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05 Ene 2018 / 08:22 am

La niña. Una balanza entre las propias pasiones

 

Nota y selección de Fabio Delgado

 

¡Qué sucia la es la luz de esta hora,
Qué turbia la memoria de lo poco que queda
Y qué mezquino es el inminente olvido!
María Mercedes Carranza

Consejos a la niña de la editorial Aurora Boreal, es el reciente libro de la poeta mexicana Marlene Zertuche que más que un camino por las heridas que da el amor, es un testimonio de la mujer que ama intensamente y que secretamente (haciéndose texto) va evidenciando en cada uno de los poemas en prosa que nos muestra, una condición del desencantamiento. ““Así nos amamos nosotros” y aprieto los párpados antes de dormir, contraigo los huesos con una rabia más grande que la comprensión.”  Una certeza que se va jugando entre las pasiones, esos rezagos que le da el tiempo a los amantes; y es que cuando citó el tiempo me atrevo a aseverar que él como objeto implacable va mostrando el rostro del desengaño de la mujer enamorada – sea en este caso la niña -. “Miro a mi alrededor, miro los minutos que han pasado, lo inútil de nuestras pequeñas llamas que no lograron encender hogueras.”

A lo largo de este pasar por lallaga va confirmando cómo esta niña experimenta el crecer, quizás con el corazón un poco más marchito. Es importante mencionar que la poeta propone ese conflicto de poderes que hay dentro de una relación amorosa y de qué manera se libran las batallas en medio de la convivencia, y quizás conveniencia de ambas partes, “Ha pedido que hablemos, que aclaremos que usted no es un faro que ilumina el mar nocturno de mi intelecto. Y después de tantos sabios consejos, no, no logro entender cómo la vida lo aplasta, las ocupaciones lo fatigan, cómo se disminuye y engrandece a la vez en ese péndulo que oscila su ánimo. No sé ver las diferencias, no sé quedarme en paz”, donde la experiencia es un factor determinante y que esta mujer que está aprendiendo el otro escenario del amor, no solo libra una cruzada con su amante, que se va desdibujando, sino también una contienda con ella misma. Hecho que la hace regresar de nuevo al sentimiento del que aún tiene fe: “De cualquier modo, llegué al punto en que el miedo pesó más y regresé a su ventana. Deshice mis pasos, porque me atemorizó el silencio y toqué la puerta.”  Pero finalmente, en el trasegar y las constantes reflexiones que va marcando el libro, hacen de esa niña otra mujer para no regresar “en resumen diré: que los días de la canícula no ayudan con la ansiedad que provocan las canas y que la nostalgia dura poco casi lo mismo que un feto de elefante africano en el vientre de su madre”. Así la propuesta de la poeta es dar una mirada no solo al desamor sino también a los factores que van influyendo decisivamente en los riesgos de las pasiones, marcando una balanza que define otra mirada sobre lo que se ama.

Aquí una breve selección de sus textos:

 

 

LA INÚTIL LUZ

Que no, que ahora no. No hay tiempo ni ánimo, usted está afanado con la vida. Pero yo soy obstinada y aún recuerdo la caja llena de fósforos. Pletóricas las cabezas de azul que prendió llama y se acabó ahí mismo. Esas opciones rápido apagaron, rápido se consumió nuestra dicha. Y hubo accidentes, por supuesto: un dedo quemado en la distracción del día y a la epidermis adherido el elemento. Otras veces la luz se aferró a la madera pero igual consumió su vertical convicción.

Miro a mi alrededor, miro los minutos que han pasado, lo inútil de nuestras pequeñas llamas que no lograron encender hogueras.

 

 

 

 

MÉTODOS DE CREACIÓN POÉTICA I

“La palabra eternidad es demasiado para ese fin”, dijo. Y así comenzó su apedreo, duro contra todo y sin escrúpulos. Fueron palos y piedras, cuellos y corazones rotos, por supuesto esto último debe ser tomado como una metáfora. El aprendizaje fue duro, el camino largo y las fronteras falsas: no había línea donde terminara.

Vinieron sus lecciones a decirme que sobre la letra cabía corregir, detallar más la historia, dar un cierre redondo, por encima del impreso, siempre por encima del otro.

 

 

 

 

 

DE TRADICIONES LITERARIAS

Caperucita Roja fue primero una leyenda sobre los peligros del bosque, después Perrault y más tarde los Hermanos Grimm le dieron fama a través de sus libros. Pero la adaptación que hace es bastante singular, no lo pensé nunca: usted un lobo, yo una caperuza. Habría que volver la vista atrás, desentrañar un poco la trama que propone.

Aunque para efectos más precisos e inmediatos, sólo recordemos: en el cuento el lobo siempre termina perdiendo.     

 

 

 

 

 

ANATOMÍA DE SU DESILUSIÓN

¿Debería ofrecer disculpas por lo que digo? ¿Es mi cabeza una máquina de confeccionar errores? ¿Me equivoco tanto siempre? Soy la única que no lo había visto, le consumo el tiempo, le robo espacio. Usted lo tiene claro, yo no sé comprender al otro, siempre una pared en mi diálogo, un bloque de silencio.

¿Qué vamos a hacer con lo que cada uno sabe del otro? ¿A dónde enterramos las historias y los datos? ¿Por qué me arrepiento de las confesiones?

Ha pedido que hablemos, que aclaremos que usted no es un faro que ilumina el mar nocturno de mi intelecto. Y después de tantos sabios consejos, no, no logro entender cómo la vida lo aplasta, las ocupaciones lo fatigan, cómo se disminuye y engrandece a la vez en ese péndulo que oscila su ánimo. No sé ver las diferencias, no sé quedarme en paz.

 

 

 

 

 

ANATOMÍA DE MI DESILUSIÓN

Estoy por convencerme que, en este caso, el amor no es lo más importante. Yo que aposté contra todas las lenguas de doble filo, hoy me retracto. No me resulta difícil pronunciarlo, usted conoce perfectamente el arte de hacer mierda un gran amor.

 

 

 

 

 

ABLUCIONES PARA MERECERLO

Borré un propósito de mi lista: usted. Antes, había luchado contra mí misma porque creía que algo malo había en mi consciencia, en mis células, en la forma que mis pensamientos tomaron los últimos años. Anhelaba purificarme para usted, merecerlo, cambiar el esqueleto de mi comportamiento.

Hacía todo mal y usted me perdonaba, abluciones era lo indicado para recomponer mi ADN. Lavar mi cuerpo de toda lengua malhabida, de todo acto fallido. Yo quería caber en su molde. Que me amara. Tanto esfuerzo para terminar traicionándome a mí misma.

 

 

 


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