas estaciones y aeropuertos me esperó ese miedo que siempre me dieron los lugares de pasaje?)

Recelo de lo autobiográfico, de lo antológico: dos de las cabezas del perro infernal ladrando a orillas de esta máquina que va poniendo en limpio tanta cosa suelta.”

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 (Fragmento del poema: Con Tangos)

  Nos muestra un lenguaje cifrado, donde se entregan las pautas de los silencios recorridos, reúne en sus poemas los mundos que ha sido para contrastarlos, para no ser habitante de uno solo. En Cortázar la poesía, es su propio diario, al que se puede recurrir para hacer un alto en el camino y recordar al futuro o preguntar sin fecha ni equilibrio el lugar que le corresponde a alguna hora. Y casi se puede escuchar una advertencia en el fondo de estos versos sin tiempo: no hay olvido, en la poesía todo puede ser recobrado, incluso aquello que aún no has vivido. Porque el diálogo continúa en el lector y en el otro y en el otro, dimensiones perpetuas en un trazo. Julio Cortázar irrumpe en lo más cotidiano, ávidos de sublimaciones, esperamos el poema en lo más iluminado, en las convenciones con que trafica el amor, la muerte, la desesperanza, solemos ver estas condiciones tan cercanas a todos solo en lo más elevado o surreal. En Cortázar tropezamos con la bruma, la estatua, la huella que se imagina en lo más diminuto y ahí perdura y crece todo lo infinito. Así se respira en el siguiente poema:  

Quizá la más querida

Me diste la intemperie, la leve sombra de tu mano pasando por mi cara. Me diste el frío, la distancia, el amargo café de medianoche entre mesas vacías.

Siempre empezó a llover en la mitad de la película, la flor que te llevé tenía una araña esperando entre los pétalos.

Creo que lo sabías y que favoreciste la desgracia. Siempre olvidé el paraguas antes de ir a buscarte, el restaurante estaba lleno y voceaban la guerra en las esquinas.

Fue una letra de tango para tu indiferente melodía.

 

Así inquieta la cotidianidad y la rutina en esta poesía, donde ellas aparezcan es necesario abrir  el diario y preguntar, la poesía empezará a brotar como la real dimensión que permanece bajo el vértigo de días y días hacinados. Y así funciona la realidad cuando se nombra, es necesario regarla, escribirla, vaciarla, para que exista. Cortázar anuncia en uno de sus textos autobiográficos que  siempre tuvo difícil relación con la realidad, que desde su infancia vivió en otros escenarios, siendo la realidad un vacío lleno de muchas cosas. Esto lo prodigó una tendencia a lo que ¨no es normal¨ y lo hizo buscar en el lenguaje y la escritura los cimientos de una realidad imaginada donde fuera consciente de algún lugar en el mundo. Y esta realidad se fue haciendo de múltiples  dimensiones. Fue Cortázar un constante explorador de la realidad, sabía  que ni ella ni él se pertenecían, la creó íntegra desde su extrañeza. Así en su poema ¨Background¨, ratifica:

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¨Tierra de atrás, literalmente.

Todo vino siempre de la noche, background inescapable, madre de mis criaturas diurnas. Mi solo psicoanálisis posible debería cumplirse en la oscuridad, entre las dos y las cuatro de la madrugada –hora impensable para los especialistas. Pero yo sí, yo puedo hacerlo a mediodía y exorcizar a pleno sol los íncubos, de la única manera eficaz: diciéndolos.

Curioso que para decir los íncubos haya tenido que acallarlos a la hora en que vienen al teatro del insomnio. Otras leyes rigen la inmensa casa de aire negro.¨

 

Como irónica, experimental, fantástica, metafísica se ha definido la literatura cortazariana, adjetivos varios que reúnen las posibilidades más conocidas para su acercamiento. Aquellos lugares que ya hemos recorrido en otros autores, otras literaturas. Pero fue en la literatura que Cortázar asumió su extrañamiento, y en la poesía encontró los lugares más íntimos de su abismo, lo que ninguna realidad le nombró. Exploró este género fuera de las convenciones que su época le había detallado, incluso los poemas sociales conservan ese asomo de multiplicarse que sugiere su escritura. Desde este panorama, preguntarse sobre la poesía en Cortázar es preguntarse por la poesía misma, como oficio, genero, literatura, forma de comunicación. Hizo de ella y con ella también un bestiario, leer sus versos uno a uno es apilar piezas y piezas de rompecabezas que se multiplican, la poesía era una luz para ese mapa escondido. Pero eso es un tema escabroso. Por ahora diré que para acercarnos a esta poesía primero es necesario alejarnos de todo lo que consideramos conocido.


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