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10 Dic 2018 / 11:26 am

 

Viraje, la travesía de un viaje que nunca cesa

 Por Juan Calzadilla

 Viraje es el título del último libro de Freddy Ñáñez, autor de una prolija obra poética reunida parcial y esmeradamente en Sombra bajo tierra (Monte Ávila, Editores), volumen antológico que recoge su producción poética escrita entre 1999 y 2009, y a la que siguieron dos libros más: Postal de sequía (1910) y Del diario hastío (2016).

Poeta de un hondo transitar por la geografía venezolana, nacido en Petare y formado en San Cristóbal, a la vera de dos excelsos maestros que orientaron los primeros pasos de su temprana vocación: Antonio Mora y Pablo Mora. Los pasos siguientes le conducen a Caracas, ya convertido en promotor cultural, agente de cambios revolucionarios y editor literario, a tiempo que, como editor, lanza sus propios libros y los de otros autores venezolanos.

En Viraje, su último poemario, Ñáñez singulariza y perfila mucho más su lenguaje para construir, en términos poéticos, una parábola del exilio y lo que este concepto representa para el destino humano, y lo que lo define y sustenta poética y moralmente ante el mundo, tras unos pasos, de territorio en territorio, cuya materialización se centra en la figura del viaje, del cual también trata el poema.

Pretexto, si así puede decirse, para presentar el tema del exilio como un poema ontológico, dividido en 27 fragmentos, escritos en tercetos al estilo Zen, en verso libre. Toda una construcción poemática sobre un tema que no consiste en la separación o abandono de un territorio por un sujeto, sino de una voluntad profunda del ser humano. Y que no conduce en el poema a ninguna parte como no sea al interior del lenguaje. En manos del lenguaje queda el resultado del poema.

Viraje según Ñáñez significa estarse quieto, inmune y fijo en sí mismo, en el lugar que le asigna la conciencia. El exilio ni el viaje tampoco se tranquilizan al punto de incluir la idea del movimiento paralizado, como en la flecha de Zenón o como en el verso trashumante de Baudelaire, que ha inspirado a tantos poetas:

 

Los verdaderos viajeros son los que viajan sin viajar.

 

La inmovilidad no impide que haya un sujeto omitido o que nunca aparece en escena y que, según la intención del poema no está incluido, temáticamente, en el viaje. El viaje es el aparato del exilio presente en un devenir siempre recomenzado. Lo que no impide decir que el sujeto del exilio no aparece por ningún lado en el constructo, atendiendo a la determinación del autor y de acuerdo con lo que este ha declarado en el Suplemento Letras del diario Ciudad Caracas:

 

Me propongo (en este libro) un tratado del exilio. Pero desde el tránsito mismo. Quiero que hable la paradoja del movimiento. No la traslación (de un sujeto). la traslación no me interesa.

 

La auto compasión del personaje dramatizado me importa poco.

 

El viraje en tanto que cambio de dirección ya está aludido en libros anteriores de Ñáñez como sucede en Diario del hastío (2009), en el cual encontramos anotaciones congruentes con la función del poema conceptual, como la siguiente:

La poesía existe para liberar a las palabras de su carga lingüística, política y hasta poemática. En suma, para librarla de todo lo que pretenda otorgarle carácter relativo y utilitario. Esto explica por qué las palabras en el poema suenan diferentes.

Desconfiando de la anécdota y del mero ejercicio literario, el poeta se ve precisado a examinar los elementos del trance de escribir para hacer de ellos tema de reflexión.

Por esta vía, Viraje, a mi parecer, se inscribe en una corriente de poesía pensante que, al momento de escribirla, no suele hacer distinción entre la prosa y el verso, superando sus límites o suprimiendo el antagonismo entre una y el otro, para privilegiar el sentido sobre la forma. La textura se despoja así, como de una costra, de elementos abstrusos, artificiosos o sobreabundantes, entre el énfasis retórico y la dependencia de la tradición, para de relieve a la exigencia de una lectura más inquisitiva. De acuerdo con esto, puede concluirse que Viraje, afecta el curso de una trayectoria hasta el momento en que aparece también en la obra de Ñáñez un cambio o ruptura tendiente a la síntesis y la brevedad de su habla.

El talante pensante del poema se retrotrae a una justa economía verbal, para que prive el decir sobre el discurso banal.

En el instante en que la reflexión penetra la metáfora y en cierta forma la desplaza por la paradoja, como sucede en Viraje, yo me pregunto por el papel que juega el pensamiento filosófico y el aforismo constante en la poesía de hoy.

¿Qué más decir para referir la trama poética a juicios que envuelven al lector en la pregunta por el significado que en el poema tienen términos como viraje, viaje, exilio? Para Ñáñez el viaje es asunto de ir desde abajo hasta donde se encuentra por un momento el Origen, esa forma de la cual se hacen cargo los pasos que nunca damos, las palabras que no decimos. Ñáñez afirma:

 

la necesidad, incluso el deseo, se van separando de ti. Una vez en la distancia

no se continúa andando. Es ella quien camina

Y te lleva como un animal de carga.

 

Sin embargo, la traslación, el desplazamiento, aunque anulados en el discurso, no objetan que el sujeto pueda volver si ya había partido. El viaje en que incursionaba lo hace dar la vuelta en la misma dirección que no se proponía seguir, es decir, hacia sí mismo. Y así él encuentra la voz del Origen, el nombre de la Patria.

 

Es la distancia entre el ir y el venir lo que lo transportaba:

Este lugar que también nos busca se acerca

sin saberlo a tu camino

 

Por esto, el camino que encontramos no es el que

buscamos sino el que nos sale al paso.

 

Ni el viraje ni la extradición del sujeto, desprendido de la aventura enriquecedora del viaje, justifica hacer del exilio un objeto propio de una efeméride como la de Ulises. Para éste no hay más contentamiento en el trance de llegar que en los riegos innumerables de diez años gastados en regresar a su tierra. Si hubiera estado en su sillón, delante del fuego, sólo lo hubiera imaginado*.

El viaje no lo trasporta, porque se efectúa en la superficie, fuera de él. El ir y el venir están a igual distancia:

 

Este lugar que también nos busca se acerca

sin saberlo a tu camino

 

Por esto, el camino que encontramos no es el que

buscamos sino el que nos sale al paso.

 

*La cuestión de decir lo más con lo menos y encerrar en el menor número de palabras lo que se dice, explica la labor de síntesis que hace presa del minimalismo en Viraje.


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