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21 Jul 2020 / 09:29 am

 

Imagen (in)completa: plenitud fuera de los paradigmas

 

Por Alejandra Sotelo Alfonso

Pocos trabajos poéticos se encuentran hoy en día que sacudan el universo normalizado del lector, Imagen (in)completa es la excepción: una obra que no sigue normas gramaticales para deconstruirse, fragmentarse e, irónicamente, completarse y explicarse a sí misma en torno al cuerpo y a lo humano del verso libre.

 Escrita por la poeta Carolina Dávila –quien, en el 2010, ganó el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura por su libro Como en las catedrales –, la antología recopila 56 poemas, de los cuales algunos pertenecen a su primer libro, ya mencionado, y otros a Variables de riesgo (2017). Además, fue publicada en el 2018 por la colección Un libro por centavos que realiza la Decanatura Cultural de la Universidad Externado.

Lo primero que hay que decir es que, a pesar del lenguaje sencillo –fácil de entender, directo y poco artificioso –que utiliza Carolina para escribir sus poemas, muchos de ellos se construyen bajo referencias culturales muy específicas que los dotan de un carácter claramente internacional, y hacen parte de su forma estético-política de hacer arte. Nueva York, Estocolmo, la Calle Condell, en Valparaíso; el níspero, la cáscara del café, y los rollos de sushi son muestra de ello.

Otro ejemplo concreto de esto, es el poema “Postal de Buenos Aires”, en el que, muy de la mano con las ideas feministas que atraviesan la obra, se asemejan la arquitectura y el ambiente de la capital argentina, con la actitud de una mujer segura de sí misma, cuyas prácticas individuales contradicen los parámetros sociales, de la misma manera en la que, tanto la estructura como el contenido de los poemas, se oponen al régimen clásico y las formas canónicas de la poesía. Parte del poema dice: “Esta ciudad está viva/ y es como la gorda mujer que canta mientras todo tiembla// Como esa mujer a la que no le importa que el mundo/ vaya a pique/ porque se levantó hermosa/ o se maquilló demasiado/ (…) //Y es también como esa mujer que soñó algo obsceno/ muy sucio/ y sonríe toda la jornada” (Dávila, 2018, p. 49).

Por lo anterior, llama la atención es el estilo poético-narrativo con el que se cuentan cada una de las historias. El título de la mayoría de los poemas, es en realidad una extensa frase que se mezcla con el contenido de aquello que nombra, como si no hubiese distinción alguna entre el título y el cuerpo más allá de estas dos categorías. A excepción de “5:45 AM en el balcón”, los signos de puntuación brillan por su ausencia casi total. Sin embargo, el ritmo es claro y preciso: no va muy deprisa ni muy despacio, y sube, desciende, se mueve, y se detiene al compás de las imágenes que va plasmando. Tal es el caso del poema “Mora na filosofía”, que recita:

 

Mientras suena la música de fondo

desaparecerán

una a una

después de pasar

por la soya el jengibre y el wasabi

           del plato a los palillos y a la boca

                     de Marvin Gaye a Caetano y al silencio

 

propio de la filosofía

y de las ceremonias

como el púrpura

símbolo de la muerte

y también de la victoria

como el púrpura o

el morado

punto de partida de una madeja de pensamiento

que no la llevará

directo al portugués y menos

–ahora que lo busca–

al título de la canción

(Dávila, 2018, p. 21)

 

Aquí se presenta una escena en la que una mujer, en un restaurante japonés, esperando por su cita que nunca aparece. Ahora bien, no solo es extraordinaria la capacidad con la que hace de paisajes cotidianos algo poético, sino que, en la estrofa expuesta, revela todos los has bajo la manga que constituyen su auténtico estilo: el poema (entre el sushi, y el juego de palabras entre el verbo en portugués morar y el color morado en cursiva –recurso al que acude frecuentemente para explicarse –del pensamiento que origina la historia), cae tan lento como el ritmo de la canción del brasilero Caetano Veloso al que debe su título.

En segundo lugar, es evidente que la esencia de Imagen (in)completa hace honor a su nombre debido a las imágenes, valga la redundancia, completamente familiares que se forman a través de las palabras. Sus páginas son un reflejo de la condición humana, y sus letras hacen del cuerpo el protagonista que es interpelado, afectado, y resignificado por el tránsito de la vida misma: las enfermedades, el dolor, la podredumbre, la pobreza, el hambre, la guerra, las máquinas, el sexo, el amor, la vejez, y la muerte.

Así, la antología deviene en una suerte de antipoesía que se materializa en una experiencia sensorial y en la estimulación perceptiva del lector: las imágenes no solo se ven, también se oyen, se huelen, y se palpan. “Cubrirá todo lo que la vista alcanza”, por ejemplo, manifiesta: “El cielo ceniciento           el frío posándose en los brazos/ descubiertos       entrando por la nariz/ con dejo a asfalto           a plástico quemándose/ Un hombre calienta su alimento en esa hoguera” (Dávila, 2018, 19).

En tercer lugar, y en relación con lo mencionado sobre el poema a Buenos Aires, el nombre del poemario cobra sentido cada vez que menciona el cuerpo femenino y las transformaciones físicas a las que este es naturalmente sometido, y según las cuales es juzgado. De esta manera, se va construyendo toda una poética sobre la mutabilidad y vulnerabilidad del cuerpo (“Acostada boca abajo”), que llega al clímax con un par de poemas de aceptación de lo feo (“Glosario” y “Caída de la quijada”), para luego descender hacia un estado de plenitud, y hacia la culminación de toda una subtrama (“Lo entendió después del salto”) que se desarrolla en 75 páginas.

Así, el primero expresa, de manera desgarradora y precisa –es decir, recurriendo al lenguaje gráfico, pero sin caer en el morbo –lo que parece ser el padecimiento de un trastorno alimenticio: “su cuerpo pesa tres veces/ loscuarentaysietekilos/ que la báscula señala// Bajo la asfixia de la letra/ pegada (carne y hueso) / Sin importar por cuál decisión se incline/ oscila entre los extremos/ recuerda/ la posibilidad de ir a la playa a los picos más altos” (Dávila, 2018, p. 14).

Una vez enunciado ese poema, el lector es llevado por un camino de sufrimiento, violencia, ansiedad, y destrucción física y emocional, ocasionado por diversas razones íntimas e individuales, familiares, y sociales. Es entonces, cuando los poemas dejan der ser solo sobre los cuerpos como objetos de contemplación, y empiezan a ser sobre cuerpos como funciones, e incluso como sujetos activos y pasivos dentro de entornos específicos.

Posteriormente, inicia, a paso lento, el camino hacia la reconstrucción y el resurgimiento, hasta que llega a “Glosario”, un poema que sorprende de principio a fin debido no solo al título peculiar –para ser un poema –sino también debido al vocabulario que explica, y las acepciones con las que lo hace. Además, está directamente relacionado con los poemas que lo preceden, y es la perfecta y necesaria introducción para el segundo poema que va después de él, “Caída la quijada”. Los dos contienen, sostienen, y exponen por qué es (in)completa la imagen. Glosario, por un lado, inicia con la palabra (a)simetría, cuya definición indica:

  1. f. Biol. (Falta de) correspondencia que se puede distinguir, de manera ideal, en el cuerpo de una planta o de un animal respecto a un centro, un eje o un plano, de acuerdo con los cuales se disponen ordenadamente órganos o partes equivalentes. (Dávila, 2018, p.40).

Y finaliza con el término rompimiento: “2. m. Espacio abierto de un cuerpo sólido, o quiebra que se reconoce en él” (Dávila, 2018, p. 41). Por otro lado, la primera estrofa de Caída la quijada dice: (CAÍDA LA QUIJADA

                                queda

                                la asimetría

 

                                dientes como informes piedrecillas

                                piezas desencajadas

                                y borrosos orificios)

 

Luego, la última afirma: Con trapos

                                      lleno los blancos, con fotografías

                                      cubro el rompimiento

 

                                      junto el destrozo

 

                                      y entonces aparece

                                      la imagen

                                      (in)completa

 

                                      aceptable

                                      (Dávila, 2018, p.43).

A partir del anterior poema, se dignifican las cicatrices y las heridas de guerra, lo extraño, lo desagradable, y lo imperfecto. Y es así, como llega a darle una culminación poderosísima a la obra en apenas unas palabras: “LO ENTENDIÓ DESPUÉS DEL SALTO

                                       El final

                                       es un cuerpo impenetrable” (Dávila, 2018, p. 75).

 

A estas alturas ya cualquier explicación está de más.

Sin duda, nada de lo que se escriba sobre esta antología se compara con lo que se escribe en ella. Imagen (in)completa se sale, desde cualquier perspectiva, de las clasificaciones hegemónicas, pero no puede ser llamada de otra manera que no sea poesía. Se compone de microrrelatos, narraciones, definiciones, y reflexiones, y todo ello contenido en la poesía. Es revolución, es cuerpo, es humanidad, es tiempo, es vida. Es una obra de arte en todo el sentido de la palabra, y vale la pena que se la lea, una, dos, tres, infinitas veces.

 

 

Referencias.

Dávila, C. (2018). Imagen (in)completa. Bogotá: Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia.

 

Alejandra Sotelo Alfonso: Estudiante del Departamento de Literatura, Pontificia Universidad Javeriana


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