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22 Jul 2020 / 13:29 pm

 

Crear para contar: Obra Final de Creación

Este año, en la Universidad Central, cuatro estudiantes de la Maestría de Creación Literaria sustentaron sus obras poéticas. Estos poemas son también el resultado de un diálogo abierto, con los profesores y entre ellos mismos. Una demostración de que en las voces tan distintas de la poesía sobrevive la diversidad y la comunicación que no es el de todo posible en nuestras sociedades, nuevas formas de expresar una experiencia compartida.
Se ha dicho varias veces que no hay escritores jóvenes sino escrituras nuevas. Con cada una de estas obras es el inicio de escritura tan auténtica como desafiante. Que amplía los horizontes de nuestra poesía, hablando de la infancia en el desborde de nuestros tiempos; o en los silencios de los animales; después de los estragos de guerra o a través una escritura femenina que se libera desde el cuerpo.
Compartimos con ustedes esta muestra. El viernes, a las 7 de la noche, Laura Benavides y Alexander Pacheco, María Fernanda Garzón y Nicolás Peña Posada, ofrecerán una lectura a través del Facebook live de la Maestría de Creación.

 

 

 

 

 

LOS LUGARES QUE SON SIEMPRE

Laura Benavides


NUESTRA CASA de plumaje
no juguetea con el viento
Bajo el mismo techo
duerme:
                        mi madre y el agua.

 

 

 

BAJO LA SOMBRA de los cámbulos
un joven no pudo despedirse
detrás de todo lo que se eleva
nadie pregunta quién parte.

 

 

 

 

 

 

 

SÚBITO TEMBLOR

Alexander Pacheco

 

INTRO

I

Desmantelar las capas de la cebolla. Diseccionar con el pulso alterado la comúnanimalidad de sus componentes. Cada estrato de la cebolla es otra vida Schrödinger. La cebolla-Schrödinger. Fecunda simultaneidad que encubre lo compacto. Escribir es comer de los anillos dando un mordisco espantoso a la cebolla. Asir un descosido saco lleno de huesos que se hacen polvo. Huesos que vuelan por el aire como la ceniza. No hay en ella algo que se niegue a dispersarse.

II


Nosotros nos aferramos demasiado. Escribir es traicionar a las palomas. Palomas, Schrödinger. Polvo de huesos que escapan aleteando del saco inútil. Un nido de jaulas. Escribir es untar de ceniza la cebolla después del mordisco. Donde hay ceniza, no hay nada. La ceniza es insignificante e incontenible. La ceniza es la vida que se esparce a pesar del saco-cárcel. La imposibilidad del rostro.

III


Hay una multitud acosándome. Turba que empuja desde adentro. Mentirosos y ausentes y parricidas y animales que soy yo. Que soy todavía yo. Tengo todos sus rostros no tengo uno propio. Soy como un bosque de ceniza. Una constelación de humo. En la sombra siempre estás al acecho. Todo es inesperado. La multitud de la cebolla se apresta, se desliza, se contrae se dispersa.

IV


Hordeliing es escritura. Un demente que protege sus fantasías de los demás. Hordeliing-ceniza. La cebolla-ceniza. No hay rostro allí. Regreso del alma individual al alma colectiva. Un nirvana estertóreo e inacabado. Pero siempre es más que eso cebolla y ceniza son solo palabras el saco sigue descosiéndose y casi no quedan huesos.

 

 


VENADO

las hondas alrededor de mi boca
cuando tomo agua del lago,
                    te dirán cuanto tiempo tengo.
Vengo de un camino de niebla
                    donde dios come de las zarzas venenosas
y se tambalea de un lado a otro.

Nunca me tendrás.

 

 

 

 

 

 

 


SQUIRT

Maria Fernanda Garzón


5.

La madre fumaba
                           una cajetilla
                                              cada día.

El padre callaba
                        All you need is love
                                                     en el televisor.

La madre fumaba
                          dos cajetillas cada día.

Mamá se quedó sin pulmones.
Papá se quedó sin voz.

 

 

6. Orquídea blanca y sin voz

Para ofender hay que encontrar las palabras adecuadas. Se requiere de fuerza para arrancar sin dientes los pétalos de la orquídea. Dejar al descubierto el núcleo, sin sostén, pegar el oído a sus primeros susurros y ver cómo el morado empieza a nacer sin el caparazón que la sostuvo.

 

 

 

 

 

 


LA ABUELA NUNCA LLORA CUANDO CORTA LAS CEBOLLAS

Nicolás Peña Posada

 


EL VIENTRE DEL MAR Y LAS CONCHAS

La hermana corrió como si estuviera volviendo al vientre
al agua del vientre cuando todavía estaba encerrada en un huevo
el mar sonaba como un animal inmenso lleno de otros animales inmensos que nadaban en un cuerpo salado de nubes
la hermana se lanzó como si estuviera buscando su alma dentro del mar
la madre no se apresuró miraba las huellas que iba dejando en la arena caliente donde desaparecían cangrejos como fantasmas
se detuvo un rato y miró las conchas rotas los troncos mojados en la playa las garzas en un vuelo plano sobre el agua
el niño que era yo también corrió para que el mar lo abrazara
y se hundió en una especie de sueño como si otra vez naciera
unos niños jugaban con vasos plásticos y recogían conchas para lanzarlas al mar que luego volvía a escupirlas a la playa o se las tragaba definitivamente
nosotros nunca habíamos recogido conchas pero por ahora era más importante el mar aunque también en las conchas estuviera contenido el mar en mínimas porciones en pequeños gotas
el mar es una gota que un día cayó del cielo.

 

***

Los abuelos cogidos de la mano miraron unos segundos el mar y luego fueron a buscar unas sillas
para los abuelos el mar era un viejo amigo al que no querían incomodar
el padre metió los pies y sintió la electricidad del agua
era la primera vez que presenciábamos con el cuerpo la inmensidad
que palpábamos la inmensidad
que la inmensidad se metía por la boca por los oídos por el pelo por todos los abismos del cuerpo
afuera la madre y el padre y los abuelos sonreían y hundían los pies en la tierra como niños y como niños cerraban los ojos y escuchaban las olas besar los bordes de la playa y cuando abrían los ojos veían el agua abrazando la tierra ocupando la tierra
el mar era un vientre por donde otra vez la hermana y yo volvíamos a nacer.

 

***


Al regreso del mar cada uno tenía su propia colección de conchas
unas habían llegado rotas por el viaje
otras se habían secado completamente
la madre decidió poner las conchas de ella en el lavamanos para mantenerlas mojadas
la hermana hizo con las conchas varios collares y otras las metió en la pecera de Tony
su pez payaso
Tony jugaba con las conchas como si fueran otros peces para no sentirse tan solo
las conchas en la casa eran un pedazo de mar y fue cierto que algunas noches todos nos despertamos por el canto de las ballenas porque creíamos que dentro de las conchas estaba el canto de las ballenas cuando en verdad el canto estaba dentro de nosotros mismos.

 

 

 

 


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