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26 Oct 2020 / 15:10 pm

 

Y LA CASA OLVIDÓ LA NOCHE

A Lino Hernández

I

Y la casa olvidó la noche.
La madrugada llegaba con el aire gris, que limpiaba la sangre de los espejos.
Mientras que en cada árbol, un pájaro despertaba.

La casa del pueblo.
Papá, mamá, hijos, nietos… en un solo olor de madera.
Atrás un corral, las vacas, y de nuevo la tierra.

La casa.
El viento que danzaba bajo el sol, jugando con los niños.
El centro del principio.
El lugar de todos los lugares.

 

II

Más allá de los caminos, el frío y la lluvia.
No había gobierno para los caballos de la noche…
La abuela en la cocina.
Nosotros escuchando el estrépito de los platos…
La dulce fuerza de sus manos.

Luego sentados a la larga mesa, junto a los caballos.
Y un viento nos sacudía, diciéndonos…
Que la eternidad… ya había comenzado.

 

 

DEL CIELO

Infundados en el silencio
Luz tenue que baja del cielo
Miradas danzando como ángeles de luna

Esperaremos por ti en la piedra que reposa
al lado del río de la muerte
Hasta que la sombra pase podremos
llorar de nuevo

Quizás veas un manantial cuando
abras la puerta del olvido
El sol se llevó nuestras miradas
No podemos mirar de nuevo el cielo

La luz se esconde en el silencio
en los espejos cubiertos al amanecer
Ahora todo está en un baúl marrón
Y el sol está sentado a la derecha
del universo
Vigilante,
Expectante,
Con olas de fuego que se abrazan por dentro
Como guardián inquebrantable custodia
el verde de las paredes

Amigo Sol,
¿Te quedarás sentado imaginando los
pájaros?
Sopla fuerte y empuja un río, y
contempla la brisa pasar con un
arco iris llevado por pájaros de alas rotas
Que dicen adiós y sangran para abrazar
Al atardecer

 

 

Y UN CRISTO SIN BRAZOS NOS ABRAZÓ

 

A Bojayá

Fuimos a la Iglesia
                       a implorar
                                a invocar la vida
Estuvimos sentados frente al
sepulcro
Fuimos un dulce coro en el crepúsculo
                                              de la noche

Desde lo profundo
un lumbalú comenzó un ritmo para
arrullar a las estrellas
                          ¿regresaremos de inmediato?

Pensábamos que estábamos solos
hasta que un Cristo sin brazos
nos abrazó, y salimos vestidos de ángeles
                                                acompañando al silencio

La brisa nos empujaba, y una nube
                                            nos sonrió
Entre ellas esta noche dormiremos
                              Mañana lloverá…
                                     Y de nuevo volveremos a la tierra.

 

 

SUEÑOS DE HOJAS TRANSPARENTES

Un columpio danza
en el centro del parque,
en el centro de la vida,
en el corazón de un niño.

Un columpio danza,
y el corazón del viento
palpita,
fuerte y acompasado
acompañando a los
árboles.

Un columpio danza
en el centro de la nada.
Los árboles a su alrededor lo
contemplan y empujan las
hojas cada vez más
fuerte, para acercarlo al
cielo.

Sueños de hojas transparentes
que acarician el viento.
El cielo espera por ti
después de la luz.
Para imaginar a un niño,
para acariciar a la soledad,
para tomar un impulso desde
el abismo

 

 

Margareth Ríos Hernández. Nació en Palmira, Sucre, Colombia. Realizó estudios de Lingüística y Literatura en la Universidad de Cartagena. Se ha desempeñado como docente, editora, correctora de textos y redactora digital. Los textos presentados a continuación hacen parte de sus poemarios inéditos Fuego en el viento, y Después del fuego. Fuego en el viento será publicado el año entrante por la Tertulia Literaria de Gloria Luz Gutiérrez.

 


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