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07 Mar 2018 / 22:55 pm

 

Virginia López Recio nos presenta cinco poemas, traducidos del griego, de la poeta Klety Sotiriadu (Salónica, Grecia). Además de su trabajo con la poesía, Sotiriadu es una reconocida hispanista y traductora al griego de la obra de Gabriel García Márquez, por lo que recibió el Premio de Traducción Literaria Cervantes en el 2016.

 

 

 


SUBCUTÁNEA

Un traslado más
y tú me haces señas de que no.
Dispersos los paisajes desvanecidos
montones de libros marcados
y tú sonríes.

En el aniversario de tu cumpleaños
recibe los buenos deseos de todos.

Tenías la manía de reunir de sobra
y ahora yo temo parecerme a ti
pero es imposible que me aleje
de la jeringa que en su caja metálica
reposa serena desde hace años.
En tu bandeja una inolvidable anciana
la traía cada mañana apenas hervida y humeante
junto con una exigua nube celeste empapada.
Jamás pregunté, todo estaba tan a salvo
tan seguro en tu presencia.
Esta te surcó el cuerpo durante años
indeleble en todas partes,
por qué no se levanta, por qué no te busca?
Y yo que no recuerdo haberte abrazado
con ímpetu para que no te fueras
petrificada te veía
dormir sereno
en tu caja de madera la última vez.
Ahora me he quitado del azúcar por ti
te llevo bajo la piel te imito.

 

 

 

 

MADRE

Cuántos kilómetros
he de alejarme para librarme
cuando te oigo hablar
de dinero de dinero de dinero...

Y te recuerdo
en el crecer de la luna,
en cada vida que no está
y cuando aleteaba el corazón...

Pero ahora lo he visto:
De repente te has convertido en rama,
en serpiente en la mano
y debajo de mí el precipicio.

Ahora te transformas cada noche
en carcelera
para encerrarnos a los dos
afuera a oscuras.

Llevas las llaves
alrededor del cuello,
ay, si te arrastraran al fondo!

Madre, que solo amor
tenía para darte,
que medí sin odio
mi cuerpo en tu propia cárcel,
que le diste como peonza la vuelta al mundo
y me hincaste clavos ahí donde más duele,

que no vi que siembren,
que cultiven, que suden,
porque sois los dos uno,
bifacial, insaciable lotófago,
con dos clavículas me agarráis las alas
para que ya no pueda
el río profundo que me cerca.

Madre, que te creía luz
y eras canícula
y me llevas atada
a tu correa como te encontré.

Madre Medusa!
Por qué encararte?
Madre Esfinge!

 

 

 

 

 

ENCUENTRO

Tiembla la punta magnética
-instrumento dócil en la presencia-
encarcelada en una superficie plana;
un sentido olvidado se despierta.

No es el tacto, porque esa
conexión inexistente en las mejillas
nada recuerda
al fervor de la pasión.

La vista fraudulenta;
el tiempo rehúye obsesiones,
ya nada traiciona
la postura, el gesto.

Gusto ninguno;
distancia mínima, pero tanta
que excluye completamente
el deambular de lenguas.

Y el olfato innecesario;
bajo tanta indumentaria se pierde
el agrio dulceamargo
aliento de la superación.

Pero un campo magnético profano
es atraído de modo absurdo obedeciendo al sonido
de la misma voz idéntica;
todo ser gira hacia su Norte.

 

 

 

 


ODA A LA DRÍADA

Surges de la materia sólida del bosque
reflejo de una fuente serena.
Promesa diáfana tu mirada
sobre algo profundo invisible medita.
Ocre en tu brillante mejilla
carmín en el arcoíris de tus labios.

Y tu cuerpo arraigado y casi oculto
insinúa cálidos aromas embriagadores.
Mirra y sándalo y jazmín
ensombrece tu profundo párpado.
No eres aún de mi mundo.
No eres del oriente pero amaneces.

Desespero por que se rompa el cristal
casi palpo la luminosa forma.
Una puerta medio abre a escondidas la substancia de roble
laberinto y difícil de salir.
Allí, en tu mano cerrada
aprietas con fuerza el hilo de la vida.

 

 

 

 

 

EVOCA A LA EXPATRIADA

Pliegues realzan las curvas
firmes en el antiguo manto.
El fastuoso pelo una trenza gruesa.
Exaltada la vigorosa juventud.
Sin embargo, la expresión de concentración
ya nada retiene.

Idea petrificada solitaria
en la nubosidad del lugar helado.
Una gota de cielo ático
solo encara en las miradas.
Invisible la corona de los dioses
la bóveda familiar.

Dos calles más allá la visitante
más habitual asoma su angustia en sueños.
                            La calidez de la ausencia la cubre.
Día y noche un sabor meloso
a nostalgia en el té, un parentesco lejano,
una kore* más que suspira.

 

* Escultura griega antigua que representa una mujer joven.

 

 

 

 

Klety Sotiriadu

Escritora, poeta, traductora de literatura con estudios de literatura Inglesa y de Teoría y Práctica de la Traducción Literaria en la Universidad de Essex, en Inglaterra. Ha publicado colecciones de poesía, cuentos, ensayos, y una novela. Sus poemas y cuentos están traducidos al español, inglés, francés, búlgaro y turco. Ha traducido al griego la obra completa de Gabriel García Márquez, y obras de Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Luis Landero, David Sánchez Juliao, María Angels Anglada, Daniel Sada, Laura Esquivel, Ángeles Mastretta, Juan José Saer, Manuel Vázquez Montalbán, Isabel Allende y Pablo Gutiérrez. En el 2016 recibió el premio de traducción literaria Cervantes por su traducción de la obra de G. García Márquez Todos los cuentos.

 


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