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2017-01-30 14:19:19

 

Hay instantes de lucidez en los que desfilan algunos puntos cardinales de nuestra existencia para trazar un mapa de nosotros mismos; en tales instantes se hace inevitable preguntar si ha valido la pena haber vivido, si vale o no la pena seguir viviendo… pero un balance de este tipo no tiene un sentido contemplativo, sino que se liga a un proyecto que consiste en vislumbrar los caminos que se abren a partir de lo ya recorrido. Este parece ser el hallazgo fundamental que recorre los versos de “Bitácora del asombro” de Puky: su propia lucidez.

Este poeta boliviano nos invita a leer las anotaciones que ha hecho en su propio viaje para que nos atrevamos a emprender el nuestro, a sabiendas de que nunca dejaremos de estar a la deriva, pues ¿acaso no podría ser ese el sentido de una bitácora: un conjunto de experiencias que nos retan a seguir las rutas que solo aparecen cuando los barcos surcan el mar? Porque  quizá la metáfora de la bitácora no lo sea tanto, quizá la referencia es más literal de lo que pensamos y, en efecto, la vida es un océano en el que todo intento por dejar un rastro se borra inmediatamente, en el que las migas de pan con las que marcamos el camino son devoradas por las olas que logramos esquivar.

“Vivir es un peligro dichoso”, dice Puky, “un milagro que duele/una ruleta rusa”. Su poemario señala los problemas fundamentales de la existencia (el amor, la muerte, los amigos, la literatura, el arte, la política, dios…) y encuentra la manera de dejar pistas sobre los pasos ya dados para mirar hacia delante, pues parece saber que es imposible mirar atrás, que la mirada retrospectiva es en sí misma una experiencia nueva y que lo importante es enfrentarse alegremente a la vida, aunque por ello nos aceche la muerte. No estamos vivos sin ser, de manera simultánea, la cena futura de los sepulcros:

 

“Mi único mérito consiste

en saber que nos estamos muriendo

y en vivir

como si eso no importara”

 

Mérito nada pequeño el que se atribuye el poeta, pero que refrendamos sin dudar, pues hace falta valor para no ser un “poeta maldito”, para reírse cándidamente del llanto y para no resbalar cuando caminamos con la cruz a cuestas en la que muchas veces convertimos la vida.

Puky es una mala compañía, porque de su poesía habría que decir, con sus propios versos, que  “hay palabras de las que nunca se regresa”. Solo queda invitar a leer a este náufrago navegante, no para que nos eche una mano, no para que nos enseñe una dirección, sino para reírnos con él del naufragio mismo. Leamos su poesía en la tempestad…

 

Diego Alfonso Landinez Guio

 

 

 

 

Malas compañías

 

Mis amigos poetas son

por lo general

tipos y tipas formidables.

 

Va por la Vida

(como quien no quiere la cosa)

tejiendo admirables filigranas del lenguaje.

 

Libran encarnizados combates con las palabras

(“cógelas del rabo/ tuérceles el gaznate/ desplúmalas”)

son capaces de no dormir y hasta de no soñar

por encontrar la palabra precisa

el adjetivo perfecto.

 

Se les perdona sus súbitos cambios de amor

de temor

de fervor

de humor

sus tantas veces (tantas)

insoportables maneras

porque en un poema suyo encontrás

de pronto

una metáfora admirable

de ésas que te sirven para entender lo inentendible

o para hacerle una gambeta

al naufragio nuestro de todos los días

o para hacer que por fin te sonría

devotamente

la morena escurridiza.

 

Con la muerte tienen citas casi cotidianas

a veces vuelven

en otras ocasiones

se internan nomás

por la blanda arena que lame el mar…

porque hay palabras de las que nunca se regresa.

 

Cierto día decidieron internarse en la noche

jugarse la existencia al todo o nada

intentar hacer que llueva en el desierto

y que “las mañanas se llenen de jardineros”

y ahí van

malabaristas al borde de un abismo

con su procesión por dentro

sus intransferibles precipicios

sus súbitas primaveras

pagando con preciosos centímetros del alma

el precio de hacer lo que nadie osa:

andar sin armadura

y con el corazón expuesto

en un mundo preñado de aceradas bagatelas

y muchedumbres de ciegos hostiles.

 

 

 

Retrato (con fondo de violín y piano)

 

Cierta devoción por la belleza.

Una melancolía innegociable.

El desarraigo como patria.

Ganas perpetuas de llegar a la paz.

 

Atroz militancia de las cosas.

Búsqueda irreductible del mejor ombligo.

Amistades peligrosas.

Y el nombre de Ella, claro, impronunciable…

           

y un poco de vino

                        y un poco de azul

                                   y un poco de muerte.

 

Eso es el poeta.

 

 

 

Del porqué no quiero ser un poeta maldito

 

Créanme

yo también podría escribir versos oscuros

hijos de las tinieblas y de la muerte

verdaderos rosarios del dolor

trémulas saetas del invierno

letras paridas al borde de un inodoro.

 

Si las escribiese quizás dirían:

“¡qué profundo! ¡qué inteligente!

¡no se le entiende nada!

¡este sí es un verdadero artista!

¡que vivan las vanguardias…”

y allá, en la ciudad del frío

a 3.617 metros sobre el nivel del mar

quienes pretenden detentar el monopolio de la metáfora

probablemente me aplaudirían…)

 

Lo siento.

 

Sucede que yo veo a la gente masticando su pena honda

golpeada su frágil fe

en una dieta no elegida de besos mutilados

con su brebaje de miedos

su cena sin esperanzas

su jardín mustio

sus ojos vacíos.

 

Es por eso que elijo para mi poema

sol y alegrías

besos, orgasmos y otros heroísmos

azules antídotos contra el invierno

en estos extraños tiempos de la ceniza.

 

Bienaventurado el poeta que deambule por el asombro

que comparta domicilio junto al fuego

y que produzca así una sonrisa

esa noble cicatriz

que acaso

en la noche de los tiempos

(recién expulsados del Edén)

fue de Adán para Eva

el primer poema.

 

 

 

Naturaleza humana

 

Yo, ¿juzgar a alguien?

Es decir, ¿someterlo al patíbulo de mis opiniones?

¿A la silla eléctrica de un criterio?

¿Al paredón de mis limitaciones?

¿A la inyección letal de un prejuicio?

No, ni idea.

 

Si ni siquiera sé de qué historia viene ese fulano

de qué patio triste

de qué infancia desolada

de qué novia huidiza

de qué luto

de qué bandoneón

de qué pistola.

 

Huérfanos somos todos.

Náufragos sin fe y sin fósforos.

 

No voy a ser yo el que arroje la primera piedra.

 

 

 

Made in heaven

 

Anoche dormí con un ángel

(y no es metáfora).

 

Besé devotamente sus blancas alas

acaricié su aureola

exorcicé su noción de virtud

su certidumbre de pecado.

 

Inauguré el territorio de su azar…

 

Por setenta veces siete

fui Dios.

 

 

 

Keep walking

 

Ya está bueno

(me digo a mí mismo)

de andar pateando piedras

de andar repitiéndome historias tristes

de repasar mitologías familiares

sin pies ni cabeza.

 

Ya está bueno

de crear sombríos pronósticos

de destruir abecedarios

de caminar calaveras

de redactar epitafios

de habitar esta vida

como si fuese prestada

ajena

     de otro.

 

Ya está bueno

(me repito)

de coleccionar cicatrices

rencores

 

Creo que es hora de dejar la infancia

y empezar a ser un hombre.


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