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13 Dic 2018 / 07:57 am

El Santo Grial detrás de la palabra

Apuntes sobre En lenguaje insecto de Neri Tello

 

Por Ana Corvera

Algunos libros nos enseñan a entender y a dar cierto valor a los hechos concretos. Desde noticias internacionales trascendidas en la Historia (así, con mayúscula), hasta crímenes domésticos que nos tocan porque de una u otra manera son nuestro espejo. Pero hay otros libros, como este de Neri Tello, que nos invitan a entender y a valorar una historia que transcurre minúscula y se nos escapa de las manos: desde nuestra condición humana y no de insecto o de cualquier otra entidad sensible, aún las tenemos demasiado torpes para atrapar esa suerte de humo misterioso en el momento preciso, ese en donde pudo haber cambiado nuestra vida por completo.

Lo primero es decir que En lenguaje insecto consta de cinco apartados, a través de los cuales una voz lírica va emergiendo del onirismo y del soliloquio, hasta reconocer y reconocerse en los otros. Aunque por su estructura el texto claramente se circunscribe a la poesía, me atrevo a hablar de una variante del ciclo del héroe que le permite transformarse a nuestro narrador (por así decirlo) haciéndonos cómplices de una batalla al unísono campal y silenciosa, dulce y furiosa, de frente a un enemigo caracterizado por el don de ubicuidad que además de confrontarnos, nos habita a todos. Es el lenguaje, y son las barreras que nos pone ese lenguaje para comunicarnos con eficiencia, para hallar la palabra justa y evitar en lo posible el error, más aún, la desviación del destino soñado.  Dice el primer poema del libro que nos ocupa:

Dejar libre al insecto/era la forma más íntima de comunicarse/no exigía un lenguaje formal sino emotivo/sino escribir con las alas pensamientos./ La llegada del insecto al balcón/ descifraba las intenciones/ aunque quien escribiera/ fuera en sí un concepto abrazador/ codificado en el aleteo/ que tiene la capacidad de traspasar la conciencia/ que despierta la memoria/ para mostrar los recovecos donde se anida el olvido.[1]

Aquí ya vemos por lo menos dos variables permanentes en el libro. Los insectos y su campo semántico asociado tocarán la sensibilidad del lector. Lo invitarán a entenderlos como una puerta hacia un silencio que debe ser conquistado por quien escribe, (la segunda variable), limitado, a su vez, por la razón y por el lenguaje. Sólo mediante ese diálogo primigenio se traspasarían las fronteras de la memoria e incluso de las palabras, si el escritor pudiese desaprender, desautomatizarse y abrirse a una nueva realidad que, por otro lado y paradójicamente, es intrínseca a él mismo.

Hay entonces en la voz lírica de En lenguaje insecto, una angustia vívida por trasgredir los límites del significado y del significante. Tal vez quien haya leído a Rainer María Rilke, estará de acuerdo en que los objetos verbales con significado, tal y como los conocemos (las palabras), simbolizarían dentro de su poética un stablishment o mundo ordinario,  a partir del cual el héroe, en este caso el poeta, debería iniciar una aventura en donde habrá de batirse a espadas con lo decible para obtener el Santo Grial de lo secreto, lo indecible. Así, toda palabra tiene una sombra: si a ella se le puede persuadir de servir a otro amo, a un ser humano concreto y que escucha, saldrán de la Caja de Pandora una serie de revelaciones listas para dotar al héroe del conocimiento preciso e incidir en el mundo ordinario a su regreso. En esa lucha se involucra, también, la voz lírica de este poemario, sólo que desde una perspectiva fresca, capaz de hacernos ver y sentir esa abstracción en nuestra vida cotidiana del siglo XXI. Se lee, más adelante, en otro texto:

El francés no sirve para mirar la tarde/ el inglés no es lo suficiente para hablar con mis huesos/ el alemán no importa para llevar flores/ a tantos pechos que son tumbas/ el mandarín no sirve tampoco para mirar a una mujer cerrando la ventana/ no hay necesidad de comprender otro lenguaje/ que no sea el movimiento a los rincones/ la transparencia del cuerpo reflejando otro/ el lenguaje de los alcatraces/ la respuesta viene del rocío que no se marchita/ de los frutos que caen a la tierra/ no importa esta soledad monstruosa/ de ser hombre que se apagará mañana.[2]

Otras reminiscencias rilkeanas aparecen cuando se habla de los sueños como puente que oscila entre lo intuido y lo certero, y en la presencia de los ángeles, pero en las páginas de Neri Tello, estos ya no logran su transformación y por lo tanto tampoco forman parte de lo secreto. Además de ser visibles, aquí duermen en cajetillas, están atados a bolas de papel mientras no sean capaces de llevarse consigo a quien escribe. Él, avergonzado, asume su rol de carcelero y los invita a presenciar la condición humana y los observa desdichados, incrédulos ante su nueva condición de seres caídos.

            Serán incontables las referencias y los intertextos para el lector en estos poemas, y serán muchas las maneras en que su propia sensibilidad lo acerque a este rastreo tan genuino de las pequeñas cosas o los pequeños sucesos que nos trascienden a nuestro pesar. Antes de concluir destaco uno de los poemas a mi juicio más significativos y dolorosos del libro, “Se reparte pan en la mesa”[3], porque en una de sus imágenes el universo se reduce a lo sucedido en una cama, entre dos soledades condenadas a repetir su historia y la historia con minúsculas de sus ancestros, incapaces de negarse a los dictados de ese mismo silencio al que persiguen. Las mariposas escapan de los árboles con sus secretos, como en la vida misma, en tanto nosotros, aquí abajo, seguimos soportando la sequedad en la boca y el deseo de acabar nuestro sereno hartazgo, dormidos bajo el agua.

 

Miércoles, de 3 octubre de 2018
Ex Convento del Carmen

 

 

 

*
Estalla y las esquirlas se hunden en la piel, queman la carne viva, ¿qué es lo nuestro, lo que ya de tanto, no se borrará nunca? ¿Qué le corresponde al silencio llano e indiferente? estalló para quitarnos la primavera y el verano, para que el invierno sea siempre invierno o un otoño que espolvorea los huesos, para recorrer a ciegas y a tientas la soledad sobre la incertidumbre: cualquier acto que viene de la tormenta es recibido con una exquisita esperanza, que no hace más que darle al cadáver un poco de aire que le llena los pulmones y lo prolonga

 

 


*
                  dejar libre al insecto
era la forma más íntima de comunicarse
no exigía un lenguaje formal sino emotivo
sino escribir con las alas pensamientos
la llegada del insecto al balcón
descifraba las intenciones
aunque quien escribiera
fuera en sí un concepto abrazador
codificado en el aleteo
que tiene la capacidad de traspasar la conciencia
que despierta la memoria
para mostrar los recovecos donde se anida el olvido

 

 

 

 

*
El francés no sirve para mirar la tarde
el inglés no es lo suficiente para hablar con mis huesos
el alemán no importa para llevar flores a tantos pechos que son tumbas
el mandarín no sirve tampoco para mirar una mujer cerrando la ventana
no hay necesidad de comprender otro lenguaje que no sea el movimiento a los rincones
la transparencia del cuerpo reflejando otro
el lenguaje de los alcatraces
la respuesta viene del rocío que no se marchita
de los frutos que caen a la tierra
no importa esta soledad monstruosa de ser hombre que se apagará mañana
estoy amargamente feliz
amparado a mi locura
soñaré nuevamente ciudades
con un ejército de golondrinas y colibríes
que se paren en todas las ventanas
que no haya ninguna flor que gocen
allí mi costilla dará vida a la mujer
su medida serán mis brazos
será de tulipanes para que nada penetre su pecho
ni siquiera esta preocupación mía de ser árbol
abrir mis brazos y llenarme de nidos

 

 

 

 


*
el hombre vive sereno con sus máscaras
puestas en el lugar que corresponde, el agua que bebe la
bendice, sabe, que para beber el agua más serena y limpia
hay que entrar transparente. Medita un poco aunque no hay tiempo
para meditar; la mirada en el horizonte lo impide: el hombre
sereno tiene en sus manos ampollas de lágrimas calientes

 

 

 

 

 

*
Estaremos inventando otro silencio
el que no se hace presente y está en la mirada
nos vestimos de huracán, sembramos olmos
nos desaparecemos para que el frío golpee las casas
las ramas se agitan provocando el viento
acabó el otoño y no encerramos la tarde en la hojarasca
la ciudad ya hizo las reservas del invierno
nuestros ojos se rechazan y llueven de nieve
se agoniza y la espina dorsal se encorva
lo que muere se prepara
tu partida es un continuo regreso a la sombra
el eterno regreso a Ítaca y la huida a Egipto
se pierde la memoria y el pájaro que no emigró
muere
la ciudad está desierta

 

 

 

 

*
Se reparte el pan en la mesa
la necesidad de ir creciendo
con los acontecimientos que se multiplican
la soledad se vuelve bastante
el calendario cuenta el tiempo
en proporciones de papel teñido con circunstancias ovíparas
donde la madre que ha sido madre desde siglos llora
la complicidad del espejo que nos reprocha nuestra imagen
se reparte el pan
no voy a pasar lista de los asistentes a este velorio. No diré
que los recuerdo porque no quiero recordarlos. Hay que crecer con
una lágrima o una astilla que se va adentrando y nos carcome

se reparte el pan y los siguientes minutos se ora
el niño crece y se vuelve verdugo
pide por el trabajo
la situación familiar
que deja damnificados en la escena
no quiero pensar en la mariposa que vuela de la entrepierna,
ni del árbol que nace del vientre. Cuando el pan se reparte y el niño
ora la lista de los desaparecidos se acrecienta:

todo es un hotel
el cuarto poco a poco se reduce. Una cama es el centro del
mundo. Los amantes fincan su historia en sus vientres. Hay dolor de
saberse niños-adultos. Hay lenguas que surcan el cuerpo donde es-
capan mariposas a los árboles. Hay soledades que se revuelcan en el
centro del mundo
                        están los siglos
                        que el padre y la madre
                        llevaron a cuestas
                        la delgada cruz de sal
                        el torbellino que nos revuelve en la cama
                        nos sitia ante nosotros
                        como un espejo que teme de su sombra
                        yo recuerdo a mi padre como una figura borrosa y solitaria
                        que no sabía si respiraba, a mi madre llorando a partos, la tortilla
                        seca desvanecerse en mi boca, los juegos de cartón. Yo recuerdo a mi
                        padre soñando en cada ensamble que formaba sillas. Yo lo recuerdo
                        junto a la madera queriendo despertar en el agua
                        no quiero cantar las canciones de culpa: no quiero ver el
                        espejo que me pide reparta el pan. No quiero saber cómo lloran los
                        siglos y siglos que nacen de mi pene. No quiero que se vaya la mari-
                        posa o el árbol se seque. Los amantes
                                                                                            están dormidos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Neri Tello (Jalisco, México, 1978). Profesor de español a nivel bachillerato, tallerista, promotor cultural y colaborador externo del periódico Página 24. Estudió la licenciatura en Letras Hispánicas por la UdeG, es autor de los libros Cuerpo Roto (Paraíso Perdido-Ayuntamiento de Guadalajara 2004), Playas Underground (Arlequín-Conaculta, 2005), Vertebración del silencio (Tierra Adentro-CONACULTA 2011), Revolución Groovy (Versodestierro, 2013), La cojodorita (Viento cartnero 2017), Oración de la raíz (Mantis-Secretaría de Cultura de Jalisco 2018), En el hoyo funk (Zonámbula, 2018) coautor de la antología El viento y las palabras. Renovación poética en Jalisco 1980–2000 (La Zonámbula, 2014).

 

Ana Corvera (Zacatecas, México, 1984). Es Maestra en Estudios de Literatura Mexicana por la UdeG y Licenciada en Letras por la UAZ. Obtuvo el Premio Nacional para Proyectos Artísticos y Culturales (IMJ) en 2004 y el Premio Estatal de Ensayo “Mauricio Magdaleno” en 2006; becaria del PECDA en 2007 y 2015. Ha publicado en libros y revistas de México, Venezuela y Colombia. Sus textos de creación aparecen en antologías de poesía joven como Los médanos de la memoria (IMAC, 2013) y El viento y las palabras (La Zonámbula Editorial, 2014); sus textos de investigación en Pensamiento Novohispano (UNAM, 2006), Dolores Castro, palabra y tiempo (BUAP/Del Lirio, 2013), Ficcionario de Teoría Literaria (Texere, 2015) y Palabras Vivas: Ensayo de Crítica Literaria en torno a María Luisa Puga (IZC/UAZ, 2016). Su libro Nocturno corazón de los insectos (Taberna libraria-UAZ, 2011), es un híbrido entre narrativa y poesía. Docente de talleres de ensayo literario, ha impartido clase en la Academia de Escritores de Venezuela y recintos culturales de Jalisco, donde ahora reside.

 

 

 

[1] Tello, Neri. En lenguaje insecto. STAUdeG, pág. 11.

[2] Ídem, pág. 19.

[3] Ídem, pág. 47.


Fundación La Raíz Invertida
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