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30 Nov 2018 / 11:07 am

 

ANTEPASADOS

He mirado a mis antepasados,
A sus pies terrosos como la neblina,
A sus ropas extrañas,
Ya sin cuerpos.
He mirado a mis antepasados.
Vi cómo cazaban;
Cómo iniciaron el fuego a la orilla del risco;
Cómo fueron perdiendo sus dientes, sus madres, sus cabellos;
Cómo alzaron el mármol, los cuchillos,
Los frágiles aeroplanos preñados de muerte.
Los vi saciar su sed en el arroyo, en los frutos y vulvas;
Dar las puntadas iniciales en la primera tela,
Que luego fueron camisas, discursos, altas catedrales.
Supe de sus dichas y sus desdichas,
Y esas muertes me duelen.
Supe de sus luchas entre mamíferos contra mamíferos.
Cuando así alguien me mire con ojos de gigante,
Cuando así alguien me mire,
Y sean mis ropas sin cuerpo
Y mis hambres sin boca,
Verá cuán parecido
A mis antepasados
Contemplo la noche.


***

AHORA

No es bueno
quedarse en la orilla,
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente
imitar a la roca.
sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran
corazón de los hombres palpita extendido.
Vicente Aleixandre


Algo pasa que ansío encontrarme con el mundo.
Si antes me establecí en los márgenes del río
Ahora quiero barca o nado,
Situarme al centro del flujo de manos y voces que la corriente arrastra.
Hola mano amiga, voz amiga,
Háblenme del hombre diario, de sus colinas verdes
―Tierra tomada de insectos y demás formas vivientes―,
Del hombre en las plazas y en las noches citadinas,
Del hombre en intemperies confortables y entre paredes confortables.
Háblenme del hombre vivo que se mueve en el espacio y el tiempo sin recato.
Él ha transitado los mares y los bosques en sus carruajes,
En sus rostros del hombre que transita aguas, labios, tierras
Con el pecho bien arriba para ser venerado u ofendido.
Avanzo por un camino estrecho,
Por una cuerda en la que el viento repica sus tambores y amenaza,
Pero morderé las arenas con orgullo
Cuando me acerque al próximo mar y su faz cruce
A golpes de brazos, de párpados, de sílabas;
A golpes de otros mares pequeños que aguardan en mí.
Morder la arena es asirse a los íntimos laureles,
Tenerlos para asirse a ellos,
Jamás dormirse en la costa.
Algo pasa. Llévenme al parque al que los niños empujan sus trompetas,
A los patios donde se canta con guitarra
Y una mujer se equivoca de futuro.
Llévenme a las plazas, al encuentro con la luz infinita de la noche.
Ahora es mío este mar.
Contiene bondad y flaqueza, herrumbre y fe,
Liebres que silban en delgados montículos.
Ellas avisan, avisan, avisan.
Mientras sonrío y duermo las liebres colocan su aviso en mis oídos
Como las plumas desplegadas de la cola de un pavo.
Ahora es mío este mar,
No dejaré que se escurra imitando el aguacero,
No hay hombre sin mar hondo al que pueda lanzarse.
Mi mejor armadura es el salto,
Ese que aún no doy
O sí, doy con mis fuegos, mis palabras y mi desnudez.
Salto hacia mí y hacia el mundo,
Hacia la noche salto, hacia ti;
Desde una colina sin verde que me queda
Y voy plantando bajo mi pecho en rechazo a la renuncia,
Y en rechazo a los soles que se apagan.


***


HACIA DÓNDE


¿Hacia dónde dirigirme?
¡Hay tantas regiones infinitas,
Tantos puentes!
Tomar el camino que llevaba a Ceilán;
Dormir a orillas del Danubio en otro tiempo
Y asistir con Atila a los combates;
Ir al encuentro de la joya de Bagdad,
Aquellos poetas;
Quedarme en casa al calor de la familia;
Gozar de la tierra, su cultivo;
Ir hacia la erudición la cual precisa
La humana geografía envuelta en la belleza.
Escuchar por consejo de Quevedo a los difuntos con los oídos de la cara.
No dispersarse como refiere Yandrey Lay.
Hacer el verso;
La guerra de guerrillas;
Hacer el hijo para que el gen no muera,
Ni el ilustre apellido.
Más que bien estaría
Presenciar el instante en que Homero invocaba a la musa,
Asistir con Moslim a la rueda del vino,
Ser a la vez el aedo y el guerrero,
Cortejar la sabiduría de más alta atalaya,
Discrepar con Platón bajo un árbol frondoso,
Ir a escuchar las odas en la boca de Horacio,
Animar a un sabio alejandrino contra frases corruptas con la intuición de Bentley.
Más que bien estaría
Tomar un café con Marx y con Isidoro de Sevilla,
O pisar Isla negra acompañado de Neruda,
Trabar amistad con aquel Pablo de Rokha
Que no debe envidiar ninguna cordillera.
¿Cómo será ser ilimitado,
Desatarse del fijo espacio—tiempo,
Tener la fuerza de un animal salvaje?
¿De qué vale ser eterno e inmóvil?
Me hubiese gustado nacer como Enkidu en la pradera;
Y no digo que no quiero mi patria,
Digo que nací con Enkidu en la pradera.
Aquí podrían juntarse las más graves preguntas:
¿Qué hay en el cosmos, por ejemplo?
¿Qué
Es el cosmos?
Y hoy el sueño
Nunca llegaría.

 

***

Yunier Mena

(Sancti Spíritus, Cuba, 1993). Miembro de la Asociación Hermanos Saíz y estudiante de la carrera de Letras en la Universidad Central Marta Abreu. Obras suyas han sido incluidas en las antologías La estrella en germen y Corazón Central, así como en la revista Amnios.


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