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2017-03-28 23:37:18

 

“Hasta dónde huir / mientras el cuchillo entra y sale / sale y entra / en la música del calendario”

Un calendario rasgado. El día a día fisurado por una comunidad violenta de la que es imposible huir, incluso a través del amor o el erotismo: “Ayer traté de buscarte / (…) Pero a lo lejos / una detonación / me mostró el vacío de la multitud”. La soledad en estos poemas viene del otro, es el rastro que deja un muerto en quienes permanecemos. Marca hasta la experiencia que tenemos de nuestros cuerpos: “Sentir por las piernas / la respiración / del compañero desaparecido”. Personas, animales, flores, ni un ser vivo saldrá intacto; es decir, sin ser tocado por el otro. Estos poemas nos enseñan que el aislamiento no existe, así como tampoco existe la comunicación y el dolor humanos separados de la comunicación y el dolor animal: “un hombre pedía auxilio / haciéndole coro / al gallo que cantaba. / Hoy el gallo está ronco / y el cuerpo cristalizado.” El sujeto lírico de estos poemas es siempre un sujeto comunitario para quien el dolor nunca es ajeno, impropio. Incluso una mosca “no puede decidir para dónde dejarse caer: a lado y lado la esperan monstruos que vomitan la sangre de las orquídeas”. Un cuchillo fisura la música del calendario, del día a día, pero la poesía no deja que se pierda. Estos poemas recogen esa música: la de una voz todavía comunicante; la hermandad, en el dolor, entre los muertos y los vivos, entre los animales y las personas.

Tania Ganitsky

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Narrar la violencia sin impostación. Sin tomar la voz, el dolor, la vivencia de quien la padece. Escribir sobre la violencia en Colombia entraña riesgos: caer en el oportunismo, ser insensible o irrespetuoso. La manera de librar esos riesgos, me parece, está en asumir el oficio con honestidad y con conocimiento del lugar de enunciación. Dos cualidades que resulta fácil encontrar en el trabajo de Mery Yolanda; a través de su poesía vemos a los muertos, que no nos cansamos de acumular y de olvidar, como presencias que nos confrontan. Sentimos el miedo, la impotencia y la compasión, porque son el miedo, la impotencia y la compasión de quien nos cuenta. Los poemas de Mery Yolanda son su versión y su reflexión acerca de nuestra historia reciente, con el lenguaje con el que ella misma ha logrado apropiarse de esa historia. Son también una invitación a encontrar una forma propia de dialogar con nuestra realidad.

Carolina Dávila

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Los poemas de Mery Yolanda Sánchez son padres, hijos, hermanos de la guerra. Con cada uno de ellos una bala en silencio, tan mortífera como aquella cuyo estruendo atraviesa el aire, nace del papel y entra en el pecho del lector. Lejísimos del amarillismo de las imágenes ya ciegas y sordomudas que exhiben los medios, los poemas de Mery Yolanda están tan vivos como sus muertos. Cada poema es un dolor que ella no ostenta; un poema contenido, pero en carne viva que carga junto con el cuerpo.

Quien puede sentir al otro, como es capaz de sentirse a sí mismo, es un ser iluminado. No sé si esto es lo que la poesía ha hecho de Mery Yolanda, pero sea como sea considero fundamental agradecerle su luz poética. Lamentablemente, la valoración que el medio literario ha hecho de su trabajo no ha sido suficiente. Ojalá estas palabras sirvan como aporte a su reconocimiento.

María Tabares

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Construir memoria a partir del lenguaje artístico, no es un asunto fácil, requiere una dosis justa de exploración estética y reflexión genuina. En Colombia, por ejemplo, la violencia ha sido un insumo de la “propaganda” artística, pero pocos escritores han logrado abordar dicho tema con precisión. Mery Yolanda Sánchez, logra combinar la dosis precisa al hablar de la violencia, ha agudizado su sensibilidad poética para darle voz a los protagonistas de la guerra; víctimas y victimarios camuflan su rostro en un panorama histórico común. La poeta nos presenta un escenario literario en el marco de un contexto político y exige un espectador que no sólo contemple el poema, sino que se estremezca; un lector que abandone su zona de confort. La palabra como arma contra la indiferencia, la palabra en la desolación como semilla para que florezca otra historia.

Jenny Bernal

 

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SEGUNDO TIEMPO

Un día dejarás a un lado tu sur del castigo por el recuerdo de tus hijos en las calles hambrientas. Te prepararás para escapar antes de contar veintiún pasos al patíbulo. Volverás al norte donde agonizaron tus madres. No recordarás el arma que le mandó nueve silencios a tu cuerpo ni el monstruo que oprimió el gatillo. Tampoco recordarás las manos que te obligaron a dejar tu niñez en el frío de tu abuela muerta. Volverás a las apuestas por tus otras vidas y levantarás con más fuerza la botella que te hace olvidar la oscuridad. Tirarás en el centro de la gallera tu última gratitud, la que no estaba escrita, pero que ahora reconoces en la mano que estira para dar de beber a tu victimario. Olvidarás un día, Carlos, que pronto aprendiste a encontrar perdices para la cena de tu amo y a gritar la noticia de puerta en puerta, donde tú eras el próximo de la lista.

 


LA LOCA

Quita almohadas y se sienta en la boca que la sueña
hace homenajes a las ruinas que duermen de pie.
No tiene perfil ni lugar para una sonrisa.

El otro día llegó de rojo
y entró a los besos del baile.
Está en casa y aprende
de los abrazos en su torso.
Duerme y se anuda en los calambres del ciclista
que hace malabares en mil rostros fríos.

La loca descansa en casa
para que los niños
puedan correr sin lluvia de barro en sus bocas
vacías.

 

LA FRONTERA

Preguntan y no esperan las respuestas. Lloran en las calles, frente a las obras de arte lloran. Lloran de perfil ante las listas de los desaparecidos. Están aquí y allá. Después del horror pendulan un halo del abismo en diagonal a la razón. Ya no firman las crónicas ni registran sus pertenencias. Son de aire sus pasos y de salsa parece su vaivén.

 


SALMO

Saco el último vestigio en alas de mariposas.

Enjabono y tuerzo.

Al tacto del viento con mis manos
un olor confuso se aproxima por la acera izquierda.
Lo guardo,
trato de meterlo en la taza del baño,
pero en remolinos es vaciado a mi boca.
Tiento,
palpo cada pliegue del pecho.

Hace falta mucho detergente
cuando mi país hasta en la ropa duele.

 

LA GUARDILLA


Dos cuerpos se necesitan
se dicen desde los poros.
Enredados en barrotes de humo
escriben país en las paredes de la guerra.

 

LUGAR TRES

Recostada sobre su brazo derecho, en el borde de las cosas, ve pasar razones de papel. Una mosca lee su pierna izquierda, ella construye pedales para sus horas de quince sueños. Se mece, no puede decidir para dónde dejarse caer: a lado y lado la esperan monstruos que vomitan la sangre de las orquídeas.


PATIO

Una mano fría trata de entregarme
la salida.
La mujer que asesiné hace tiempo,
lava sus ropas con la sangre de mi boca.

 

PERIÓDICO VIEJO


Cuando ya no importa
que los muertos se mojen
es fácil cubrirnos de la lluvia
con un periódico viejo
las manchas de las noticias
se deslizan por el cuello
dejando nombres propios en la piel.

Recorremos el invierno
atragantados con los mismos titulares
de ayer, de mañana y cien años más
con un hombre inmóvil en cada semáforo
como última señal
de que estamos cambiando de piel.

 

LECCIONES ANTIGUAS


El camión avanza,
hombres aprietan últimos recuerdos en sus ojos.
Luego, de rodillas junto al río.

No alcanzan el frío, ni la certeza de los peces en
sus bocas.
Papá ebrio se lanza al vacío hasta quedar con vida.
Aseguran que la flor nacional es una orquídea
negra.

 

SEÑOR JUEZ

Sabré mentir tantas veces
como usted quiera señor
no importan las agujas
tengo lleno el cuerpo de dedales.


MI ETERNA LLUVIA

Me desnudo para sentirte
entre mis caderas.
Me desnudo
porque solo tus tempestades
ahorcan la muerte
que duerme en mis piernas.

 

***

Mery Yolanda Sánchez

(Guamo Tolima, 1956) Ha publicado los libros de poesía La ciudad que me habita (1989), Ritual para las noches (1997) y Dios sobra, estorba, y las antologías Un día maíz (2010) y Rostro de tierra (2011). Sus poemas, cuentos, comentarios literarios y reseñas de libros han aparecido en diferentes antologías, y magazines del país, Venezuela, Brasil y México. Obtuvo mención de honor en el concurso El cuentista Inédito del Centro de Estudios Alejo Carpentier en 1987 y en 1994. Fue beneficiada con la Beca Nacional 1998 del Ministerio de Cultura por su proyecto Poesía en Escena. En el año 2014 fue merecedora del Segundo Premio Nacional de Novela Corta Pontificia Universidad Javeriana por El atajo, publicada en el 2015.

 

 


Fundación La Raíz Invertida
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