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26 Dic 2017 / 11:10 am

Una palabra primitiva teje lo invisible

Sobre el libro Tratado del alba de Henry Alexander Gómez

 

Por Eugenia Sánchez Nieto

Este tercer libro de poesía de Henry Alexander Gómez que acaba de ser editado, titulado Tratado del Alba, fue el ganador del Premio Internacional de Poesía José Verón Gormaz de España. El libro está dividido en tres partes: “Teoría de la luz”, “La luz Olvidada” y “La noche Sumergida”. Inicia el poemario con una cita del gran poeta Roberto Juarroz que dice “Existe un alfabeto del silencio, /que no nos han enseñado a deletrearlo”. Como la escritura de Juarroz el significado se presenta como algo enigmático e inasible, y el silencio es así; cuando se usan tanto las palabras, estas pierden su valor, se gastan y dejan la sensación que se ha dicho mucho, pero lo mejor está en aquello que no se dice, en lo que está detrás de lo que se dice, ese alfabeto que aún para la mayoría es indescifrable y por eso mismo enteramente poético y portador de sentido y de múltiples significados.

En el aparte del libro titulado “Teoría de la luz”, encontramos el poema “Arqueología” que reflexiona sobre la necesidad de desentrañar la historia de una palabra y admirarla en su verdadera dignidad, recogerla como una joya y darle el reconocimiento que con el paso de los años ha ido perdiendo; el autor nos induce a pensar en las palabras, en valorarlas, limpiarlas de tanto gastada frivolidad y darles su verdadera nobleza, “Incluso admirar su dignidad de estrella olvidada.” Y este es en parte el oficio de los poetas, enamorarse de las palabras, construir un imaginario muy personal y rescatarlas; aunque como dice Henry, “miento / solo para que todos/ reconozcan/ la verdad/ en lo no dicho”. El yo lirico plantea “la orfandad del poeta” y el obstáculo para asir las palabras, para encontrar la que mejor lo representa; se plantea la dificultad del oficio de escritor y en muchos momentos la necesidad de ir hacia adentro hacía su propia oscuridad para encontrar la luz. Con un lenguaje cargado de sentido el poeta nos dice que las palabras no son suficientes que la “luz”, estaría en el silencio “en el rumor de la hierba, / en la extrañeza del relámpago, / en la virtud de las lámparas domésticas.” Sin embargo, estas ideas que el yo lirico plantea están dadas a través de palabras, sólo por ellas podemos advertir la paradoja de lo enunciado. La búsqueda del autor es con la palabra, con la expresión más auténtica y sus silencios o ritmo interior, busca rescatar su potencia, su energía. Hace homenajes a diversos poetas; Antonio Porchia, poeta Argentino, quien escribió una obra titulada Voces, dedicado a la escritura de aforismos, y en este poema su sentencia dice “He olvidado / cada una de las letras de mi nombre./ Solo ahora me reconozco.”; al poeta norteamericano Edward Estlin Cummings, quien rompió con la estructura clásica del poema, buscando una expresión vanguardista más en la forma que en el contenido; al poeta bogotano Carlos Obregón, perteneciente a la generación de mito y suicidado a los 33 años en España; reconocimiento significativo ya que la obra de Obregón no ha sido lo suficientemente apreciada; también el poeta antioqueño, José Manuel Arango es memorado, “El poema /sobre el rumor de la montaña,/ un pájaro / que escribe los agujeros del aire/”; también hace reconocimiento, con dos epígrafes a dos escritores tolimenses contemporáneos a Mery Yolanda Sánchez y Nelson Romero; otro homenaje es al gran poeta argentino Roberto Juarroz, quien buscó la condensación, la reflexión, el pensamiento, a través de, en muchos momentos, una palabra aforística, en la búsqueda de un lenguaje austero, interior e intenso. “Todo lenguaje se contiene a sí mismo, / como toda palabra que decimos o callamos,/ lleva adentro la soledad del hombre.” Dos homenajes finales al poeta español San Juan de la Cruz y al poeta argentino Juan Gelman.

Estos homenajes no son casuales pues hacen parte de las personales búsquedas del autor y del rescate de un lenguaje más auténtico, simbólico y cargado de significado; es su apuesta por una expresión cifrada, de imágenes profundas y alejada del desgaste cotidiano a que ha sido sometido el lenguaje; son también una manera de manifestar su admiración y respeto por estos poetas. Aunque pareciera en la poesía del autor que el lenguaje no es suficiente, que está agotado que se debe revisar o reinventar otras formas de expresión que rescaten a la poesía y le den la intensidad que se ha ido perdiendo. “El deseo de ver y buscar lo que no puede nombrarse, / la necesidad de nombrar lo que no podemos tocar./ como cruzar el río / y llegar a la misma orilla”. Sin duda acercarse a ciertas voces siempre provocará mayor inquietud y la preocupación por un lenguaje más genuino y personal.

En la última parte del libro “La noche sumergida” como lo anuncia el título es el olvido, la muerte, el miedo, la pesadilla, los asesinos, los crímenes, los desaparecidos; lo que estremece y sobresalta, “los disparos en el muro…el olor a sangre…los cuerpos mutilados” es la inmersión en el mundo que nos ha tocado; el dolor, la violencia, la injusticia, la frustración y la rabia. El yo lírico continua en la búsqueda de un lenguaje simbólico para expresar la crítica de la vida y provocar una crisis que lleve a sus lectores a reflexionar y plantear nuevos caminos. “Abrazar / las cabezas moribundas/ y cabalgar / bajo la sílaba del miedo / Amasar un tañido / de campanas negras/ y beber / todo el aire / de los disparos en los muros. / De tanto en tanto / vamos hollando el mundo.


Eugenia Sánchez Nieto
Casa Silva 24 noviembre de 2016

 


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