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2017-09-04 23:40:55

 

Por Daniel García León*

 

CUANDO ME MUERA

COMANSE MI POTO CON HARINA

SI QUIEREN

PERO NO AHORA

 

Hace seis décadas Nicanor Parra ya era un hombre joven. No digo demasiado, lo suficiente para engañar puerilmente al jurado del premio nacional de poesía y ganar la publicación de su libro Poemas y antipoemas (obra hecha con la carne). Hace seis años fue joven al pedir un plazo para escribir su discurso del merecido Cervantes, y también para decir que "los premios son para los amigos del jurado". Es un hombre joven iracundo e irónico.

Es hermano de la Violeta que siempre quiso ser la música misma y de un estruendo lo logró. Su madre les parió como una guitarra alumbra el sol en el cono sur: con dolor, música y honestidad. Nicanor es la guitarra silenciosa de Violeta y son lo suficientemente jóvenes para entender que el lenguaje de la tribu es el lenguaje de la poesía y que su arte poética es "la misma de siempre/ escribir efectivamente como se habla/ lo demás/ dejaría de ser literatura".

La poesía de Nicanor ha creado mundos y ese es su único consuelo. Ha dado un soplo de vida al molino del lenguaje y ha triturado las palabras para hacerlas diferentes, para hacerlas antipoesía. No se mal entienda aquí que Parra es un gigante, solo es un joven descomunal con el aliento de un pueblo. Es un físico matemático que impulsa las aspas más oxidadas para ver bailar sus poemas y acelerar las curvas del lenguaje hasta el desgarro del abismo. La poesía venía en muletas, Nicanor la dejó en silla de ruedas.

La poesía de Nicanor es la poesía de un hombre joven, un rebelde capaz de tomar su escarabajo y volar sobre las carreteras de Las Cruces como una cuchillada a la monótona línea entre la playa y el sol. Un joven centenario capaz de celebrar a Rabelais, Garcilaso o Rulfo y de ahorcar a todos los presidentes chilenos, incluso a Allende. El único y real inventor de la máquina del tiempo y del tren instantáneo; el seductor de colegialas y de mulatas de fuego; el Cristo de Elqui; el que simplemente rompe con todo.

Parra es un hombre joven que hoy, día de su primer nacimiento no abrirá la puerta ni se alegrará cuando un grupo de entusiastas fisuren el silencio del mar con las mañanitas. No dará entrevistas y con un profundo desdén, propio de los adolescentes, alzará la mano y volverá a su escritorio a escribir, como lo haría cualquier hombre joven, de 103 años.

 

CHAO

Y PERDÓN 

SI ME HE EXCEDIDO 

EN EL USO DE LA PALABRA

 

***

* Daniel García León

Profesional y magíster en literatura, se ha desarrollado laboralmente en el ejercicio de la docencia y las Bibliotecas Públicas, amante de la poesía y especialista en la obra poética de Nicanor Parra. Ha publicado sus trabajos de grado La Metaironía en la poética de Nicanor Parra (2009) y Poéticas de resistencia en Nicanor Parra (2015)

 


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