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12 Jun 2019 / 08:29 am

La representación de los festivales en la obra Conciertos del desconcierto de Manuel Giraldo:

El rock y la literatura latinoamericana

 

José Manuel López D’ Jesús

Universidad de los Andes

Postgrado de Filosofía

Mérida Venezuela

josemanuellopez888@gmail.com

 

Resumen:

El principal objetivo del siguiente texto es vincular el rock en tanto fenómeno y práctica musical, social y cultural con la literatura latinoamericana, por medio de la exploración temática de la obra Conciertos del desconcierto (1981) del colombiano Manuel Giraldo. Para ello, se mencionan algunas obras anteriores y posteriores a esta que tocan dicha temática y se describen los festivales más importantes de rock en Latinoamérica: Rock al Parque, Rock in Rio, Lollapalloza, Nuevas bandas y Gillmanfest, ello con la finalidad de realizar un breve análisis sociológico sobre estas prácticas del rock para comprender la trascendencia de tales eventos para la actividad rockera latinoamericana y entender sus valores y mecanismos identitarios. El análisis de la obra Conciertos del desconcierto desde el énfasis dado a la relación rock-núcleo social, nos permite leer una expresión musical como el rock en tanto fenómeno sociocultural decisivo para entender la cultura latinoamericana.

Palabras clave: Rock,  Literatura, Imaginario, Manuel Giraldo, Festivales de rock.

        The representation of the festivals in the work Conciertos del desconcierto by Manuel Giraldo: Rock and Latin American literature

 Abstract: 

The main objective of the following text is to link rock as a phenomenon and musical, social and cultural practice with Latin American literature, through the thematic exploration of the work Conciertos del desconcierto (1981) by the Colombian Manuel Giraldo. To this end, some of the works that predate and follow this theme are mentioned and the most important rock festivals in Latin America are described: Rock in the Park, Rock in Rio, Lollapalloza, New bands and Gillmanfest, with the purpose of realizing a brief sociological analysis on these rock practices to understand the transcendence of such events for Latin American rock activity and understand their values ​​and identity mechanisms. The analysis of the work Conciertos del desconcierto, based on the emphasis given to the rock-social nucleus relationship, allows us to read a musical expression such as rock as a decisive socio-cultural phenomenon to understand Latin American culture.

Keywords: Rock, Literature, Imaginary, Manuel Giraldo, Rock festivals.

Cada 18 de agosto se conmemora el cierre del Woodstock, un festival que reunió a las agrupaciones emergentes del movimiento rockero mundial, cuya bandera la iniciaron grupos como The Beatles y Rolling Stones. Libertad, igualdad, paz y emancipación femenina fueron algunas de las ideas promulgadas por este ritual artístico musical que marcó un antes y un después en la historia cultural contemporánea. Joe Cocker, Jefferson Airplane, Rateful Dead, Credence Clearwater Revival, Janis Joplin fueron algunos de los artistas y bandas que se presentaron en el festival. Desde la realización de este festival, el rock se estableció como un género en la música popular contemporánea, al nivel del jazz y del blues, como una postura ante la vida y, no menos importante, como una cultura a nivel mundial.

                                                                 

1- Características musicales

En materia de ensamble musical, el rock se presenta usualmente en formato de tríos, con instrumentos amplificados. El rock tradicional –guitarra, bajo y batería–, poco a poco introduce otros instrumentos: una guitarra eléctrica adicional y teclados: mellotrones, sintetizadores, entre otros. Como tendencia emergente en la segunda mitad del siglo XX con el lanzamiento de “Please, Please me”[1], el rock guarda dos características fundamentales, las cuales se piensan en dos niveles:  

  • El histórico: surge como un género contracultural, reivindica desde el punto de vista racial a la cultura afroamericana.
  • El artístico: se nutre de géneros como el jazz, el blues o el góspel. De allí, que apele al mismo formato de ensambles (tríos y cuartetos), y la misma instrumentación: guitarra eléctrica (ya no de caja, sino de acrílico), al estilo stratocaster y telecaster, bajo eléctrico y batería acústica.

¿Qué se mantiene y dónde está la singularidad en relación con esos géneros anteriores? Se mantiene la notación y la instrumentación, y el cambio se encuentra en la utilización de equipos electrónicos –pedales de efectos, sintetizadores, mellotrones–. Ya, en The Beatles se observa esta singularidad, la cual termina de patentizarse en el rock progresivo de los años 70; por ejemplo, Emerson Lake And Palmer, Focus, Pink Floyd, entre otras agrupaciones que se ven en la necesidad de emplear otros utensilios de tecnología electrónica, anunciada por John Cage y el piano preparado, lo que para el mundo musical de hoy es un hecho natural. De estos sub-géneros del rock, se va a dar un salto al heavy rock y al heavy metal. Desde hace unos 20 años hasta ahora se habla de trash, black, death, progressive, doom, new metal y muchos otros géneros.

 

 2. Rock Latinoamericano

 

Hoy ser latinoamericano es, entonces, interpretar la persistencia

y los cambios de una historia conjunta que se niega.

     (…) la historia de estudios compartidos, exilios y migraciones en esta región,

la fraternidad en el cine y la literatura, el tango, el bolero y el rock”.

Néstor García Canclini (2002: 9)

 

De acuerdo con el periodista argentino Carlos Polimeni, el rock se instala en Argentina y México, luego se expande a Chile, Colombia, Uruguay y Venezuela. Su determinación principal es quizás la confrontación con la autoridad y los conflictos que se propician al llevar un discurso trasgresor, cuya búsqueda es la crítica a la discriminación social, política y religiosa. Este discurso rockero en Latinoamérica goza de un sincretismo fecundado en las prácticas culturales que se encuentran en discordia y se representan en escombros, por el hecho de plantear un aspecto heterogéneo en su singularidad contestataria.

Así, lo refleja Polimeni en el titulo de su libro Bailando sobre los escombros, en el cual dice:

Los movimientos rockeros más importantes al sur de Río Bravo –los de México, Brasil, Argentina Chile y Uruguay –tuvieron en sus etapas clave largos conflictos con la autoridad y en muchos casos sufrieron censuras y persecuciones que, a larga los fortalecieron. La imagen de un movimiento liberador; catártico, alegre, de difícil control y de espíritu lúdico, construido  por esfuerzos sin demasiada relación entre sí, sobre realidades en muchos casos catastróficas., sustenta la idea del título de este libro. (Polimeni, 2002: 13-14).

El carácter rebelde del hecho rockero genera su censura. Esto, lo convierte en un acontecimiento liberador que arropa realidades con circunstancias geográficas, sociales y económicas diversas. En otros términos, el rock, en tanto movimiento cultural, se vuelve un núcleo donde las voces de las minorías (en el sentido de las personas sobrantes, olvidadas) latinoamericanas desean ser escuchadas, porque a través de él anuncian y proclaman la inconformidad por la cual atraviesan. Tal vez el rock es la cura a dicha carencia, una carencia repleta de memoria política y cultural que se nutre del proceso de colonización estético, poético y filosófico: “El rock hispanoparlante se ha construido bailando sobre los escombros del pasado. Ese rock que cierto progresismo político veía en los 60 y los 70 como parte de un proceso de colonización de los gustos, se ha convertido, además, en una fuerte barrera de identidad cultural latina en un proceso aún de consolidación”. (Polimeni, 2002:19).  En este sentido, es el fármaco de la cultura contemporánea en formación.

Si bien este género musical emerge en Latinoamérica a principios de los años 60, su presencia se pone de relieve en la década de los años 70, gracias a la realización de festivales como Avándaro (México, 1971), en el cual tocan, al igual que en el festival de Woodstock, artistas como Jimmy Hendrix y Janis Joplin. Dicho encuentro se considera uno de los pioneros en el ámbito cultural, pues llega a un número importante de personas por lo que se compara con el festival norteamericano Woodstock. Con este primer paso, el rock en Latinoamérica logra asentarse como cultura y también como una plataforma musical en la que varias generaciones de jóvenes se han desarrollado artísticamente y han fortalecido una postura de vida por medio del rock. Prueba de ello, son festivales como Rock Al Parque (Colombia), Rock In Rio (Brasil), Lollapalloza (Argentina), Gillmanfest y Nuevas Bandas (Venezuela).

En relación al festival Avándaro, Antonio Muñoz dice:

Un acontecimiento importante surgió en el año 1971 durante el festival Rock y Ruedas de Avándaro. El público presenció un concierto de tal alcance, que incluso fue comparado con Woodstock, el mítico concierto donde se presentaron artistas de la talla de Hendrix y Janis Joplin. El festival se realizó durante el paroxismo del movimiento contracultural conocido como “La onda”. Pero el suceso inolvidable sucedió durante la participación del grupo de rock llamado “Peace and love” donde, al hacer un llamado a los espectadores para gritar una consigna, recibieron una respuesta no esperada. La gente comenzó a gritar “Tenemos el poder” en señal de que no estaban bajo el régimen de ningún gobierno autoritario. (Muñoz, 2015:7).

Este festival se considera el inicio del movimiento rock en Latinoamérica, dando paso al dispositivo cultural que abre el discurso de las minorías (en un principio, jóvenes urbanos de clase media con ideas de rechazo a la cultura y la moral dominante), convirtiéndolas en uno de los focos sociales más notables de los últimos cincuenta años del siglo XX. Una forma de argumentar esta tesis es observar de modo objetivo el ritual que se construye a partir de los conciertos de rock, eventos destinados al encuentro de una contracultura cuyo reclamo es un espacio para la igualdad social, política y religiosa, que va dirigido a todas aquellas personas con este espíritu.

 

3. Algunos festivales de rock en Latinoamérica

Los festivales de rock más importantes (que no notables) en Latinoamérica han repercutido en el imaginario cultural, algunos ejemplos de estos son:

El Rock Al Parque (Colombia): este festival es la primera iniciativa de difusión musical, rockera y alternativa hecha en Latinoamérica por Mario Duarte, guitarrista de la banda La Derecha. Su nacimiento data del año 1994 y con 24 años de existencia ha presentado a agrupaciones claves para entender el imaginario del rock en español: Aterciopelados, Café Tacvba, La Maldita Vecindad, Kraken, La Pestilencia, Zapato 3 y Spias, son algunas de las bandas participantes en este festival cuya meta es propiciar la reflexión sobre el movimiento rockero latinoamericano: 

“Veinte años de Festival lo consolidan como una política pública exitosa, que aportó en la visibilizarían de un género musical en Bogotá, convirtiéndose en uno de los referentes de las múltiples identidades de la ciudad. El Festival como un organismo vivo, promovió actitudes de respeto y cultura ciudadana en espacios públicos y promueve y provoca debates y reflexiones permanentes sobre el entorno social, que seguirán transformándolo para reflejar las nuevas tendencias del movimiento rockero”. (www.rockalparquecolombia.com 1994 : 1).

En consecuencia, con Rock Al Parque se colocan las bases para una plataforma musical que permite la discusión, investigación y divulgación de este movimiento. El festival además de durar tres días con las bandas que interpretan estilos desde el ska, el reggae o el blues, hasta el heavy metal, el trash o el death metal, organiza varias actividades académicas: charlas, foros, exposiciones con el objetivo de fortalecer el conocimiento del rock en Latinoamérica.

El Rock In Rio (Brasil): Este festival se crea en el año 1985 y hasta la fecha cuenta con siete ediciones en Río de Janeiro, ocho en Lisboa y una en Las Vegas, es conocido como el festival más grande del mundo. “Me di cuenta que las armas que tengo para hacer el mundo un poco mejor son la música y el festival. Es lo que sé hacer bien”. (Eslogan de Roberto Medina, creador del festival Rock In Rio. http://rockinrio.com/rio/pt-BR).

Lollapalloza (Argentina):Para el año 1991, Perry Farrell, vocalista de Jane’sAddiction, creó la idea del festival Lollapalloza, el cual se realizó anualmente hasta el año 1997 y fue revivido en 2003. Lollapalloza llegó a Buenos Aires desde 2014 y el año pasado, el festival anunció que una franquicia llegaría a Europa en septiembre de 2015, más exactamente en Berlín”. (Radioacktiva, 2015:1).

El Gillmanfest (Venezuela)El 21 de mayo de 2005 se realiza el primer Gillmanfest. En esa ocasión se logró reunir en la misma tarima a los grupos de heavy metal venezolano: Gran Bite, Resistencia, la reunión de Paul Gillman con Arcángel (luego de 22 años de separación) y la propia banda Gillman, para esta primera edición Paul Dianno (ex-vocalista de IronMaiden) cerrarían la fiesta, por cierto los dos Paul cantando a dúo el súper-clásico: “Runing Free”. (Gillman, disponible en: http://www.paulgillman.com.ve/biografia/).

Nuevas Bandas (Venezuela): El Festival Nuevas Bandas es un espectáculo llevado a cabo en Venezuela por la Fundación Nuevas Bandas desde el año 1991 bajo la dirección de Félix Allueva. Fue creado con el fin de apoyar y difundir el trabajo de las nuevas generaciones de músicos que se desempeñen en el área de la música urbana, específicamente en el pop rock y sus variantes. (Angola, 2005:2).

  

4. Rock en tu idioma: precisiones sobre la repercusión de los festivales en el rock latinoamericano

Los festivales de rock en Latinoamérica funcionan como eventos que llaman a la reflexión y promulgan la paz y la igualdad. No es casual que cada uno de ellos se realice en momentos de caos histórico, político y económico buscando reivindicar el discurso humanista de una legión que reclama la honestidad, la alegría, el amor y la fraternidad, todo esto a través de un tono que rechaza la violencia. Se evidencia el ritual que se desarrolla en un concierto de rock. La interacción entre las bandas y el público ocurre de forma natural porque la música posee un grado de sensibilidad que tal vez está por encima de todos los demás lenguajes expresivos del hombre, ella “rompe las barreras de todos los lenguajes porque constituye en si misma la expresión de lo inefable”. (Schopenhauer, 2005:157)

En otros términos, la música rompe las barreras de todos los lenguajes porque ella constituye en sí misma la expresión de lo inefable. Saleno y Malvina señalan lo siguiente “dar cuenta de estos rasgos distintivos, de estas formas rituales, habilita una primera mirada analítica de sus públicos, de la puesta en escena de un tipo de identidad y permite ver los modos en que se construye la supuesta simetría entre músicos y público”. (Saleno y Malvina, 2016:1).

Esta conexión entre músicos y público parece ser asimétrica; también es una realidad que la reunión efectuada en nombre de las prácticas rockeras nutre esta expresión contracultural en Latinoamérica, por el hecho de molestar al sistema. Para sustentar esto es necesario recordar un acontecimiento decisivo en el marco de la dictadura argentina como lo es la Guerra de las Malvinas. Este acontecimiento trajo para el rock  un beneficio definitorio en el fortalecimiento de su cultura. Por una parte, se da prioridad a la música en español. En aras de un dogmático patriotismo, el gobierno argentino prohíbe la música en inglés, por lo que Argentina se convierte en uno de los epicentros del rock en español con embajadores musicales como Luis Alberto Spinetta, Sui Generis,  La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Giran. Por otra parte, se fortalece el discurso de la resistencia contra la dictadura, tal es el caso del grupo Virus, cuyos miembros se negaron a participar en el Festival de la Solidaridad Latinoamericana, por la represión ejercida de parte del gobierno argentino.  

El rock no quedó aislado de los intereses del gobierno que, en un arrebato de patriotismo, promovió la música nacional y prohibió la difusión de rock en inglés. El rock argentino ganó espacio y varios artistas se entusiasmaron con ese presente en el que se privilegiaban sus producciones. Un ejemplo de esto fue el “Festival de la Solidaridad Latinoamericana”, donde tocaron figuras del rock nacional: invitado, Virus se negó a participar. Acusado de frivolidad, el grupo se posicionó críticamente al rechazar intervenir en un recital organizado por la dictadura. (Gorrais, 2017:10).

Luego de que el gobierno argentino fuera derrotado en Malvinas, para reafirmar su posición independiente respecto al poder, Virus decide realizar un concierto en respuesta a los hechos violentos propios de la guerra, dando como lección la postura esencial con la que se funda el rock: la paz. Este recital constituye una respuesta ante el convulsionado escenario político que se vivió durante estos años en esta región sudamericana.

Se trató de un hecho artístico integral, en el que F. Moura y el artista plástico, sociólogo y letrista Roberto Jacoby idearon un espectáculo excéntrico, vinculando música, dramaturgia, danza y montaje. Los artistas y los músicos vestían de modo extraño, rompiendo con estereotipos del rock y despertando polémica por su vestuario y por su actitud en cuanto a los sucesos del país. (Gorrais, 2017: 10).

Queda clara la determinación subversiva propia del rock. Este funciona como un módulo articulador de cultura, sociedad, arte y filosofía; su notabilidad se hace visible a través de la influencia que produce en tanto artefacto que opera en la cultura fomentando diversas prácticas: conciertos, dinámicas musicales, sociológicas y estéticas como se evidencia en lo señalado.

 

5. El rock en la literatura latinoamericana: un breve panorama

En el panorama de la literatura latinoamericana, el tema del rock, en tanto contracultura, emerge con la publicación de ¡Qué viva la música! (1971). Dicha novela abarca el fenómeno cultural por medio de dos estilos musicales: la salsa brava y el rock. Tomando en cuenta la determinación contracultural de ambas propuestas musicales, Caicedo reelabora operaciones de modificaciones y contradicciones histórico-culturales padecidas por Latinoamérica y el Caribe a partir de los años 60. Esta fue una época muy convulsionada tanto en el ámbito político como en el social: la revolución cubana, la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, la guerrilla en Colombia y otros países crean un ambiente bastante agitado que exige cambios en el modo de ver el entorno de una sociedad latinoamericana que busca darle salida a sus preocupaciones. De esta manera, se instala el rock en el imaginario urbano y dicho género se convierte en voz contemporánea.

Dice María del Carmen Cesares, en su ensayo acerca del Rock en México:

El rock, es uno de los ámbitos de creación estética y participación política de mayor dinamismo a nivel nacional e internacional. Gracias a los procesos de migración, a la expansión de las industrias culturales y las nuevas tecnologías de grabación, los géneros de lírica popular en México se han ido transformando. Algunas canciones de rock se inscriben en la tradición corridista mexicana; heredan algunos elementos del corrido tradicional pero transformados de acuerdo con las condiciones históricas de su emergencia. (Cesares, 2008:7)

El hecho literario latinoamericano supo observar el impacto causado por el rock a pesar de la limitación del idioma, convirtiéndolo en un dispositivo de expansión política, cultural y estética con un alcance abismal. No es casual que la publicación de ¡Qué viva la música!, haya causado un singular impacto al retratar al sujeto contracultural con intenciones de aprehender los elementos musicales y líricos de un género musical ajeno como lo es el rock. Caicedo realiza operaciones de transculturación (mencionadas anteriormente), a través del problema lingüístico –el hecho de tener que aprender el inglés para lograr entender el discurso transmitido por el rock– que es un aspecto capital de la novela. La protagonista se ve en dificultad de establecer la comunicación con los personajes: “Poné ese radio, ¿querés?", y yo que lo pongo y suena tremendo Rock pesado y seguido. Miré a Ricardito emocionada. "Es Gran Funk", me informó. El entendía. Yo lo admiraba”. (Caicedo, 1971: 60).

El escenario de la obra es la fiesta. Eso permite el desarrollo natural de varios artefactos relacionados con la música (la radio, por ejemplo) desplegando el discurso musical en todas sus posibilidades: “El radio, en su inconstancia, cambió de Rock pesado a Llegó borracho el borracho, que yo mutilé en el acto (Tico también), para que se diera una sinfonía de rasguidos y chillidos buscando la mejor estación, el acuerdo. "No hay mucha", pensé desesperada”  (Caicedo, 1971: 23). En contraste con el rock hecho en inglés, Andrés Caicedo incorpora la categoría del rock latino ampliando de esa forma el espectro musical: Otra rumba –anunció–. La cuarta. Lunada en finca cerca a Pance: Marsmellows asados y Rock latino". "Peor porai", pensé; "latino y no saber inglés para entenderlo"(Caicedo, 1971: 25). Acá se crea un imaginario rock a través de arquetipos de carácter donde lo extraño, lo raro, lo otro, crea su determinación antropológica y musical: “Es que eso del Rock and Roll le mete a uno muchas cosas raras en la cabeza. Mucho chirrido, mucho coro bien cantado, mucha perfección técnica, y luego ese silencio y el encierro”. (p.71).

Aprender a hablar otro idioma, vestirse a la usanza de la población de un país extraño, utilizar giros lingüísticos producto de traducciones de otras lenguas, desarrollar prácticas y representaciones culturales, como los festivales, las bandas de rock de garaje o los accesorios y la vestimenta ajenas a la tradición en la que se vive.

Todos estos elementos crean el imaginario rock en la literatura. Ejemplos de desarrollo de esta complejidad son las novelas Opio en las Nubes de Rafael Chaparro Madiedo (1992), Rocanrol de Lucas García Paris (2007) y Conciertos del desconcierto de Manuel Giraldo (1981). De ese modo, se evidencia el impacto del rock en tanto mecanismo transculturizador en el contexto de América Latina. A continuación una precisión de cada una de las mismas. 

En Conciertos del desconcierto (1981), el narrador señala:

A todos les embargaba la misma emoción por las circunstancias tan especiales y con los primeros rayos aparecidos en el horizonte dieron inicio a la aurora. Las guitarras chirriantes se oyeron y detrás siguió la batería, el cantante cogió la barra del micrófono y saludó al público con un agudo grito, al mismo tiempo que inició su entrenamiento diario, comenzó a cantar, dando saltos y gritos sobre el escenario. (Giraldo, 1981:184).

El motivo central en la novela es la celebración de El Gran Despertar, el festival que junta a tres bandas Las Madres del Revólver, Los Apóstoles del Morbo, La Banda del Marciano y El Profeta del Ruido. El festival dura tres días en los que reinan los excesos, los dolores de cabeza, las quejas de personas ajenas al festival por el volumen alto y el descontrol existente en el evento. A pesar de ello, la música no deja de sonar y con la actitud irreverente, vestidos con trajes de color verde militar (para satirizar a las autoridades militares), portando sus guitarras distorsionadas responsables del estruendoso ruido se montan Los Marcianos en el escenario y dan inicio a su concierto.  

La trama de significado presentada en este pasaje contribuye a la edificación de una vertiente de imaginario rock en la literatura latinoamericana, esa literatura que halla en la contracultura un tema esencial. Es pertinente señalar que una de las lecturas de la novela en tanto documento literario es la construcción de dicho imaginario y el impacto socio-cultural que ha tenido el mismo en los últimos sesenta años.

En Opio en las Nubes (1992), Rafael Chaparro Madiedo también elabora una historia articulada por referentes de la cultura rock: se desarrolla un ambiente conducido por el delirio, la decadencia y el exceso, propios del imaginario rock y de los que la literatura se nutre para hilvanar uno de los discursos contemporáneos de mayor consistencia. El capítulo que le da el título a esta novela, “Opio en las nubes”, cuenta de forma realista lo que vive una pareja cuya existencia está musicalizada por los soundtrack rockeros, los cuales propician la adopción de un modo de vida dirigida por el deseo de experimentar con drogas, alcohol y sexo para evadir la vida real.

El narrador dice:

Tenías la misma lógica de la heroína, me produjiste el mismo efecto porque te vi y me dieron ganas de inyectar tu nombre en mis venas, me dieron ganas de ir al baño y orinar orines con el sabor de tu nombre, ganas de ir al baño del Opium y mirarme frente al espejo y decir mierda you make me feellike a wild thing, you make my heart sing wild thing, me dieron ganas de escribir tu nombre con sangre en el fondo de mi vaso de cerveza, ganas de que me cortaras las venas, ganas de que me cortaras las venas con tus labios rojos mientras te tocabas las tetas. Ganas de desangrarme entre tus piernas mientras me hablabas de ir a la playa. (Chaparro, 1992: 46).

La novela representa un imaginario que forma parte del rock: el punk, una subcultura que pone de manifiesto el discurso contestatario a través del postulado radical No Future. El punk se presenta como una ideología que reclama otra realidad para el sujeto explotado por los intereses de la corona inglesa, esto se presenta en una música de carácter agresivo y en letras cuya temática hablan de su confrontación con el sistema inglés de los años setenta.

Una vez al año se lleva a cabo la celebración del No Futuro y entonces se reúnen cierran el bar, ponen Sex Pistols toda la noche triptriptrip y a media noche se cogen a patadas en las huevas porque no hay caso seguir procreando desempleados y claro cuando suena God Save The Queen, un elegido se abre las venas y después lo sacan a la calle entre otras tres o cuatro y lo llevan corriendo y el punk va regando su sangre por esas calles llenas de calor, odio, pestilencia, fango y desolación (Chaparro, 1992: 46).

En Rocanrol (2007), se desarrolla el tema del rock pero no como el foco principal de la narración sino como aspecto secundario. El hilo conductor de la novela es la historia de Bruno Manrique, un dj caraqueño formado en la vida nocturna propia de los excesos y la decadencia producida por el consumo de drogas. “Bruno Manrique es un dj a punto de dar el salto cuántico a la fama internacional en la Caracas de fin milenio. Envuelto en tramas políticas, arrumacos con el jet set y la ingesta de drogas (legales y no tanto), Manrique se entrecruza con una serie de personajes rumbo a un concierto monumental que amenaza con salirse de madre”. (García París, 2007:1).

El rock como fenómeno socio cultural representa un imaginario del que la literatura se apropia para crear un discurso autónomo fundado en prácticas culturales de evasión (conciertos, uso de vestimenta, adquisición de música), generando una plataforma que sustenta la contracultura en Latinoamérica. Dice la Chata, protagonista de la crónica titulada 1970: “El rock te enajena, te evade de la realidad, le decían sus cuates, todos en coro (…) Pero él sabía que la liberación estaba en la mente” (Villoro, 1986: 68).

La literatura parte de la ficción y aloja en sí misma parámetros y aspectos como verosimilitud, representación e intención estética. Pero, también funciona como registro histórico-sociológico que atiende a las realidades de los diferentes grupos sociales. Un festival de rock es el punto de encuentro para realizar la interacción entre las bandas musicales y los amantes de este género. Woodstock  es el antecedente de toda esta cultura que tiene 60 años, tres días de paz, amor y alegría, lucha por la reivindicación de los derechos sociales y la igualdad de género.

El movimiento contracultural llega a Latinoamérica por un fenómeno de transculturación; el primer festival se instala en México con la realización de Avándaro, acontecimiento pionero en la comprensión de nuestra cultura rockera, luego se expande a Argentina, Chile, Colombia y Venezuela, cada una de estas naciones desarrolla (de acuerdo con sus realidades sociales), una apertura al fenómeno dando muestra de su importancia simbólica y ritual. La presencia del rock en la literatura constituye una manera de entender nuestra cultura y de poseer una concepción más precisa de la época contemporánea, nuestra época.

 

Familia, sociedad e ideología en el imaginario rock latinoamericano

La puesta en cuestión de instituciones sociales como la familia, la educación, las leyes y la religión articulan la relación del rock con la sociedad. Para elaborar un análisis de la problemática social que esta relación involucra en el marco de Conciertos del Desconcierto es necesario tomar en cuenta al menos dicha relación y poner a funcionar la obra literaria en su contexto cultural tal como un artefacto.

 

Rock-núcleo social 

Para dar continuidad al comentario anterior sobre la obra como artefacto cultural en el que se puede comprender la realidad de la década de los años ochenta en Colombia, es fundamental tener como epicentro El Gran Despertar, ritual que aglomera una cantidad significativa de fanáticos, crea una conmoción en el orden público y, aún más allá, afecta el inconsciente colectivo de los asistentes fundando una posición a partir de la cual pensar la vida. La Mona es presentada como “belleza de ángeles y demonios reunidos en un cuerpo de labios encarnados y mirada infantil”. (Giraldo, 1981, p. 41). Ella  explica que la apuesta de los músicos es hacer su trabajo, con la incertidumbre acerca del posible fracaso o éxito de su presentación (el desorden, la alucinación de los fanáticos causada por las drogas). Todo esto es responsabilidad de los músicos quienes viven cada puesta en escena como un acertijo pues no saben cuál será la reacción del público. Sin embargo, argumenta La Mona, “el artista es un desadaptado en total aprobación social”. (Giraldo, 1981, p.17).

Curiosamente, al artista lo reciben empresarios musicales de estratos sociales altos (representados en la novela por el personaje llamado El Gringo) porque están dispuestos a invertir en la realización de espectáculos con el fin de promocionar a los artistas y obtener beneficios económicos aprovechando su talento. Pero cuando ven la dificultad que implica “manejar” a los artistas, se desprenden de ellos. Frente a esta realidad, la ideología rockera expuesta en la obra es la de arriesgarlo todo por el oficio de la música, estando muy conscientes de lo que esto puede acarrear: excesos, pérdida y destrucción a cambio de dedicarse a ejercer el designio de la musa.

Los primeros en montarse en el escenario de El Gran Despertar son Los Apóstoles del Morbo, quiénes con un aire espiritual inician su presentación con inciensos prendidos; hacen el preámbulo de su recital, ejecutando sus guitarras al estruendoso del rock:«Los Apóstoles del Morbo» iniciaron su predicación lentamente, invisibles alas nos fueron envolviendo en aromas de incienso cubriendo el escenario de humo azul transparente, y con el efecto de las luces creaban un espacio de espiritualidad pura” (Giraldo, 1981, p.30). Se destaca entre los morbosos a La Mona, su carácter atrae de modo directo a los espectadores al igual que la música de la agrupación. Al mismo tiempo, se presenta a Macarius, el visionario, quien influye de manera efectiva sobre el público:

Era el Profeta del Ruido, que participaba del concierto como artista invitado; al escucharlo, renacía el espíritu en la juventud doliente y muy pocos se atrevían a mirarlo fijo a los ojos por el temor creado de ser maldecidos. (Giraldo, 1981, p.40).

Macarius representa la personificación del mesías que predica el verbo transgresor, cuya innovación procura incidir en las mentalidades de jóvenes con necesidad de adaptarse al nuevo ghetto de la contracultura, articulado por las prácticas rituales del concierto rockero. Haber escuchado a Macarius hace que a los espectadores se les trastoquen todos los sentidos: otra visión de la música, de la vida, resistiendo ante una realidad agobiante. La voz del Profeta del Ruido es como la del santo maldito que bendice a la juventud desviada en búsqueda de motivos para seguir viviendo, rompe con los mitos sociales y construye otra identidad. El motivo de ello es el concierto, esa  práctica cultural que obedece al encuentro del rock. “De eso se trata, romper los tabúes morales y gozar la juventud temprana, en largos años de escuela. Macarius es la señal de identidad en nosotros, son sus palabras nuestro testimonio de esperanza”. (Giraldo, 1981, p.42).

Además de la transgresión, el conflicto familia-sociedad y la experimentación con el uso de las drogas, el discurso emanado por el imaginario rock en la novela incita al libertinaje: “vamos a la playa baby, / vamos a hacer el amor/ que el uno para el otro niña, / somos tú y yo” (Giraldo, 1981, p. 50). En un tono cortés invita al escape de la vida convencional sin importar las consecuencias. Llama la atención el rol ejercido por La Mona, con su actitud desafiante. Ella impone sus normas dentro de la banda. Se relaciona con el Apóstol Menor, pero luego de un corto tiempo de relaciones sexuales, consumo de drogas, ensayos con la banda, en lo que fusiona lo afectivo con el trabajo, El Apóstol Menor rompe dicha relación  ocasionando la desintegración de la banda poco después de su presentación en El Gran Despertar­. Sus días de amores están signados por el ritmo del rock, los ensayos hasta altas horas de la noche propician su actividad sexual, el Apóstol Menor la usa como un objeto sexual todo lo que puede sin darse cuenta de que atenta contra la propia existencia del grupo. Él satisface sus necesidades carnales pero al mismo tiempo dicta la sentencia mortal de la banda.

En medio de esta atmósfera en que se desarrolla el festival, Los Apóstoles del Morbo se resignan a la desaparición del grupo después del concierto. Viven la experiencia a plenitud, reparten su energía a todos los espectadores, tienen el deber de contagiarlos del espíritu rockero. En ese primer día, se expone el cartel del festival: alrededor del medio día se encienden los amplificadores y empieza la prueba de sonido. El primero en realizar el chequeo es Macarius. Conecta la guitarra eléctrica al amplificador, los pedales de efectos y micrófono. Comienza la prueba con los demás músicos que conforman su agrupación, El Profeta del Ruido. Deciden probar con un tema bastante particular: “Sideral”. La temática central de esta canción es la conexión con realidades paralelas posibles gracias a la experimentación, dando a entender la capacidad polisémica del rock en el contexto de la novela. Macarius queda satisfecho con el sonido de su banda. Le toca el turno a la siguiente agrupación, Los Apóstoles del Morbo, quienes llegan retrasados porque el día anterior habían estado en una fiesta hasta la madrugada. Al día siguiente luego de pasar la resaca de la celebración, la relación de La Mona con el Apóstol Menor llega a su fin, todo está acabado, mi bella Mona –[dice el Apóstol Menor]–, no tiene sentido seguirnos viendo después de lo ocurrido, y que te hayas rebajado tanto” (Giraldo, 1981, p.128). La Mona toma la dirección de la banda en la prueba de sonido. Hay una naturalidad en ello, pues la vida de los rockeros consiste en llevar todo a los límites; su hábitat natural es la inestabilidad en el hogar, en la familia, en el contexto social. En ese sentido, la postura capital del rockero siempre se fundamenta en una visión trastocada de los convencionalismos. Luego de exponer las situaciones que se presentan en la novela, se pasa a explicar cuál es la repercusión del festival en el imaginario social.

 

El Gran Despertar, su injerencia dentro del imaginario social

El carácter “popular” del rock lo convierte en una manifestación que repercute en el modo de ser de sus fanáticos. La idea de un ídolo se dibuja en la caracterización hecha por su público. El mesías de sonido estruendoso posee el mensaje de la completa evasión en la vida cotidiana, forjada a través de las microhistorias: el obrero de la fábrica, el empleado público con deberes de atención a clientes (bancos, empresas, agencias), etc. Todo este imaginario se reconstruye en el arquetipo del Profeta del ruido cuando Macarius expresa: “Es éste un buen comienzo para un posible final de reviente nos diremos adiós en la mañana sin recordar nuestros nombres ni la cara que se hizo a nuestro lado y nos compartió el barillo en esta noche siento el calor de miles de manos que se juntan para superar la frustración y el malestar del silencio” (Giraldo, 1981, p.150).[2]

La novela centra su interés en la tarea del artista, ese peregrino que lleva su trabajo (bien sea en un escenario, en un estudio de grabación, en un taller de composición). Las líneas de la obra retratan a este tipo de músico que habla de hechos ocurridos en el ámbito social y para quien los instrumentos son armas disparando música que es aceptada como el vehículo íntimamente humano. También muestra una visión crítica-objetiva, al presentar la influencia de las bandas protagonistas: Los Apóstoles del Morbo, El Profeta del Ruido, Las Madres del Revólver y La Banda del Marciano. Por un lado, la novela celebra todo el efecto artístico-cultural generado por estos embajadores del rock y, por otro, rechaza el sistema de valores negativos: decadentismo, vicios y prepotencia forjados a partir de la actitud tradicional del rockero que vincula su egoísmo y sus necesidades con el arte musical. Asimismo, demuestra la canonicidad de este género, el cual es ya música clásica, sus frecuencias despliegan el horizonte de comprensión a lo largo de la historia. Las canciones de rock se convierten en una poética popular, hablan de los temas universales, afectan la condición humana: el amor, la esperanza, la nostalgia, la muerte. Conciertos… es una muestra de la trascendencia del rock en Latinoamérica. La inclusión de las canciones interpretadas por sus bandas funciona como el registro de textos que operan en la cultura, no solamente por su relevancia sino también por la forma de su funcionamiento: “Siempre al despertar escucharéis las voces del silencio, veréis a los átomos –nuestros creadores– discutiendo el momento del final del hombre y al captar la mirada huirán al infinito en ese nuevo comienzo de la vida del espíritu”.  (Giraldo, 1981, p. 19).

Conciertos…está narrada en un tono desafiante impuesto por la poética rockera, la cual enfrenta en el contexto de la ficción, los días duros en la vida de sus personajes por medio de un aire espiritual. Las canciones reflexionan sobre el amor y la libertad como salida a todos los conflictos padecidos por la condición humana. En este punto, cabe preguntarse: ¿cuáles son las marcas discursivas halladas en las canciones del Profeta del Ruido?

Esta noche aquí encuentras una nueva razón de vivir hay un nuevo ruido que se mantiene constante la música nos estremece y enciende la sangre sus ondas son columnas de fuego avivadas por el viento el árbol genético incendia, transforma la angustia en alegría su vibrar llega a la multitud en notas de maravillosos sonidos la energía vital se multiplica con el baile colectivo y el sudor humano nos pega la vida al cuerpo una vez más renace la vitalidad perdida (Giraldo, 1981, p. 22).

No ser uno más: el rock pide libertad de pensamiento y acción. Acá se desarrolla un personaje cuyos valores son: la identidad, la verdad y la valentía aglutinadas al ritmo de una música agresiva que edifica su discurso desde lo micro social hasta lo macro social. Hay estructuras conceptuales que guardan relación con un gusto similar en distintos modos de pensar, influyendo sobre la mentalidad y el espíritu de una época a la que pertenece. La novela muestra la urgencia de la sociedad latinoamericana al adoptar al rock y sus valores artísticos, sociales y culturales. El discurso de Macarius es el de la utopía sobre una tierra prometida de la cual se tienen noticias gracias a los ángeles dionisiacos que habitan el refugio de estas mentes con renacimiento espiritual engendrado a partir del concierto.

Al entrar la noche, los seguidores del profeta están sedados bajo el efecto de su poética. Toda la estridencia de las guitarras, la voz, el bajo y la batería los arropa en ese templo donde el movimiento corporal simboliza el camino hacia una búsqueda de la autenticidad otorgada por la música. El rock, es un refugio para soportar el trajín de las obligaciones sociales. Esto se detalla sutilmente en la obra cuando se expone la actitud de un público eufórico y sediento de “escape”, permitiéndole la posibilidad de evadir las obligaciones laborales cotidianas. Tal vez este cumplimiento exige a la persona la búsqueda de estimulantes, uno de los cuales es la música; también la persona necesita antídotos que la hagan olvidarse de su agitada realidad. De este modo, el concierto funciona como una ocasión para que tanto el público como los músicos ejerzan catarsis y logren liberar las presiones ejercidas por la realidad sobre ellos. Esto se evidencia en la novela a través de la manifestación de la primera era del ruido: el mensaje dado por los músicos al público es vivir cada momento con la mayor plenitud; no sentirse “muertos en vida”[3], desangrados sin razón. Con esta premisa se apuesta a vivir cada día como si fuese el último sin darle importancia a las consecuencias de ello. Con la primera era del ruido, Macarius, las bandas participantes y los espectadores quedan inmortalizados (tal personaje mítico).

El endiosamiento más notable en el contexto de la novela gira en torno a Macarius. Es preciso observar que, alrededor del resto de las agrupaciones presentadas en el festival hay una caracterización anecdótica (de sus relaciones amorosas, de sus infortunios cotidianos), pero la figura subrayada en este marco sonoro es la de El Profeta del Ruido. Incluso los discursos tienen una carga metafísica marcada por el pensamiento y el discurso cristiano, por el hecho de evocar la tradición maestro-discípulo, desde el momento en que el profeta se monta en el escenario con su guitarra, vistiendo su túnica blanca a predicar la palabra sanadora. Esto llega a ser paradójico si se acepta el hecho del rock como una respuesta crítica y determinante a los dogmas establecidos que se trata de un “acto de inversión”. Tal vez, sea un recurso empleado con plena conciencia por el narrador para señalar (a nivel semántico), el atentado lógico sufrido por la poética rockera luego de instaurarse dentro de la cultura pop latinoamericana ¿El rock es religión o llega a convertirse en un dogma social? Si se parte de la idea de que un texto literario funciona como artefacto que opera en la cultura, debiéramos comenzar  por aceptar que Conciertos del Desconcierto funciona como un dispositivo inserto en la mentalidad latinoamericana pues la temática y el ambiente donde se desarrolla  representa el imaginario cultural del rock en Colombia, así como en Latinoamérica.

 

Reflexiones finales 

Latinoamérica está marcada por hechos sociales concretos: la guerrilla y el narcotráfico en Colombia, la dictadura y la Guerra de las Malvinas en Argentina, la dictadura de Pinochet en Chile y los alzamientos sociales en Venezuela. Esto, trae como consecuencia un ambiente de incertidumbre muy fuerte pero, al mismo tiempo, favorable para el campo musical del rock. Por ejemplo, al prohibirse en Argentina la música compuesta en inglés para dar privilegio a la música compuesta en español. De este modo, los medios de comunicación le dan primacía a la divulgación de las bandas latinoamericanas,

En el clima de represión socio-política, se generan formas de protesta mediante la celebración de conciertos, una de cuyas formas es el festival de rock. El de Avándaro es el primero. Se realiza en México (1971) y reúne agrupaciones como El Ritual, La División Del Norte y Epílogo. Sirva esto como una muestra del modo en que el rock empieza a tener una voz en el idioma español. Dicho fenómeno se da por la edificación de círculos musicales dentro de este género preocupados por componer, arreglar, sonorizar y pensar en un rock que responda a las circunstancias vividas en Latinoamérica de manera universal, entendiendo el alcance total que tiene la música en tanto lenguaje artístico y sociocultural. El recorrido literario realizado en este estudio sociocultural sirve de puente para exponer y fundamentar la propuesta de la obra Conciertos del Desconcierto, como un artefacto que opera en el contexto cultural a través de marcas semánticas, las cuales estructuran el discurso y la forma de concebir determinadas etapas de la sociedad. En este estudio sobre el vínculo literatura rock e imaginarios urbanos, se configuraron dos dimensiones. En primer lugar, se dio a conocer cinco de los festivales de rock importantes, Rock Al Parque, Rock In Rio, Lollapalloza, Nuevas Bandas y Gillmanfest, se explicó la trascendencia de tales eventos para la actividad rockera latinoamericana. En segundo lugar, se elaboró un análisis de la obra a partir de la relación rock-núcleo social, en aras de realizar un esfuerzo teórico como evidencia del rock en tanto fenómeno sociocultural decisivo para entender la cultura latinoamericana.

Tomando en consideración estas dos dimensiones estructuradoras de la investigación, se considera el rock como un movimiento artístico, social y cultural que emerge en la historia, para responder a la inconformidad y a la desigualdad social sufrida por los jóvenes en un marco histórico, universal y particular marcado por las guerras y los enfrentamientos políticos. En este sentido, dicho género musical se instala para servir de recurso evasivo, a través de su ritual celebrado en los conciertos, espacios destinados a la actividad catártica de los jóvenes adeptos a la corriente musical mencionada, tal y como se muestra en la novela con la celebración de El Gran Despertar y la participación decisiva de El Profeta del Ruido.

  

Referencias bibliográficas

 

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Schopenhauer, A. (2005). El mundo  como voluntad y representación. Madrid: Trotta.

Villoro, J. (1986) Tiempo Transcurrido: Crónicas Imaginarias, México: Editorial Fondo de Cultura Económica.

[1] Primera producción discográfica de The Beatles, lanzada el 22 de marzo de 1963.

[2] Los detalles de puntuación de las citas textuales se encuentran en la edición de la novela.

[3]Título de una canción perteneciente a la banda de heavy metal venezolano Resistencia. Forma parte de su álbum Hecho en Venezuela (1981).

 


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