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24 Abr 2020 / 13:13 pm

 

El mundo siempre ha llevado a cuestas la enfermedad del hambre. Según las Naciones Unidas mueren a diario unas 24 mil personas de hambre, o a causas relacionadas con este flagelo. Además de ello, históricamente se han producido periodos de grandes hambrunas, azotando todos los continentes. Recordemos en la historia moderna las hambrunas de Irlanda (1845-1849) en la que murieron más de un millón de personas, la Hambruna Soviética (1932-1933) en donde se estima que murieron entre seis y ocho millones de personas, o la Gran Hambruna China (1958 – 1961) donde, según algunas investigaciones, dejó un balance de 36 millones de vidas perdidas. El hambre en la actualidad sigue sucediendo y hoy, con la crisis que vivimos, se hace aún más evidente, sobre todo en el llamado Tercer mundo. Los escritores no han sido ajenos a esta fractura y son múltiples las reflexiones que se han suscitado desde lo literario a partir de novelas y poemas. El gran poeta peruano César Vallejo dio un testimonio directo del hambre en algunos de sus poemas. Recordamos uno de ellos que, como se ha dicho, “rompe con esa inercia de la realidad”.

 

 

 

 

 

LA RUEDA DEL HAMBRIENTO

Por entre mis propios dientes salgo humeando,
dando voces, pujando,
bajándome los pantalones…
Váca mi estómago, váca mi yeyuno,
la miseria me saca por entre mis propios dientes,
cogido con un palito por el puño de la camisa.

Una piedra en que sentarme
¿no habrá ahora para mí?
Aún aquella piedra en que tropieza la mujer que ha dado a luz,
la madre del cordero, la causa, la raíz,
¿ésa no habrá ahora para mí?
¡Siquiera aquella otra,
que ha pasado agachándose por mi alma!
Siquiera
la calcárida o la mala (humilde océano)
o la que ya no sirve ni para ser tirada contra el hombre
ésa dádmela ahora para mí!

Siquiera la que hallaren atravesada y sola en un insulto,
ésa dádmela ahora para mí!
Siquiera la torcida y coronada, en que resuena
solamente una vez el andar de las rectas conciencias,
o, al menos, esa otra, que arrojada en digna curva,
va a caer por sí misma,
en profesión de entraña verdadera,
¡ésa dádmela ahora para mí!

Un pedazo de pan, tampoco habrá para mí?
Ya no más he de ser lo que siempre he de ser,
pero dadme
una piedra en que sentarme,
pero dadme,
por favor, un pedazo de pan en que sentarme,
pero dadme
en español
algo, en fin, de beber, de comer, de vivir, de reposarse
y después me iré…
Halló una extraña forma, está muy rota
y sucia mi camisa
y ya no tengo nada, esto es horrendo.

César Vallejo

Fotografía: Jesús Abad Colorado, tomada en el municipio de Peque (Antioquia) en 2001.


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