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07 Nov 2013 / 17:39 pm

Poetas chilenos del nuevo milenio

Selección y nota María José Cabezas Corcione*

Coordinación proyecto Fredy Yezzed 

  

Baja tu frente hasta tocar la piedra, 
busca llorando la raíz del agua, 
búscala de rodillas en la tierra.

Juvencio Valle 

Siempre he creído atrayente percibir que en el ejercicio poético de mi país, se puede vislumbrar una mezcla de matices que seduce; por la íntima correspondencia entre la experimentación con el lenguaje, y la difícil constelación de memorias, que se manifiestan en nuestra historia desde un territorio que aún insistimos plasmar en palabras.

Es usual escuchar que Chile es un país de poetas. Hay nombres reconocidos como Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Pablo De Rokha, entre otros; quienes nos ofrecen una tradición lírica poderosa, una raíz desde donde fluye la sangre que impulsa a variados artistas a persistir en este oficio. Sin embargo, dentro de nuestra historia literaria, aún existen escritores que permanecen en la penumbra y que se hace necesario rescatar del olvido. Los ejemplos son muchos; Luis Omar Cáceres, metafísico y creacionista; Juvencio Valle, dador de una voz en íntima consonancia con la naturaleza; Rosa Araneda, pueta popular, por citar a algunas de mis preferencias. Notamos que este hábito lírico de gran fuerza expresiva e indagador de nuevos sentidos, se ha ido nutriendo y transformando a través de los años. Mundialmente somos herederos de la poesía elemental de Neruda; o la mágica, tierna y educadora tierra con que Mistral nos enseña hasta el día de hoy. Desde esta herencia, surge una identidad que ancestralmente se ha ido volcando en nuestro imaginario, lo que genera una búsqueda por un sello propio, que va mutando en la escritura de nuestros poetas actuales.

Es así como la poesía chilena, ha recorrido distintos estilos y propuestas innovadoras estos últimos decenios; por lo tanto, el acto de disponer una antología, es un desafío y a la vez un juego que deviene en rigor y gusto propio. Pues todo juicio delata una reserva; la objetividad esperable de la promesa y la percepción crítica de quien lee.

La presente muestra reúne diez poetas chilenos nacidos entre 1974 y 1986, compuesta por cinco mujeres y cinco hombres, en un intento por plasmar un conjunto equilibrado que ilumine la polifonía atractiva de este nuevo milenio en Chile. La lectura navegará como un barco a la deriva, dejándose llevar por las corrientes hacia el rescate de nuestra lengua, y apreciando cómo la palabra emerge fragmentada y delatora; suspendida en el silencio de cada artista.

Uno de los principales objetivos al realizar la elección, fue convocar a los que no han tenido un suficiente espacio en la crítica, o que han sido poco estimados en los estudios del género. A su vez intenté que la propuesta fuese descentralizada, pues en todas las regiones de nuestro país brotan voces genuinas que intrínsecamente demuestran su color propio.

La difícil tarea de escribir poesía hoy -intentando mantener el oficio en el crepúsculo de una sociedad individualista y utilitaria- muchas veces se muestra como un viaje cuesta arriba para los que insisten en escudriñar sobre la existencia y la utilidad del arte, en un tiempo en que pareciera que todo se fuese agotando.

Esta antología quiere darle desplazamiento a los espíritus que brotan naturalmente en lenguaje; ese que busca respirar en paz y que anhela habitar el tejido velado de las palabras.

No me queda más que invitarlos a recorrer y a viajar en la lectura de estos poemas y que sean ellos quienes se expresen ahora.

 

 

 

 

 

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Carlos Henrickson (Santiago, 1974). Escritor, traductor y ensayista. Comentarios críticos en múltiples medios nacionales e internacionales. Entre otros libros: An Old Blues Songbook (poemas; Santiago: Ed. del Temple, 2006), Despoblados (poemas; Santiago, Ed, Fuga, 2010), Esplendor (cuentos; Valparaíso: Narrativa Punto Aparte, 2011).

 

FRAGMENTOS DE “APUNTES EN TORNO A LA CONQUISTA” -PARTE DEL LIBRO

Fundación

I

Sobre todo –y como fuere que todo

haya sido, lleno de gentilezas: llorando

como se va Azores arriba, cueros,

 

hojas secas, tablones, óleos en la crisma

por un joven bárbaro enloquecido

–le levantó la espada al Gobernador,

 

un joven bárbaro más en el baile.

No esperemos nada de la poesía,

compañeros -llena de jóvenes bárbaros

 

y dementes, inventando a pleno sol

países fríos donde nunca hubo nada

sino palacios, y fuertes, y bellos:

 

nadie creería la cantidad de sangre

para alzarlos. Palpa la mano el hueco

entre las piedras y nada, ni alfileres

ni el aire. Milagro esto –mentira

lo otro, NO EXISTEN-, por más que atruene

en las orejas grito tras grito cerrado:

barbarie, tambores y pitos, todo

lo de rigor a la hora de construir

sólidamente patrimonio. De eso

 

se trata –se marea la gente en los barcos,

todo se recuerda mal: el país del frío

es también el país de la confusión,

 

por ello ni siquiera piedras. Tierras

abandonadas. Fantasmas épicos,

hijos de cabezas calientes, bencina

 

para hacer arder el país de norte a sur.

 

 

 

 

 

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Damsi Figueroa Verdugo (Talcahuano, 1976). Es egresada de la carrera de Pedagogía en Español en la Universidad de Concepción. En 1994 publica su primer libro Judith y Eleofonte. Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías. En el 2003 aparece su obra Cartografía del éter.

 

APOCALIPSIS DEL MOTIVO


Toda la fauna reflejada en una fuente

La bestia con los cuernos rotos

La bífida descamada

Semen sobre las plumas del cisne

Sobre su cuello blanco y su pico sepultado

Semen sobre su ala rota


Se desgranan  las pupilas del cordero,

las vértebras del cisne, como frutos maduros en la fuente


Y tú, que sólo imitas el dolor del ciervo herido,

nada puedes hacer para lavar la sangre de mis ojos.

(Tu lengua está limpia)

nada puedes hacer para que tu canto arda.

 

 

 

 

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Juan Eduardo Díaz (San Bernardo, 1976), poeta y editor de Ediciones Caronte. Realiza talleres de escritura literaria. Ha publicado: Instantáneas {esto ha sido} (2013), Claveles (2009), del diario de Teresa y Sylvia (2005), Ángeles Ebrios (2002) y Sombras de Valparaíso (2001).

 

Lo siguiente pertenece al libro Instantáneas {esto ha sido} (2013).

De paseo por la plaza de armas, descanso en uno de los jardines por donde no pasan muchos vehículos, tampoco esa gente que se dirige a la iglesia. Junto a mí la mini azul que comprara hace una semana. Iba en dirección a mi casa y calzaba un pantalón de mezclilla y un suéter de lana gris tejido por mi madre. De fondo “En bandolera” de Adamo.  

 

Todo descansa sobre la decoloración

de las hojas

un tono fantasioso       y justo

cuando lo simple no importa          me quedo.

 

Con esta realidad que ofrece

la pena          de la bicicleta y su óxido en los rayos.

 

Reflejo nomás de todo aquello que me faltó.

 

Oh         terrible y lunática nostalgia.

 

Me encuentro insomne entre líneas             a lo mejor

silencioso ante el verso.

 

La rebelión

es observar un objeto inquieto        nubes

que se sosiegan    justo

cuando se las veía competir

mudas y camaleónicas.

 

Porque en la médula           hay

una pelea a cuchillos que hace sublevar a los demonios

propios

con la boca hasta el cansancio                 repleta

de claveles.

 

El nombramiento único de eso mágico que se colorea       

en un tulipán.

 

 

 

 

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Roxana Miranda Rupailaf (Osorno, 1982) Ha publicado Tentaciones de Eva (2003)  Premio príncipe de la Región de Los Lagos. Seducción de los venenos (Editorial Lom, 2008) y Shumpall (Del Aire, 2011) Premio Municipal de Literatura de Santiago.

 

1
Cuando llegaste el océano detuvo sus oleajes.

Los peces comenzaron a mirarme.

Y allí, 
en el lugar donde aparecen y desaparecen los náufragos
surgiste como un faro
y alumbraste hacia atrás 
las noches del círculo en espera.

Yo comencé a correr por las orillas
y me arrojé a las sales 
para buscar tu cuerpo plateado entre las algas.

El mar se ha convertido en un jardín de estrellas
sudadas de encenderse con el roce.

Voy a hundirme en esta ola que es tu nombre.

Voy a hundirme en esta ola que es tu nombre -te dije-
y nos llenamos, 
desbordados,
atorados de luciérnagas.

 

 

 

********

S. Alfsen-Romussi (Valparaíso, 1981). Mochilero de la América profunda y autodidacta en artes visuales, ha publicado los poemarios Totémesis (JC Sáez Editor, 2009), Enteógena (JC Sáez Editor, 2011), Metamérika (JC Sáez Editor, 2012).

 

PUTACION DE UN KLOKETEN

/PARADISE LOST


Un disfraz glotalizado no vive su vivienda social en el futuro atrás /pasado delante,

no

 

perenna su-

 

pureza de tejeduría vocálica dentro la plataformación de veladura,

 

seba su neonata a la fata morgana del enajentío como el más antiguo de los dioses

macheteando reverencia (destrucción del matriarcado) /el

 

acto de menstruar sangre invisible

 

cuando vienen los pubertadores de un HAIN barriobajero y yaculan nitrato para darse

a luz hijos primeros, encontrar nolvido por

 

aspiración de cenizas, como un

 

yopo de vaho de búho desde la doble valva del valle cesáreo do umbrían las esposas

lúbricas al vesre del

raciocinio arbóreo, al

 

rapé de ayerba desdesierto plegario patio tu alma externa crescendo florajes circum-

polares /un uñado sudamor es-

 

labonado se glacía al raso

 

ritual de beberse la baba de un águila jaulada, ración de orbe y un heptaedro anguila

como siega de llagas al

 

drenaje, descensa tu yectoria de peón de sombra y estancia tu lesión de imagen la no-

ción de azogue y

 

pseudoesplendor,

 

inocúlase osamenta, su hemisferia luego disécase a las antídotas de un vaticano farma-

mento,

así yuntar al

 

cogote de cualquier coyote negro una cuchillería fina por goteo cuando inanen al yo-

soyelyosoy desta

 

cepa de cepos y se

 

exangüen de los órganos las preces del precio en el cuerpecito nulo deste lindo y tier-


no niño bueno e hijo bienamado.

 

 

 

 

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Yeny Díaz Wentén (Los Ángeles. 1983) Profesora general básica. El año 2000 aparece en la Antología Lautaro esquina Mendoza del Centro Cultural Víctor Jara.  El año 2008, se publican sus poemas en la Antología “Aperitivo” de la Universidad de Concepción. Publica el libro Exhumaciones el año 2010, en la Editorial Camino del Ciego.

 

MANUEL CRUCES

Eché mi suerte a correr entre la sangre de los vacunos

y a mi muerte cayeron sus cabezas

la semilla del asesinado comieron los animales

secáronse la tierra y gran manto que cubría el cuerpo.

…Calladita calladita que ya no vuelven más…

Difuntas estas cruces bajo el cerro

mi familia mi familia me enterró creyendo que sería piñón,

floreció la maleza negra del ataúd

y la savia muerta manchó las manos de mis hijas blancas.

Mis hijas mis hijas mi fruta

tienen ahora la manda del luto en sus caritas

que Dios me perdone

que Dios me perdone

por no que querer partir a sus terrenos.

Teñido en la cocina y en estos

cuatro palos que son la mesa,

la cama de mi velorio,

desojado me voy con mi cara traspasada

traigo viento cenizo sobre esta casa

cerrarse la puerta para Dios mandé

y ensuciarse los caminos para la virgen,

no vuelvo Inés,

que no me vuelvo.

He dejado la promesa a mis crías sin leche

¡qué me han hecho!

¡qué me han hecho!

 

 

 

 

********

Pedro Ignacio Tapia León (Santiago de Chile, 1983). Escritor, Gestor cultural, y Docente universitario. Licenciado en Literatura Creativa de la UDP. Creador y tallerista de NarraciónyEstilo, con los cursos de Narrativa y Proyecto Novela. Corresponsal de la Radio KPFK en Los Ángeles, EE.UU, en el programa de cultura y política Canto Sin FronterasEscribió el poemario Itinerario del Olvido, próximo a publicar. 

 

alguien 

en su reflejo de silabarios 

abre este olvido

como si la nostalgia en sus palabras 

impulsara un pacto 

con ese verbo en misterio

 

alguien

en sudarios evoca aquellos muertos

desaparecidos en un silencio secreto

sus recónditas memorias

fueron destellos en un telar de sombra

sangre contenida en fotografías antiguas

develando en resquicios su historia

 

alguien 

insiste en olvidar los asesinatos

las intensas torturas 

la perfidia en estas palabras

 

alguien 

que no se calla

y late en paso y brío

no se huye a los embates

se lomo atrona en cabalgos

dentellea en las escorzas

de alientos el ruedo

 

alguien 

en su forma silenciosa de narrar

que sabe poco de sus caminos

recuerda otra vez al mundo ese dolor

de los puentes y sus barcos pasando

 

los pájaros no se detienen

en sus voces murmullea entreviento

 

 

 

 

*******

Natalia Rojas (Melipilla, 1983). Publica en 2011 la plaquette pedernal en coedición Chile- Argentina por Cuadro de tiza y VOX, ediciones, Santiago, Buenos Aires y en el 2013 publica coreografía de una vigilia por la editorial cartonera Klóketen Tintea, Tierra del Fuego, Argentina.

 

pedernal que se agita perdona la posible aparición de la poca palabra. presencia ajena y besada como el niño que bota el pan añejo. perdona por hundir y pronunciar. perdona por no aparecer y ser primeriza: el pedernal cuando choca, me inunda y promete flechas, lagunas y paladar. perdona por decir al unísono: humo, acantilado y cariño. perdona las paredes que llevo de álamos, crujidos y polvo. perdóname por perderme en el aliento último

 

y quedarme vapor. caudal llano de viento, ojos de la fruta aguda que habita en la mano. temblando en el recorrido de cada pata y bruces de este animal que me lleva a la residencia. alelí y cúrcuma. y hacerme beso alzando la mudez del tacto. la brisa y el trueno cierran el día. me aúpo, relincho e incendio la sombra del poema perdido: el que no escribo cuando me hago vapor. el que no escribo, pues lo encielo, lo dejo a tus ojos, lo enpiedro, lo entrigo, lo firmo con tu nombre

 

 

 

 


********

Julieta Marchant (Santiago de Chile, 1985). Ha publicado urdimbre (Ediciones Inubicalistas, 2009) y Té de jazmín (Marea Baja Ediciones, 2010). Es editora y tiene un sello llamado Cuadro de Tiza Ediciones.

 

Trenzadas desde sus fisuras, estas palabras cargan con su propia historia.

Tu mano –la que resistió– jamás podrá despejarlas,

sus espaldas pesadas se encorvan, anochecen sus grafías.

En medio de estas ruinas no podrás. Tampoco el cuerpo,

porque siempre nos quedamos atrás o adelante, nunca adentro,

a pesar de los golpes sobreviene el desfase, el acceso tardío

a un centro que se desplaza cuando pensamos llegar.

Y yo resisto, atada a este peñasco, resisto.

Falta de motivos sigo ahí, tiesa soporto la lluvia,

sabiendo que importa nada repito esa frase, no importa,

mi cuerpo rodando por las piedras, todo derrumbe

contiene en sí la leve posibilidad del aire,

del viento en su rebase. La dureza del cemento,

en esta ciudad la furia plena del agua desatando el orden,

siguiendo instrucciones nos perdimos en detalles,

con los ojos apretados quisimos. No importa tu cara,

todos tus gestos acentuados por la fibra de luz que acercándose ávida,

te transformó completo en mi deseo. La estructura de tu lengua

asumiendo la oscuridad de su lenguaje, la infinitud de los parques,

ya no importa esta frase repitiéndose, no desde mi mano

o desde la escritura, esa frase entrometida y monótona,

su pulso derrotado, la ilusión de que suena diferente cada vez que es inscrita.

 

Tu casa ya no es tu casa, la maleza metódicamente sembrada, el piano

originado de la fractura que, como una rigurosa línea, he dibujado sobre ti.

Desde ahí emerge el mar como si ella implicara la fotografía de una playa, el mar

ruidoso y desmedido, sus cuevas interiores, la corriente.

Desde ahí emerge mi garganta arrastrando la misma frase, no importa

la conciencia de que lo acontece, porque toda conciencia

implica un discurso advirtiendo su caída. Estas palabras son cáscaras,

adentro ecos descomponiéndose esperan.

 

Consumiendo los recuerdos, resisto en el peñasco. Arriba,

las nubes forman figuras que podrían ser animales, bestias tal vez,

que se desplazan circulares, en una ronda agotan su ritual. Abajo,

tú cayendo sucesivas veces entregado por completo a los ciclos del invierno,

tu cuerpo inflado y hueco se abandona. El mío intenta endurecerse

en el contacto con la roca que abrazo. Pero no importan los gestos,

los intentos vastos, vanos, en esta ciudad que diviso importa nada,

cuando la tarde lentamente del naranjo al violeta deviene rojo,

no reconozco mi mano desatando nudos, me componen sus curvas trenzas,

sus oficios implacables de no ceder.

 

 

 

 

 

********

Guido Arroyo González (Valdivia, 1986). Entre otras señas, fue becario de la Fundación Neruda (2008), e invitado al encuentro El Vértigo de los Aires (D.F, 2011). Ha publicado el libro-objeto Postales Bs. As. (2006), las plaquettes Cerrado por derrumbe (Ed. Fuga, 2008), y Zonas de Excavación (Ed. Pillaje, 2010), y el poemario Naturaleza Muerta (Ed. Del Temple, 2011). Actualmente termina un doctorado en Filosofía mediante beca Conicyt, dirige –desde el 2006– el sello alquimia ediciones, y participa del colectivo A la sombra.

 

[Mapas mudos, desplegados]

 

sobre la noche. Al cuerpo le cuesta

encontrar comodidad, el aliento

para continuar el diálogo o seguir

marchando rumbo a peor,

rumbo a un departamento

sin partituras en sus pilares. En medio de esta mesa

quedará lo humano: frutos secos y ceniza

que dejas caer, porque esto se trata

de las cosas que debemos ser, la forma en que debemos

dejar de ser, aunque la galleta

del destino siga intacta, sin propietario

al contrario de las tierras donde podríamos

ir a morir, ahora mismo, antes

de pagar, perdón, te decía

que la memoria no soporta los espacios

que habitamos en tránsito al morir

que son los ríos de pensiones

 

para recordar hay que volverse

la naturaleza muerta de uno mismo, el cuerpo del cangrejo

que mi dedo roza sobre una playa

situada en los pliegues del mapa mudo

que tú eres

allí estoy, seguro

de que la piel mudada concentra un brillo

más útil que una flor azul

o la luz encandilante

de un faro.

                                      Del libro inédito Plancton.

 

 

 

 

 

 

*** 

*María José Cabezas Corcione (Santiago de Chile, 1982). Poeta, magíster en literatura chilena e hispanoamericana de la Universidad de Chile y licenciada en literatura creativa de la Universidad Diego Portales. Es autora de los libros Oscurece al fin (2008) y Confabulación crítica. Asedios a Juan Luis Martínez (2009) en coautoría con Matías Ayala; ambos proyectos ganadores del Fondo del Libro y la Lectura, por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Fue invitada a la trigésima Feria Internacional del Libro de Santiago, como expositora de la mesa redonda sobre literatura maulina de poesía, junto a Naín Nómez, Eduardo Leyton y Claudio Godoy, y al Encuentro de Poetas del Maule de la misma Feria. Actualmente realiza talleres literarios y prepara su próximo libro sobre el poeta cauquenino Luis Omar Cáceres y su libro Defensa del ídolo, proyecto elegido por el Fondo para el Fomento del libro y la lectura 2012.

 

Poetas del Nuevo Milenio es un proyecto que convoca a 20 países de lengua española y lenguas romance. Busca explorar en las tendencias y temáticas que trabajan los nuevos autores del siglo XXI. El principal criterio de estas antologías virtuales es reunir a autores nacidos a partir de 1970 en adelante que, por lo menos, hayan publicado un libro de poesía y aporten con la calidad de su trabajo al panorama de la poesía actual de sus países. Poetas del Nuevo Milenio es coordinado por el poeta Fredy Yezzed y nace como un proyecto de investigación liderado por estudiantes de la Universidad de Buenos Aires sobre la nueva poesía latinoamericana.

 

Fredy Yezzed. Bogotá, Colombia, 1979. Como investigador literario escribió el estudio Párrafos de aire: Primera antología del poema en prosa colombiano (Editorial de la Universidad de Antioquia, Medellín, 2010). Tiene publicado los libros de poesía: La sal de la locura, (Premio Nacional de Poesía Macedonio Fernández, Buenos Aires, 2010) y El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein (Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2012). Actualmente está radicado en Buenos Aires, Argentina.

 

Los contenidos y las ideas expresadas, lo mismo que su escritura, son de exclusiva responsabilidad del autor de la selección y no compromete a la Universidad de Buenos Aires, ni al coordinador del proyecto, ni a la orientación de la revista La Raíz Invertida.

 


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