19507
05 Jun 2018 / 00:20 am

 

Dada la coyuntura política que estamos viviendo y la posibilidad real de perpetuar un sistema de gobierno que históricamente ha demostrado nefastas consecuencias, es necesario pronunciarnos y reiterar el apoyo al programa de Gustavo Petro y a la Colombia Humana. Los poetas intentamos traducir el mundo desde la música; la palabra y la observación son nuestro instrumento.

Las tertulias como acto de conspiración para la planeación del Grito de independencia, La Gruta Simbólica como acto de resistencia frente a la Guerra de los Mil Días, la presencia de Mito como respuesta a la dictadura, la postura crítica de los "Nuevos" ante la masacre del sueño liberal en el 48; son muchas las voces que se unen desde la memoria de nuestra poesía, como un clamor conjunto por la esperanza y el cambio.
Esperamos que estos poemas ayuden a la reflexión y se entienda un poco más la realidad y el país en el cual estamos inmersos. Esta es una manera de darle un SÍ a la vida para celebrarla y defender lo pactado en los acuerdos de PAZ.

 

 

 


JUAN MANUEL ROCA
(Medellín, Antioquia, 1946)

LA CALLE DEL ERROR

Entre la calle de las certezas
Y la avenida de la soberbia,
Preferí cruzar
Por la vereda del error.
Allí encontré viejos
Amigos desconocidos.
Encontré al hombre
Que creía posible
Inventar un espejo de hielo
Para las muchachas del desierto,
Al que quiso caminar
En tres orillas del río,
Al que pensó en fabricar
La moneda de tres caras,
Al que creyó indeleble
Su nombre escrito en el agua,
Al hombre que quiso
Dejar su cuerpo en casa
Para irse de paseo
Sin su estorbosa presencia.
Preferí la callejuela
De los equivocados
Que el salón de las certezas.
Perseguí las confusas
Palabras de uno
Que pintó un túnel en un muro
De la cárcel
Para ayudar a escapar a sus amigos,
Al que tuvo errores de cálculo
En la fabricación
De una bicicleta de viento,
Al pintor fracasado que quería
Saborear con vino
El pan pintado en la alacena.
Entre la calle de las certezas
Y la avenida de la soberbia,
Preferí cruzar
Por la vereda del error.
Allí encontré, nervioso aún,
Al que quiso esconder en un poema
A un hombre a punto de ser fusilado,
Al que siempre ignora qué responder
Cuando preguntan “quién anda por ahí”,
Al ladrón de imposibles,
Al que quiso ser jinete de sí mismo
Y se dio a galopar en su locura,
Al que quiso colorear las vocales
Y besar la lejanía,
Al ciego que no declaraba
En las aduanas los paisajes
Que llevaba en su tacto
Y solo quería escribir un libro
Hecho de olores y sabores,
Al que nunca acertó con el arco
Y jamás dio en el clavo de lo cierto.
Entre la calle de las certezas
Y la avenida de la soberbia,
Preferí cruzar
Por la vereda del error.
Allí me encontré viejos amigos
Que solo leían en los libros
El colofón de las erratas.
En todos ellos,
Hay más verdades
Que en los hechos comprobados
De nuestra estúpida historia.

 

 


MARÍA ISABEL GARCÍA MAYORCA
(Guamal, Magdalena, 1947)

LOS VI VENIR

A una familia de desplazados

Cerca al monumento
de las Américas
los vi venir.
Traían los pies descalzos
y su ropaje no abrigaba
la mañana.
En sus rostros revelaban
la travesía por vientos obstinados.
Nadie podrá borrar las huellas
dejadas por los homicidas
y tampoco
los atribulados huesos claudicarán
ante el incierto asombro
de la ciudad.

 

 


SAMUEL VÁSQUEZ
(Medellín, Antioquia, 1949)

ESTO NO ES UN POEMA

Tiene frío el sueño. Tiene sueño la impaciencia. Tiene impaciencia el deseo. Tiene deseo el recuerdo. Tiene recuerdo el miedo. Tiene miedo la rabia. Tiene rabia el hambre. Tiene hambre el vacío. Tiene vacío la impotencia. Tiene impotencia la verdad. Tiene verdad el silencio. Tiene silencio la justicia. Tiene justicia la noche

y sólo la noche:

 

 

 

LUZ MARY GIRALDO
(Ibagué, Tolima, 1950)

CANCIÓN DE LA LUZ Y LA MIRADA

Cuando suena la hora del adiós,
es que empieza a brillar la cazuel en el fogón.
Fina García Marruz

Primero fue el graznido, el cristal roto,
la puerta como gerundio cerrándose de golpe.
Después la voz para los campos lacerados,
el frío del invierno y el largo silencio de los pájaros.

El desvelo fue golpe de alas en los ojos.
Y el sueño, cristal vuelto a componer,
cazuela en el fogón: ilusión de regreso.

 

 

 

OMAR ORTIZ
(Bogotá-Tulúa, Valle del Cauca, 1950)

EL ESPEJO

No es cierto que los ojos
sean el espejo del alma.
Si tal ocurriera,
los asesinos caerían fulminados,
y nada sucede
cuando el torturador cruza
y se peina.

 

 


JORGE ELIÉCER ORDÓÑEZ
(Cali, Valle del Cauca, 1951)

FUGA

Cuando amaina la ciudad
el celador del parque
ejercita su puntería
en una fruta

nada más triste
que la fuga de unos pájaros
azuzados por el miedo

 

 

XIMENA GÓMEZ
(Bogotá, 1952)

CASA EN RUINAS CON PALOMAS

Gorjeos
De palomas
En cornisas,
En el techo,
En macetas.

Un trozo de tizón,
Que fuera candelero
En el estante derruido.
Retrato de una muchacha,
Trenzas negras, manos blancas,
Entre resortes de un colchón.
Huevos podridos,
Plumas de paloma por el suelo.
Ruinas, maderos, arena por doquier.

Un cielorraso a punto de caer,
Por el peso de años, de arrullos,
De caca de palomas.
Habitación que ya no habita nadie,
Excepto los gorjeos y los nidos.
Disparos todavía,
Saltan en la pared
Sobre cicatrices de cal.
Dos trenzas blancas
Aún se asoman
Por el cristal roto.
Alguien busca a su hijo
Entre la hierba. 

 


EUGENIA SÁNCHEZ NIETO
(Bogotá, 1953)

DOMINIOS CRUZADOS

Las furias no pueden seguir avasallando
el viento trae lágrimas de dolor
los cuerpos son saqueados
el aire huele a plomo
los caballos huyen de jinetes bestiales

Un niño sonríe frente a rostros vaciados de odio
la fiebre de poder, atrapa. pisotea, asesina
con máscara de amor oscurece, silencia al amigo
murmullos, sombras, sigilo, la noche sin sueño

El silencio recobra el orden
la extraña voz de los sin voz
más allá de la muerte, la vida recurrente, hermosa
el deseo contra el tumulto de miedo
la vida contra las furias, un día donde la noche duerma 

 

 

RÓMULO BUSTOS AGUIRRE
(Santa Catalina de Alejandría, Bolívar, 1954)

LA CENA MERITORIA

El día del juicio
comparecerán todos con sus escudillas
reclamando la porción de la cena que les ha sido prometida

Incluso los injustos
Que somos todos

Incluso los animales
Ellos que siempre fueron la cena

Acaso la infinita Misericordia
decida en ese momento darle al cervatillo la parte del león
Crear una forma meritoria del infierno
donde por el resto de la eternidad se invierta la etiqueta
y los comensales pasen a ocupar el centro de la mesa
                                         el privilegiado lugar de los comidos

He aquí la justa furia del cordero

a Nelson Romero Guzmán

 

 

 

HERNANDO GUERRA
(Armero-Guayabal, Tolima, 1954)

PUERTAS CERRADAS

              para seguir de largo
                    Puertas abiertas
                           para entrar y salir
                                   Puertas cerradas
                           para usar la llave
                    Puertas abiertas
               para quedarse

 

 

 


MERY YOLANDA SÁNCHEZ
(Guamo, Tolima, 1956)

PERIÓDICO VIEJO

Cuando ya no importa
que los muertos se mojen
es fácil cubrirnos de la lluvia
con un periódico viejo
las manchas de las noticias
se deslizan por el cuello
dejando nombres propios en la piel.
Recorremos el invierno
atragantados con los mismos titulares
de ayer, de mañana y cien años más
con un hombre inmóvil en cada semáforo
como última señal
de que estamos cambiando de piel.

 

 

 

ORIETTA LOZANO
(Cali, Valle del Cauca, 1956)

EL ÁNGEL DE FUEGO

Yo, el ángel exterminador,
tengo sueño.
Déjame dormir sobre los mares profundos
del decreto extraño de los peces
sobre el fulgor de los acantilados
sobre la huerta del ciprés
sobre la flor blanca de la sal.

Salven al hombre
la tierra sembrada de heliotropos
la escarcha alucinante del jardín
el legado del día primero
insuflando cuerpo a la palabra,
la migaja blanca de la harina.
Ha llegado la cofradía del agua
que lava los pies de la tierra.

Yo el mundo,
el de la perenne cicatriz,
inclino mi rostro hacia el silencio
de las grandes tinieblas de los tiempos,
hacia el esplendor de las aguas.
Salve la grieta olvidada,
donde resurge un jardín que redime.
Aquí una sola raza delira,
una sola torre se yergue.

 

 

 

NANA RODRÍGUEZ ROMERO
(Tunja, Boyacá, 1956)

Te fuiste por entre juncos
río abajo
amor mío
pero aguas pestilentes
detuvieron tu canción de canastilla...
¿Quién te salvará amor
si ya no existen las hijas de los reyes?

 

 

 

CELEDONIO ORJUELA DUARTE
(Líbano Tolima, 1956)

MIEDO

Siempre huyendo desde niño por entre las cercas de solares ajenos.
El ruido de los helicópteros anuncia la estampida,
un nuevo cadáver como halago,
no era el esqueleto del pez de Hemingway
(que hablaban en la escuela)
era el rostro morado de un hombre con un hueco
en el estómago que exhibían en el helipuerto
a los hombres impávidos de las comarcas.
Esos muertos los veían los niños en los sueños o en las sombras.

 

 

 

ALIRIO QUIMBAYO DURÁN
(Girardot, Cundinamarca, 1957)

LA LENGUA DEL CAMALEÓN

Los camaleones eligen sus colores
para ciudades que sus ojos asimétricos diseñan.
Su larga lengua atrapa discursos insectos,
devotos los engullen con hostias;
por eso su palabra es sagrada.
Los camaleones nunca pierden su tiempo,
siempre están inventando bosques
sin árboles. Los camaleones son piedras,
hojas secas, mariposas vitrales,
ramas podridas, palabra lodo.
Trazan caminos sobre arena movediza
donde germinan los discursos moscas.

 

 

 

FERNANDO CELY HERRÁN
(Bogotá 1957)

HILO DÉCIMO OCTAVO

Descubre el hombre,
amante de la guerra,
que el poderío arrogante
de su triste ambición,
muere tras el ocaso de sus pasos.
En cada campo de batalla
deja en la senda
hilos de sangre y fuego,
en tanto que de fusiles olvidados
brotan flores y cantos
desafiando la inercia de la angustia.
Después del odio,
surge una gota de rocío,
un nuevo amanecer de primavera.
Natura emerge en forma de libélula,
de mariposa y arco iris.
El hombre,
lobo estepario de la tierra,
ha de rendirse
ante el giro incontenible
del gran destino cósmico.
Sol y luna, distantes,
llaman a la cordura
con su giro ancestral.

 

 



ÁLVARO MARÍN
(Manzanares, Caldas, 1958)

TURBULENCIAS

Los silencios de la conciencia van a dar a una noche
más oscura que la noche, a una oscuridad vecina del rencor.
Aún no regresa nadie a sus casas y los árboles en duelo se enfilan
en el camino, porque el ruido de los morteros ahoga el aire
y sobre la tarde descienden las aves calcinadas.

Empozada entre raíces enfermas duerme la ciénaga y flotan sin vida
las algas y los silencios. Mueren los peces que son lágrimas
son gritos detenidos en el agua turbia.

 

 

 


VÍCTOR LÓPEZ RACHE
(Toca, Boyacá, 1958)

VISITA A MAPIRIPÁN

Mirando la retorcida forma del antiguo lecho
quise atraer tu imagen;
pero dentro de una piedra hubo gritos.
No tuve tiempo para convertirme en fantasma
ni intenté saltar los trozos de pared
o abrir los hierros que ayer fueron puerta.
Convertido en un temblor de aire
temí que regresaban a llevarse el ahogo de las ventanas.

 

 

 


MARÍA TABARES
(Bogotá, 1958)

LOS SOMBRA
(fragmento)

Si la noche
es su gran casa
¿dónde, las ventanas?

Dónde, la puerta
para salir a la luz.

 

 

 

CARLOS SATIZÁBAL
(Palmira, Valle del Cauca, 1959)

EL HIJO DEL PUEBLO

Por doscientos y más años han gobernado esta casa
nietos bisnietos tataranietos: una gente sin raza.
Carnes puras de abolengos mentidos en tierras lejanas,
en sus venas sueñan sangres azules, casi inhumanas.
Familias que roban unidas y unidas en el robo se sostienen.
Simulan dividirse para gobernar el platanal, hasta que vienen
negras, indias y mezcladas comunas, gentes que se llaman pueblo
y a las plazas en masa van a oír su deseo en la voz del tinieblo.
Y las carnes puras pegan el grito al cielo: cuidado, son negros
zambos, indios que de gobernar no saben, gaitanes y petros.
Y la profecía del poeta del mundo nacido mestizo en esta tierra
se nos hace carne en la turba feliz que canta el fin de la guerra
y celebra la promesa de un nuevo nacimiento en la voz de su elegido:
gobernará un hijo del pueblo: hemos derrotado la soledad, el olvido.

 

 

 


MARÍA HELENA GIRALDO
(Filadelfia, Caldas, 1959)

Súbito instante del rayo
Hombres sin pan ni abrigo caminan hacía la noche.
El hambre diferencia a los hombres, limita su libertad.
La muerte es implacable, súbito instante del rayo.

 

 

 


HERNÁN VARGASCARREÑO
(Zapatoca, Santander, 1960)

GUERRERO

El guerrero
ha perdido el camino a casa.

Los dioses del amor,
silenciosos, apenas una brisa,
condolidos lo contemplan.

Mas a su alrededor
solo precisa vislumbrar
un asombrado desierto.
Lo más importante
lo ignora:

Ni el camino ni la patria
existen ya.
Ni siquiera él.

 

 

 

JULIO CÉSAR GOYES
(Ipiales, Nariño, 1960)

IX

No hay regocijo sin cruce de caminos
ni guitarra que no rasgue el silencio
mientras alguien brinda pan,
cigarrillo
y vino.

No hay gloria sin muertos que la comarca
por largo tiempo olvide.

No hay libertad sin sombra que la persiga,
ni reposo en la poesía que la nombra.

 

 

 

LUZ HELENA CORDERO VILLAMIZAR
(Bucaramanga, Santander, 1961)

LA AGUJA

Cuando lo liberaron,
el teniente escondía entre sus botas
los bordados que había hecho
durante cinco mil ciento cuarenta y un días
con esos hilos rasgados con parsimonia
a inútiles prendas donde dormían los colores.
La aguja invicta iba, venía, taladraba la noche
y penetraba silenciosa cada agujero en la memoria.
La gloria punzante de su brillo,
su tensa caligrafía,
si cabe el artilugio de bordar los pensamientos.
La angustia de ser hilo y estar a punto de romperse.
El teniente perdió su boca, hundió sus ojos en la tierra,
fue rana, tapir, ciempiés, chamizo, cadena.
Solo la aguja compuso las palabras,
tejió el tiempo vencido, el remoto, el sueño,
solo la aguja como única dueña de sus manos.
Allí, entre sus botas, ahora en libertad,
-pensó y no lo dijo-
guardaba el miedo de perder una aguja.
Cómo decirlo, cómo gritarlo,
su más noble arma en la batalla.

  

 

 

NELSON ROMERO GUZMÁN
(Ataco, Tolima, 1962)

PATRIA

Viajo por tus aires
Al lado de palomas azules.
En tus bases de piedra fundo el verbo,
Con tu vaso de polvo me embriago,
Me peino frente a la luna clara
En la ventana más oscura de tu reino
Y siempre veo en mi cara tu cara
Como recién salida de un hospital
O una taberna.

 

 

 

FABIOLA ACOSTA ESPINOSA
(Barranquilla, Atlántico, 1963)

EXISTENCIA

Para volver a ser lo que fuimos debemos alimentarnos de luz y relámpago. Revolotear en el ojo de Dios. Sumergirnos en cataclismos. Embriagarnos de mañanas ardientes. Sentirnos selva tierra. Gritar la historia para no repetirla
Para volver a ser lo que fuimos debemos crecer por dentro como luz filtrada en el dolor. Devorar los días para blanquear la memoria. Conocer el llanto de las estrellas, dividir un relámpago en las venas Volar cometas con brazos de colores y luego sentarnos a mirar cómo la tarde va guardando el sol en un bolsillo.

 

 

 

FREDY CHIKANGANA
(Poeta Quechua Yanakuna Mitmak, 1964)

NO ESTAMOS SOLOS

No estamos solos…
En la hierba está la gota de rocío
Como memoria de la lluvia y la tormenta,
Está el viento desparramando el polen
De la flor marchita
Está el eco de dolor humano sobre la roca
Está la hormiga desterrada de su nido y
Está la cascara del árbol donde el grillo
Danza con su maraca celestial.
A veces parece que estamos solos, pero no es así
El pájaro siempre nos regala su augurio al anochecer,
La semilla vuelve a ser liana de la memoria y todas las
Cosas de la tierra tienen ojos y oídos
Tienen cuerpo y corazón para acompañar
Nuestros sueños contra la muerte y la oscuridad.

 

 

 

LUCY DEL SOCORRO MORALES
(Bogotá, 1966)

MEMORIA

Ana se sienta en la butaca raída y mira a través de la ventana. Sus manos forradas en seca piel, danzan con las hebras de lana suspendidas en el filo de la aguja. Punto, cadeneta, punto.
Un perro cubierto de sarna y piel ladra a dos jóvenes que comparten un cigarro mientras bajan por la calle humedecida por una llovizna constante.
Una voz la nombra con insistencia. Ella detiene su labor y con dificultad, acude al llamado. La cama vacía, le recuerda que él ya no está.

 

 

 

GLORIA POSADA
(Medellín, Antioquia, 1967)

PAÍS

Quiénes
serán perseguidos
y huirán
de sus tierras
casas
cultivos

En selvas y ciudades
en la intemperie
sanarán algún día
sus heridas

Quiénes quedarán
en sus campos
tendidos
sin poder levantarse
y correr

 

 

 

ANDRÉS CAICEDO
(Pasto, Nariño, 1968)

PARA SER UNIVERSO

Habíamos nacido para acariciar la luna
y jugar en las tardes con el mar,
direccionar los vientos
y ponerle nombre a las flores,
tocar con los labios la noche
y domar con la risa el silencio.

Habíamos nacido desnudos,
diáfanos y pequeños,
locos y serenos.

Habíamos nacido para querernos, abrazarnos
y dejar una buena huella en el universo,
no para que el llanto cuarteara el desierto,
no para la náusea,
no para la guerra. 

 

 


WINSTON MORALES CHAVARRO
(Neiva, Huila, 1969)

II

La música es lo único que queda después de la muerte.
Un viejo murmullo de lo que fuimos
Quedará suspendido sobre las teas del tiempo.
Acaso alguien camine nuestros pasos
Recorra esas huellas borradas por los borbotones de un océano acústico.
Al menos seremos eso:
Viejas sandalias calzadas por una muchacha que secunda
Lo que creíamos era el camino.

 

 

 

ÁLVARO NEIL FRANCO  
(Barbosa, Santander, 1969)

CUENTA MI PAPÁ

Cuenta mi papá
que él nunca aprendió la palabra cangrejo
porque se encontraba en cualquier diccionario
mientras que cangarejo
la conseguía debajo de las piedras
en una quebrada que con su brisa de guayaba
sigue pasando por el pueblo.

 

 


BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS
(Majagual, Sucre, 1970)

RASTRO DEL HORROR

4
Aquí estuvieron dos meses,
don ellos compartieron
desde el tinto aliviador
hasta los hijos luminosos.
Desde la noche culebrera
hasta el amanecer sin sol
y también la hamaca bondadosa.

Un día se fueron.
Una madrugada regresaron
porque suponían que esa generosidad
no era exclusiva para ellos.

La tarde del día que volvieron
fue una tarde arrogante
y el crepúsculo conejero
ayudó a un mayor desamparo
regando su esplendor púrpura
sobre los matorrales.

Y no fue con bala. No lo merecían:
La mano que un día quebró cimientos
y edificó hogares fue la encargada.

Entonces pasaron adelante
acomodaron el rostro sobre la piedra:
Una mano sostenía, otra asestaba.
luego fueron los golpes secos de la mona:
Veintisiete exactos golpes
sobre la piedra que mató a Chengue.

 

  

JOHN GALÁN CASANOVA
(Bogotá, 1970)

TODO BAJO CONTROL, 2


… carro bomba deja 85 muertos en Irak,
continúan las protestas en la Franja de Gaza,
descuartizados padre, madre y su pequeño hijo
en San José de Apartadó,
y vamos a los goles…


También yo
tengo la mirada cautiva
ante el paisaje vertical
de la pantalla.
También yo
despierto y repaso
las noticias del día anterior,
que se repetirán al mediodía,
a las siete, a las nueve,
a las once de la noche.
Con su dicción irreprochable,
simpatía remunerada y melodiosa voz,
el presentador me es más familiar
que el vecino o el tendero.
Durante los comerciales,
a partir de tantas horas de tragedias indoloras
y miseria desplomada en el sofá,
describo esta apacible iniquidad.

 


J. J. JUNIELES
(San Luis de Sincé, Sucre, 1970)

VENGO DE UN BARRIO EN LAS AFUERAS

Las calles de este barrio son serias como un ataque cardíaco.
Vidas duras que sangran canciones del Joe Arroyo
mientras ven pasar los autos como estrellas fugaces
que no esperan los deseos.
Aquí todavía la esperanza es una mata de sábila
detrás de la puerta —si tienes puerta—.
Algo hay en el aire y no es confianza.
Aquí termina la ciudad, lo que queda de ella,
también el poema,
y empieza a escribirse la página roja de los periódicos.

 

 

FAUSTO MARCELO ÁVILA
(Bogotá, 1970)

SUENAN EN LAS NOCHES

Los lamentos de la luna
Entre las ruedas de los autos
Y los niños amenazan
Con sus sueños

El amanecer de un sol
Con menos muertos.

 

 

 

RAUSÁN ARENAS
(Bogotá, 1971)

INCÓGNITA

Eres constelación que eclosiona el instante
la palabra certera que destroza el silencio

 

 

 

SANDRA URIBE PÉREZ
(Bogotá, 1972)

LUZ INMÓVIL

A Enrique Blanco, in memoriam

Esa luz inmóvil en sus ojos
sólo puede revelar la tibieza perdida.
Si el vino y el Sol pudieran reunirse de nuevo en su cuerpo
no tendría que pintar el alba de miedo
ni ocultar su sangre entre la hierba.
¡Qué inútil se ha vuelto la alegría en esta hora!
¡Qué vacío el aire y qué duros los mordiscos del silencio!

 

 

 

SERGIO ANTONIO CHIAPPE
(Bogotá, 1972)

HAY DÍAS

Hay días de retumbante silencio.
Esos son los mejores días.

Días en que Dios
iza la oscuridad
a media asta.

  

 


FELIPE GARCÍA QUINTERO
(Bolívar, Cauca, 1973)

XX

En la escuela, donde la garganta lucía con orgullo la soga de la infancia, aprendimos a leer y callar; a restar y dividir.

¿En este rincón aprenderemos a hablar?

¿Con quiénes a sumar, a multiplicar?

 

  

JUAN CARLOS ACEVEDO
(Manizales, 1973)

 

SALMO PARA DESPUÉS DE LA GUERRA

Señor,
ahora somos frágiles…
los años de la derrota (aunque hayan quedado en el olvido)
habitan entre nosotros. Por eso hoy el poema es bálsamo.
Señor de los remendados,
ya no podemos elevar oraciones:
conjuros para ahuyentar enemigos y pestes,
tal vez un Poema que sirva de diálogo
para diluir tantos miedos acunados en viejas plegarias.
Señor,
como tus llagas,
las nuestras son huellas de fe en medio de la ola de siniestros.
También hemos caído y nos hemos levantado
para espantar los pájaros de la angustia
que anidan en nuestras lágrimas.
Señor de los fragmentados,
redime con tu sabia mudez a tus hombres y mujeres,
herederos del miedo,
para que la fragilidad se desvanezca y
retornen a nuestra voz y nuestros sueños
y nuestras casas las Bienaventuranzas.
Así sea.

 


HÉCTOR CAÑÓN HURTADO
(Bogotá, 1974)

BALCÓN

El copetón
al picotear el charco
dicta su poema

se seca en el cable
de alta tensión.

 

 

 

LILIANA MORENO MUÑOZ
(Bogotá, 1974)

VOZ

Asómate sin miedo al abismo
y serás cascada.

 

 

 

CAROLINA URBANO
(Pasto, Nariño, 1974)

12
Los secretos del olvido
tienen el misterio de la página ausente
que busca el deseo
con necesidad palpitante.
Algo escapa siempre al recuerdo
una brevedad que ya quisiera la apariencia
del fantasma o el ánima en pena
para vivir un poco más.
El olvido guarda sus secretos.
Salta cada tanto y esparce su polen.
Salta como el pez de río
sobre la corriente turbia
entorpeciendo la calma
de antiguas historias.
Salta
como las escamas de mis dedos ante
el árido papel.
Se filtra
entre los pliegues de la luz
de una vieja foto.
Qué necesario el amor para detener el olvido.

 

 

 


MÓNICA LUCÍA SUÁREZ
(Bogotá, 1975)


MADRES DE TIERRA MOJADA

A las madres de Suacha

Nos devela el silencio de la tierra mojada.
Abrimos los ojos
y vamos
sin el miedo de siempre
con la soledad en plena tarde

Llevamos cicatrices al viento
y una sombra adherida a la espalda

Abrimos los ojos y cantamos:
¡Qué nos esperen en silencio!
¡Qué nos esperen en su grito!
¡Qué llegue nuestra luz a su mirada!

 

 

 

MARGARITA MEJÍA
(Palmira, Valle del Cauca)

BLANCA LECHUZA

Lima mi verdad
afina mi visión
tú, blanca lechuza
gato nocturno y alado
reserva el lugar sin pudor
dame los albores del poniente

Lima, flamea.

  

 


ALEJANDRO CORTÉS GONZÁLEZ
(Bogotá, 1977)

ASESINATO CAMPESINO

Me han clavado tanto sus colmillos
que tengo el cuerpo lleno de veneno

Échenlo río abajo
que el agua tempere las mordeduras
acaricie la piel de los salmones
nutra la raíz de nuevos pastizales

Algo de este cuerpo deletéreo
quedará en la subienda de peces
y en los pastizales infectos

Cuando tropiecen con víboras
les regresaré su veneno.

  

 

 

MANUEL PACHÓN
(Bogotá, 1977)

QUIEN DIJO

Quien dijo
que no debíamos preocuparnos
por pequeñeces,
no sabía que en una caja de cerillas
caben sesenta incendios.

 

 

 

SAÚL GÓMEZ MANTILLA
(Cúcuta, Norte de Santander, 1978)

XLII

¿Qué extraña luz emerge de estos lugares?
El Salado, Bojayá,
Mapiripán, La Gabarra.

Acaso un cadáver sembrado hace ya tiempo
ha dado sus frutos
y de sus ramas penden rostros
maduros al color de la esperanza.

Aguardando la época de cosecha
ser semilla
y quitar su lugar
al árbol de los ahorcados.

 

 

 

HELLMAN PARDO
(Bogotá, 1978)

CUMARIBO (BREVE DISCURSO DEL ÁGUILA)

En el río
un niño muerto sobre la humedad de la piedra.

En la piedra
un torvo gallinazo punzando la piel caída.

En el gallinazo
el viento desplazándose con urgencia.

En el viento
el tañido funerario de las desapariciones.

Otra inocencia profanada
                          otro plumaje rompiéndose en el río.

 

 

 


JOHN F. GALINDO
(Bucaramanga, Santander, 1978)

MANIFIESTO MONSTRUO

Esto es imparable • la revolución vendrá de un dueto de asteroides • saludando aquí y allá • a todos los pájaros • a todos los insectos • a todos los espíritus de agua de los páramos • al balón de rugby que se esconde en cada aceituna • a los corazones rotos • a todas las especies no protegidas • a las babas de mi madre • los asteroides políticos que no tienen alma • ni uñeros • y que en cambio poseen una larga lista de muertos de amor por el mundo • por el Estroncio • por el Uranio • por el Paladio • por la muerte que grita mientras no ocurre nada • nada • nada •
no necesitamos disfrazarnos de Frankenstein para dar miedo •

 

 

 

YONNY VANEGAS
(Bogotá, 1978)

DESTIERRO

Los caballos
(que ahora son humo)
escaparon con el viento y la llanura
huyeron de sus verdugos
atravesaron el alba

su galope
se oye
en el desierto
de los derrotados
los fusilados

 

 

 

PAULA ALTAFULLA
(Bogotá, 1978)

CARTOGRAFÍA

Salvo mi corazón todo está mal
feat. E. Carranza

Cuando palabra y realidad se distancian
brota de ese abismo una verdad más plena:
es el afecto que nos revela
el código íntimo de la auténtica experiencia.

Salva tu corazón, es la única manera;
traza una cartografía de lo sensible y sabrás que
cuando lo valioso se maltrata,
toda victoria es pasajera.

 

 

ELA CUAVAS
(Montería, 1979)

 

CARTA PARA ARTURO B. DEVERIUX

Para John Carrillo

No des más vueltas a la rueda, 
estuvimos mucho tiempo 
vagando por el bosque. 
No nombrar fue nuestra esencia; 
la metáfora es más engañosa que el sueño. 
Fuimos sangre, fuimos espada. 
Lo destruimos todo. 
Ahora nos toca juntar los huesos.

 


FREDY YEZZED
(Bogotá, 1979)

CARTA AL HOMBRE QUE ASESINÓ A MI HIJO

A Teresita Gaviria
y Las Madres de la Candelaria

Todas mis noches, oración tras oración, te deseé la sangre más negra.
Dije piedra, dije mercurio, dije lobo, dije árbol podrido en tu corazón.
Maldije las manos de tu madre que le dio horma a tu cuerpo con esperanza,
Maldije a la mujer que te amó creyendo que era amor,
Maldije a la partera que te salvó de ser ángel, de ser miel, de ser boca tierna.
Lejos de mi lengua lancé el pueblo de calles empedradas que te vio correr,
al país que te dio un nombre y este derecho de triturarnos y hacernos olvido.
Encadenada a tu odio, te profesé todo mi amor, y te profesé todo mi vacío.
Soñaba con tu rostro bajo mis uñas, soñaba que me soñabas mirándote en silencio,
soñaba que la lluvia golpeaba a tu ventana con vísceras de cordero.
Pero cuando la zozobra me quebraba los huesos, la vida te puso frente a mis ojos:
no podía creerlo, en tu joven rostro vi el rostro de mi hijo,
en tu mirada perdida vi su última mirada, en tu cabello revuelto vi su grito
llegando alegre de la escuela, con los perros y con el hambre.
Ahora que buscas en el fondo turbio del estanque una moneda,
ahora que añoras entre las hierbas otro nacimiento, ahora que tus manos
heridas se niegan a herir, dime, contesta a este marco sin fotografía,
a esta bicicleta abandonada, a este tigre muerto que es tu país: ¿Quieres mi perdón?
¿De qué te salva él? ¿Qué destruye, qué levanta, que esconde bajo los álamos olvidados?
¿Servirá de algo que limpie la sangre de mi hijo de tus manos?
El perdón duele, sale del estiércol, vuela por encima de nuestras cabezas,
perfuma, mas no termina de lavar nuestras naranjas ensangrentadas.
En medio del pan duro y los ácidos más crueles: te perdono ―pequeño
huérfano―, te perdono y me libero de tus alambres,
te perdono y desanudo tus púas más hirientes.

Dime tan solo una última palabra.
Dime bajo qué piedra debo buscar su nombre, dime en el fondo de qué río debo cantar
su melodía, dime entre las hierbas envenenadas en qué corazón debo escarbar…
Tú y yo somos dos cuervos que se miran sin consuelo.
Tú y yo somos este jardín de los desaparecidos.
Este amor violento.

 

 

 

CAMILA CHARRY NORIEGA
(Bogotá, 1979)

LAS HERENCIAS

Hemos heredado lo bello
de todo lo que nos cubre con su espanto;
la sombra del pino donde cantaba el día
el rincón del cuarto donde murió la pasión.
La luz sostiene hoy una música triste
que sobre el cuerpo se cierra;
luz carnívora que envenena el futuro.
Heredamos, como una enfermedad,
el amor por lo que huye
la herida que cicatriza sobre la herida de siempre,
el largo detenerse de los pasos que se alejan,
los ruidos menos humanos que el pánico hace familiares
como la presencia de Dios.

 

 

 


MIYER PINEDA
(Tunja, Boyacá, 1979)

RETRATOS

Dormidas las larvas se llenan de crujidos de maderas y de aldabas
Luego sueñan, tallan el hambre, su silencio, en el vientre del poema
Fósiles de un pez perdido en el grito de la piedra
El río quiebra, taladra, rompe desde adentro del pez
Delimita extraños nombres, mundos mutilados y resanados por el agua
Y nosotros, caminos corroídos por la maleza del tiempo
No entendemos que en una parte de nuestro corazón sueñan las larvas

 

 

GIOVANNY GÓMEZ
(Bogotá, 1979)


EL CIELO

Esparcidos por los caminos
brazos piernas cabezas
pero no les sacaron el corazón
Evitan cargar despojos
les repugna su sangre
y sin embargo cráneos limpios breves
guardan las músicas dentro de sí como piedras vacías
para que el viento tenga ojos
para que el frío del mundo tenga boca
siguen después de la muerte
preguntando por sus deseos
los nombres de este mundo

 

 

 

CAROLINA BUSTOS BELTRÁN
(Bogotá, 1979)

EXILIO 3

El frío opaco se pega a la ventana
tengo la clarividencia del duelo
y del olor que deja la muerte.
Las manchas del dolor resbalan por la piel.
Nadie vino a darnos lecciones
de cómo enterrar a los muertos.

 

 

 

LUCÍA ESTRADA
(Medellín, Antioquia, 1980)

IMPRECACIÓN

Saber con certeza lo que esconde el juego del prestidigitador, y continuar con los ojos vendados, eligiendo las cartas que ya conoces, vueltas siempre al revés, oscuras y desdeñosas. ¿Acaso no era este tu tiempo en el jardín? ¿No tendrías que haber cabalgado hacia la noche, abrir el pozo de las palabras, reunir la fuerza suficiente para escapar del sombrero de copa y resistir la tentación de los espejos? ¿Acaso no eras tú quien desertó una vez del paraíso?
Arriba los astros siguen su curso, indiferentes. No hablarán esta vez. Te han dado trampas en lugar de oídos.

 

 

 

DIANA CAROLINA DAZA
(Bogotá, 1980)

FIN DE AÑO

El héroe nace cuando muere
y la hierba verde renace de los carbones.
Ernesto Cardenal

Los juegos pirotécnicos anuncian el año rojo
espigas de fuego caerán
para limpiar la casa y la mirada.
Vendrá el mar
a sanar promesas y cartas muertas
quedarán las hojas en blanco
los sobres vacíos
el pincel creador de un nuevo calendario.
Quedaremos tú y yo
sobrevivientes del incendio de la vida
habitando una esfera
donde levantaremos la ciudad de los arqueros
las brujas y las olas.

Trapecistas de finales
improvisadores
héroes del holocausto de nuestro tiempo.

 

 

VÍCTOR RIVERA
(Popayán, Cauca, 1980)

LOS RÍOS SUBTERRÁNEOS

Revuelve el ánimo
Este polvo de campos
Que resisten sin caerse,
Por el peso de la arena,
Por el peso de los muertos.
¿En dónde el pozo
Para lavar el polvo de los ojos?
Somos un hilo de diluvios
Que apenas parte el cañar
Y sacude las latas,
No cortamos la planicie
Pero auguramos en silencio
Un vendaval,
La resonancia de las voces
Bajo el techo luminoso.
Permanecer a flote
Es cuestión de arquear el cuerpo
Según lo quiere la orilla,
Rumbo al mar
Los ríos contenidos
En la tierra de las islas:
Algo alto y secreto
Se ha filtrado en nosotros,
Un ceño que no cree
Y cierra sus párpados para probar
El cristal subterráneo
De lo no visto.
¿En dónde el agua
Para la sed de los caídos?
¿En dónde el pozo
Para lavar el polvo de los ojos?
Tiembla el aluvión
Y nosotros preñamos
El cactus y el dolmen,
Cuidamos el decir
De un junco en la orilla,
Cuidamos un pescador
En estado de gracia. 

 

 


ANDREA COTE
(Barrancabermeja, Santander, 1981)

NIEBLA

Al volver nos falta padre para olfatear peligros en la bruma.
Que no nos hablen de bosques o de flores,
cumbres sembradas de rocío y plantas.
No se ve nada.
Visibles son las casas que alguien despobló de prisa,
la cama a medio hacer,
los bordes de un tazón de sopa
y todo lo que pinta un roñoso polvo verdinegro.
La guerra trabaja para el desierto.

 

 

 

CAROLINA DÁVILA
(Bogotá, 1982)

Frente a la flor casi marchita
la niña suplicó a su madre

No la cortes, déjala morir entre la tierra,
pues lo que yo he cuidado
no son sus pétalos, sino sus raíces negras

 

 

 

 

HENRY ALEXANDER GÓMEZ
(Bogotá, 1982)

RÍO ABAJO

Nunca, te lo digo, nunca antes los árboles de la noche fueron más claros. El parpadeo de las estrellas se posó directo en la punta del fusil. Mi compadre Orozco atinó a tartamudear alguna plegaria que quedó grabada para siempre en un palo de mango.

Entonces las reses mugieron como el pájaro que ha perdido la forma y el color, y descendieron con el viento amarrado a sus lomos.

Fueron tres horas montaña abajo, hasta la orilla del río Camoa. Tres horas con los labios secos de Dios silbándonos al oído la purga de una canción solitaria.

El agua mojó nuestros pies descalzos, anestesiados por la semilla del miedo, pero ya no había caso, digo.

Sólo quedó el río crecido a media noche, sólo vacas ahogadas, algunos tiestos buceando la despedida, y el aliento de la madrugada que lavaba toda su culpa cuatro orillas por encima de los muertos.

 

 

 


ANGÉLICA HOYOS GUZMÁN
(Barranquilla, Atlántico, 1982)

LAS MADRES DE SUACHA (TODAS)

Aún no entierran el cuerpo de sus hijos, sienten en el brote de las plantas rezando por ellos.
Vieron a sus muchachitos calzar las botas de algún bando, rogaron, no tuvieron respuesta porque era mejor el monte que la pobreza.
Vieron el cuerpo sangrante de sus niñas, no pudieron hacer más que abrazarlas.
Nos levantamos con la carita, las manos, las palabras de un pequeño: "soy mensajero de paz". Eso es la vida, la escuela y los libros.
En silencio se nos abre el vientre cuando una de nosotras sufre.
No parimos hijos e hijas para la guerra sino para los sueños.

 

 

 

JUAN CAMILO LEE PENAGOS
(Bogotá, 1982)

POESÍA HUMANA

Desde hace siglos
el hombre
se ha empeñado en llamar
“canto de aves”
a la poesía.
Y estoy harto
de ese mote tan irreal y cursi
sobre mi profesión
                             -la que no me da
ni horarios ni dinero-.

Y digo irreal porque
hay que tener una imaginación algo deformada
para escuchar de las aves
                                   un “canto”:

los animalitos, frágiles y diminutos, que recorren
en la tarde el cielo como chispas
de una hoguera invisible
no cantan –¡por dios!- sino que apenas
                                                    hacen ruiditos. Y digo
esto sin demeritar ni en un punto
su belleza.

Canto el del lobo bajo
la luna inmensa y clara
creciendo
tras las montañas. O el de
la cigarra que explota antes
de haber encontrado el tono de su canción.

En cambio,
los pájaros hacen ruiditos, apenas,
pero incomprensibles y hermosos –como
incansablemente
nos lo recuerda la tradición
de la lírica española.

Ruiditos que si se escuchan con atención
no recuerdan ningún canto
sino tal vez gotas de agua cayendo en una cueva oscura,
complejos circuitos emitiendo un código sonoro,
un ataque extraterrestre, el burbujear
del lodo primigenio en el calor del volcán,
el golpeteo insistente sobre una superficie hueca.

Ruiditos como
Clac clac clac cluuac clac clac clac cluuuac
Fiup fiup fiup fiup fiup fiup
Prrr prrr prrr prrr prrrr prrr
Tuuooc tuuoooc tuuuooc tuuoooc

Ruiditos que no nos interesa interpretar
pero señalan sin lugar a dudas
la presencia de otro,
y eso es suficiente misterio y suficiente belleza.

Así, quiero que mi poesía no sea otra cosa
que estos ruiditos que pronuncio ahora
adentro de tu cabeza,
y que no son, y no quieren ser, cantos de aves.

Sea canto tal vez la palabra del campesino
que como un ave tuvo que migrar, pero a la fuerza.
Canto tal vez la palabra de la mujer
a la que trataron como gallina ponedora y la obligaron
a preñarse o parir.
Canto tal vez la palabra del indio
a quien quisieron cazar como a un pato.

Por eso, mi poesía no quiere ser canto.
Quiere ser apenas un ruidito
para recodar que estamos juntos.

Una poesía humana.

 

 

 

JUAN CAMILO SUÁREZ
(Chía, Cundinamarca, 1982)

AMANECER EN EL ARO

La sed es una raíz profunda. Calla.
No hay esperanza.            Cierra la boca.
Ni una palabra.                                Ni un ave.

                                  También se pudre el silencio.

 

 

 

JOHANNA VANEGAS
(Bogotá, 1982)

LA TOMA

Temblando sobre la carne
que se incrusta en la bayoneta
cuando se cree morir sola
las rodillas inconclusas a sus pies
atrapan la nostalgia
crucificada en el plato vacío.

 

 

 


FADIR DELGADO ACOSTA
(Barranquilla, Atlántico, 1983)

SOSPECHA

Los perros azotan el aire con las colas
Con las dentelladas de sus bocas tragan restos de carnes
y se comen el dolor con verduras agrias
Veo un cardumen de espinas en la saliva que cuelga de sus encías
Sospecho que vienen de un lugar en donde las espinas se ahogan en la garganta
Donde las calles evisceran los cuerpos
Donde el ladrido sólo existe para comer del aire.

 

 

 

PAOLA CADENA PARDO
(Bogotá, 1983)

MUÑECAS

El amor es un estilo de marionetas
que saben el llanto como música y el dolor como respiro
La locura puede ser una muerte
o la puerta para no perder el cielo

Ella extravió sus ojos en el prado
derramados justo sobre una mariposa rota
y su voz se escondió en la tristeza
ya no hablará nunca
sólo recuerda cómo se dice un sollozo

Ella les pregunta su nombre a los ángeles
y permanece en el suelo para olvidar que vuelan
¡que no le quiten los juguetes!
con la vida basta
Y ya olvidó cómo ser mujer y no llorar por las tristezas
Ella quiere cantar como quien sopla la luna
Él quiere jugar a que la muerte lo salve
Se murió la luna el aire y el sueño

El hombre vuela y la mujer regresa a su cielo partido
donde volar es una espera
donde la cita es una muerte
La mujer sin amor está loca
y se deja morir de amor
y se deja morir de espera

Es menester arrancarse los ojos para no olvidar la belleza

Ya no hay trenes
Nos vestimos de marionetas antes de morir
y nos colgamos de la muerte como de un último beso

 

 

 

CARLOS FERNANDO CHAPARRO
(Sogamoso, Boyacá, 1983)

LA SOMBRA DEL SÍMBOLO

La sombra del cóndor aún no aprende a volar
Tiende sus alas para emerger en la cantera
                                         (Por su cuello oscuro
                                                               cae la llanura).

La sombra del cóndor se congrega con las moscas para afilar el cadáver
Caritativa descompone el polvo y entreteje la tarde
                           para almacenar los disfraces con sus vacíos.

La negrura del ave iza con falsas cosechas
                                                  la fosa de yerros positivos.

 

 

 


JULIO BALCÁZAR
(Cali, Valle del Cauca, 1984)

OTRO DÍA

Repasar los versos rotos usados adorados con sencillez y vanidad también son el poema con sus crótalos prólogos estudios preliminares comentarios dedicatorias [fechas] oír en suave pliegue el alejarse de la memoria retirarse como un mar contar sus caracolas en mujeres besos que se dan en acumulación luego nada olvido
Malcriar el desencanto será el poema con la luz que sobra de mis años demasiado ocupado en sortear la mujer en su ausencia
Será [definitivamente] lo mejor que haya hecho en muchos años pero como un paisaje me dejo envuelto en su aroma digo espera **

 

  

 

 

JORGE VALBUENA
(Facatativá, Cundinamarca, 1985)

ITINERARIO SIN ORILLA

Hay días en que también desaparecen las bocas
como si en medio de la noche se acostumbraran a ser grises
extranjeras de un sueño en lengua sonámbula
sumergidas sin voz que parpadear
remotas entre la piel del aire
Vacío rectangular que pende del aliento
y solo cruza el respiro como por una calle abandonada
de nariz a esqueleto
ninguna palabra vive
Ningún aquí, norte, mitad del día, migajas,
que ronde el diapasón de las cuerdas
y funda aire con misterio para crearse
Se siente como un océano perdido
del que antes saltaban peces o llovía
bosque donde guardábamos la risa
que es como otra palabra pero que se incendia
las letras hacen como que caminan
por sobre una inundación de pensamientos
sin atreverse a salir
ni siquiera a salvarse
porque la palabra ahogo quiere ser ella
-sin anuncios-
Las miradas pasan entonces a ser bocas
nombran al mundo como a un susurro de escombros
Allí una ciudad de pájaros sin rumbo
ha soltado de su jaula al silencio
ese ruido que hacemos
mientras adentro recuerdos, palabras, dudas, presagios,
invaden el lugar de punta a punta
sin atreverse a salir
ni mudarse
solo a vestirse de estruendo
en una procesión de incertidumbres

 

 

 

FABIO ANDRÉS DELGADO
(Soacha, Cundinamarca, 1985)

QUIZÁS LA HOGUERA

Arriba y debajo de la piel
descansa un trenzado de sueños,
la sangre que hierbe en el abrazo
y los hijos que planeamos.

Algunos se eligen bosque que anuncia la trágica
tarea de convocar el olvido
Otros, son la lumbre entre los arboles
alumbrando todavía el camino.

 

  

 

TATIK CARRIÓN
(Chía, Cundinamarca, 1985)

EL OLVIDO

Un hombre enmudecido
llora en mis adentros
sus lamentos son todo un pueblo
que como lloviznas me habita.

Escucho las persecuciones
sus miedos, los pasos de los desterrados,
el incesante clamor de los desaparecidos…

Se angustian, corren,
escriben en los muros
y puede leerse en sus ojos:
“libertad y sosiego”
luego, no sé qué pasa
sus ecos se esfuman
como si alguien apagara sus voces…

Los entierro en mi memoria.

Vuelvo a mis afanes con la vida
sufro de la misma enfermedad del mundo: el olvido.

 

 

 


LUIS MALLARINO
(Cartagena, Bolívar, 1986)

ALGUNAS COSAS NO REGRESAN NUNCA

Algunas cosas no regresan nunca
no saben regresar, no pueden.
Cosas que solo saben irse.

El tren mira a una flor semidesnuda y se marchita
(la flor se descarrila), ya no son los mismos.

El niño que juega con un barco de papel
es otro, muy distinto, al niño que hizo un barco de papel.

 

 

 

TANIA GANITSKY
(Bogotá, 1986)

LOS CABALLOS no iban a vivir
tanto tiempo.
Pero encontraron ofrendas
en el sueño de los muertos.
Allí pastan, beben agua y, a veces,
se acercan a las manos
cubiertas de panela
que brotan como flores dulces
a su alrededor.
Doblan el cuello y reciben la ternura
que también debió extinguirse
hace tiempo.

 

 

 


ALBEIRO MONTOYA GUIRAL
(Santa Rosa de Cabal, Risaralda, 1986)

CAPITAL DEL SUEÑO

Nadie regresa de la capital del sueño.
Nadie ha traído una rosa como señal de haberla soñado.
Dicen que la muerte construyó fronteras invisibles
en sus comunas.
Pintó los muros de los barrios con los rostros
de la gente que nunca crecerá.

Los campesinos viajan a ella
sin retorno.
Mueren en el camino
o los mata, al llegar, su aire gélido.

Ciudad interminable,
déjanos despertar
antes de que vuelvas a tu origen de cenizas.

 

 

 


JENNY BERNAL
(Bogotá, 1987)

GUERRAS CIVILES

Las aves han trazado entre las nubes su límite de viento. Abajo, las hormigas se pelean migajas que antes compartían. Los de un bando caminan bajo la sombra de la más grande ceiba, los del otro, han construido puestos de control encima de árboles endebles. Pelea el chófer con la carretera de curvas cerradas, riñe el oficinista con su enferma cáscara de tiempo. Hay una contienda entre el día y la noche mientras bajo su cielo los chulos buscan su carroña.

No hay paz en ninguna casa. ¿Quién en este vecindario estará a salvo, de tanto ruido que corta el aire, de tanta herida que no escucha?

  

 


MARÍA GÓMEZ LARA
(Bogotá, 1989)

 

CONTRATONO

único tono
el agua contra el agua
Blanca Varela

aprendimos
a despertar en medio de la noche
con el ruido del agua

conocíamos la errancia
de hace años                    nuestro sueño era frágil

los ojos entrecerrados casi abiertos dormíamos
como quien vela

atentos al derrumbe
las manos en la cabeza
por si los escombros
y los pies alzados
                         ya para correr

pero una madrugada gota
a gota
             lo intuimos

oímos resonar
el nuevo escape

algo nos cantaba
en contratono

que esta vez huir
sería quedarse

 

JUNIOR ADILSON PANTOJA
(Palmira, Valle del Cauca, 1989)

TEMPORAL

Aunque las hojas reverdecidas
se queden sin árbol
y el árbol sin tierra y sin semilla

labra con tu voz de sol
sobre la sombra

cultiva una palabra firmamento.

Ya florecerá un suspiro
o aparecerá una huella.

 

 

LILIANA VELANDIA CALDERÓN
(Bucaramanga, Santander, 1989)

UN DOSCUATRO

Un dos cuatroun dos cuatro
cabeza/ hombros/ rodillas/ ypies
un dos cuatroun dos cuatro

hubo un tiempo en el que todo era uno
la jugada por la cabeza
el balón al hombro
rótula con rótula
congeladas
el pie
los pies
gambetas

entonces vino el autogol
el último
la pérdida duplicada
la fragmentación
no hubo canto de equipo
esta vez ganó Abadón
habré de reinventar el mundo
el juego

un dos tres
tres dos
un estallido
dos niños
tres días de

la radio apagada
han borrado la cancha

cabeza/ hombros/ rodillas/ ypies
como si no fueran suficientes
las minas que ya trae la vida
la pobreza
la tierra infértil
las serpientes en el patio

21 uniformes verdes en fila
es un nadiejuega
una momia rota
cabeza/ hombros/ rodillas/ ypies
una sola soga
ahorcando mis sueños.

 

 


DANNY LEÓN
(Bucaramanga, Santander, 1990)

A Gustavo Adolfo Garcés

La virtud del pájaro
no está en el vuelo
ni en su canto

Sino en la paciencia
con que soporta
la jaula.

 

 

 

OMAR GARZÓN
(Bogotá, 1990)

SOACHA SIN TI

No es que mis manos retraten las tuyas en la inmensidad de la hoja.
No es que mi corazón resienta tu rostro invisible sostenido en mi pecho.
No es que mis oídos te escuchen susurrándome en cada paso del viento.
No es que mis labios extrañen tus besos ni que mis brazos anhelen tus hombros, tu espalda, tu cuello.
Lo que pasa es que estas calles aún te describen sin dar alguna razón de tu nombre.
No es que mi lengua todavía hable tu idioma. Lo que sucede es que no he dejado la costumbre de
/ejecutar tu conjuro.
Ese que me lleva a sentirte en todas partes cada vez que te extraño
y que la noche me dice que no estás conmigo, que ciertamente no estás en ningún lado.

 

 

 

LAURA CASTILLO
(Bogotá, 1990)

DESPLAZAMIENTO

A las tejedoras de Mampuján

Tras el golpe de omisión
en el vientre de la tarde
Mampuján anochece
con un terco afán de dormir.
No hay tiempo,
susurran doce cuerpos en los labios,
hay que cargar hamacas y vasijas,
hay que dejar que la hierba seca
sea el huésped que habite la casa,
hay que silenciar.

Lejos,
en lo profundo de una habitación,
una mujer peregrina aguarda
entre hilos y retazos que convergen en sus manos.

Tejer es su forma de nombrar
la ausencia de arraigo
en la punta de los dedos.

 

 

  

ESTEFANÍA ANGUEYRA
(Bogotá, 1992)

ÍCAROS

En mi finca llueven zancudos
vuelan hasta el techo y caen ligeros.
Ellos no tienen historias que les recuerden
que quien se acerca mucho a la luz
se viene abajo.

 

  

 

ALEJANDRA BECERRA
(Bogotá, 1992)

CREENCIAS

Edificamos las flores para formar la fragilidad de la tierra, creamos la muerte para
sobrevivir en el mundo y vaciarnos sin encontrar el abismo, recorremos los pasos de
los años en el cráneo de la historia y cercamos el fondo del camino para creer
ciegamente en el cielo, entramos en otros cuerpos sembrando las semillas en raíces
que no dan frutos, germinamos en el suelo y allí mismo arrastramos la respiración
para creer que los muertos hablan el idioma del aire.

 

 

 

JUAN AFANADOR
(Bogotá, 1992)

GIF

Movimiento atrapado
loco
da vueltas
en este cuenco rectangular

es lo contrario a un haikú

instante acorralado en una jaula
extrañísimo esclavo

de nadie.

  

 

SANTIAGO ERAZO
(Bogotá, 1993)

FRAILEJONES

Ha nevado verde sobre el monte.
Un verde frío hecho de frailejones.

Dios abrió su pecho aquí en el páramo
y un racimo de corazones vellosos
se ha derramado sobre el suelo.

Míralos latir al compás
de todas las cosas que he perdido.

Mira los frailejones latiendo con sosiego
entre las costillas del viento.

 

 

 

 

 

 

 


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