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04 Jul 2020 / 09:47 am

 

Por Celedonio Orjuela Duarte

Para Santiago P.

 

 

 

                                                André Breton cumple cien años y está bien.

                                                Esa vez que murió Breton nos juntamos todos

                                                A bailar. ¡por Nadja! Decíamos

                                                Tirando al aire las copas

                                                contra las estrellas, y él miraba

                                                 la farsa y daba cuerda a su reloj

                                                 de polvo: - “Es que no hay eternidad,

                                                 Muchachos, es que no hay eternidad”

                                                                           Gonzalo Rojas

 

 

 

El problema de la nueva poesía. Renovar e innovar

 

Renovar e innovar fue el gran reto del surrealismo y no era para menos, toda la Europa dl siglo XX, fue un ajuste de cuentas a las formas cansadas de hacer arte, por tal razón aparecen las vanguardias una tras otra, quizá con una década de diferencia, dejando un cúmulo de obras, sobre todo en la pintura, Max Ernest, Jean Arp, Paul Delvaux, Víctor Brauner, Francis Picabia, Giorgio de Cherico… en cuanto a los poetas les ocurrió otro tanto, el surrealismo nace con la palabra poética, en una suerte de magia, sueño, vigilia y locura,  André Bretón, Paul Eluard, Luis Aragón. A este grupo llega nuestro poeta Robert Desnos (1900-1945) quien los impresionará por su entrega. Realmente, fue un médium entre el más allá metafísico y el golpe a la razón. Desnos en su vida literaria fue un volcán en permanente erupción, realmente un encantador en la experimentación surrealista. Su obsesión lo llevó a parodiar héroes de las historietas como Fantomas, archivillano, espíritu criminal para novelas policiacas escritas por Marcel Allain (1885-1970) y Pierre Souvestre (1874-1894), desde una visión de tira cómica para la radio. Escribió una novela, ¡La libertad o el amor!, en el entendido que este texto no está escrito en el estándar de la novela tradicional sino como un collage con un lenguaje altamente poético, pero novela al fin y al cabo en ella mezcla todas las artes. La prosa poética, la fotografía que lo lleva a la pintura, el erotismo, la publicidad, de la música va al cine. Algunos la califican como un poema en prosa o un poema lírico inspirado fundamentalmente en el amor, si nos atenemos a que su poesía es fundamentalmente erótica Éros C est la vie (la vida es eros) por cuanto en ella hay una estructura narrativa y unos personajes que se la puede catalogar dentro de este género. La ¡La libertad o el amor!  no es una novela común y corriente, en ella hay un contralenguaje, está inmersa en los postulados surrealistas. No como se concibe escribir novelas en estos tiempos con cierto formulismo que deviene en las leyes del mercado. Las novelas surrealistas, es decir, vanguardistas, no están escritas para esas leyes. El compromiso del escritor es indagar de verdad la condición humana. No se trata de una prosa de sonajero, de rápida digestión sino de una prosa en búsqueda de ese viaje hacia el origen desde la ensoñación.

 

En la misma línea, se encuentran poetas vanguardistas que escribieron novelas. En Latinoamérica hallamos casos como: La casa de cartón del peruano Martín Adán, la prosa de su coterráneo Jorge Eduardo Eielson, Primera muerte de María, reconocido artista plástico, Mío cid campeador de Vicente Huidobro, El poeta asesinado de Guillaume Apollinaire. Son novelas escritas por poetas, por tanto, el lenguaje tiende más a la ensoñación que al argumento. En Colombia el poeta Juan Manuel Roca escribió una novela en esa vertiente, Esa maldita costumbre de morir. Un título irónico y a la vez juguetón, una burla de sí mismo.  

 

En el caso del poema surrealista en su primera etapa, su intención predominantemente onírica. Desnos se entregó a esos trances de manera tan seria que Bretón le pidió a Man Ray que lo fotografiara en esos sucesos y de ello quedó, sobre todo una foto, en la que una mecanotaquígrafa espera ansiosa el momento en que Desnos va a soltar el chorro de pensamientos plagados de imágenes y delirio que después llamaron escritura automática. Mientras tanto, Dalí escribía El método paranoico crítico. Esta forma de romper el tiempo retando la tradición con otras formas de presentar el poema; aquí se constriñe la responsabilidad del arte por cuanto hacia finales del siglo XX y lo que va del XXI impera cierta confusión, un desvío intrascendente en el arte, especialmente en la pintura, donde pareciera que se salta la tradición y de un momento a otro se está en una suerte de vanguardia que no propone nada, ni siquiera el absurdo. En su libro El fraude del arte contemporáneo[1], Avelina Lesper, desnuda la desgracia en la que ha caído la magia del arte, en aquellos que merecen ser visto como tales, en momentos en que impera el disfraz o algo que se le parece en el arte contemporáneo  a través de todas sus expresiones, por tanto, pone al descubierto los falsos vehículos de los que se ha valido el arte en tiempo presente: el prejuicio de los dogmas, el performance como embeleco de propuestas falsas y por ende uno de los peores vehículos de destrucción del arte contemporáneo. Pero el descaro mayor, el plagio, la mutilación, como viles copias de otros artistas. El arte contemporáneo perdió su horizonte a partir de Duchamp, (el que algún día arrancó un urinal del lugar de uso y lo llevó a un museo y dijo esto es arte, ahí comenzó la confusión del arte moderno). El arte perdió su espíritu y entró en un facilismo, como aquella frase de Duchamp en la que dijera que “el artista debería ser un pensador más que un hacedor y que, por lo tanto, había que deshumanizar la obra”. Agregado a ello la locura tecnológica, luego todo se volvió producción en serie, por ende, facilismo y farsa, incluida la literatura.  Los surrealistas fueron conscientes del fracaso experimental del lenguaje, alertó ciertos rumbos de la poesía, a pesar de experimentos fallidos en esa búsqueda larval del lenguaje. Rompió las formas rígidas del verso tradicional que en su decadentismo producían textos eminentemente retóricos. Las vanguardias, emergen de ese cansancio y del conocimiento de la tradición. En esa avanzada de la poesía se podría hablar de dos nombres que contribuyeron sin duda a dar a la poesía de los años de guerra y de la posguerra su orientación: Guillermo Apollinaire, Blaise Cendrars y Robert Desnos.

 

La poesía del siglo XX, revela la insatisfacción del hombre en la sociedad, la vida moderna lo confunde, el hombre es esclavo de ella, su prisa febril de explayarse en todo. De ahí que los poetas surrealistas indagaron desde todos los lados experimentación de la mente, incluso en las ciencias ocultas, o en el mundo de la hechicería. Los poetas surrealistas vivían desconectados, descubriendo y experimentando lo nuevo. De eso dan testimonio Paul Eluard y André Bretón con el libro La Inmaculada Concepción, escrito a cuatro manos. El libro es un pozo en un viaje hacia el mundo larval, introspección pura hacia el abismo o hacia la luz. El libro de estos dos colosos de la indagación poética los lleva a respuestas, como que, El hombre no se reproduce en un enorme estallido de risa. El hombre no se reproduce. Solo ha poblado su lecho con los ojos ardientes de su amor.

No menos audazmente, Apollinaire se adentra en las regiones más excéntricas de su pensamiento. Franqueando de una vez las barreras de lo irreal, llega a esculpir sus poemas casi de la materia que se componen los sueños y los sueños de Apollinaire se trasvasan en los sueños de Desnos a partir de Alcoholes, un libro amadísimo por Desnos,  

 

…Y bebes ese ardiente alcohol como tu vida

Tu vida que bebes como aguardiente

 

La necesidad de lo nuevo, da relevancia al poema en prosa, los espacios vacíos, la negación de la puntuación como una forma posterior a la escritura. Algunas veces, en su afán renovador-innovador, olvidan la importancia de conocer la tradición, Eliot lo manifiesta así: Y aun si la única forma de tradición, de transmisión, consistiera en seguir los caminos de la generación inmediata anterior a la nuestra con una ciega o tímida adhesión a sus logros, la “tradición” debería sin duda desalentarse. Hemos constatado cómo las corrientes simplistas se han perdido entre las arenas; y cómo la novedad supera a la repetición. La tradición encarna una cuestión de significado mucho más amplio. No puede heredarse, y quien la quiera, habrá de obtenerla con un gran esfuerzo. Implica, en primer lugar, un sentido histórico que se puede considerar casi indispensable para cualquiera que siga siendo poeta después de los veinticinco años. [2] 

 

Toda transición produce intentos fallidos lo que genera tendencias erráticas en el arte moderno.  Época en que el hombre se estaba mirando más a sí mismo y no era para menos, pues a principio del siglo XX descollaban figuras como Sigmon Freud, Robert Musil, German Broch, Karl Kraus…, con una gama de estudios del comportamiento humano. Ya era hora de estudiar al hombre desde su viaje como espermatozoide, en ese tránsito como hombre masa, así lo argumenta Canetti en su libro Masa y poder. En él se refleja el espíritu de la época, lleno de sabiduría, pero también de incertidumbres por la guerra. En medio de este ambiente surge el surrealismo  y justo aparecen los papas Adré Breton, Paul Eluard, Luis Aragón, los primeros surrealistas que se atreven a romper el cuello al cisne de la tradición y de la razón y se aventuran bajo las premisas de Freud y Bretón a experimentar una nueva forma de hacer poesía, primero lo llamaron escritura automática, un experimento fallido; Dylan Thomas crea un Manifiesto poético, donde admite que la creación viene del caos y luego se filtra la razón.  Para Dylan en su manifiesto, lo importante era encontrar la belleza de las palabras en el poema, la búsqueda de una estética, traigo a Dylan a esta conversación por cuanto para él la poesía no es solamente libre asociación, en todo caso era un zambullirse por una nueva estética. La inmaculada concepción de Bretón y Eluard. El método paranoico crítico de Salvador Dalí, van en esa dirección, dando forma a una teoría crítica del surrealismo, por lo menos cuando se denominan surrealistas y lanzan el primer manifiesto.

 

Mientras Viena florecía en la música y el pensamiento científico, se entronizaba una figura como Sigmund Freud, quien llenaba auditorios exponiendo la teoría del psicoanálisis. Otros se identificaban con su pensamiento, otros lo rechazaban, el asunto no quedó en simple especulación de café vienés, por cierto, muy destacados en su época como El café Central. Discutían lo que sería una nueva estética en todos los órdenes del arte, en tanto Albert Einstein en EU. UU, trataba por los medios a su alcance detraer a Norteamérica a sus amigos judíos de Viena y Alemania, de conseguirles la manera de estar, así fuera en precarias condiciones, casi como refugiados. Herman Broch, por ejemplo, vivió una corta temporada en casa de Einstein. Nunca pudo quedarse de titular en una universidad norteamericana, vivir de becas como le ocurrió a Broch, en tanto escribía Los sonámbulos.  Regresó a Viena cansado y al poco tiempo murió. Viena era el refugio de pensadores en la primera mitad del siglo veinte. Estos pensadores jamás contestaron con las ideas hitlerianas que penetraban todos los estamentos de la sociedad.

 

Aparte de lo literario, teorizaron la condición del hombre masa, de ello quedaron trabajos como Masa y Poder de Elías Canetti, en el momento en que las teorías de Freud ganaban espacio en la comunidad científica. Masa y Poder es quizá una respuesta a los trabajos sobre la masa que ya había publicado Freud, en principio: Psicología de las masas y análisis del yo. El tema de la masa interesó a varios escritores, sobre todo austriacos, algunos de manera fragmentaria como Hermán Broch, quien dejó un escrito sobre el tema; La teoría del delirio en las masas (1948).  Fue un esbozo sobre la materia y Broch solo publicó fragmentos en distintas revistas. Un tema en boga en los años cuarenta, se distinguen entre otros teóricos –Gustave Lebon, Wilhelm Reich, y su controvertida teoría del Orgón, también fue autor de un libro que circuló en el ambiente universitario en la década de los ochentas, La función del orgasmo, rondaba en los morrales de los universitarios colombianos de los setentas y ochentas en señal de cierta liberación sexual; en este asunto del estudio de la masa, no podemos olvidar a Ortega y Gasset y Hadley Cantril. 

 

Entre tanto en Europa las vanguardias artísticas iban tomado cuerpo, un cuerpo experimental, arbitrario, de ahí su fugacidad. Un ejemplo es el rápido cambio del simbolismo al acmeísmo, en el caso ruso y lo mismo con otras vanguardias, casi que en cada país europeo. El surrealismo es quizá la vanguardia en el que, mediante la experimentación con el lenguaje, los poetas se fueron en su propia inmersión a las profundidades del yo, mediante la libre asociación de ideas y otras formas experimentales del fluir de la conciencia; los papas del movimiento André Bretón y Paul Eluard escribieron el libro La inmaculada concepción. Se formularon el siguiente interrogante ¿Con qué autoridad moral se condena el discurso del loco si la racionalidad destructiva del ser humano ha traído, como secuela, millones de muertos? Recuérdese que recién pasaba la primera guerra mundial. En el momento de la escritura de este libro, el surrealismo entraba en plena experimentación de la escritura automática tras el paradigma racionalista. En ese contexto, Bretón y Eluard se acercan al discurso del esquizofrénico para buscar mayor autenticidad que en la ciencia. En el manifiesto de 1924, el primero había dicho que los locos, en cierta forma, eran víctimas de su imaginación. ¿Cómo entender cabalmente la escritura automática como proyecto al margen de ciertos discursos excluidos por la racionalidad oficial?

 

No es la poesía la que debe ser libre sino el poeta

 

 A LA MISTERIOSA

 

Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad. 
¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo 
y besar sobre esa boca 
el nacimiento de la voz que quiero? 
Tanto he soñado contigo, 

que mis brazos habituados a cruzarse 
sobre mi pecho, abrazan tu sombra, 
y tal vez ya no sepan adaptarse 
al contorno de tu cuerpo. 
Tanto he soñado contigo, 
que seguramente ya no podré despertar. 

Duermo de pie, 
con mi pobre cuerpo ofrecido 
a todas las apariencias 
de la vida y del amor, y tú, eres la única 
que cuenta ahora para mí. 
Más difícil me resultará tocar tu frente 
y tus labios, que los primeros labios 
y la primera frente que encuentre. 
Y frente a la existencia real 
de aquello que me obsesiona 
desde hace días y años 
seguramente me transformaré en sombra. 
Tanto he soñado contigo, 
tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado 
de tu sombra y de tu fantasma, 
y por lo tanto,
ya no me queda sino ser fantasma 
entre los fantasmas y cien veces más sombra 
que la sombra que siempre pasea alegremente
por el cuadrante solar de tu vida.

 

                                       Robert Desnos

 

Versión de Francisco de la Huerta

 

 

Pareciera un imposible encontrar en uno de los bolsillos de su uniforme de confinado, un poema de Robert Desnos, un poema de los pocos que logran loar el amor, más allá del amor romántico. Poder lograr un poema de tan alta factura, cuando se está con un grado de tensión que no posibilita un poema de amor cerca de la muerte. Recordemos que Robert Desnos fue llevado al campo de concentración Terezin (Checoeslovaquia). En sus escasos 45 años conoció desde la opulencia hasta la peor de las miserias como es ser llevado a un campo de exterminio. Un poeta que leía a Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Mallarmé y por sobre todo Apollinaire. Pero también se considera alumno de Villon, Nerval y Góngora. Sobre sus primeros maestros escribe “Habría que volver a partir de Nerval para liberarse de Mallarmé, de Rimbaud, Lautrémont, por tanto dice Desnos “Me parece que mucho más allá del superrealismo existe algo misterioso por reducir, más allá del automatismo existe lo deliberado, más allá de la poesía existe el poema, más allá de la poesía experimentada existe la poesía impuesta, más allá de la poesía libre existe el poeta libre”  en esas condiciones, solo el amor a esos autores y lecturas y posturas frente el hecho poético, ese era el peligro de un poeta para llevarlo a la muerte, un permanente hacedor y crítico de su tiempo.

El leiv motiv de la poesía de Desnos es el amor, a veces fantasmal e inasible. No puedo dejar de imaginar un poeta del amor, condenado por criminales que van hasta el final en sus delirios. Torturar y encerrar como reses a un ser humano. Para el caso de un poeta debe ser desesperante por cuanto la fragilidad del poeta está ahí en la falta de libertad, el poeta es pájaro, no lo concibo sometido físicamente al delirio del poder, el poeta es el anti poder y mucho más Desnos por cuanto era anarquista discípulo de las ideas de Wilde. El individualismo anarquista. El irrespeto a la integridad física de un poeta. La de Desnos es una poesía para los sueños, lo intangible, el amor erótico, la divinización del amor, por eso se dice que su poesía es el goce de los sentidos a través del lenguaje que incita al amor, en la poesía de Desnos no importa el argumento, se va en la llama de sus versos en las figuraciones de los cuerpos. Ver en las tinieblas una amada fantasmal. En sus poemas hay un “yo” descarnado del poeta, dirigido a la ausente.

 

 

No, el amor no está muerto

                 …

Tu voz y su acento, tu mirada y sus rayos,

El olor tuyo y el de tus cabellos y muchas otras cosas todavía vivirán en mí,

En mí que no soy Ronsard ni Baudelaire.

Pero que soy Robert Desnos y que, por haberme conocido y amado,

Los valga bien.

Yo que soy Robert Desnos, para amarte

Y que no quiero añadir otra reputación a mi memoria sobre la tierra despreciable

 

                                                                             

El amor impulsaba a Desnos en varios proyectos que iban desde la radio, la publicidad, el cine y desde luego la poesía y una novela sui generis, inmersa en toda una preocupación vital, vista desde el surrealismo, como verdadero militante, hizo lo que le dictaba su impulso amoroso por todo lo que se moviera en el espacio tiempo, de una visión del amor pasional, al límite.

 

Lo que yo amo no me escucha

Lo que yo amo no me entiende

Lo que yo amo no me responde

 

Así, en esa búsqueda del amor, que algunas veces, conlleva un sino fatal, en la poesía de Desnos procura abarcarlo todo, enamorarlo todo desde la pérdida, porque está la muerte y el delirio del amor y el amor está inserto en las calles, en los bulevares. Desnos era de París y amaba sus calles, y por ellas anduvo desde niño, merodeando el amor, primero en una jovencita de 14 años y él muy joven también. El amor pasional acompañó a Desnos. Esto era una suerte de premisa entre los surrealistas. La novela de Adré Breton, Nadja, es el amor vehemente y la pérdida de Antonia que es la historia de Nadja, esto pareciera cierta forma del amor romántico, pero lo que hay es un grado sumo del amor hasta la destrucción desde el Eros. Son las sombras que acompañan a Desnos que las eleva a la categoría de ángeles como en los poetas románticos, deviene embrujo de los cuerpos, especialmente con su segunda compañera, la actriz Ivonne George. A Desnos no le gustaba estar en ese lugar. Se enamoraron con pasión en medio del espectáculo que rodeaba a la cantante. La relación termina y aparece Youki, una mujer fascínate y mundana. Para Desnos no sabe ganar dinero, pero tiene un talento fuera de lo común para gastarlo y así lo hicieron pasando noches en blanco, perdidos en las calles y la noches de un París ensoñado por un poeta, el París de sus cielos.

 

Desnos el mago consigue lo que Breton no quiso conferir: un acento popular a su poesía. Proclamando contra Breton “el surrealismo de dominio público”, su escritura se erigirá como un monumento lingüístico-onírico inmediatamente compartible con el lector/oidor. De ahí su gusto por la música popular, que le inspira, su actividad radiofónica, sus incursiones en el mundo de la publicidad, su aversión por toda forma de pedantismo. En este mismo sentido y por su curiosidad insaciable entendemos sus acertadas irrupciones en la creación plástica, en la escritura de guiones cinematográficos o en la crítica fílmica y musical.

 

A veces era Show-man dispuesto a caer en trance en cualquier situación. Otras lo apodaban Robert el diablo.

 

En todo caso un poeta de la resistencia activa que no dejó de creer que había que seguir poetizando el amor, a pesar de las mazmorras.

 

[1]         El fraude del arte contemporáneo. Cuatro ensayos críticos. Avelina Lésper. Libros malpensante  Bogotá, 2016 86pág.

[2]         La tradición y el talento individual. T. S. Eliot

 

 

***

 

CELEDONIO ORJUELA DUARTE - Poeta y ensayista colombiano, nacido en 1956 en la ciudad de Líbano, en Colombia. Estudió literatura en la Universidad Pedagógica Nacional. Ha sido, tallerista y conferencista de la Casa de Poesía Silva de Bogotá y ha participado como invitado especial al Festival Mundial de Poesía de Medellín, al Festival Internacional de Poesía de Bogotá y al Festival Internacional "El patio azul" de Cajamarca, Perú. Es autor de los libros Precario Equilibrio (poesía, 1996), Visiones, un inventario de afectos literarios (ensayos, 1988), Mujeres y otros cuentos de riesgo (compilación de cuentos, 1997), Ofrendas y tentaciones (compilación de cuentos, 1998), Presencias (poesía, 2004) y Dónde estará la melodía (novela, 2005). Fue colaborador del desaparecido Magazín Dominical del diario El Espectador, considerado la mejor revista cultural del país en las últimas décadas.


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