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08 Ene 2019 / 08:09 am

 

Publicamos una selección de poemas inéditos de la poeta griega Cloe Kutsubeli -Χλοη Κουτσουμπελη- (Tesalónica, 1962) en versión de Virginia López Recio. Kutsubeli acaba de recibir el Premio Nacional de Poesía en Grecia junto Stamatis Polenakis.

 

 

 

 

 Traducción de Virginia López Recio

CONFLICTOS LITERARIOS

El tren descarriló por la noche.
Entre las 23 y las 24 de la medianoche.
Casi un siglo y medio antes.
El conde Vronsky no llegó nunca.
Un cuerpo de mujer cayó a los raíles.
Un ciervo susurró el maquinista.
Llevaba calcetines multicolor
conjuntados mal el uno con el otro.
Fumaba un puro y reía de mala manera.
Me llamo León, gritó
mientras el tren serpenteaba entre los abedules.
Poco antes de la estación de Lárisa
incrementó la velocidad.
De repenté tropezó con una enorme ballena oscuridad
Esto se llama conflicto de intereses
comentó un pasajero crítico
que se sentaba junto a un señor que roncaba.
¿Estás de acuerdo, Melville? –le preguntó
antes de que todo desapareciera en medio de un fino humo.
Ella de repente abrió los ojos
se fijó las gafas a la nariz
y empezó a escribir.
Querido conde, desde entonces que, no estoy ya aquí.

 

2.
Me llamo James. James Bond.
Desde que quedó ciego el empleador
recibo subsidio de desempleo
para pequeñas lechuzas
que se extraviaron en Rochester.
En Inglaterra llueve con frecuencia
Muchas veces la lluvia riega los libros
Y me veo obligado a coger paraguas.
Nací en 1846.
Escribo aún.

 

 

 

 

 

ALCESTES

Le dijo que él podía arreglarlo.
Que se salvara Admeto.
Una pequeña apuesta al barquero,
una moneda de plata en la boca.
Cervero se adormecerá con barbitúricos.
La huida se hará de noche en la oscuridad.
Se negó.
Los amores muertos no resucitan jamás.

 

 

 

 

 

LA VERGÜENZA

Cada uno lleva su vergüenza
pegada como párpado a la espalda,
la familia directa deshecha
cuelga en la manga.
Durante años tampoco yo lo sabía.
Están ciegas las paredes de la casa
dijo hace poco el ingeniero.
Y además inexistente la dirección.
Concretamente pese a la señalización normal
la calle de repente se rompe y levita
mientras se atraviesa un parque con perros
que endiabladamente ladran furiosos.
Además hay un pequeño problema con el mar.
Mientras diste quinientas zancudas yardas
las olas con frecuencia inundan el salón.
Algunos muebles siempre se ahogan.
Solo el pesado aparador con los vasos muertos de licor
que salvamos de la casa del hermano
siempre sobrevive.
Después de cada marea sus cristales brillan con claridad
los platos de postre sonríen agrietados
y el cenicero de plata con la última colilla
aún echa humo.
Cuando el mar espumoso arremete dentro
Trae con frecuencia sus regalos.
Un colgante que te había enviado porque jamás te quise
No puedo aceptarlo me habías escrito
Por las noches me quema los dedos,
tenías siempre –recuerdo- problema con la fontanería.
Una almohada infantil con el nombre Vasilis bordado
Acaso hubo alguna vez hermano?
Había madre, padre, familia
O se hundía siempre el Mar Negro?
Sí, siempre llevamos nuestra vergüenza.
Un párpado cerrado, como concha en la espalda.
Sin embargo, con los años se abre.
Las pestañas se despegan con dificultad.
Y de repente se abre el ojo enorme
Que algunos llaman inspiración.

 

 

 

 

 

LA ENFERMEDAD

El barco está lleno de emigrantes.
Llevan gorros con visera y trajes
que brillan en los codos,
miran un muelle de polvo
y pañuelos blancos que pintan el vacío.
En una tarima un violinista
toca un violín rojo,
llevo falda negra y no tengo pelo,
lloras y no sé cómo abrazarte,
como si atravesásemos el tiempo
en desérticos barcos fantasma
que chocan a cada instante contra icebergs
únicamente para que,
para que no,
ya que no sucede sin
pero tampoco con,
y el violinista toca desafinado el violín
y mientras empiezan todos a bailar
me guiña en secreto un ojo
mientras que atrás en la ciudad,
los ratones transmiten la peste
que sin saberlo nosotros
todos transportamos
en el barco.

 

 

 

 


EL ESPANTAPÁJAROS

Soy un espantapájaros que tiene miedo,
expulso las pesadillas,
y las atraigo,
de noche acaricio la oscuridad
por la mañana les muevo las manos a los pájaros.
Soy un espantapájaros que tiene miedo,
en el desierto de una relación con hombres.
Con mis manos –ortigas
me desgarro la cara
y a los otros.
Pero bajo la paja
y la camiseta desgarrada
un cuervo oculto,
brillante,
negro,
solo,
el cuervo más solitario,
mi corazón.

 

 

 

 

 

LA TIERRA PROMETIDA

No me asusta
Que este lápiz
no deje tinta
sino huellas de cielo derretido
ni me asusta
que en lugar de en papel
escriba sobre tu cuerpo,
cálida ameba de manzanilla perfumada,
a todo alrededor, en todas partes.
Me asusta únicamente
que algún día,
escriba de nuevo en papel,
poemas con tinta.

 

 

 

 

 

¿A DÓNDE VAN LOS POETAS POR LAS NOCHES?

IX.
¿A dónde van los poetas por las noches?
¿Por qué circulan con manos ensangrentadas?
¿Por qué gritan los poetas bajo los techos?
¿Por qué tienen un vendaje en la parte del corazón?
¿Por qué las letras que escaban con esfuerzo en el papel
con pluma, con portaplumas, con lápiz
dejan pequeñas huellas de sangre?

X
¿Por qué se retuerce el cisne
mientras blanco, cándido
sacude sus alas
y escribe su último verso?

 

 

 

 


Cloe Kutsubeli (1962). Poeta, novelista y dramaturga griega, nacida en Tesalónica. Estudió Derecho, pero los últimos años viene dedicándose a impartir escritura creativa a jóvenes. Ha publicado 9 libros de poesía, 1 novela y 1 obra teatral. Ha sido traducida al español, al inglés, al francés, al alemán, al italiano y al búlgaro. Acaba de recibir el Premio Nacional de Poesía.

 


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