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2018-01-21 20:31:55

 

Selección y nota de Camila Charry

 

La escritura de Lorena Huitrón se mueve entre la metáfora y la palabra más sencilla, sin artificio. Por lo tanto, el mundo que nos sugiere está siempre en tensión. En Erigir una fortaleza, encontramos dos voces distintas que se entrecruzan, así, los poemas que componen la serie Sauróctonos, (que son 9) pueden leerse dentro del libro, como un libro independiente arrojándonos a un diálogo con aquellos símbolos que pertenecen a un universo acuático, salvaje y voraz en donde el hombre, en constante casería persigue la belleza, asir lo imposible a la intemperie de los elementos y su fuerza. Por otro lado, aquellos poemas que van surgiendo entre los Sauróctonos, nos devuelven al adentro, son la narrativa de un lugar interior, el de la voz poética que se debate entre la espesura de la realidad y va organizando lo que encuentra, hasta ganar el equilibrio entre palabra e imagen. Algo semejante ocurre en el libro Una violencia sencilla, título por demás irónico, pues es claro que en la violencia nada es sencillo. Acá el diálogo se da entre la aparente tranquilidad de un trabajo manual como sería elaborar una muñeca de trapo, que puede ser metáfora de la escritura misma, pero al fondo están la historia, la literatura y la filosofía, lo rastreado por la autora que se desdobla en el poema. La cirugía, el modus operandi de la cicatriz, la disección de un cuerpo, limar sus fragmentos, amputar, revelar su más pura sustancia: los tendones, la sangre, la carne expuesta y manipulada también se nos revelan semejantes al quehacer de quien escribe.

 


***

De Erigir una fortaleza

 

 

Nadie nos devuelve al mar
ni a las olas que juegan.
Rehúyen nuestra sombra,
lanzan sus puños de sal y agua,
golpean nuestro perfil.
Nos llaman náufragos.

Para la arena, de nada
son nuestros pasos que la surcan;
ni las torres de los niños que la moldean
a mitad de su planicie.

Dónde queda entonces el gusto de los cuerpos,
la presencia que al sol se entrega.
Al silencio no le basta vaciarse en los caracoles.

 

***

SAURÓCTONOS

Los he visto afuera de las casas de Tlacotalpan,
inmóviles entre las ruinas;
se ofrecen como el cuerpo de la amante:
al habitarlo, hay respiros de palmera.

(Ahí reside el temor de los hombres,
en el deseo de apresar esa detención de viento sudoroso)

La desnudez del cocodrilo es insoportable:
Articula el deseo en exhalaciones inaudibles.

(El amor es un lagarto: se desliza por un impulso
desmesurado, muerde sin contratiempo; el consuelo
de la presa es recostar su herida en el río)

Chorrea el tiempo en las sienes:
la gente rehúye su quietud;
la mira desea esa quietud,
luego el disparo, la recompensa:
esa mitad será mía.


***

Para Lucrecio todo se compone de átomos y espacio vacío.
Me figuro el granizo acunado en las palmas de la mano
de mi madre, obsequiándolas como si fuesen perlas.
El atomista se equivocaba.
Nuestra materia es de acero que descarna en incesante tambor.
El corazón se ahúma fácilmente,
hincha a la piel de insomnio.
Necio murmura la talla de una altísima fe,
ciega por la necesidad de desdecirse y morir,
magra en mi hambre.

 

***


SAURÓCTONOS

El cocodrilo no enarca lo que lastima.
Su presencia es desbroce y mansedumbre del colmillo.

Confirman más capturas.
Los reptiles forcejean, cuerdas y palos conocen la unidad
cuyo empujón nos expulsa siempre de su historia
al remendarnos con rabia en la tierra.

Los reporteros recitan ya tienen a todos.

La mitad hubiese sido mía.

 

***

 

Del Una violencia sencilla

 

En la primaria nos pidieron hacer una muñeca de trapo
para aprender las partes del cuerpo.

Fue nuestro acercamiento a la cirugía.

Rellené a la mía de arroz,
la vestí a cuadros con su cabello de estambre café.
Mi madre le pintó unos labios pequeños,
trazó una v invertida de nariz respingadita,
ojos almendrados y pestañas largas.

Fui cirujana al coserla con hilo rojo,
mis puntadas fueron discontinuas,
la aguja era muy gruesa,
sin punta para no pincharme y llorar.

La presenté al día siguiente,
hablé poco, volví al pupitre,
la recosté mientras el resto de mis compañeras
presentaba a sus pacientes.

En el siglo XIX a una mujer le hicieron una mastectomía sin anestesia, se mostró hiératica durante la cirugía y al terminar pidió disculpas, se vistió, lloró. De esto nada sabíamos, mucho menos que esa mujer se llamaba Alie.


***

Lorena Huitrón Vázquez


Xalapa, Veracruz, 1982. Ha sido beneficiaria del Programa de Estímulos a la Creación Artística en el Estado de Veracruz (PECDAV) en las categorías de poesía (2009-2010) y novela (2013-2014). Ha publicado los libros: Parábola del desconocido (Fondo Editorial Tierra Adentro, Colección la Ceibita, 2012), Erigir una Fortaleza (Instituto Literario de Veracruz, 2013), Una violencia sencilla (Sedeculta, Instituto literario de Veracruz, 2017), libro ganador del Premio Nacional de Poesía Experimental Raúl Renán 2015, y Wintu (Stomias Boa, 2017). Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés y al italiano.

*

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