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04 May 2020 / 09:39 am

Clemencia Tariffa nació en Codazzi Cesar, el 22 de octubre de 1959 y murió en Santa Marta en 2009, cuidad donde vivió desde los ocho años con su madre. Publica su primer libro El ojo de la noche en 1987 e hizo parte del grupo Poetas al Exilio desde 1991. En 1994 obtuvo el Premio Latinoamericano de Poesía Koeyú de Caracas, y el Premio de Poesía del Instituto de Cultura del Cesar. En el 2006 fue publicado su libro Cuartel, por la alcaldía de Santa Marta en coedición con Exilio-Mesosaurus, el segundo y último libro que le permitió escribir su salud física y mental. Los últimos diez años de su vida los pasó en una clínica mental donde falleció el 23 de septiembre de 2009.

Desde entonces su obra ha sido recopilada en varias revistas y antologías nacionales e internacionales. La Casa Poesía Silva le hizo un homenaje en 2008. En 2014 los versos de Clemencia fueron recopilados en la antología Difícil hablar con las sombras, editada por su amigo y mentor Hernán Vargascarreño, esta reúne los dos libros de la poeta y una entrevista que le realizó Rubén Darío Otálvaro. Allí se encuentra a Clemencia desnuda. Su obra está cargada de erotismo y dolor y vacío y amor.

Actualmente la Fundación Árboles Azules organiza un Festival Internacional de Declamadores y poetas nombrado Clemencia Tariffa, en su honor, y se lleva a cabo en Codazzi, Cesar. Este festival lleva tres versiones, la más reciente, de forma virtual. A continuación les presento una selección de poemas tomada de los dos libros El ojo de la noche y Cuartel. Habito las mismas calles de Clemencia y no pude apreciarla; ahora lo hago a través de sus letras, recorriendo los senderos de su poética.

 

Nota y Selección por Carolina Sánchez

(Integrante del Taller Literario de la Universidad del Magdalena -  TALIUM)

 

 

Intrusa

 

Me habita otra mujer.

Una extraña, una intrusa

que no alcanzo a entender.

 

Yo no puedo pedir

un aro de Saturno

para mi delgado puño

ni una cinta de agua

para amarrar tristezas.

 

En cambio,

sí puedo ofrecer

la excitante abertura

que centra mis labios

 

 

Calor

 

Después de correr las cortinas

no acepto la idea

de haber cerrado mis labios,

mucho menos

haberme enamorado.

 

Los huesos me reclaman:

¿Por qué respiré tanto fuego

por este militante del amor?

 

Pero con la misma fuerza

yo sé odiar

y tirar calladamente una flor

creando así el dilema necesario

entre el sol y la estrella.

 

…no sería honrado

amar de otra manera.

 

Misiva

 

Todos los soles han de ser iguales tanto en las cartas

como en las fábulas, ante todo, si quien escribe niebla en

un país de maravillas tempranas. Y tal vez un malecón de

algas conserve en mi cerebro verde como han vivido las

letras en las mismas cartas leídas, pues si en realidad

existe un dios, él más que nadie sabe que soy feliz de ser

lo que soy, que desde que empecé a hacer arte jamás

quise otra cosa diferente.

 

Por supuesto, me siento más húmeda que una manzana

rosada, después de leerte. Reconociendo ser más tímida,

pero no por eso he olvidado las cigarras, ni mucho menos

escribir poemas, por supuesto, cuando le escribo al poeta.

 

 

Ser

 

Se viven cosas raras

cuando se es poeta.

 

Se es una flor

en la que se ha derramado hiel,

y se tiene la convicción

que un día no muy lejano

saldrán alas

que volarán como pájaros marinos

para guardar así

todo el aire en las manos.

 

Se es niña, se es mujer,

se es una flor, una paloma

o simplemente, se es poeta.

 

 

Pájaro en distancia

 

Con un clavo tocando la puerta

 me gritas: ¡Compañera, mataron al poeta!

Y qué dolor a las seis en punto

porque a las cinco y media ya estaba de luto.

Todo en la ruta serán caballos y terciopelo.

Yo tocaré tu cabeza -y qué extraño:

ardiendo la tierra, sudas con pasión-

No bajaré esta frente dura,

pero mi hombro te sentirá preguntando:

¿Camarada, usted no llora al poeta?

Aunque solo tire un clavel y una voz,

aunque siga dando vueltas la luna de Dante,

no puedo recoger un total de sangre

en mis manos delgadas;

mañana un camará

otra gota dejará.

 

 

Ojos

 

Se ha gastado el amor

que hicimos tan de mañana

todas las mañanas.

 

Huyó fugazmente la alegría.

Ya no volveré a mirar tus ojos

que antes me enceguecían.

Ni a ver cómo el sol de la tarde

te imitaba día tras día

en su caminar sereno,

en su lluvia de fuego y melancolía,

ese no-sé-qué

que jamás entenderé.

 

No me verás.

No volveré a mirar tus ojos.

 

Capullito

 

Mirando al sol descubrí

que soy una criatura ciega,

buena alumna en el amor,

pésima en matemáticas

e impuntual para las citas.

Si no es por el sol, no descubro

que soy una extraña mariposa

libérrima e indefensa

con alas incendiadas

sin preocuparme por morir,

solo por libar

al astuto girasol,

y volar, volar siempre firme

mirando al sol.

 

***

NOTA A ESTA EDICIÓN: Los poemas publicados de Clemencia Tariffa en la Revista Latinoamericana de Poesía la Raíz Invertida, han sido autorizados para su publicación por el depositario de los derechos de autor, el poeta Hernán Vargascarreño. Quienes deseen reproducirlos deben dirigir su solicitud al correo fundacionexilio@gmail.com       


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