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14 Abr 2020 / 06:53 am

Invadida y saqueada desde tiempos antiquísimos por romanos, turcos, griegos, británicos e irlandeses, la isla de Chipre ha contado infinidad de muertos para alcanzar su independencia. Sin embargo, la falta de unión y misericordia entre los mismos chipriotas, hacen de esta nación un mundo de turbulencia y engaño, que comienza a ver la calma en los últimos 30 años.

Yorgos Seferis, el Premio Nobel griego, al conocer por primera vez la isla, manifestó que “Chipre es la palabra contradicción hecha verdad”.

Aquí, un poema que nos recuerda ese padecimiento, esas muertes, esa entrega.

 

***

 

SALAMINA DE CHIPRE

Yorgos Seferis (Atenas, 1900 - 1971)

 

A veces el sol de mediodía, a veces puñados de llovizna
y llena la playa con antiguas tinajas.
Las columnas insignificantes; San Epifanio solamente
mostrando la fuerza dorada del imperio.

Los cuerpos jóvenes pasaron por aquí, los enamorados;
en las ensenadas pálpitos, rosadas conchas y los tobillos
corriendo sin temor sobre las aguas
y brazos abiertos para que se aparee el mundo.
Señor sobre todas las aguas,
encima este paso.

Oí entonces pasos en las piedras.
No vi rostros; al volverme se habían ido.
Pesada la voz como el caminar del buey,
permaneció ahí en las venas del cielo,
en el rodar del mar.
Adentro los guijarros una y otra vez:
“No tiene asas la tierra,
para tomarla al hombro y huir,
tampoco pueden, a pesar de su gran sed
endulzar el mar con unas gotas de agua.
Y estos cuerpos
plasmados por un barro que no saben,
tienen almas.
Reúnen instrumentos para cambiarlas,
pero no lo lograrán; solamente aniquilarlas
si acaso las almas se destruyen.
La espiga no tarda en dar su fruto,
no precisa largo tiempo
para hincharse el fermento de la amargura,
no precisa largo tiempo
el mar para levantar su cabeza,
y la mente enferma que se vacía
no precisa largo tiempo
para llenarse de locura.
Aquí está la isla”.

Amigos de la otra guerra,
en esta nublada playa solitaria,
aquellos que guerreando cayeron
y aquellos que cayeron después de la batalla;
aquellos que vieron el alba en la muerte
o en la salvaje soledad de los astros,
sintieron sobre ellos
los grandes y negros ojos de la destrucción;
y aun aquellos que rezaban
cuando el incendiado acero aserraba las naves:
“Señor, ayúdanos a recordar este asesinato;
la rapiña y el engaño,
la sequedad del amor,
ayúdanos a cortarlos de raíz”.

- Mejor es olvidar encima de estas piedras;
A la voluntad de los poderosos ¿quién podrá dar vuelta?
¿quién podrá ser escuchado?
Cada cual sueña por separado y no oye el grito de los otros.

- Sí, sin embargo el mensajero corre
y aunque largo sea su camino,
traerá a aquellos que querían encadenar
el terrible mensaje de Salamina.

Voz de todos sobre las aguas.
Aquí está la isla.

 

***

 

La imagen que acompaña este texto es de la artista chipriota contemporánea Marina Emphietzi.


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