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2016-03-17 11:08:20

 Polyforum Siqueiros

 

Por Jenny Bernal

 

América Latina ha atravesado históricamente por distintos hechos culturales y políticos que la han llevado a preguntarse por “nuestra expresión”; término que para Pedro Henríquez Ureña define aquel rasgo que ve a Hispanoamérica como una unidad de cultura. En Henríquez Ureña el término “nuestra expresión” queda abierto a diversas interpretaciones y aportes, por tal razón, además de hablar de “nuestra expresión” quisiera hablar de carácter hispanoamericano, el cual para Guillermo Sucre da cuenta de las búsquedas, las obsesiones, la conciencia de la realidad y la historia, la fascinación por ciertos mitos, la continua pasión por el mundo utópico, todo ello reflejado en el lenguaje de algunas obras, como rasgos determinantes en la América Hispánica (Sucre, 1974, pp.14).

Adicional a la definición de Sucre, valdría considerar intrínsecamente en la literatura latinoamericana, lo que Rafael Humberto Moreno Durán nombra como “ontología propia”; que está en una continua búsqueda de lo universal en lo americano, lo que representa una visión sobre la totalidad de nuestra realidad “una ontología en la que se articula la realidad objetiva, presente y cotidiana de nuestro mundo, con esa suerte de cosmogonías, mitologías, mutaciones y contrastes, creíbles” en donde lo universal es “aquello que hay en nosotros mismos y que nos hace comunes a los otros hombres” (Moreno, 1976, pp.53).

Considerando lo anterior, nombraré de aquí en adelante expresión latinoamericana lo que para Henríquez Ureña configura “nuestra expresión” y para Sucre define “el carácter latinoamericano”, todo bajo la premisa de una ontología propia de la literatura y el escritor en América Latina. Al ampliar un poco la nominación de Henríquez Ureña, cobra mayor fuerza su inquietud sobre nuestra literatura, ante la que afirma que ha seguido dos caminos: “uno en el que se persiguen sólo fines puramente artísticos; otro en el que los fines en perspectiva son sociales” (Henríquez, 1994, pp.201). El presente texto tiene el interés de indagar en la poesía dicha perspectiva, en tanto ha manifestado su sentir ante situaciones políticas e históricas, y ha atendido al llamado de una expresión latinoamericana que a su vez permite el diálogo del escritor con su realidad objetiva.

 

El poema ante el mundo

 

Juan Cano Ballesta afirma en “La poesía comprometida y su contexto sociológico en la España de los años 30”

El escritor tuvo que prestar más atención a las realidades de su mundo, dispuesto a expiar el gran pecado de los intelectuales, su «radical divorcio del pueblo». Es indudable que el poeta de tradición simbolista había creado desde el encierro demasiado hermético de su soledad, lo que resultaba anacrónico en años de tremenda crisis. Llega un momento en que el mismo García Lorca, por más alto que había puesto su ideal artístico, afirma rotundamente: «Ningún hombre verdadero cree esa zarandaja del arte puro»...Se exige una literatura que responda a las urgencias del momento. El escritor siente la necesidad de proclamar sus nuevas convicciones, de comprometer su obra, de, someterla a unos objetivos prescritos por la sociedad en lucha. En revistas y periódicos-se proclama a voz en grito la intención teórica de dar una proyección artística a las urgencias políticas y sociales del momento.” (Ballesta, 1982, pp. 236)

Dicha afirmación, hace parte de la discusión entre arte por el arte y el arte con compromiso social, que como resalta Henríquez Ureña está en continua discusión, también se puede ver como una máxima en poemas y apuestas poéticas de Latinoamérica. En el caso de César Vallejo, no sólo hay una preocupación distante del mundo que le toca, existe una “penuria existencial y social” (Sucre, 1974, pp.148) basta leer detenidamente el poema “Los nueve monstruos” su contundente inicio: “Y, desgraciadamente,/ el dolor crece en el mundo a cada rato,/ crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,/ y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces/ y la condición del martirio, carnívora, voraz,/ es el dolor dos veces” Vallejo denuncia el dolor de lo que observa y de lo que siente como propio, evoca su tiempo y luego enuncia un reclamo irónicamente : “tanto minuto, tanta/ lagartija y tanta/ inversión, tanto lejos y tanta sed de sed! Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?/ ¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos, / hay, hermanos, muchísimo que hacer.” En estas líneas de Vallejo es imposible pensar en un poeta al que no le atañen los sentimientos de su tiempo.

Para Javier Heraud en el poema “mi país” al igual que Vallejo, se mezcla el sentimiento colectivo con el individual, en el poema Heraud afirma: “Mi país es una casa/ antigua y casi derruida./ Los que vivimos aquí/ muy poco la conocemos”, igual ocurre en el poema “La patria” de María Mercedes Carranza “Esta casa de espesas paredes coloniales/ y un patio de azaleas muy decimonónico/ hace varios siglos que se viene abajo”, “Las ventanas muestran paisajes destruidos, / carne y ceniza se confunden en las caras,/ en las bocas las palabras se revuelven con miedo./ En esta casa todos estamos enterrados vivos.” en estos dos poemas se evidencia una poesía comprometida que para Juan Cano Ballesta “ no arranca ya de la experiencia individual, sino de una vivencia multitudinaria que el poeta pretende intuir e interpretar como portavoz de la colectividad. No es ya la propia intimidad la que intenta proyectar, sino el alma y los sentimientos colectivos.”

Otros ejemplos de lo anterior lo son los poemas: “Qué sos Nicaragua” de Gioconda Belli en el que afirma: “Qué sos/ sino un ruido de ríos/ llevándose las piedras pulidas y brillantes/ dejando pisadas de agua por los montes?”, “ Qué sos, Nicaragua/ para dolerme tanto” ; o el poema “Última mesa” de Ida Vitale en el que afirma: “Acá estuvo el lenguado para los malignos,/ el tenedor en el aire de los olvidadizos,/ la miel de los que mendigan,/ el vino de los que necesitan un pretexto”, “y el pan con una gota de sangre encima. Acá está el páramo final, deglutido.” Los poetas hablan de su patria y en sus versos se lee inconformidad de su contexto. No sólo es Perú, Colombia, Nicaragua y Uruguay, ante la experiencia de escritores a quienes les tocó la represión, el secuestro de un familiar, el exilio o la muerte, todos hablan desde el dolor que les genera su país, lo cual puede leerse en conjunto como una situación política y social que ha atravesado a toda América Latina.

En esa misma línea Juan Gelman en su poema “El juego en que andamos” dice: “si me dieran a elegir , yo elegiría/ esta salud de saber que estamos muy enfermos,/ esta dicha de andar tan infelices” y nuevamente el poema cobra su calidad de honestidad y de verdad, como voz que puede nombrarlo todo y que por lo mismo debe llegar hasta las últimas circunstancias: “ Aquí pasa, señores,/ que me juego la muerte” o el poema “Prohibido fijar carteles” de Jorge Enrique Adoum en el que menciona

prohibido hablar mal del gobierno, prohibida/ la información sobre los grupos subversivos, prohibidas/ todas las manifestaciones, queda prohibida la lucha/ de clases ha dicho el presidente, y sigues, aguantón/ y cobarde, sólo porque el instinto, él también,/ quién lo creyera, te colgó su letrero: SE PROHIBE MORIR    

En estos poemas no es sólo Gelman y Adoum en oposición al Estado, es Argentina y Ecuador, es nuevamente la patria y la voz del poeta que denuncia y se reconoce como portavoz de una colectividad. Otro conflicto que no ha escapado de ser nombrado desde la poesía, es el tema de la violencia, la cual se ha abordado de múltiples maneras. En el poema “la violencia aquí” Roque Dalton dice:

En el Salvador la violencia no será tan sólo / la partera de la Historia./ Será también la mamá del niño-pueblo,/ para decirlo con una figura/ apartada por completo de todo paternalismo./ Y como hay que ver la casa pobre/ la clase de barrio marginal / donde ha nacido y vive el niño-pueblo/ esta activa mamá deberá ser también/ la lavandera de la Historia / la aplanchadora de la Historia / la que busca el pan nuestro de cada día / de la Historia / la fiera que defiende el nido de sus cachorros / y no sólo la barrendera de la Historia / sino también el Tren de Aseo de la Historia

Dalton en el poema reconoce la violencia en la historia del Salvador, luego en el transcurso del poema, desde la imagen del mar como una “oscuridad tempestuosa” se nombra a: Valparaíso, Buenaventura, Panamá, Montevideo, Barcelona, y la violencia se convierte en una manta de la historia del Salvador, que atraviesa a toda América y algunas regiones europeas. Los poetas no sólo hablaron sobre su tiempo, fueron más allá de los hechos, nombraron los problemas de su época evocando esa alma americana de la que habla Martí en Nuestra América, que al igual que en el caso de Vallejo pareciera un cambio histórico en el que “son los desposeídos los que harán posible el advenimiento de un nuevo mundo” (Sucre, 1974, pp. 151).

 

Poética de lo social

 

Después de un breve recorrido por algunos referentes de la poesía que entraña un compromiso social, asalta una pregunta y es ¿qué caracteriza a una poesía con contenido social sin descuidar su valor estético? o acaso toda la poesía que aborda un tema social, es realmente un producto de valor artístico. Como primera instancia, es preciso reconocer como señala Sucre en el caso de Vallejo que no se debe confundir la militancia política con la creación estética, Sucre resalta las palabras de Vallejo: “Como hombre, puedo simpatizar y trabajar por la Revolución, pero, como artista, no está en manos de nadie ni en las mías propias, el controlar los alcances estéticos que puedan ocultarse en mis poemas” (Sucre, 1974, pp.151) ante lo cual Sucre explica: “el arte, para Vallejo es una actividad que  ni la razón ni la voluntad pueden controlar todo; la aventura y el riesgo que él encierra superan la fuerza que pueda dirigirlo” (Sucre, 1974, pp.152) estos aspectos destacan el doble trabajo que entraña la poesía desde dicha perspectiva; por una parte enuncia una problemática con un acertado manejo del tema y por otra no descuida su trabajo estético, además el poema no es “un trance espectacular, provocado a voluntad y al servicio preconcebido de un credo o propaganda política” (Vallejo, 1973,pp. 29) en su ser encarna la libertad, la honestidad y la verdadera conexión sensible con el asunto que nombra.

Con acierto Henríquez Ureña afirma que “gran parte de la mejor literatura de la América hispánica expone hoy problemas sociales, o al menos describe situaciones sociales que contienen en germen los problemas” (Henríquez, 1994, pp. 198) sin duda hay en la poesía social un alto valor estético y moral, que no por ello es fácil de abordar. Vallejo en su texto poesía e impostura dice:

Hacedores de símbolos, presentaos desnudos en público y sólo entonces aceptaré vuestros pantalones./Hacedores de imágenes, devolved las palabras a los hombres./ Hacedores de metáforas, no olvidéis que las distancias se anuncian de tres en tres./ Hacedores de linduras, ved cómo viene el agua por sí sola, sin necesidad de esclusas; el agua, que es agua para venir, mas no para hacernos lindos./ Hacedores de colmos, se ve de lejos que nunca habéis muerto en vuestra vida.(Vallejo, 1973, pp.63)

En este texto no sólo hay una invitación al poeta como sujeto político sino a la fuerza estremecedora del poema social, en donde el poema no es un artificio, embellecido, adornado con metáforas y mensajes ininteligibles, el poema como la poesía social debe venir de un sentimiento verdadero, de un lugar de conflicto real, que en palabras de Vallejo supone la misma muerte. La palabra en la poesía social es sincera, y nace de la intuición como en el poema “La forma épica del engaño” del poeta chileno Pablo de Rokha “El mundo no lo entiendo, soy yo mismo/ las montañas, el mar, la agricultura, / pues mi intuición procrea un magnetismo/ entre el paisaje y la literatura.”

La honradez en el poema social adquiere una carga vital, como señala Martí en el poema “Mis versos”

Estos son mis versos. Son como son. A nadie los Pedí prestados. Mientras no pude encerrar íntegras mis visiones en una forma adecuada a ellas, dejé volar mis visiones ¡oh, cuánto áureo amigo, que ya Nunca ha vuelto! Pero la poesía tiene su honradez, y yo he querido siempre ser honrado. Recortar versos, también sé pero o no quiero. Así como cada Hombre trae su fisonomía, cada inspiración trae su lenguaje.

Y más adelante añade: “Amo las sonoridades difíciles y la sinceridad, aunque puede parecer brutal.” Adicional a dicho atributo de honestidad, vale la pena reconocer, como afirma R.H. Moreno, que “si bien la materia de que se nutre la obra es la de nuestra realidad particular y concreta, no otra, la forma con la cual el escritor reviste esa materia puede estar inspirada en cánones diferentes a los nuestros” (Moreno, 1976, pp.66) cánones de distintos estilos y exploraciones artísticas, en donde el acertado diálogo entre forma y contenido define la calidad del poema que aborde esta temática. Para concluir se reconoce que

el trabajo de escritor en un ambiente cultural como el de América Latina se ve justificado por las perspectivas que trace en el proceso creativo de su época. Y tal comunión, tal acuerdo entre el escritor y la perspectiva nacional de su cultura, es más ostensible, curiosamente, en los niveles clasificados dentro de la llamada “barbarie” que en la pedantería snob y suficiente de la “civilización”  (Moreno, 1976, pp. 67)

La mirada hacia lo que R.H. Moreno llama “barbarie” y en sí hacía la realidad de América Latina, entraña una posición no sólo artística sino política, vital en la literatura latinoamericana, sobretodo en la configuración de una expresión latinoamericana, sin la perspectiva social el discurso latinoamericano sería vago, y en el caso particular de la poesía en donde la ficción queda relegada por la honestidad, sería sólo un conjunto de artificios que negarían la misma intención poética. Ya lo afirmaba Octavio Paz con mayor acierto que “Uno es el arte que se inspira en las creencias e ideales de una sociedad; otro, el arte sometido a las reglas de un poder tiránico.” (Paz, 1986, pp.110), gracias a la poesía social la expresión latinoamericana en la literatura se afianza y configura un nuevo discurso a la vez que presenta una propuesta de alta calidez artística. La poesía social para su elaboración requiere un proceso riguroso, que atraviesa la vida misma del poeta y con él la historia del continente americano.

 

Referencias Bibliográficas

Cano Ballesta, Juan. (1982). “La poesía comprometida y su contexto sociológico en la España de los años treinta”. Actas del cuarto Congreso Internacional de Hispanistas, Vol. 1.

Henríquez Ureña, Pedro (2001)- primera edición (1941). Las Corrientes literarias en la América Hispánica. España. Fondo de Cultura Económica. 

Martí, José. (1977). Nuestra América. Venezuela: Fundación Biblioteca Ayacucho.

Moreno Durán, R.H. (1976). De la barbarie a la imaginación. Barcelona: Tusquets Editor.

Paz, Octavio. (1986). El arco y la lira. México: Fondo de Cultura Económica.

Rama, Ángel. (1984). Transculturación narrativa en América Latina. México: Siglo XXI.

Sucre, Guillermo. (1974). La máscara y la transparencia, ensayos sobre poesía hispanoamericana. Caracas: Monte Ávila Editores.

Vallejo, Cesar. (1973). El arte y la revolución. Lima: Mosca Azul Editores.

 

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Jenny Bernal

raizinvertida@gmail.com

  

 


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