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25 Ene 2019 / 12:27 pm

Compartimos un conjunto de poemas del libro Poemas de mi patio y de otros lados, que fue ganador del concurso nacional de poesía Paralelo Cero, 2019, en Ecuador. El libro es del poeta ambateño René Mauricio Gordillo Vinueza. El acta del jurado manifiesta que: ¨…es un libro elaborado con minuciosidad en todo su conjunto. El juego puesto en la contemplación del patio, jardín, espacio de ¨la casa¨, cuando antes lo era del paisaje abierto en nuestros poemas canónicos, suscita una crítica y a la vez una esperanza. Una mirada de hombre urbano que sigue salvando la poesía en el espacio, entre lo íntimo y lo social, lo público y lo privado, como una frontera híbrida. Es interesante el lenguaje que explora en cada milímetro del lugar, hallando un universo en el espacio ¨cerrado¨, un diálogo que termina siendo múltiple y unívoco a la vez. Es una poesía para leer de principio a fin y no perder nuestra capacidad de asombro ante lo que nos rodea, la poesía que habitamos. La contemplación tiene la palabra en este libro que maneja un estilo conversacional, siendo el entorno el que propicia los diálogos, de valiosa factura poética, equilibrado manejo de la imagen, con poemas circulares e íntegros en su composición.¨

 

 

Me he preguntado cómo las hormigas 

tan pequeñas salen de un agujero diminuto 

en el concreto.

Si no tienen dientes ni pinzas de estaño.

Han hallado su refugio ellas o sus abuelas.

Tal vez la primera hormiga vino de otro patio.

Hoy todas creen que el mundo se ha hecho para ellas.

 

 

La llave del tanque de lavar

está abierta.

Y no es una cascada porque no hay altura

Y no es un río porque no fluye 

Y no es mar porque no respira 

Y no es laguna porque no descansa 

Es una llave abierta sobre una piedra 

y la piedra tampoco es inmensa como las cascadas

ni fluye como los ríos, ni respira como el mar y tampoco

descansa como la laguna y sin embargo esta agua y esta piedra

siempre serán una sola canción.

 Su sonido cabe en la lágrima.

 

 

Un lugar

 

El agua tiene un Agua que la conduce,  el espíritu tiene un Espíritu que lo llama

​ . -Rumi-

 

 Si yo fuera un lugar 

sobre esta carne 

sería seguramente 

un estuario.

Y si fuera una balsa mi corazón 

y un par de remos mi manos 

navegaría hacia mi mismo.

La tierra es una esfera, 

pero vivir a veces es la medida

plana entre dos acantilados.

Amanece a uno y al otro lado 

de la roca, anochece desde todos

los lados de la luz. 

Dentro del agua hay otra agua

que rige el recorrido del retorno.

 

 

Ente amar y mar 

se interpone una a,

parece un ancla 

que nos fija sobre la ola

una llamada aterrizada 

sobre la arena. 

En el mar la letra a 

puede ser un barco a kilómetros

o una niña esperando que no suba la marea,

 su castillo es demasiado frágil, 

una a es un pescador que retorna en

 la madrugada, 

una a nunca está sola en el mar 

incluso cuando esperar es el tronco 

viejo y apolillado en la orilla, 

diremos el horizonte se une como 

la letra a con lo inmenso del mar. 

A veces me llega una nostalgi-a 

y quisiera mandar a las a tan lejos

si es posible a China, 

pero son necesarias para amar 

aunque el mar olvide a cada hombre

cada hombre quisiera zarpar 

con una a sobre la garganta y una h muda 

en el corazón.

Los barcos arrullan al insomnio de esos hombres

Y cuando duermen, en ocasiones sueñan 

en una clara, ensimismada y enorme letra e

 

 

Parques 

 

Hallé un corazón en el parque,

no de vaca ni de persona ni de león 

solo un corazón rojo y pequeño,

frágil hierba asentada.

 

Las moscas caminan por las venas 

y el sol hace que brille a kilómetros,

como el reflejo plateado de las carreteras.

 

Ahora vienen los perros

lo olfatean, lo lamen 

pero no se atreven a morderlo.

 

Yo lo recojo y lo lavo, 

lo agarro con mis manos 

y me lo guardo en el bolsillo.

 

A veces  lo contemplo en la vitrina 

donde están los restos que encuentro

en aquellos parques

y en esa quietud lloro 

por el único corazón puro 

que ha tocado la tierra,

por el ángel que observa la ciudad

desde una resbaladera.

 

 

Cometas

Vencidas por los veranos,

acurrucadas sobre los cables, 

ya no alzan vuelo.

 

Alas de Ícaro quemadas

bajo el sol.

Las colas de aquellas cometas

rozaron demasiado cerca  la felicidad

Y como somos ángeles caídos

solo queda contemplar 

los restos de aquella eternidad 

que solía aguardar por nosotros

y que por lo menos nos hacía 

mirar al cielo. 

 

***

 

RENÉ MAURICIO GORDILLO VINUEZA (Ambato, Ecuador, 1993). Licenciado en Comunicación y Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Ha publicado el poemario Espera de la hoja (2017). Consta en la antología Seis poetas ecuatorianos (2018), publicada en México bajo el sello editorial Caletita. Sus textos se encuentran en revistas digitales e impresas.


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