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07 Dic 2020 / 08:17 am

 

LA ABUELA NUNCA LLORA CUANDO CORTA LAS CEBOLLAS

 

Las galaxias, los agujeros negros, la soledad del abuelo en las mañanas

 

El abuelo sale con el sol
el abuelo y el sol salen juntos de la casa
en la calva del abuelo el sol hace círculos
la calva del abuelo tiene puntos negros morados rojos azules donde el sol hace círculos
la calva del abuelo es el universo
es Dios porque en la calva del abuelo hay supernovas galaxias agujeros negros estrellas fugaces constelaciones.

 

***
El abuelo da tres vueltas pasa las manos por las piernas mira el agua que queda en el laurel mira a la gata lamiendo las horas de su pelo café manchado de negro
se sienta respira hondo contempla el cielo contempla la montaña pasa los dedos por la cabeza que es el universo toca Neptuno con sus manos se rasca Júpiter arriba de la oreja.

 

***
El abuelo vive la vida en un día
el universo es solo un día
la gata a veces lo mira se le acerca
presiente que el abuelo es un buen hombre
el abuelo es un solitario declarado
un silencioso oportuno
habla en sus pasos cortos
habla en la curvatura de su espalda
habla en sus ojos que han visto durante ochenta y cinco años la tierra nacer y morir cada veinticuatro horas.

 

***
Le gusta la tarde al abuelo
ama a la gata aunque no la consiente porque así es el abuelo:
ama lo que está vivo y los gatos sienten los temblores de la tierra y de los hombres por eso ella se sienta con él
el abuelo se queda afuera hasta la una porque a esa hora siempre es el almuerzo
se levanta despacio concentrando todo el cuerpo en ese único movimiento como si toda la vida fuera ese ritual de los huesos encogidos la piel arrugada los vellos que empiezan a crecer como el pasto cuando llueve y hace sol
¡almuerzo! ¡almuerzo!
le repiten dos a veces tres a veces cuatro veces porque él no escucha del todo porque tal vez ya no tienen tanto sentido las palabras después de ochenta y cinco años.

 

***
El abuelo va a almorzar
mira el plato fijamente
almuerza encorvado como un insecto
no habla
sorbe la sopa
la sopa que es un mar y él un naufrago
se demora masticando la carne
se demora en la sensación del arroz en cada muela
se demora con las pequeñas pepas que quedan del jugo de mora.

 

***
Termina el almuerzo
se apoya en la mesa porque reconoce que la mesa es otro cuerpo y luego coge vuelo como un pájaro al que le pesan las alas
vuelve al mismo punto en el que ha construido sus tardes
se queda dormido en ese rincón del universo que le pertenece
ese punto mínimo que es a la vez todos los espacios todos los lugares y todos los tiempos.

 

***
El abuelo sale y se sienta junto al sol como si se sentara junto un amigo que ha comprendido la necesidad de su silencio
eso es:
el abuelo es el mejor amigo del sol
y al sol le gusta escuchar el silencio del abuelo que es toda una forma de hablar del mundo que ya casi
                        ya casi
                             de a poco
                                       se va.

 

 

Los robos, la mudanza y otros objetos

Tres veces se metieron los ladrones
la primera se robaron el televisor de los padres unos abrigos la licuadora
la segunda vez se robaron el perro que era el mejor amigo de la hermana y ella lloró en la noche recordando a Balú mover la cola cuando le daban pan
la tercera vez se robaron mi colección de viejos buses de juguete
la casa se desocupaba y volvía a ocuparse pero hay cosas que no se pueden recuperar del todo:
el perro fue una de esas
el padre no se recuperó de la pérdida de un reloj que su padre le había regalado
la madre no se recuperó del segundo robo porque se llevaron un collar que tenía una foto de su madre muerta
era raro entrar a la casa y ver que las cosas estaban desubicadas
que en algún espacio algo hacía falta.

 

***
El tercer robo fue decisivo
está muy peligroso el barrio
también robaron a los Rodríguez
en esa casa había nacido yo
entre esas paredes blancas con manchas de humedad
bajo ese techo bordeado de estrellas que brillaban verdes en la noche
entonces lloramos con la hermana sobre la sopa de verduras y la sopa se volvió esa noche un mar bravo agitado por una gran tormenta que hacía que las alverjas las habichuelas y los trozos de zanahoria se quebraran contra las orillas rocosas del plato blanco y hondo
la casa era lo único que teníamos y pasaría a ser de alguien más cuando había sido nuestra
entonces maldije a los ladrones no por lo que se habían llevado sino por lo que se iban a llevar.

 

***
Conseguimos a quien venderla
dijo la madre
el próximo mes nos vamos
dijo el padre
y sonaron las tablas del piso del comedor
los vasos temblaron encerrados en los estantes
los tapetes se arrugaron de tristeza entre el polvo
y los sofás acomodados en cada rincón de la casa gimieron como niños perdidos en un bosque negro abandonados a la boca de la noche.

 

***

Los padres decidieron hacer una fiesta de despedida
llegaron los abuelos los tíos los primos algunos amigos
pero no tenía sentido porque la casa estaba triste en cada esquina en cada huella en cada grito atrapado dentro de sus delgadas grietas
se notaba la ausencia del alma de la casa que se había comenzado a ir de a pocos por las ventanas abiertas y la chimenea
los huéspedes se rieron tomaron vino cantaron en la sala Alci Acosta y tangos de Gardel pero la casa no pudo componerse la hermana no pudo componerse yo no pude componerme.

 

***

A las once de la mañana llegaría el camión del trasteo a recoger los objetos
iríamos a vivir con el abuelo por un tiempo mientras algo conseguían los padres
por todas partes había cajas mudas
las paredes tenían manchas
la casa estaba desnuda y en su desnudez se veían estrías arrugas golpes marcas
el tiempo se manifestaba como un ojo seco dentro de un muro
la cocina era un balneario
el piso del comedor tenía los rastros de la mesa de madera
las ventanas ya no tapaban sino que mostraban al mundo los rastros del abandono.

 

***
La madre se despidió de su cuarto
el padre fue al patio de atrás y agitó la mano derecha
la casa era más grande pero estaba disminuida apagada enfriándose
llegó el camión y subimos las cajas
el padre cerró la reja se montó al carro y lo encendió con un gesto brusco
la hermana pegó la mano a la ventana mientras avanzaba el viejo Ford
yo miré de reojo
vi un fantasma tratando de encontrar su espacio
el padre puso un cassette de los Bee Gees
la madre cantó mientras tomábamos la calle que nos llevaría a la otra vida.

 

Nicolás Peña Posada. (Bogotá, Colombia. 1991). Literato y Maestro en Arte de la Universidad de los Andes. Magister en Creación Literaria de la Universidad Central. Actualmente es docente universitario en la Fundación Universitaria Konrad Lorenz donde dirige la revista Suma Cultural. Ha publicado los libros: Mi madre es la única que lee mis poemas, Cocinar no es para todos los poetas y su tesis de maestría: La abuela nunca llora cuando corta las cebollas. Sus poemas han aparecido en la Antología de poesía joven de Bogotá: Pecados capitales, libro editado por ediciones Exilio, y en diferentes revistas nacionales e internacionales, entre ellas: Raíz invertida, La otra (México), Sombralarga,  Otro páramo, etc. Es coeditor y cofundador de Ruido ediciones, editorial independiente de Bogotá. 


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