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11 Mar 2019 / 15:34 pm

 

Nota y selección de textos de Fadir Delgado Acosta

¿Cómo revivir un elefante?, se pregunta José Ignacio Aru, un joven poeta costarricense que pone sus oídos en las palabras para escuchar lo que dicen o para descubrir eso que desean callar.

Esta pregunta sintetiza la exploración de su escritura; una exploración que apenas comienza, esa misma que esquiva las certezas porque sabe que de las preguntas nacen los caminos.

 

 

 

 

CÁRCEL

Los barrotes de mi cárcel
son espigas amanecidas por la niebla,
un pájaro lleva mi nombre en su pico
adonde el mar muerde mis manos
y en el reflujo
quedan como la costura desconocida
de algún cuerpo.

Mayo pasa lento
en el amanecer que levanta vuelo sin ruido,
Mayo pasa lento
en el apagón de una tarde sobre la hierba,
donde hacía nido a tu carne.

Estoy sentado en el piso rojo
de un lugar pequeño, meditando recoger
la limosna que el verano quiso darme,
estoy tan flaco que me pesa más el alma que el hambre
y me he pintado la espalda azul oscuro
para que duerman mis amigos
y decirles que la noche es bella y que voy desnudo.

 

 

 

 

CÓMO REVIVIR UN ELEFANTE

Una piedra hirviendo,
un elefante muere,
alucina buitres armados.

El viento pasa seco y corta sus orejas,
su trompa exhala polvo.

Algunos vierten agua en su cuerpo,
sacan pus, arcilla y un músculo muerto,
el elefante duerme,
le sacan una flecha
con destino de un dolor de contrabando
mientras lo sellan con arena de un mar verde.

El hombre no está roto del todo
y la piedra descubre que es carne.

Así revive un elefante

 

 

 

 

PARODIA DEL ESPANTAJO

A Joel Darias

¡Como
llora
en silencio Jesús desnudo
con
las
ma—
nos
ro—
tas
que
le ha
tallado
un pájaro!

 

  

 

 


PEREGRINAJE

Mi cuerpo es un estuario,
ahora solo quedan algunos restos que se distinguen
cuando las aves migran
buscando el calor en Sudamérica..
Se distingue en el día
cuando la marea baja y el Halcón Peregrino
caza extranjeros que se lanzan al agua.

Las alas del Halcón no son impermeables,
se arruinan,
me arranca los ojos
y ve un estornino chapoteando tonto a la deriva,
lo corretea un poco por el aire.
Y cuando la marea haya sumergido el cuerpo,
y cuando un ave rompa el cascarón
como romper el mundo,
el Halcón ya duerme lleno y tranquilo.

 

 

 


LUPERCALIA

¿Cómo podré dormir hoy?
He sido visitado por un lobo,
una granada de oro brotó de su hocico
y quemó mi cama,
Su cara es un agujero en el sol,
ya no me quiere ver,
tiene la mitad de mi carne en su aullido,
él es lobo y yo murciélago...
No existe noche entre nosotros,
sólo cortesía.

 

 

 


ATTILA

Venderé mis diecisiete años
al mejor postor,
como Attila se los vendió al diablo.
Que Dios me cuelgue
y me entierre si quiere
como Attila se hundió en su corazón.
El polvo suspira el agua fresca,
el hambre se reclina tranquila sobre mi ropa
y si me estorba,
me quitaré la corbata
y me arrancaré el cuello como Attila...
Algún día me iré a pasear en la rueda de un tren,
por la noche.

 

 

 

 

LOS CONTENTOS

No hay donde saborear nuestras migas,
los bárbaros han husmeado el fondo de nuestros vasos,
beben de las cañerías rojas,
agitan la sangre; aturugados.
Al fin, la Asamblea, la choza Presidencial, no son diferentes
a las tiendas Mongolas de Xanadú y su civismo salvaje.
Todo el que ande sombrero lo puede usar de vasenilla,
los resplandecientes culos en el colegio
y los niños que juegan a los funerales;
la niñez es un juguete mordisqueado de plástico.
Tarde será pedir perdón cuando el semen de la sórdida cogida
nos queme los labios.
País de muertos.
Hombres, somos el retrato en una pared de ciegos,
mujeres, campos vírgenes somos en una noche de monstruos,
un poema salido del disparo de una pistola.
No podemos caer al cielo ni ascender al infierno,
¡clase media!,
El Carcelero San Pedro se tragó la llave.
La cárcel es más cómoda,
ingenuos, invisibles, ángeles morenos.
Cuando muramos, ¿Quién nacerá para pagar nuestra deuda?

 

 

 

 

 

ANATOLIA (PROLEPSIS)

Me salvaré en Anatolia, calmo y sin apuros descenderé las piedras descalzo, el ruido del transporte y de la industria se irán esfumando. En los vidrios empañados se dibujará mi viaje y el mercader no recordará que partí en su caravana como esclavo de la belleza y el asombro. El suelo dibujará unas huellas frente a mí, los perros no ladrarán cuando llegue y se partirá la ladera. Sangrará el Trópico en mi cabeza, los caparazones de las tortugas estallarán y la saliva será roja y serviremos sopa. Habré olvidado la orilla de las Maldivas y las barcas me esperarán en vano tras una roca.
Me recibirá una mujer que agite su espíritu de cítara, caerán rosas a su rostro y me afeitará la cara. Girará con su copa en medio del desierto y el mar traerá el rumor parpadeante, de las estrellas que descienden a las cascadas de Konya. Beberé de esa agua, pura o maldita, y la sal preservará mi cuerpo.
Saquearé la caridad de las iglesias de piedra, ninguna cortina de ninguna casa evitará ser rasgada, los camellos serán las cúpulas de los ríos, en mi tiempo los cuervos serán más gordos y la grasa de los peces cortará las mareas, banquetes de lepra; seré el apetito de un diablo conmovido por el amarillo profundo y las tormentas lunares.
Docenas de barcos emergerán de las dunas, Pésaj, Shavout y Sucot serán asesinados por una mancha de fuego y pondremos colmenas en sus cuellos. Toda la ciudad me aclamará y me lavaré la cara con arena.
Sentado, miraré las chimeneas donde conversan las hadas, y el viento una vez al año, libera sus boinas de lava y vuelan palomas que a los hombres van y cuidan. El olivo se lo comió Dios, ya habré sabido que el Océano se ha arrugado, descendido, encajado en una botella para siempre y amarraré un velo negro en mi cabeza.

 

 

 


AMAPALA

Ahí está una cierva como una línea de fuego y cañón,
ahí está una Cierva Dorada
corriendo sobre el valle azul de promontorios verdes,
en sus hombros lleva tigres
y en el resto del cuerpo sus dientes desplegados.

El malecón se sumerge en la huella del animal,
ahora el cerro se ha pintado rayas,
una nube se ha posado eterna sobre la boca del volcán,
las culebras exhalan fuego en las palmeras
y la Casa de Ulher con restos de naufragios
se ha construido.

Algunos hombres reparan redes de pesca cerca de la orilla
existe la leyenda de un tesoro oculto
en sus costados negros,
de la explosión de dos Canarios de lengua bífida
y un científico alemán con la misma estancia de Jesús en el infierno.

Amapala,
bahía de doce calles,
de muelle amarillo y vena de piedra
triple frontera, puerto poderoso.
Se ha convertido en el ojo del Atlántico
que ahora lleva un parche.

 

 

 

 

José Ignacio Aru (Alajuela, Costa Rica, 1999) Poeta. Estudiante de Derecho. Ganador del Festival Estudiantil de las Artes 2017 en Poesía, representante Nacional en Etapa Latinoamericana del Concurso de cuentos de Fundación Mapfre (2014), ganador del Tercer lugar en Poesía del Concurso Literario "Letra Joven" (2017). Colaboraciones con el Ministerio de Educación y Ministerio de Cultura en el campo literario (2015—2018). De ahí surge la creación de la obra "Fantasía Mistérica" presentada en el Teatro Mélico Salazar (2016), donde figura como creador de la parte lírica y poética. Participante de campamentos dedicados a estudiantes por destacamento artístico a nivel Nacional, participante en la Inauguración Regional del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica 2017, Teatro Municipal de Alajuela. Graba poesía para el Sinart Canal 13 (2018), y además se le publican poesías en la Revista Isla Negra (Argentina 2018).

 

 


Fundación La Raíz Invertida
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