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28 Oct 2020 / 18:31 pm

 

Es una gran alegría para nosotros, como Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida, felicitar a Hellman Pardo, miembro de nuestro comité editorial, por ser reconocido con el Premio Nacional de Libro de Poesía Ciudad de Bogotá por su obra Física del estado sólido, siendo este uno de los premios más importantes de poesía a nivel nacional.

En palabras del jurado, “El texto es una exposición racional de diversos hechos matemáticos. Su autor la reviste de un complejo e interesantísimo entramado narrativo y poético, logrando que una voz original y potente se exprese en este libro en poemas que no decaen en ningún momento. Sin duda, es un libro bien elaborado, de indiscutible unidad temática y formal”.

Brindamos y nos enorgullecemos con su obra compartiendo cinco poemas del libro ganador:  

 

 

 

LA SOLEDAD DE LOS NÚMEROS PRIMOS

El destino de los números primos
es quedarse solos.
Paolo Giordano

Los números primos son aquellos moluscos
              que no se tocan nunca.
Van de un lado a otro con su triste caparazón
a pasar la noche en una cantina de mala muerte.
Allí beben toda la fiebre de los hombres.

Yo soy, por ejemplo,
el número primo que vive en parasitismo
              en la sangre de otro número primo,
algo así como el diecinuevemilquinientoscincuentaitres.

Ella es el amor.
Ella es el número tres.
Nos separan diecinuevemilquinientoscincuenta números.
A esa distancia numérica, indescifrable,
              le llaman soledad.

 

 

 

 


EL ÚLTIMO TEOREMA DE FERMAT

Pierre de Fermat era un granjero que sembraba olmos negros
en los parajes más sórdidos de la Francia profunda.
Aficionado a contar las hojas y las diversas ramas bifurcadas
              que nacían de sus troncos almizcleros,
pronto abandonó la costumbre de labrar la tierra.
Feliz de dejar todo al capricho de las integrales,
creó interminables fórmulas aritméticas que ya nadie defiende,
ni siquiera los habitantes de Beaumont de Lomagne, su comarca.
El prestigio de Fermat, sin embargo,
radica en el planteamiento de su último teorema
que dice más o menos lo siguiente:
Es imposible descomponer una potencia cualquiera
en dos potencias del mismo exponente.
Lo importante aquí es saber que varios matemáticos
                gastaron millones de cientos de miles de horas
deduciendo los exponentes,
trescientostreintaiocho años y decenas de días más.
Algunos calculistas murieron intentándolo,
como el físico ruso Dmitry Mirimanoff
que se asfixió con su propia saliva
cuando despejaba incógnitas y bebía el vodka
                que destiló Mendeléiev en los Montes Urales.

Vamos al futuro. No a nuestro futuro.
Al futuro de Pierre de Fermat, es decir, a nuestro pasado.

La condesa Ada Lovelace, hija del poeta Lord Byron,
también fue granjera en el cultivo de la desolación
y, como Fermat, quiso transformar lo real, lo tangible,
en algoritmos en desuso para apostar a los caballos.

Al final de su vida, Fermat regresó a Beaumont de Lomagne,
                 su comarca,
para sembrar los olmos negros de la ira
padeciendo de Alzheimer,
aunque para aquel entonces Alois Alzheimer no había nacido
o su desilusión.
Ada Lovelace perdió su herencia
y todos los poemas de Lord Byron, el incendiario,
en el hipódromo donde corren los ángeles de la locura.

 

 

 

 

 


INESTABLE

El astato es el elemento químico número ochentaicinco
                  en la tabla periódica de Mendeléiev.
¿A quién le interesa el astato, el osmio, el argón?
El osmio es el metal más pesado de los bosques marcianos
que duerme en la hamaca de una lágrima;
el argón es un gas inerte e incoloro
                 que suele encender los anuncios de las discotecas;
del astato hay menos por decir:
que nunca ha sido observado porque se pulveriza
tan pronto el ojo humano interviene en su cuerpo de acertijo;
que alrededor del mundo solo existe una onza
                 y bien estaría íntegro en una simple cuchara;
que una vigésima parte de su milímetro
bastaría para inmolar millones de urticarias, sarcomas, nódulos;
que perdura en un tubo agitador
                 menos de ocho segundos y luego se evapora;
que es radioactivo e incinerable;
que es el ornitorrinco de todos los elementos
porque posiblemente sea un metal, un gas, un líquido
                 y viva en el caparazón de una ostra.
¿A qué temperatura hierve el astato, el osmio, el argón?
¿Acaso importa a qué temperatura hierve el astato,
                el osmio, el argón?

Osmio = un metal de polvo
Argón = un gas sólido y luminoso
Astato = una aparición, un prefantasma

 

 

 

 

AGUJEROS NEGROS

Son las cuatro menos cuarto de una tarde muerta.
La familia de Stephen Hawking
                  ha entregado su aparato respiratorio
a la Clínica Pulmonar de Cosmología.

Colgaba del perchero,
entre estrellas de carbono y enanas rojas
que aún sueñan con el canto oscuro de la resurrección.

Quien lo use,
¿respirará su misma enfermedad de óxido, su miedo?
¿saldrán de su boca agujeros negros
que se tragarán los relojes de una profecía
                   a punto de cumplirse
o las barcazas que transportan
desde un confesionario menesteroso
a los cosmonautas, a los sindicalistas, a los prófugos?

Como un jardinero de hortensias que tala las estaciones del año,
irá con su cámara de asma a soplar la niebla de las lápidas.

 

 

 

 

 

DISERTACIÓN SOBRE LA NATURALEZA DEL FRÍO
Y LA PROPAGACIÓN DEL FUEGO

La ceniza es el estado sólido del fuego.
La llama es el estado líquido del fuego.
El humo es el estado flotante del fuego.

Como el fuego, que es ceniza, llama y humo,
                     hay tres clases de frío:
el que permanece en nuestro cuerpo,
el de los cuerpos que se enfrían porque el fuego los abandona
                     y la congelación.

En milsetecientostreintaisiete la marquesa de Chatelet
conoció los estados simples del frío y del fuego:
sumergió tres luciérnagas en agua helada para asfixiar su luz,
pero aquella luz, observó la marquesa,
                    no puede alterarse en la humedad.
Extinguir la luz animal es como decirle al fuego
que atenúe su resplandor al expandirse en los candelabros.

En milsetecientostreintaisiete la marquesa de Chatelet
afirmó que si el equilibrio del fuego
                    no fuera nunca interrumpido,
no tendríamos idea del frío o del calor
y no conoceríamos del fuego más que la luz.
El fuego no pesa, decía.
Si es así, podemos afirmar que el centro de la Tierra no pesa,
que el sol no pesa, aunque haga arder los puertos,
                    las fábricas, el puente levadizo
donde camina la marquesa aferrada del brazo de Voltaire.

El fuego, incapaz de reposo absoluto,
rarifica todos los elementos que penetra,
                    deshiela la superficie,
enciende la antorcha de los inquilinatos,
                    atiza la cruz de los acólitos,
quema, en el horno de la piedad, el campanario de las ermitas.
El frío solo alcanza los pulmones enfermos
                    de las luciérnagas.

 

 

 

 

 

Hellman Pardo (Bogotá, 1978). Entre sus reconocimientos se encuentra el Premio de Poesía del Festival Internacional de Poesía de Medellín y el XIX Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, concedido en 2017. Sus libros más recientes: Reino de Peregrinaciones (2018); la antología He escrito todo mi desamparo (2019) y la novela Lecciones de violín para sonámbulas.


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